Programa de formación por el Octavo Centenario de Santa Isabel de Hungría (1207-2007)
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Año Uno: La vida de Santa Isabel |
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Mes 7: El encuentro con el pobre Isabel vivió como una mujer rica en un castillo, pero no ignoraba lo que pasaba en el mundo a su alrededor. Ella estaba al tanto de la miseria humana que le rodeaba. Ella fue al encuentro y y a la ayuda de los pobres, y ellos a cambio, cambiaron a Isabel. En su testamento, San Francisco dijo que el verdadero comienzo de su conversión había sido en el encuentro con el leproso. El vio en ellos el sufrimiento de Cristo. Isabel también vio a Cristo en los leprosos. De acuerdo a la legenda, Isabel colocó a un leproso en el propio lecho que ella compartía con su esposo. Cuando Ludovico observó el lecho, a quien vio allí fue a Cristo crucificado. Isabel cuidaba a los leprosos lavándole los pies, consolándolos y dándoles limosna En el año 1226, durante la ausencia de su esposo en Italia, hubo una terrible hambruna afectó a toda Alemania. Isabel alimentó en las cuatro esquinas de su dominio. a todos los pobres haciendo una distribución de los graneros personales de su esposo. Ella también les dio a los pobres comida de la suya propia. Isabel también fundó un hospital para los pobres de Wartburg, y sirvió a los enfermos, incluso a los de peor condición, con sus propias manos. Ella en ningún momento se sentía disuadida por los terribles olores, sino mas bien se comportaba con tanta amabilidad y afecto que todos los niños pobres corrían tras ella llamándola "madre". Reflexión Espiritual: Nuestro encuentro con los pobres debe llevarnos a ver a Cristo en los otros, especialmente en su sufrimiento. Nos debería además llevar a darles la mayor atención personal y amorosa, como lo haríamos con el mismo Cristo, viéndolos como sus hermanos y hermanas. Nuestro encuentro con los pobres debería cambiar nuestras vidas, enseñándonos a sacrificarnos por los otros y a vivir de una forma sencilla. Evangelio: "Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber, era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y acudisteis a mi. Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mi me lo hicisteis (Mt. 25:35-36, 40)
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