PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE

FICHA MENSUAL

FEBRERO 2011 – AÑO 2 – No. 14

SECCION I: TEMA MENSUAL

Tema 2:  Evangelización – Un asunto importante  (En N.1-6)

Comentarios, extractos y preguntas de Ewald Kreuzer, OFS

En la siguiente sección, podrán leer extractos originales de las primeras seis partes de la Exhortación Apostólica del Papa Pablo VI, “Evangelii Nuntiandi”. Hay que tener en cuenta que esta fue publicada en 1975 y siguió al trabajo de la Asamblea del Sínodo de los Obispos que había tenido lugar en Roma en 1974. Ahora nos damos cuenta –quizá aun más claramente que hace algunos años–, de  la importancia de este documento. La simple composición estructural de la Evangelii Nuntiandi muestra “las dimensiones de un documento que, no para usar un término de moda sino que me parece correcto, yo no dudaría en llamarlo profético - un presagio de los nuevos tiempos, de una nueva evangelización” (Cardenal Lucas Moreira Neves, O.P., en: L'Osservatore Romano, Edición Semanal, 17 enero 2001).

1. Proclamar el Evangelio es un servicio.  No hay duda que el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad. De ahí que el deber de confirmar a los hermanos, que hemos recibido del Señor al confiársenos la misión del Sucesor de Pedro (Cf. Lc 22,32), y que constituye para nosotros un cuidado de cada día, (2 Cor 11,28) un programa de vida y de acción, a la vez que un empeño fundamental de nuestro pontificado, ese deber, decimos, nos parece todavía más noble y necesario cuando se trata de alentar a nuestros hermanos en su tarea de evangelizadores, a fin de que en estos tiempos de incertidumbre y malestar la cumplan con creciente amor, celo y alegría.

2. Un nuevo periodo de evangelización. La Iglesia tiene el objetivo principal de cumplir con su deber de mensajera de la Buena Nueva de Jesucristo – la Buena Nueva proclamada a partir de dos consignas fundamentales: “vestíos del hombre nuevo”  (Cf. Ef 4,24; 2,15; Col 3,10; Gál 3,27; Rom 13,14; 2 Cor 5,17) y “reconciliaos con Dios” (2 Cor 5,20). Nosotros queremos hacer esto en el decimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, cuyos objetivos se resumen, en definitiva, en uno solo: hacer a la Iglesia del Siglo XX cada vez más apta para anunciar el Evangelio a la humanidad del siglo XX.  Queremos hacer esto un año después de la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos —consagrada, como es bien sabido, a la evangelización—; tanto más cuanto que esto nos lo han pedido los mismos padres sinodales. En efecto, al final de aquella memorable Asamblea, decidieron ellos confiar al Pastor de la Iglesia universal, con gran confianza y sencillez, el fruto de sus trabajos, declarando que esperaban del Papa un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos de evangelización en una Iglesia todavía más arraigada en la fuerza y poder perennes de Pentecostés.

3. Llevar el mensaje cristiano al hombre moderno.  Hemos enfatizado la importancia de este tema de la evangelización en muchas ocasiones.  El 22 de Junio de 1973, hemos dicho al Sacro Colegio Cardenalicio: " Las condiciones de la sociedad nos obligan, por tanto, a revisar métodos, a buscar por todos los medios el modo de llevar al hombre moderno el mensaje cristiano, en el cual únicamente podrá hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza para su empeño de solidaridad humana." (Pablo VI, Alocución al Colegio Cardenalicio  (22 de junio  de 1973). Y añadíamos que, para dar una respuesta válida a las exigencias del Concilio que nos están acuciando, necesitamos absolutamente ponernos en contacto con el patrimonio de fe que la Iglesia tiene el deber de preservar en toda su pureza, y a la vez el deber de presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, con los medios a nuestro alcance, de una manera comprensible y persuasiva.

4. Cuestiones Candentes. Esta fidelidad a un mensaje del que somos servidores, y a las personas a las que hemos de transmitirlo intacto y vivo, es el eje central de la evangelización. Esta plantea tres preguntas acuciantes, que el Sínodo de 1974 ha tenido constantemente presentes:
— ¿Qué eficacia tiene en nuestros días la energía escondida de la Buena Nueva, capaz de sacudir profundamente la conciencia del hombre?
— ¿Hasta dónde y cómo esta fuerza evangélica puede transformar verdaderamente al hombre de hoy?
— ¿Con qué métodos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea eficaz?
Estas preguntas desarrollan, en el fondo, la cuestión fundamental que la Iglesia se propone hoy día y que podría enunciarse así: después del Concilio y gracias al Concilio que ha constituido para ella una hora de Dios en este ciclo de la historia, la Iglesia ¿es más o menos apta para anunciar el Evangelio y para inserirlo en el corazón del hombre con convicción libertad de espíritu y eficacia?

5. Una pregunta sobre la salvación de la humanidad.  Todos vemos la necesidad urgente de dar a tal pregunta una respuesta, leal, humilde, valiente, y de obrar en consecuencia..

 Una exhortación en este sentido nos ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. (Cf. 1 Cor 2,5) Es la Verdad. Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si es necesario, le consagre su propia vida..

6. La actividad evangelizadora de Jesucristo.  El testimonio que el Señor da de Sí mismo y que San Lucas ha recogido en su Evangelio "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras ciudades " (Lc 4,43) - tiene sin duda un gran alcance, ya que define en una sola frase toda la misión de Jesús: "porque para esto he sido enviado" (Lc 4,43). Estas palabras alcanzan todo su significado cuando se las considera a la luz de los versículos anteriores en los que Cristo se aplica a Sí mismo las palabras del Profeta Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres" (Lc 4,18; cf. Is 61,1)  Proclamar de ciudad en ciudad, sobre todo a los más pobres, con frecuencia los más dispuestos, el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios, tal es la misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre; todos los aspectos de su Misterio —la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos— forman parte de su actividad evangelizadora.

Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad.

1.      ¿Por qué es la “evangelización” importante para la misión de la Iglesia?

2.      La Regla y Vida de los franciscanos seglares es esta: “observar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, quien hizo de Cristo la inspiración y el centro de su vida con Dios y con los hombres” (OFS Regla, n.4).  ¿En qué formas específicas pueden los franciscanos seglares apoyar la misión de la Iglesia de proclamar el Evangelio a todos los hombres de nuestro tiempo?

 

 

SECCIÓN II: ESPIRITUALIDAD Y DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Tema 2 de 3:  Día Mundial de la Paz 2011

LIBERTAD RELIGIOSA, CAMINO PARA LA PAZ (n. 6-10)

Reflexión, extractos  y preguntas de Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

El 6 de febrero, la Iglesia celebra la memoria de los primeros cristianos mártires del Japón (protomártires). Todos ellos, 26 en total, fueron crucificados en la colina en las afueras de Nagasaki el 5 de febrero de 1597.  Este grupo consistía de 6 frailes menores, diecisiete terciarios franciscanos japoneses y otros tres japoneses: el sacerdote jesuita Pablo Miki y sus dos catequistas.  Entre los frailes, el más conocido era Pedro Bautista, un sacerdote español quien había sido enviado a evangelizar a Japón junto con otros franciscanos de Filipinas en 1593. Ellos trabajaron incansablemente proclamando el evangelio y construyendo Iglesias y un hospital en Meako. En noviembre de 1596, más franciscanos habían llegado a Japón cuando su buque encalló como consecuencia de una tormenta en el mar. Entre estos estaba Felipe de Jesús quien estaba viajando desde Filipinas hacia su nativa México para ser ordenado sacerdote. Siendo que ya había comenzado a colaborar en la misión, también él fue condenado a morir cuando el emperador Taycosama, quien inicialmente había aceptado a los misioneros cristianos, impuso un edicto condenando a muerte a estos frailes que venían de Filipinas y a sus compañeros. El grupo fue forzado a caminar desde Kioto hasta Nagasaki, una distancia de más de 800 Km., enfrentando condiciones climáticas muy frías, y sufriendo prisión, tortura y el escarnio público. Cuando fueron crucificados, sus verdugos les atravesaron por ambos lados con dos lanzas que se cruzaban en el interior del pecho, saliéndoles del cuerpo por los hombros, causándoles la muerte en forma casi inmediata. Felipe de Jesús fue el primero en ser ejecutado, llegando a ser después el primer santo mexicano. En una de las cartas que Pedro Bautista escribió durante sus últimos días decía: La sentencia que se dio contra nosotros la traen públicamente delante de nosotros, escrita en una tabla. Dice que porque hemos predicado la ley de Nauan (es decir, la ley de Cristo) contra el mandato de Taycosama, y que en llegando a Nagasaki nos crucifiquen; por lo cual estamos muy alegres y consolados en el Señor, pues que por predicar su ley perdemos las vidas.

Estos mártires nos dan la oportunidad de reflexionar sobre nuestro compromiso cristiano de proclamar el evangelio en nuestro mundo de hoy no sólo con nuestras palabras, sino también con nuestras vidas.  Ellos fueron valientes y fieles testimoniando a Cristo a través de la evangelización y el servicio, así como aceptando la persecución alegremente y con esperanza incesante. Su testimonio también nos ayuda a ilustrar el contenido del mensaje del Papa Benedicto XVI para el Día Mundial de la Paz, 2011 (números 6-10), especialmente en relación con la dimensión pública de la fe. Esta dimensión debe ser reconocida y respetada por todas las sociedades como un camino para la verdadera paz y el desarrollo integral de la humanidad.

6. La libertad religiosa, como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa [...] En esta dimensión comunitaria cada persona sigue siendo única e irrepetible y, al mismo tiempo, se completa y realiza plenamente.

7. La instrumentalización de la libertad religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder por parte de un grupo, puede provocar daños enormes a la sociedad. El fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana, nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la religión. La profesión de una religión no se puede instrumentalizar ni imponer por la fuerza.  Estados y las diferentes comunidades humanas no olviden nunca que la libertad religiosa es condición para la búsqueda de la verdad y que la verdad no se impone con la violencia sino por «la fuerza de la misma verdad» [...] ¿Cómo negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la civilización? También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los cristianos están llamados, no sólo con un compromiso civil, económico y político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y caridad, dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las realidades humanas. La exclusión de la religión de la vida pública, priva a ésta de un espacio vital que abre a la trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta difícil orientar la sociedad hacia principios éticos universales, así como al establecimiento de ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente– conforme a lo propuesto en los objetivos de la Declaración Universal de los derechos del hombre de 1948, aún hoy por desgracia incumplidos o negados

8. … No se ha de olvidar que el fundamentalismo religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del legítimo pluralismo y del principio de laicidad. […] La sociedad que quiere imponer o, al contrario, negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios, pero también consigo misma. Dios llama a sí a la humanidad con un designio de amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual, reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario […] Por eso, las leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda totalmente de ella [...]El ordenamiento jurídico en todos los niveles, nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción de la justicia y el derecho de cada uno […] Todo esto expone a la sociedad al riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos, que enfatizan el poder público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de pensamiento y de religión, como si fueran rivales.

9. El patrimonio de principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como miembros de la gran familia humana. La dimensión pública de la religión ha de ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la persona humana y la armonía de la sociedad.

10. En un mundo globalizado, caracterizado por sociedades cada vez más multiétnicas y multi-confesionales, las grandes religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la familia humana […] Los líderes de las grandes religiones, gracias a sus posiciones, su influencia y su autoridad en sus respectivas comunidades, son los primeros llamados a tener un respeto y diálogo mutuo. Los cristianos, por su lado, estimulados por su fe en Dios, el Padre del Señor Jesucristo, a vivir como hermanos y hermanas quienes se encuentran unos con otros en la Iglesia y trabajan juntos construyendo un mundo donde los individuos y la gente “nadie hará daño, nadie hará mal… porque la tierra estará llena de conocimiento de Yahvé, como cubren las aguas el mar.” (Is 11,9).

Preguntas para la reflexión y discusión en la fraternidad

1.         Estudia los conceptos de fanatismo, fundamentalismo, secularismo e ideología totalitaria, y discutir en fraternidad como están desarrollándose estos fenómenos en el mundo de hoy.

2.         Lee la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 y comparte algunos comentarios en la fraternidad.

3.         ¿Qué clase de diálogo está dándose entre las instituciones civiles y religiosas donde tú vives?

4.         ¿Cómo pueden las fraternidades de la OFS fomentar la unidad y la paz de la familia humana dentro de nuestras sociedades multiétnicas y multi-confesionales?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La crucifixión de los protomártires de Japón – Museo Franciscano de Kioto – Fotografía de Doug Clorey