Programa de formación por el Octavo Centenario de Santa Isabel de Hungría (1207-2007)
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Año Uno: La vida de Santa Isabel |
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Mes 1: El nacimiento de Sta. Isabel y su primer hogar. Cada santo es un individuo que viene de una familia en particular y de una cultura en particular. La variedad de culturas en la cual se encuentra el santo ayuda a enriquecer nuestra comprensión de la universalidad del Evangelio. La historia humana de Santa Isabel ha sido parte de su historia como santa. Ella venía de la gente de Magyar en Europa del Este, hija del Rey Andrés II de Hungría. Nació en 1207, no mucho mas que 200 años después que el pueblo de su padre aceptó el Cristianismo. Uno de sus antecesores fue el Rey Estéfano I, el primer rey cristiano de Hungría (975-1038), quien luego fue declarado santo. Su hijo, San Emérico (1007-1031), también se le conoce como un santo. Isabel era también de ascendencia alemana: su madre fue Gertrudis de Andechs-Meran. La hermana de su madre, Hedwig (1174-1243), quien estaba casada con Enrique, el Duque de Silesia, también fue santo. Claramente, ella tuvo abundante ascendientes santos y una rica tradición familiar a imitar.
Cuando tenía solamente cuatro años de edad, Isabel tuvo que dejar a su familia de nacimiento, porque sus padres la prometieron en matrimonio a Ludovico IV, el futuro gran conde de Turingia, quien para ese momento tenía once años. Farkasius y David, dos clérigos o asistentes, fueron con ella a su nueva patria, para recordarle su noble herencia. La gloria de Isabel como santa vendría desde la partida de su hogar hacia Turingia, donde ella sería conocida por su trabajo con los pobres y desamparados, y donde logró la santidad junto al esposo que Dios había escogido para ella. Pero ella no olvidó su familia de origen, y regresó a visitar Hungría como joven esposa. Pero luego que su esposo murió, en lugar de regresar a su hogar, escogió vivir en su nuevo país, donde ella podía entregarse a vivir a favor de los pobres lo cual ella había escogido como forma de vida. Reflexión Espiritual: Las promesas de Dios a los Israelitas fueron transmitidas a través de una cultura humana y ancestral. Abraham abandonó su tierra natal para cumplir el plan que Dios tenía para él. A cambio, Dios le prometió, "Yo haré tu nombre claro, para que tu seas bendito" (Gen 12:1-2). Isabel experimentó este mismo llamado, y su vida también fue una bendición para las futuras generaciones.
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Evangelio: "El acogió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia, según lo que había prometido a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia para siempre." (Lc 1:54-55). |