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Programa de Formación para el Octavo Centenario de Santa Isabel de Hungría.
11. LAS OBRAS DE MISERICORDIA, EXTENDER SU ALCANCE. ¿CÓMO PRACTICAMOS NUESTRO SERVICIO? Ref.Una de las cosas por las que Santa Isabel es más famosa es por su práctica de las obras de misericordia corporal y espiritual. ¡Cuántas de sus pinturas, estatuas y otras obras de arte la muestran alimentando al hambriento, dando bebida al sediento y visitando al enfermo! Los testimonios en su proceso de canonización llevan abundantes testigos de su práctica de este importante aspecto de la vida Cristiana. Cuando ella se profesó como una Franciscana de la penitencia en Marburgo en 1229, ella estuvo dispuesta a entregarse por completo a una vida de servicio compasivo y misericordioso a los demás. Todos los Cristianos deben hacer espacio en sus vidas para esta clase de servicio, y nosotros los que somos Franciscanos Seglares debemos practicarlo en el espíritu de San Francisco, quien pidió a sus frailes "Y deben gozarse cuando conviven con personas de baja condición y despreciadas, con pobres y débiles y enfermos y leprosos y los mendigos de los caminos" y considerarse ellos mismos uno con ellos (Rnb-1R Cap. IX). Nuestra Regla de OFS nos pide apartar nuestros corazones de los bienes temporales de tal forma que podamos ser siempre administradores de los bienes recibidos "en favor de los hijos de Dios," y que también podamos estar en el "espíritu de las Bienaventuranzas." (Regla OFS II, 11). Entre ellas encontramos una: "Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia." (Mt 5:7) Durante siglos, la Iglesia nos ha enseñado sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Son una obligación impuesta a los fieles en las leyes de la Iglesia. Son los actos de compasión basados en la virtud de la caridad, pero también de la justicia, porque son lo que debemos a otros por nuestra humanidad común. También tenemos el mandato positivo de Jesús para servirle a Él a través de nuestros hermanos y hermanas, y donde nos asegura que nuestra salvación depende de ellos (Mt. 25:40). Sobre todo, sabemos que el fundamento último para todo el amor, es el amor de Dios "Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en él. Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él." (1 Juan 4:16). Nuestra Regla de OFS nos dice que construyamos un "mundo más fraterno y evangélico." Eso es, reconocemos a otros como nuestros hermanos y hermanas no sólo en el nivel meramente humano, sino con y en el espíritu de Cristo. Las obras de misericordia corporal son: 1) Dar de comer al hambriento. 2) Dar de beber al sediento. 3) Vestir al desnudo. 4) Dar posada al peregrino. 5) Visitar al enfermo. 6) Redimir al cautivo. 7) Enterrar a los muertos. Y las obras de misericordia espiritual son: 1) Enseñar al que no sabe. 2) Corregir al que yerra. 3) Dar buen consejo al que lo necesita. 4) Consolar al triste. 5) Sufrir con paciencia las flaquezas de nuestros prójimos. 6) Perdonar las injurias. 7) Rogar a Dios por vivos y difuntos. Estas dos listas son una indicación de que el amor efectivo debe servir a la persona completa. Cuando Isabel dio limosnas a los pobres que estaban reunidos en el patio del hospital, ella no solo les dio pan y cuidó de su dignidad corporal aceitándoles y lavándoles sus pies, ella también les tuvo una hoguera encendida para animar sus espíritus. La gente pobre, reestablecida física y espiritualmente, comenzó a cantar. Isabel les dijo a sus compañeras "Ven, yo les digo que debemos hacer feliz a la gente." Ella tenía un profundo entendimiento de los aspectos duales de las obras de misericordia. El espíritu interior en el que las obras de misericordia se ejercitan es tan importante como la actividad externa. El Papa Benedicto XVI nos dice: "En su himno a la caridad (Cf. 1 Co 13), san Pablo nos enseña que ésta es siempre algo más que una simple actividad: « Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve » (v. 3). Este himno debe ser la Carta Magna de todo el servicio eclesial; en él se resumen todas las reflexiones que he expuesto sobre el amor a lo largo de esta Carta encíclica. La actuación práctica resulta insuficiente si en ella no se puede percibir el amor por el hombre, un amor que se alimenta en el encuentro con Cristo. La íntima participación personal en las necesidades y sufrimientos del otro se convierte así en un darme a mí mismo: para que el don no humille al otro, no solamente debo darle algo mío, sino a mí mismo; he de ser parte del don como persona." (Deus Caritas est., no. 34).
Cuando realizamos obras de misericordia, como Franciscanos Seglares debemos de hacerlo fraternalmente, estando "dispuestos a identificarse con todos los hombres, especialmente con los más humildes" (Regla OFS II, 13). También necesitamos ejercitarlos "competentemente", es decir, haciendo el mejor uso de nuestros talentos en cualesquier aspecto de servicio al que seamos llamados. Reflexión Espiritual ¿En que consiste el "espíritu de las Bienaventuranzas" requerido por nuestra Regla? ¿Está presente siempre en mi servicio al exterior el espíritu interno de la caridad? ¿He practicado siempre ambos aspectos de las obras de misericordia, el corporal y el espiritual? ¿Cuáles personas en nuestra parroquia, comunidad y en nuestro pueblo o ciudad necesitan mis talentos particulares? ¿Cómo puedo llegar a alcanzarles mejor y a servirles? Escrituras "Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver." Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". (Mt. 25:35-36, 40) "Felices los misericordiosos, porque obtendrán misericordia." (Mt 5:7). Documentos OFS "El sentido de la fraternidad los hará felices y dispuestos a identificarse con todos los hombres, especialmente con los más humildes, para los cuales se esforzarán en crear condiciones de vida dignas de criaturas redimidas por Cristo." (Regla OFS II, 13). "Llamados, juntamente con todos los hombres de buena voluntad, a construir un mundo más fraterno y evangélico para edificar el Reino de Dios, conscientes de que "quien sigue a Cristo, Hombre perfecto, se hace a sí mismo más hombre", cumplan de modo competente sus propios deberes con espíritu cristiano de servicio." (Regla OFS II, 14).
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