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Tema 2:
Evangelización – Un asunto importante
(En N.1-6)
Comentarios, extractos y preguntas de Ewald Kreuzer,
OFS
En la siguiente sección, podrán leer extractos
originales de las primeras seis partes de la Exhortación Apostólica del Papa
Pablo VI, “Evangelii Nuntiandi”. Hay que tener en cuenta que esta fue
publicada en 1975 y siguió al trabajo de la Asamblea del Sínodo de los
Obispos que había tenido lugar en Roma en 1974. Ahora nos damos cuenta –quizá
aun más claramente que hace algunos años–, de la importancia de este documento. La simple
composición estructural de la Evangelii Nuntiandi muestra “las dimensiones de
un documento que, no para usar un término de moda sino que me parece correcto,
yo no dudaría en llamarlo profético - un presagio de los nuevos tiempos, de
una nueva evangelización” (Cardenal Lucas Moreira Neves, O.P., en:
L'Osservatore Romano, Edición Semanal, 17 enero 2001).
1. Proclamar
el Evangelio es un servicio. No hay duda que el esfuerzo
orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo, exaltados
por la esperanza pero a la vez perturbados con frecuencia por el temor y la
angustia, es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad
cristiana e incluso a toda la humanidad. De ahí que el deber de confirmar a los hermanos, que
hemos recibido del Señor al confiársenos la misión del Sucesor de Pedro (Cf. Lc 22,32), y que
constituye para nosotros un cuidado de cada día, (2 Cor 11,28) un programa de
vida y de acción, a la vez que un empeño fundamental de nuestro pontificado,
ese deber, decimos, nos parece todavía más noble y necesario cuando se trata
de alentar a nuestros hermanos en su tarea de evangelizadores, a fin de que
en estos tiempos de incertidumbre y malestar la cumplan con creciente amor,
celo y alegría.
2. Un nuevo periodo de evangelización. La Iglesia tiene el objetivo
principal de cumplir con su deber de mensajera de la Buena Nueva de
Jesucristo – la Buena Nueva proclamada a partir de dos consignas fundamentales:
“vestíos del hombre nuevo” (Cf. Ef
4,24; 2,15; Col 3,10; Gál 3,27; Rom 13,14; 2 Cor
5,17) y “reconciliaos con Dios” (2 Cor 5,20). Nosotros queremos hacer
esto en el decimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, cuyos
objetivos se resumen, en definitiva, en uno solo:
hacer a la Iglesia del Siglo XX cada vez más apta para anunciar el Evangelio
a la humanidad del siglo XX. Queremos hacer esto un año
después de la III Asamblea General del Sínodo de los Obispos —consagrada,
como es bien sabido, a la evangelización—; tanto más cuanto que esto nos lo
han pedido los mismos padres sinodales. En efecto, al final de aquella
memorable Asamblea, decidieron ellos confiar al Pastor de la Iglesia
universal, con gran confianza y sencillez, el fruto de sus trabajos,
declarando que esperaban del Papa un impulso nuevo, capaz de crear tiempos
nuevos de evangelización en una Iglesia todavía más arraigada en la fuerza y
poder perennes de Pentecostés.
3. Llevar el mensaje cristiano al hombre
moderno. Hemos enfatizado la importancia de este tema
de la evangelización en muchas ocasiones.
El 22 de Junio de 1973, hemos dicho al Sacro Colegio Cardenalicio: " Las
condiciones de la sociedad nos
obligan, por tanto, a revisar métodos, a buscar por todos los medios el modo
de llevar al hombre moderno el mensaje cristiano, en el cual únicamente podrá
hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza para su empeño de
solidaridad humana." (Pablo
VI, Alocución al Colegio Cardenalicio (22 de junio de 1973). Y añadíamos que,
para dar una respuesta válida a las exigencias del Concilio que nos están
acuciando, necesitamos absolutamente ponernos en contacto con el patrimonio
de fe que la Iglesia tiene el deber de preservar en toda su pureza, y a la
vez el deber de presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, con los medios a
nuestro alcance, de una manera comprensible y persuasiva.
4. Cuestiones Candentes. Esta
fidelidad a un mensaje del que somos servidores, y a las personas a las que
hemos de transmitirlo intacto y vivo, es el eje central de la evangelización.
Esta plantea tres preguntas acuciantes, que el Sínodo de 1974 ha tenido
constantemente presentes:
— ¿Qué eficacia tiene en nuestros días la energía escondida de la Buena
Nueva, capaz de sacudir profundamente la conciencia del hombre?
— ¿Hasta dónde y cómo esta fuerza evangélica puede transformar verdaderamente
al hombre de hoy?
— ¿Con qué métodos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea
eficaz? Estas
preguntas desarrollan, en el fondo, la cuestión fundamental que la Iglesia se
propone hoy día y que podría enunciarse así: después del Concilio y gracias
al Concilio que ha constituido para ella una hora de Dios en este ciclo de la
historia, la Iglesia ¿es más o menos apta para anunciar el Evangelio y para
inserirlo en el corazón del hombre con convicción libertad de espíritu y
eficacia?
5. Una pregunta sobre la salvación de la humanidad. Todos vemos la
necesidad urgente de dar a tal pregunta una respuesta, leal, humilde,
valiente, y de obrar en consecuencia..
Una exhortación en este sentido nos
ha parecido de importancia capital, ya que la presentación del mensaje
evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden facultativo: está de
por medio el deber que le incumbe, por mandato del Señor, con vista a que los
hombres crean y se salven. Sí, este mensaje es necesario. Es único. De ningún
modo podría ser reemplazado. No admite indiferencia, ni sincretismo, ni
acomodos. Representa la belleza de la Revelación. Lleva consigo una sabiduría
que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por sí mismo la fe, una fe que
tiene su fundamento en la potencia de Dios. (Cf. 1 Cor 2,5) Es la Verdad.
Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y que, si
es necesario, le consagre su propia vida..
6. La actividad evangelizadora de
Jesucristo. El
testimonio que el Señor da de Sí mismo y que San Lucas ha recogido en su
Evangelio "Es preciso que anuncie también el reino de Dios en otras
ciudades " (Lc
4,43) - tiene sin duda un gran alcance, ya que define en una
sola frase toda la misión de Jesús: "porque para esto he sido
enviado" (Lc
4,43). Estas palabras alcanzan todo su significado cuando se las considera a
la luz de los versículos anteriores en los que Cristo se aplica a Sí mismo
las palabras del Profeta Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí,
porque me ungió para evangelizar a los pobres" (Lc 4,18; cf. Is 61,1) Proclamar de ciudad en ciudad, sobre
todo a los más pobres, con frecuencia los más dispuestos, el gozoso anuncio
del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas por Dios, tal es
la misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre; todos los
aspectos de su Misterio —la misma Encarnación, los milagros, las enseñanzas,
la convocación de sus discípulos, el envío de los Doce, la cruz y la
resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los suyos— forman
parte de su actividad evangelizadora.
Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad.
1.
¿Por qué es la “evangelización” importante para la
misión de la Iglesia?
2.
La Regla y Vida de los franciscanos seglares es
esta: “observar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo siguiendo el
ejemplo de San Francisco de Asís, quien hizo de Cristo la inspiración y el
centro de su vida con Dios y con los hombres” (OFS Regla, n.4). ¿En qué formas específicas pueden los
franciscanos seglares apoyar la misión de la Iglesia de proclamar el
Evangelio a todos los hombres de nuestro tiempo?

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Tema 2 de 3: Día Mundial de la Paz 2011
LIBERTAD RELIGIOSA,
CAMINO PARA LA PAZ (n. 6-10)
Reflexión, extractos y preguntas de Fr. Amando Trujillo Cano, TOR
El 6 de febrero, la Iglesia
celebra la memoria de los primeros cristianos mártires del Japón
(protomártires). Todos ellos, 26 en total, fueron crucificados en la colina
en las afueras de Nagasaki el 5 de febrero de 1597. Este grupo consistía de 6 frailes menores,
diecisiete terciarios franciscanos japoneses y otros tres japoneses: el
sacerdote jesuita Pablo Miki y sus dos catequistas. Entre los frailes, el más conocido era Pedro
Bautista, un sacerdote español quien había sido enviado a evangelizar a Japón
junto con otros franciscanos de Filipinas en 1593. Ellos trabajaron
incansablemente proclamando el evangelio y construyendo Iglesias y un
hospital en Meako. En noviembre de 1596, más franciscanos habían llegado a
Japón cuando su buque encalló como consecuencia de una tormenta en el mar. Entre
estos estaba Felipe de Jesús quien estaba viajando desde Filipinas hacia su nativa
México para ser ordenado sacerdote. Siendo que ya había comenzado a colaborar
en la misión, también él fue condenado a morir cuando el emperador Taycosama,
quien inicialmente había aceptado a los misioneros cristianos, impuso un
edicto condenando a muerte a estos frailes que venían de Filipinas y a sus
compañeros. El grupo fue forzado a caminar desde Kioto hasta Nagasaki, una
distancia de más de 800 Km., enfrentando condiciones climáticas muy frías, y
sufriendo prisión, tortura y el escarnio público. Cuando fueron crucificados,
sus verdugos les atravesaron por ambos lados con dos lanzas que se cruzaban
en el interior del pecho, saliéndoles del cuerpo por los hombros, causándoles
la muerte en forma casi inmediata. Felipe de Jesús fue el primero
en ser ejecutado, llegando a ser después el primer santo mexicano. En una de
las cartas que Pedro Bautista escribió durante sus últimos días decía: La sentencia que se dio
contra nosotros la traen públicamente delante de nosotros, escrita en una
tabla. Dice que porque hemos predicado la ley de Nauan (es decir, la ley de
Cristo) contra el mandato de Taycosama, y que en llegando a Nagasaki nos
crucifiquen; por lo cual estamos muy alegres y consolados en el Señor, pues
que por predicar su ley perdemos las vidas.
Estos mártires nos dan
la oportunidad de reflexionar sobre nuestro compromiso cristiano de proclamar
el evangelio en nuestro mundo de hoy no sólo con nuestras palabras, sino
también con nuestras vidas. Ellos
fueron valientes y fieles testimoniando a Cristo a través de la
evangelización y el servicio, así como aceptando la persecución alegremente y
con esperanza incesante. Su testimonio también nos ayuda a ilustrar el
contenido del mensaje del Papa Benedicto XVI para el Día Mundial de la Paz,
2011 (números 6-10), especialmente en relación con la dimensión pública de la
fe. Esta dimensión debe ser reconocida y respetada por todas las sociedades como
un camino para la verdadera paz y el desarrollo integral de la humanidad.
6. La libertad religiosa,
como toda libertad, aunque proviene de la esfera personal, se realiza en la
relación con los demás. Una libertad sin relación no es una libertad completa
[...] En esta dimensión comunitaria cada persona sigue siendo única e
irrepetible y, al mismo tiempo, se completa y realiza plenamente.
7. La instrumentalización de la libertad
religiosa para enmascarar intereses ocultos, como por ejemplo la subversión
del orden constituido, la acumulación de recursos o la retención del poder
por parte de un grupo, puede provocar daños enormes a la sociedad. El
fanatismo, el fundamentalismo, las prácticas contrarias a la dignidad humana,
nunca se pueden justificar y mucho menos si se realizan en nombre de la
religión. La profesión de una religión no se puede
instrumentalizar ni imponer por la fuerza. Estados y las
diferentes comunidades humanas no olviden nunca que la libertad religiosa
es condición para la búsqueda de la verdad y que la verdad no se impone con
la violencia sino por «la fuerza de la misma verdad» [...] ¿Cómo
negar la aportación de las grandes religiones del mundo al desarrollo de la
civilización? También hoy, en una sociedad cada vez más globalizada, los
cristianos están llamados, no sólo con un compromiso civil, económico y
político responsable, sino también con el testimonio de su propia fe y
caridad, dar su aportación preciosa al fatigoso y apasionante compromiso por
la justicia, al desarrollo humano integral y a la recta ordenación de las
realidades humanas. La exclusión de la
religión de la vida pública, priva a ésta de un espacio vital que abre a la
trascendencia. Sin esta experiencia primaria resulta difícil orientar la
sociedad hacia principios éticos universales, así como al establecimiento de
ordenamientos nacionales e internacionales en que los derechos y libertades
fundamentales puedan ser reconocidos y realizados plenamente– conforme a lo
propuesto en los objetivos de la Declaración Universal de los derechos del
hombre de 1948, aún hoy por desgracia incumplidos o negados
8. … No se ha de olvidar que el fundamentalismo
religioso y el laicismo son formas especulares y extremas de rechazo del
legítimo pluralismo y del principio de laicidad. […] La sociedad que quiere imponer o, al contrario,
negar la religión con la violencia, es injusta con la persona y con Dios,
pero también consigo misma. Dios llama a sí a la humanidad con un designio de
amor que, implicando a toda la persona en su dimensión natural y espiritual,
reclama una correspondencia en términos de libertad y responsabilidad, con
todo el corazón y el propio ser, individual y comunitario […] Por eso, las
leyes y las instituciones de una sociedad no se pueden configurar ignorando
la dimensión religiosa de los ciudadanos, o de manera que prescinda
totalmente de ella [...]El ordenamiento jurídico en todos los niveles,
nacional e internacional, cuando consiente o tolera el fanatismo religioso o
antirreligioso, no cumple con su misión, que consiste en la tutela y promoción
de la justicia y el derecho de cada uno […] Todo esto expone a la sociedad al
riesgo de totalitarismos políticos e ideológicos, que enfatizan el poder
público, mientras se menoscaba y coarta la libertad de conciencia, de
pensamiento y de religión, como si fueran rivales.
9. El patrimonio de
principios y valores expresados en una religiosidad auténtica es una riqueza
para los pueblos y su ethos. Se dirige directamente
a la conciencia y a la razón de los hombres y mujeres, recuerda el imperativo
de la conversión moral, motiva el cultivo y la práctica de las virtudes y la
cercanía hacia los demás con amor, bajo el signo de la fraternidad, como
miembros de la gran familia humana. La dimensión pública de la religión ha de
ser siempre reconocida, respetando la laicidad positiva de las instituciones
estatales. Para dicho fin, es fundamental un sano diálogo entre
las instituciones civiles y las religiosas para el desarrollo integral de la
persona humana y la armonía de la sociedad.
10. En un mundo globalizado, caracterizado por
sociedades cada vez más multiétnicas y multi-confesionales, las grandes
religiones pueden constituir un importante factor de unidad y de paz para la
familia humana […] Los líderes de las grandes religiones, gracias a sus
posiciones, su influencia y su autoridad en sus respectivas comunidades, son
los primeros llamados a tener un respeto y diálogo mutuo. Los cristianos,
por su lado, estimulados por su fe en Dios, el Padre del Señor Jesucristo, a
vivir como hermanos y hermanas quienes se encuentran unos con otros en la
Iglesia y trabajan juntos construyendo un mundo donde los individuos y la
gente “nadie hará daño, nadie hará mal… porque la tierra estará llena de
conocimiento de Yahvé, como cubren las aguas el mar.” (Is 11,9).
Preguntas para la reflexión y discusión en la
fraternidad
1.
Estudia los conceptos
de fanatismo, fundamentalismo, secularismo e ideología totalitaria, y
discutir en fraternidad como están desarrollándose estos fenómenos en el
mundo de hoy.
2.
Lee la Declaración
Universal de los Derechos Humanos de 1948 y comparte algunos comentarios en
la fraternidad.
3.
¿Qué clase de diálogo está dándose entre las
instituciones civiles y religiosas donde tú vives?
4.
¿Cómo pueden las fraternidades de la OFS fomentar
la unidad y la paz de la familia humana dentro de nuestras sociedades multiétnicas
y multi-confesionales?
La crucifixión de los protomártires
de Japón – Museo Franciscano de Kioto – Fotografía de Doug Clorey
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