Programa de formación por el Octavo Centenario de Santa Isabel de Hungría (1207-2007)

 

Año Uno:  La vida de Santa Isabel

4. Maternidad

 

Isabel y su esposo tuvieron tres niños: Germán, heredero del trono de  Thuringia, quien murió, sin embargo, muy poco tiempo después que comenzó su mandato, a la edad de dieciocho años. Su segunda niña, Sofía, quien casó con Enrique Duque de Brabante, tuvieron niños y continuaron así la línea de la familia.   La mas joven, Gertrudis, nació poco tiempo después de la muerte de su padre.  Sus padres habían determinado antes de su nacimiento, que ella fuera criada como una oblata en un monasterio para que ella fuera totalmente consagrada a Dios.  Luego ella llegó a ser abadesa del monasterio Praemonstratensian de Altenberg, y ella también es venerada como una santa.

                                                                               

Isabel sabía y creía que “los niños también eran un regalo del Señor, el fruto del vientre, una recompensa” (Ps. 127:3).  En esa época, la costumbre católica era de ir a la iglesia cuarenta días luego del nacimiento del bebé para el rito de la purificación y bendición, recordando el viaje que Maria, José y Jesús hicieron a Jerusalén luego del nacimiento de Jesús y la Purificación en el templo.   Isabel iría por este rito a la iglesia en Eisenach, descalza, vestida en trajes sencillos de lana y llevando a su niño en los brazos, para ofrecerle el fruto de su vientre a Dios, imitando a Maria. Allí ellos también debieron recordar las palabras de Simeón en el Templo:  Tu misma serás traspasada por una espada” (Lc 2, 35), prediciendo el sufrimiento que ella experimentaría con la crucifixión de su Hijo.  Ella sabía que los niños eran fuente de alegría, pero también requerían mucho sacrificio.

 

Isabel experimentaría mucho sufrimiento y ansiedad en relación a sus niños; luego de su expulsión de los dominios del Castillo.  Ella sufrió de ansiedad cuando no sabía donde reclinar a sus hijos o darles alimentos, y finalmente fue forzada a enviarlos lejos para que ellos pudieran tener lo suficiente para comer.  También ella tuvo que entregar a su menor hija Gertrudis a un monasterio.  Sus niños fueron uno de los sacrificios que ella ofreció a Dios.

 

Isabel quería que sus hijos pusieran en sus vidas primero a Dios.  Una vez ella dijo que ella haría de su hijo Germán, un pobre fraile menor en lugar que él se transformara en emperador.  Incluso el orgullo por sus hijos o por lo que ellos serían mas tarde, no era para ella tan importante como sus mismas almas.

 

 

Palabra de Dios:  Amaras a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.  Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como si vas  de viaje, así acostado como levantado”. (Deuteronomio  6:5-7).