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Programa de Formación por el Octavo Centenario de Sta. Isabel de Hungría
Mes 5. Reciprocidad Vital: Encuentro con la Familia Franciscana y con la Iglesia. La Dirección Espiritual.
El primer encuentro de Isabel con los frailes Franciscanos en Eisenach, la condujo eventualmente a un gran cambio en su vida. Allí ella sintió la llamada a una mayor dedicación a Dios, a proteger a los pobres y a llevar el Evangelio al mundo secular. Pero los Franciscanos con quienes se encontró, le ayudaron a enfocar su atracción hacia ciertos aspectos particulares de la vida del Evangelio en una vocación Franciscana. Este es un proceso por el que todos nosotros hemos atravesado. Nuestro discernimiento de nuestra vocación y nuestro periodo inicial de formación, tuvieron una importancia vital en nuestra decisión de unirnos a la OFS. Pero la formación continua es igual de importante. Ahí es donde necesitamos recibir apoyo de toda la fraternidad y de los asistentes espirituales de la OFS. Esos son los cimientos que requerimos para estar seguros que estamos construyendo sobre bases sólidas.
El Hermano Rodeger, primer director espiritual de Isabel, le enseñó a “preservar la castidad, la humildad y la paciencia y a observar la oración y aplicarse en trabajos de misericordia”. Es importante notar que los consejos del Hermano Rodeger fueron comprehensivos y que se aplicaban a todas las áreas de su vida. Comenzó con su matrimonio, en donde la castidad significa el ordenamiento de esa relación y de su expresión física hacia Dios. También se extendía a la oración y a la paciencia en sus relaciones con los semejantes y en su vocación vital de servir a los pobres. Sabemos que todas estas enseñanzas se reflejaron en la vida de Isabel; esto significa que ella fue fiel a la dirección que recibió. Este periodo de discernimiento eventualmente la condujo a ser una de las Hermanas y Hermanos Franciscanos de la Penitencia.
No solo es importante tener una buena formación, debemos perseverar y continuar creciendo en nuestra vocación. Debemos preguntarnos constantemente si estamos orientando nuestras vidas de acuerdo al Evangelio y viviendo nuestras virtudes Franciscanas de pobreza, sencillez, humildad, misericordia, amor y paz. No podemos cumplir a medias nuestro compromiso, una vez que lo hemos realizado, o retroceder, porque lo hemos prometido a Dios con nuestra profesión en la Orden. Isabel fue completamente fiel a su cometido durante toda su vida.
Tenemos asistentes espirituales entre los Franciscanos que nos ayudan a mantener la “fidelidad a nuestro carisma” y a ser fieles en la observancia de la Regla. En la OFS tenemos hoy, como Franciscanos Seglares y como Fraternidades, una gran responsabilidad con nuestro trabajo y por nuestras decisiones en nuestra vocación seglar, pero también debemos tener sentido de fraternidad con las otras ramas de la Familia Franciscana a la que nuestra Orden “ha estado unida por siglos”. Debemos estar siempre agradecidos por todos aquellos que nos han ayudado en este sentido, asumiendo una actitud de disponibilidad para ofrecer nuestra ayuda en reciprocidad, así como la gratitud de Isabel hacia los frailes la llevó a trabajar por las necesidades de su ministerio. Oremos por nuestros asistentes espirituales y por el incremento de las vocaciones en sus Ordenes.
Debemos realizar nuestro trabajo como parte vital de la Iglesia como un todo y también en la comunidad de nuestras Parroquias, tratando de “hacer presente nuestro carisma” a todos. Debido a su título nobiliario (“Landgrafin”), Isabel jugó un papel vital en la vida de la Parroquia de Eisenach, en donde tomó parte de los Días de Rogativa y en las celebraciones de Semana Santa y llevó a sus niños a la iglesia para el rito de purificación. También siguió la guía del Papa mientras continuaba viviendo el carisma Franciscano y luchó por encontrar una forma de vida religiosa después de la muerte de su esposo. Escuchemos siempre al Santo Padre y a los Obispos, quienes nos fueron enviados por Dios, mientras continuamos nuestra vocación en la Orden.
Sagradas Escrituras
"Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca” (Mt 7:24-25).
Jesús dijo: "Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el Reino de Dios." (Lc 9:62)
[Jesús dijo a los Apóstoles]: “En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado." (Jn 13:20).
Regla Franciscana
I. 1. Entre las familias espirituales, suscitadas por el Espíritu Santo en la Iglesia la familia Franciscana comprende a todos aquellos miembros del Pueblo de Dios, laicos, religiosos y sacerdotes, que se sienten llamados al seguimiento de Cristo, tras las huellas de San Francisco de Asís. En maneras y formas diversas, pero en recíproca comunión vital, todos ellos se proponen hacer presente el carisma del común Seráfico Padre, en la vida y en la misión de la Iglesia
II, 26. Como signo concreto de comunión y de corresponsabilidad, los Consejos de los diferentes niveles, según las Constituciones, pedirán religiosos idóneos y preparados para la asistencia espiritual, a los superiores de las cuatro Familias religiosas franciscanas, a los cuales, desde siglos, está unida la Fraternidad Seglar. Para fomentar la fidelidad al carisma y la observancia de la Regla, y para recibir mayor ayuda en la vida de fraternidad, el Ministro o Presidente de acuerdo con su Consejo, sea solícito en pedir periódicamente a los superiores religiosos competentes la visita pastoral y a los responsables del nivel superior, la visita fraterna, según las Constituciones.
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