Programa de formación por el Octavo Centenario de
Santa Isabel de Hungría (1207-2007)
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Año Uno: La vida de Santa Isabel |
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Mes 8: La viudez El esposo de Isabel había planeado hacía tiempo que él se uniría a la cruzada organizada por el Emperador Federico II, para liberar Tierra Santa del control musulmán. El comenzó su camino hacia el sur para embarcarse en Italia en Junio de 1227. Isabel cabalgó hasta el confín de su territorio, porque era muy fuerte para ella la despedida. Ella estaba en su sexto mes de embarazo de su tercera hija.
Ludovico el esposo de Isabel, estaba esperando en Otranto, Italia par embarcarse hacia Tierra Santa al tiempo que se estaba padeciendo de una seria epidemia que se expandía a través de los campamento de los cruzados. Y por este motivo, él fue también contagiado, muriendo el 11 de septiembre de 1227. La noticia le fue llevada a Isabel poco tiempo después que su hija Gertrudis naciera. Cuando ella escuchó de la muerte de su esposo, ella lloró y dijo: "El está muerto, y el mundo y todo lo dulce que hay en el, ha muerto también junto a él Los restos de su esposo fueron traídos desde Italia. Ella aceptó su pérdida como un sacrificio proveniente de la voluntad de Dios, y oró con estas conmovedoras palabras: "Oh Señor, te doy las gracias por tu misericordia que me consuela en estos huesos de mi esposo. Así como mi amor por él ha sido tan grande, tu sabes que yo no envidio el sacrificio que mi amado y yo hemos hecho por la liberación de la Tierra Santa. Si yo lo pudiera tener de nuevo, yo daría todo el mundo por él, e iría pidiendo limosna toda mi vida por el. Pero yo te pido Señor que sepas que yo no redimiría su vida, aun cuando costara un simple cabello de mi cabeza, si es que esto significara ir en contra de tu voluntad. Ahora yo me recomiendo a mi misma y a él a tu gracia. Que se haga siempre tu voluntad en nosotros". Isabel creyó que nuestros sacrificios a Dios deberían ser hechos con la mejor voluntad y con todo el amor. Ella decía: "Dale al Señor lo que tu tengas con alegría". Ella se hacía eco de las palabras de Job: "El Señor me lo ha dado, el Señor me lo ha quitado, bandito sea el nombre del Señor" (Job 1, 21) |
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Evangelio: Benditos sean los que lloran, porque ellos serán consolados (Mt. 5,4) |