PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE

FICHA MENSUAL

MARZO 2011 – AÑO 2 – No. 15

SECCION I: TEMA MENSUAL

Tópico 3:  Jesucristo – el primer y gran evangelizador  (EN n.7-12)

Comentarios, extractos y preguntas de Ewald Kreuzer, OFS

El Papa Pablo VI describe en pocas y claras palabras cómo Jesús evangelizó.  El proclamó el “reino de Dios” y “la salvación del hombre”, palabras claves en Su mensaje de evangelización, ambas disponibles a todos los seres humanos.  Acompañados de muchos símbolos, actos y Milagros, esta proclamación del Evangelio tenía el poder (y aun lo tiene) de cambiar el corazón y la mente de los hombres y renovar sus vidas.

Como franciscanos, recordamos en particular cómo Francisco de Asís fue tocado profundamente por las palabras del Evangelio y cómo fue guiado por el Espíritu Santo hacia una conversión radical de su vida.

7. Jesús – el primer y más grande evangelizador. Jesús mismo, la Buena Noticia de Dios [Cf. Mc 1,1; Rom 1,1-  3] ha sido el primero y el más grande evangelizador. Lo ha sido hasta el final, hasta la perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena. Evangelizar: ¿Qué significado ha tenido esta palabra para Cristo? Ciertamente no es fácil expresar en una síntesis completa el sentido, el contenido, las formas de evangelización tal y como Jesús la concibió y la puso en práctica. Por otra parte, esta síntesis nunca podrá ser concluida. Bástenos aquí recordar algunos aspectos esenciales.

8. El reino de Dios. Cristo, en cuanto evangelizador, anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura "[Cf. Mt 6,33]. Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo. El Señor se complacerá en describir de muy diversas maneras la dicha de pertenecer a ese reino, una dicha paradójica hecha de cosas que el mundo rechaza [Cf. Mt 5,3-12], las exigencias del reino y su carta magna [Cf. Mt 5-7], los heraldos del reino [Cf. Mt 10], los misterios del mismo [Cf. Mt 13], sus hijos [Mt 18], la vigilancia y fidelidad requeridas a quien espera su llegada definitiva [Cf. Mt 24-25].

9. El anuncio de la salvación liberadora. Como núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El. Todo esto tiene su arranque durante la vida de Cristo, y se logra de manea definitiva por su muerte y resurrección; pero debe ser continuado pacientemente a través de la historia hasta ser plenamente realizado el día de la venida final del mismo Cristo, cosa que nadie sabe cuándo tendrá lugar, a excepción del Padre [Cf. Mt 24,36; Hch 1,7; 1 Tes 5,1-2].

10. A costa de grandes sacrificios. Este reino y esta salvación —palabras clave en la evangelización de Jesucristo— pueden ser recibidos por todo hombre, como gracia y misericordia; pero a la vez cada uno debe conquistarlos con la fuerza, "el reino de los cielos está en tensión y los esforzados lo arrebatan", dice el Señor [Cf. Mt 11,12; Lc 16,16] con la fatiga y el sufrimiento, con una vida conforme al Evangelio, con la renuncia y la cruz, con el espíritu de las bienaventuranzas. Pero, ante todo, cada uno los consigue mediante un total cambio interior, que el Evangelio designa con el nombre de metanoia, una conversión radical, una transformación profunda de la mente y del corazón [Cf. Mt 4,17].

11. Revelando los secretos de Dios (Predicación infatigable). Cristo llevó a cabo esta proclamación del reino de Dios, mediante la predicación infatigable de una palabra, de la que se dirá que no admite parangón con ninguna otra: "¿Qué es esto? Una doctrina nueva y revestida de autoridad" [Mc 1,27]. "Todos le aprobaron, maravillados de las palabras llenas de gracia, que salían de su boca..." [Lc 4,22]. "Jamás hombre alguno habló como éste" "[Jn 7,46]. Sus palabras desvelan el secreto de Dios, su designio y su promesa, y por eso cambian el corazón del hombre y su destino.

12. Muchos signos, acciones y milagros. Pero El realiza también esta proclamación de la salvación por medio de innumerables signos que provocan estupor en las muchedumbres y que al mismo tiempo las arrastran hacia El para verlo, escucharlo y dejarse transformar por El: enfermos curados, agua convertida en vino, pan multiplicado, muertos que vuelven a la vida y, sobre todo, su propia resurrección. Y al centro de todo, el signo al que El atribuye una gran importancia: los pequeños, los pobres son evangelizados, se convierten en discípulos suyos, se reúnen "en su nombre" en la gran comunidad de los que creen en El. Porque el Jesús que declara: "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades, porque para eso he sido enviado" [Lc 4,43 es el mismo Jesús de quien Juan el Evangelista decía que había venido y debía morir "para reunir en uno todos los hijos de Dios, que están dispersos" [Jn 11,52].

Así que El lleva adelante Su revelación, completándola y confirmándola mediante toda la revelación que El hace de sí mismo, por las palabras y por las obras, por señales y milagros, y muy especialmente por Su muerte, por Su resurrección y por el envío del Espíritu de Verdad [Cf. Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación Dei Verbum, 4: AAS 58 (1966), pp. 818-819.32. 1 Pt 2,9.31].

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad.

1.        ¿Cómo explicarías el sentido de las dos palabras claves usadas por Jesucristo en su evangelización: “reino de Dios” y “salvación”?

2.        ¿Cual es lo “nuevo” de las enseñanzas de Jesús? ¿Qué puede cambiar en su mensaje los corazones de las personas y su destino?

3.         ¿Cómo podemos los seglares franciscanos ser testimonies del amor de Dios y su misericordia?  

 SECCION II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Tema 3 de 3: Santas Perpetua y Felícitas y compañeros mártires – Día Mundial de la Paz 2011

LIBERTAD RELIGIOSA, EL CAMINO HACIA LA PAZ (n. 11-15)

Reflexiones, extractos y preguntas por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

El 7 de marzo, la Iglesia celebra la memoria de las santas Perpetua y Felícitas y compañeros, quienes sufrieron el martirio en el año 203, después de ser arrestadas en Thurubo minus, un pequeño pueblo de la provincia romana de África. Cinco de ellos eran jóvenes catecúmenos a quienes después se unió voluntariamente su catequista en la cárcel de Cartago. Su arresto y martirio fue el resultado de un edicto del Emperador Septimio Severo (193-211) que prohibía a todos los súbditos del imperio, bajo severa penalidad, convertirse al cristianismo o al judaísmo (Scrpitores Historiae Augustae, Severus, 17, 1). 

Perpetua (181-203) era una noble y joven madre de un bebé, con conocimientos e inteligencia.  Su familia era cristiana, excepto su padre. Felícitas era la sirvienta de Perpetua, también casada, quien dio a luz su único hijo durante su encarcelamiento, justo dos días antes de su sacrificio. La fe en Cristo había hecho de ellas verdaderas hermanas una de otra. Durante su encarcelamiento, los cinco catecúmenos fueron bautizados por su catequista y recibieron la visita de otros cristianos. A Perpetua también la visitó su padre quien trató de persuadirla para que renegara de su fe y salvara su vida.

Todos estos mártires se negaron a rendir culto al Emperador como si fuera un dios y en cambio dieron testimonio de su fe en Cristo. Luego que fueron juzgadas y condenadas por el Procurador Hilariano, quien era un violento anti-cristiano, ellas soportaron sufrimientos cada vez mayores con valentía y paciencia.  Perpetua y Sáturo, uno de los neófitos, tuvieron ciertas visiones durante su encarcelamiento que los prepararon para la batalla final.  Perpetua comenzó luego a escribir un diario para describir su juicio y las experiencias extraordinarias por las que pasó durante esos días. Antes de morir, le dio su diario a otro cristiano quien concluyó el registro de su martirio.  En el día de su sacrificio, los mártires fueron primero azotados y luego lanzados al anfiteatro para ser victimados por bestias salvajes ante los ojos de una multitud morbosa; antes de ser decapitadas, las dos mártires se dieron el último ósculo de la paz.

La memoria de las santas Perpetua y Felícitas y compañeros mártires nos recuerda que la Iglesia en sus comienzos sufrió persecución de parte del Imperio Romano durante dos siglos y medio porque los cristianos se negaban a reconocer la supuesta divinidad del emperador. Esta actitud era vista a la vez como una ofensa a la religión romana y como una amenaza a la unidad nacional, significada y sostenida por el homenaje divino al emperador.  Esos mártires dieron un testimonio excepcional de nuestra fe en el Dios revelado por Jesús de Nazaret y de la gran dignidad que El nos otorgó y que nos impide adorar a nadie más que a Dios. Este relato nos ayuda también a introducir el resumen de la parte final del mensaje del Papa para el día Mundial de la Paz, 2011: Libertad de Religión, el Paso a la Paz.

El diálogo como búsqueda en común

El número 11 del mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz 2011 hace énfasis en el diálogo entre los seguidores de las diferentes religiones como un medio importante de cooperación para el bien común. El Papa evoca el principio de que la Iglesia no rechaza lo que es verdad y santo en las diferentes religiones. Además, cita a Santo Tomas de Aquino quien escribió: «toda verdad, independientemente de quien la diga, viene del Espíritu Santo». Al mismo tiempo, Benedicto XVI declara que en este diálogo, el camino a seguir no es del relativismo o del sincretismo religioso ya que la Iglesia anuncia y tiene la obligación de anunciar sin cesar a Cristo, que es “camino, verdad y vida” (Jn 14,6). En este contexto, el Papa también afirma que la celebración de este año del 25 aniversario de la Jornada mundial de oración por la paz, que fue convocada en Asís por el Venerable Juan Pablo II, en 1986, es un motivo de esperanza en un futuro en el que todos los creyentes se sientan y sean auténticos trabajadores por la justicia y la paz.

Verdad moral en la política y en la diplomacia

El número 12 de este mensaje nos dice que las grandes religiones del mundo ofrecen un patrimonio moral y espiritual que los políticos y la diplomacia deberían considerar para reconocer y afirmar las verdades universales, los principios y valores propios de la dignidad de la persona humana. Este es el caso de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas de 1945, que sirve como punto de referencia para las normas, instituciones y sistemas de gobierno coexistentes en el ámbito nacional e internacional.  En términos prácticos, promover la verdad moral en el mundo de la política y la diplomacia consiste en: actuar de manera responsable sobre la base de un conocimiento integral y objetivo de los hechos; la deconstrucción de las ideologías políticas y la promoción de un compromiso inquebrantable en la base de derecho positivo en los principios de la ley natural.

Más allá del odio y del prejuicio

El número 13 de este Mensaje nos recuerda que los casos de persecuciones, discriminaciones, actos de violencia y de intolerancia por motivos religiosos se siguen produciendo en el mundo de hoy a pesar de las lecciones de la historia y los esfuerzos de muchas instituciones e individuos.  Por otro lado, en Asia y en África, las principales víctimas son los miembros de las minorías religiosas, a quienes se les impide profesar libremente su religión o cambiar de religión, por la intimidación o violación de sus derechos. Por otra parte, en países occidentales, la hostilidad a la religión asume formas más sofisticadas como la negación de la historia y el rechazo de los símbolos religiosos que reflejan la identidad y la cultura de la mayoría de los ciudadanos.  Muchas veces estas formas de hostilidad también promueven odio y prejuicio.  El Papa hace un llamado a los líderes de las grandes religiones del mundos y a los responsables de las naciones, para que renueven el compromiso por la promoción y tutela de la libertad religiosa, en particular por la defensa de las minorías religiosas, y agrega que estas no representan una amenaza a la identidad de la mayoría sino que, por el contrario,  son una oportunidad para el diálogo y el recíproco enriquecimiento cultural.

Libertad Religiosa en el mundo

En el número 14, el Papa Benedicto XVI renueva su afecto paterno y asegura sus oraciones a las comunidades cristianas que sufren persecución, discriminación, violencia e intolerancia.  Les exhorta a no perder el ánimo, ya que ser testigos del Evangelio es, y siempre será, un signo de contradicción.  También pide a todos con autoridad actuar prontamente para terminar con todas las injusticias contra los cristianos que viven en esas tierras en las que tales  circunstancias están ocurriendo. Benedicto XVI pide a los creyentes a meditar las Bienaventuranzas en su corazón:   “…Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo” (Mt 5,4-12). También nos pide que renovemos “el compromiso de indulgencia y de perdón que hemos adquirido, y que invocamos en el Pater Noster”. Además, expresa su esperanza que  nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios y que en Occidente, especialmente en Europa, cesen la hostilidad y los prejuicios contra los cristianos, por el simple hecho de que intentan orientar su vida en coherencia con los valores y principios contenidos en el Evangelio.    La libertad religiosa, camino para la paz

El Papa concluye su mensaje en el número 15 afirmando que el mundo necesita de Dios porque necesita valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional. También nos recuerda que:   La paz es un don de Dios y al mismo tiempo un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra, ni el mero fruto del predominio militar o económico, ni mucho menos de astucias engañosas o de hábiles manipulaciones. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente.

Preguntas para la reflexión y la discusión en fraternidad.

1.       ¿Qué clase de diálogo se desarrolla donde tú vives entre los seguidores de las diferentes religiones en búsqueda del bien común?

2.       ¿Cómo pueden los cristianos promover la verdad moral en el mundo de la política y la diplomacia?

3.      ¿Qué pueden hacer tú y tu fraternidad OFS si donde tú vives hay casos de persecución, discriminación, actos de violencia o intolerancia por motivos religiosos?