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Programa de Formación por el Octavo Centenario de Sta. Isabel de Hungría
Mes 3. La espiritualidad del matrimonio como un estado seglar de vida.
Nuestra vocación como seglares es contribuir a la salvación y a la renovación del mundo en Cristo. Aquellos de nosotros que estamos casados hacemos esto a través de nuestro amor conyugal. El amor de los esposos, como nos dice San Pablo, es un signo del amor de Cristo a su Iglesia. Cuando nosotros nos entregamos a nuestros esposos/as en un amor de entrega y sacrificio moldeado para nosotros por el mismo Cristo en su amor por su Iglesia, el amor de Cristo se transforma visible al mundo a través de nosotros. Este sacrificio de amor es también visible en los hijos a quienes le damos todo y por quienes nos sacrificamos. Podemos hacer esto solamente si Dios está en el centro de nuestras vidas.
Isabel y Luís hicieron a Cristo visible a través de su matrimonio porque El era el centro de sus vidas. Constantemente ellos “se fortalecían y se animaban mutuamente en la oración y en el servicio de Dios”. Ellos imitaban el amor de Cristo cuando ellos se sacrificaban el uno por el otro. Luís cedía su tiempo muchas veces con Isabel mientras que ella oraba por las noches; su trabajo en favor de los pobres y por la justicia le causaba muchas veces dificultades e incluso le trajo muchas críticas a su alrededor. Isabel sacrificaba su deseo de estar con su esposo cuando él tenía que ausentarse, e incluso aceptó el sacrificio de su vida en las Cruzadas. Por esta razón su amor les trajo tanto fruto, no solamente en sus hijos sino en el ejemplo de un amor sacrificado que generosamente además, era entregado en favor de los mas necesitados.
Reflexión Espiritual
¿Es el amor de Dios el centro de mi matrimonio? ¿Como puedo mostrar el amor sacrificado por mi conyuge? ¿Será que otros pueden ver el amor de Cristo en mi matrimonio?
Escrituras
“Del mismo modo, los maridos deben amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos. Amar a su esposa ¿no es amarse a sí mismo? Y nadie jamás ha aborrecido su cuerpo, al contrario, lo alimenta y cuida. Eso es justamente lo que Cristo hace por la Iglesia, pues nosotros somos parte de su cuerpo. Es lo que dice la Escritura: El hombre dejará a su padre y a su madre para unirse con su esposa y los dos no formarán sino un solo ser. Este misterio es muy grande y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia.” (Eph. 5: 29-32).
Este es mi mandamiento: Ámense unos a otros, como yo los amo a ustedes. No hay amor más grande que éste: dar la vida por sus amigos. (Jn 15:13-14).
Tomado de la Regla de la OFS (R 17)
Vivan en la propia familia el espíritu franciscano de paz, fidelidad y respeto a la vida, esforzándose en convertirlo en el signo de un mundo ya renovado en Cristo.
Los casados particularmente, viviendo la gracia del matrimonio, den testimonio en el mundo del amor de Cristo a su Iglesia.
"Vivan en la propia familia el espíritu franciscano de paz, fidelidad y respeto a la vida, esforzándose en convertirlo en el signo de un mundo ya renovado en Cristo. Los casados particularmente, viviendo la gracia del matrimonio, den testimonio en el mundo del amor de Cristo a su Iglesia. Con una educación cristiana, sencilla y abierta, atentos a la vocación de cada uno, recorran gozosamente con sus hijos su itinerario espiritual y humano" (Rule 2:17)
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