Mes 2. Su juventud en la corte de Turingia.

Isabel creció en el castillo de Wartburg desde donde se veía el pueblo de Eisenach, junto a su futuro esposo, Ludovico, los hermanos de este y su hermana. En aquél momento el castillo de Wartburg correspondía a una de las casas mas ricas y esplendorosas de Europa, y la atmósfera que allí se vivía era bastante mundana.

Pero muy pronto Isabel se percató de la existencia de Dios y fue atraída a El por su amor. Ella estaba fascinada por la capilla del Castillo y encontraba cualquier excusa posible, incluso mientras jugaba, para entrar y hacer una genuflexión ante el altar.

A pesar que ella fue criada entre lujos y riquezas, ella también estaba consciente de sus deberes hacia sus vecinos. Cuando ganaba algo en un juego, lo compartía con los niños pobres.

Al incrementarse en Isabel el amor a Dios esto le llevaba a querer sacrificarse por El. Ella dejaría el juego o un primer baile para "darle el resto a Dios." Ella dejó de usar algunas de sus galas como un sacrificio. Incluso en esta temprana edad ella comenzó el proceso de conversión y penitencia que está en el propio corazón del cristianismo y de la vocación franciscana.

Reflexión espiritual:

Los fundamentos de nuestra vida futura descansan en nuestra niñez y nuestra juventud. La santidad también comienza en la infancia, aprendiendo a que abandonarse en las manos de Dios es un proceso que dura toda la vida. Esto fue resumido por San Pablo: "O exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual. Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. " (Rm 12:1-2). Continuamente, a través de su vida, Isabel buscó darse por entera a Dios en esta misma forma.

Evangelio: "Todo el que venga a mi, y oiga mis palabras, y las ponga en práctica, os voy a mostrar a quien es semejante: Es semejante a un hombre que, al edificar una casa, cavó profundamente y puso los cimientos sobre roca. Al sobrevenir una inundación, rompió el torrente sobre aquella casa, pero no pudo destruirla por estar bien edificada." (Lc 6:47-48).