Programa de Formación para el Octavo Centenario de Santa Isabel de Hungría.
8. AFRONTAR LA PERDIDA, LA SOLEDAD, LA PÉRDIDA DE LOS SERES QUERIDOS. Para Isabel, la muerte de su esposo de camino a las Cruzadas, fue un gran dolor. Ella se había ya preparado para la muerte de él en la guerra, e incluso había pensado lo que haría después. Hizo un voto para permanecer en continencia si ella sobrevivía a su esposo. Aún así, ella sufrió una tristeza enorme a su muerte y se encontró a sí misma enfrentando grandes cambios en su vida, debido tanto a las circunstancias como a las elecciones que habría de tomar. En su pena, Isabel se rindió a la voluntad de Dios. Ella dijo: "No quisiera redimir su vida, aún y cuando eso costara un simple cabello, si esto fuera en contra de tu voluntad. Ahora me encomiendo yo misma y a él a tu gracia. Que tu voluntad se haga en nosotros" Entre las cosas que experimentamos cuando estamos desconsolados están una gran soledad y una falta de sentido en nuestras vidas. ¿Cómo trató Isabel con la soledad? Se volvió a Dios en oración por discernimiento, tal y como el Papa Gregorio IX le pidió que hiciera. Ella encontró un nuevo propósito en su vida: y fue adelante a formar su comunidad de hermanas y a construir un hospital. Muchos de nosotros sentiremos la pérdida de seres queridos. Aún cuando estemos en cierto sentido preparados para ello, el dolor nos puede sobrepasar. Podemos aceptar la soledad con la ayuda de Dios. También necesitamos dedicarnos a la oración y al discernimiento para conocer la voluntad de Dios sobre nuestro futuro. Reflexión Espiritual ¿Puedo yo aprender de Isabel a aceptar la pena? ¿Puedo yo estar agradecido por el tiempo de felicidad con el ser querido y expresar, aún en el dolor, gratitud y regocijo por este amor? ¿Experimento yo este tiempo de estar a solas como un reto, sabiendo que estoy yo ahora enteramente en las manos de Dios, y que ya estoy preparado, para reorganizar mi vida y volver a enfocarla? Escritura. "Y adelantándose un poco, cayó con el rostro en tierra, orando así: "Padre mío, si es posible, que pase lejos de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". (Mateo 26. 39) Documento OFS "Asociándose a la obediencia redentora de Jesús, que sometió su voluntad a la del Padre, cumplan fielmente las obligaciones propias de la condición de cada uno, en las diversas circunstancias de la vida" (Regla OFS Capítulo I, 10)
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