Programa de formación por el Octavo Centenario de Santa Isabel de Hungría (1207-2007)
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Año Uno: La vida de Santa Isabel |
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Mes 6: Su conciencia y su sentido de la justicia. El confesor de Isabel, Conrado de Marburg, le enseñó a Isabel a seguir siempre los dictados de su conciencia. Ella hacía esto cuando rehusaba a comer el alimento de las tierras de su esposo que habían sido injustamente quitadas a los pobres. Ella sabía que los pobres no solo necesitaban nuestra compasión, pero también necesitaban ser tratados con justicia. Esta comprensión de la justicia mas tarde haría que cuando una vez viuda, habiendo sido expulsada del castillo, rehusara el sustento ofrecido por su cuñado, quien ahora mandaba en Thuringia. Ella hizo esto, al decir de su doncella Irmingard, porque ."no quería recibir alimento robado o que fuera producto del impuesto a los pobres, tal cual era la práctica en las cortes de los príncipes". Isabel también hizo lo que pudo para preservar la dignidad de la gente pobre cuando entraba en contacto con ellos. Sabiendo que los pobres muchas veces no tenían ni siquiera su mortaja, ella les suministraría una, hecha del mejor lino y los preparaba para su entierro con sus propias manos. Ella comprendió que el derecho al trabajo es una de las cosas más importantes de la dignidad humana. Cuando el hambre golpeó a Thuringia en 1226, ella se aseguró que todos los pobres no solamente fuera alimentados, pero que tuvieran también vestido y herramientas para que pudieran trabajar y se prepararan para la siguiente cosecha. En aquél tiempo, las vidas de las embarazadas y sus niños eran las que mayormente estaban amenazadas por la pobreza -tal cual es en el día de hoy. Isabel procuraba ayudar a las madres embarazadas, asegurándose que tuvieran suficiente comida, dinero y vestido para cuidar de ellas mismas y sus niños. Reflexión Espiritual: Isabel vio que cada hombre o mujer pobre, enfermo o marginado con quien ella se tropezada era un hijo de Dios, y un hermano o hermana de Cristo. Por esta razón, cada persona humana era preciosa para ella; cada pobre, enfermo o inválido eran personas de singular dignidad, incluyendo a los niños por nacer. Como dice el apóstol Santiago en su Epístola, (2, 5) "¿Acaso no ha escogido Dios a los pobres según el mundo como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que le aman?. ¡En cambio vosotros habéis menospreciado al pobre!" La cultura de la muerte hoy necesita aprender desesperadamente esta verdad. Reconocer la dignidad humana requiere de nosotros un acto no solamente de caridad y compasión por el desafortunado, pero preservar sus propios derechos humanos y asegurarles justicia, incluyendo el derecho al trabajo. También Isabel es ejemplo en este sentido. |