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Programa de Formación para el Octavo Centenario de Santa Isabel de Hungría.
12. LA MUERTE Y EL MORIR. LA DEBILIDAD DEL CUERPO; COMO AFRONTAMOS LA ENFERMEDAD Como todos nosotros, Isabel experimentó enfermedades, debilidad corporal y la llegada de la muerte. Durante los últimos dos ó tres años de su vida, ella estuvo a menudo enferma. Pero el malestar no la desalentó. Ella consultaría un doctor y seguía su consejo, pero siempre trabajaba tanto como era capaz. Aún cuando tenía que estar en cama, ella prepararía la lana para el tejido que luego haría. Isabel aceptó las debilidades corporales, el sufrimiento y la muerte con gran serenidad tal como lo hizo San Francisco, quien llamaba a sus dolencias corporales e incluso a la muerte sus hermanas. La muerte también es una de las creaturas de Dios, una que debiéramos aceptar e incluso bendecir, pues es nuestro lugar de reunión con Dios. Tenemos un ejemplo maravilloso de cómo acercarnos al pensamiento de la muerte en San Pablo: "Cristo será glorificado en mi cuerpo, por mi vida o por mi muerte, pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros." (Fil 1, 20-24) Entender la muerte es entender el valor de la vida. ¿Vamos a desperdiciar nuestros pocos años en esta tierra o tendremos algo que mostrar por ellos? Dios nos ha dado talentos, como en la parábola de Jesús (Mt 25, 14-30). ¿Vamos a sacarle provecho a los mismos antes de su regreso viviendo una vida buena que beneficie a otros? También debemos siempre recordar que nosotros no sabemos cuando nuestro Señor regresará por nosotros. Santa Mectildis de Magdeburgo, una mística del tiempo de Santa Isabel, dijo que Dios le había revelado a ella sobre el santo: "Es correcto para un mensajero ser rápido" (La luz fluyente de la divinidad). Isabel tenía solo veinticuatro años cuando murió. Y aún en ese tiempo ella hubo entregado un mensaje poderoso al mundo. Muchos de nosotros podemos morir a cualquier hora, sin importar que tan jóvenes seamos. Para nosotros el mensaje de la vida de Isabel puede ser: Vive de tal manera que cuando fallezcas, puedas ver hacia atrás en tu vida sabiendo que la entregas en las manos de tu Creador como una obra de arte. Meditación Espiritual ¿Acepto yo el sufrimiento físico y las debilidades que vienen de Dios con serenidad? ¿Puedo encontrar una manera de ser útil durante la enfermedad, ya si no es trabajando, al menos en oración? ¿Pienso de vez en cuando sobre mi propia muerte y la necesidad de prepararme para ella? Si he de morir esta noche, ¿habría sido mi vida una vida de verdadero servicio a Dios?
Escrituras "Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada." (Mt 24, 42-44) Documentos OFS "Injertados en la resurrección de Jesucristo, que da su verdadero sentido a la Hermana Muerte, tiendan con serenidad el encuentro definitivo con el Padre" (Regla OFS II, 19).
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