Tema I-3: Profesión en la OFS
Ewald Kreuzer, OFS
Profesión en la OFS: Don y Compromiso, por Fr. Felice Cangelosi, OFMCap, (n. 14-16)
Resumen y comentarios
n. 14. San Francisco de Asís “hizo de Cristo el inspirador y el centro de su vida con Dios y con los hombres”. (Regla 4) Esta es una implícita exhortación a los que emiten la Profesión en la Orden Franciscana Seglar a hacer lo mismo. Para los franciscanos seglares, seguir a Cristo es conformar su vida a El; lo cual significa asumir en la profesión el compromiso intrínseco de observar el Evangelio a la manera de San Francisco, viviendo las exigencias del Evangelio hasta lo más profundo, hasta el final, hasta la muerte, lo que hará posible estar abiertos para recibir las promesas proclamadas por el Evangelio mismo.
Para San Francisco, Jesucristo fue el centro de su vida. El meditaba una y otra vez, sobre la vida de Cristo, desde su nacimiento en Belén hasta su muerte en la cruz en Jerusalén. El Evangelio de Cristo también es la fuente de nuestra alegría, de nuestra esperanza y de nuestra paz.
n. 15. El anuncio evangélico se abre con la llamada a la conversión: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el evangelio” (Mc 1,15). La dimensión penitencial está en el corazón del Evangelio y es esencial para la vida evangélica. Por esta razón, los franciscanos seglares prometiendo vivir el Evangelio, en virtud de su carisma original se comprometen a vivir una vida de penitencia.
Nuestra vocación como “hermanos y hermanas de penitencia incluye la voluntad de conformar nuestros pensamientos y acciones a aquellos de Jesucristo. Conociendo nuestra fragilidad humana, es necesario que esta conversión sea actualizada cada día.” (Rule 7)
n. 16. El Ritual de la Orden Franciscana Seglar habla expresamente de «consagración que se vive en el mundo» y de «voluntad de vivir en el mundo y por el mundo» (Anotaciones previas 14 a, d) Estado seglar o Secularidad y mundo son esenciales para comprender la identidad específica de los franciscanos seglares y su misión particular de la cual nace la Profesión. Secularidad indica una condición existencial y sociológica: es estar en el mundo como creatura humana y como comunidad de hombres y mujeres, incluyendo las relaciones geográficas, culturales y sociales, en la cual uno nace y vive. Secularidad se da desde el nacimiento, independientemente de la libre elección del individuo. Seglar se nace, no se hace. Pero hay también una dimensión teológica. La secularidad viene de la aceptación de la intervención de Dios en la historia humana y de su “transformación” y es expresión de reconocimiento de un mundo (saeculum) en el cual el Espíritu actúa para la “recapitulación” de todas las cosas en Cristo. El ser y la acción de los laicos y de los franciscanos seglares se mete en este contexto de «mundo».
El plan de Dios es transformar nuestro mundo a través del Espíritu Santo quien actúa en nosotros y a través de nosotros. No existe un mundo “malo”, ya que Dios mismo “ha visitado y redimido a su pueblo” (Luke 1,68).
Preguntas para la reflexión y discusión en fraternidad::
- ¿Qué significa “observar el Evangelio a la manera de San Francisco”?
- ¿De qué manera los franciscanos seglares viven una verdadera “vida de penitencia”?
- ¿Cuáles son las dimensiones del estado de “Secularidad” para los franciscanos seglares?
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Tópico III: La llamada cuaresmal a la conversión y la identidad penitencial de la OFS
Fr. Amando Trujillo Cano, TOR
¿A quién le gusta ir al desierto? Normalmente ir a un lugar que casi no tiene vida es poco atrayente; sin embargo, es una experiencia mencionada muchas veces en las Escrituras y imbuida en un gran significado teológico –como fue para Moisés y para los Hebreos durante el Éxodo, para profetas como Elías y Ezequiel, para Juan Bautista y Jesús, y para muchos otros grandes amigos de Dios. Siguiendo la experiencia y el ejemplo de estas grandes figuras que encontraron tanta riqueza espiritual en el desierto, católicos y otros cristianos acogen cuarenta días de penitencia como una invitación personal a ofrecerle tiempo y espacio a la palabra de Dios para que la misma resuene más profundamente en sus corazones y mentes. Hacemos esto para que podamos volver a Él en humildad y en verdadero amor, lo cual es posible sólo si nos abrimos a la gracia del Espíritu Santo. Ir “al desierto” de conversión nos da la oportunidad de enfrontar con honestidad nuestras debilidades e infidelidades a Dios y a su Reino y, aún mas importante, de renovar nuestra identidad como pueblo de Dios y comprometersos a vivir más plenamente el Evangelio de Jesucristo.
Los seglares franciscanos, puesto que han sido conocidos desde los comienzos del movimiento franciscano en el siglo XIII, como “hermanos y hermanas de penitencia”, encuentran una conexión particular con este tiempo penitencial de la Cuaresma. Sin embargo, esta identidad penitencial va más allá de un tiempo litúrgico específico, ya que debe enraizarse en lo más profundo de sus vidas y desafiarles a conformar toda su existencia a Cristo. La Regla de la OFS lo dice de esta manera:
Por fuerza de su vocación, como “hermanos y hermanas de penitencia” impulsados por la dinámica del Evangelio, conformen su modo de pensar y de obrar al de Cristo, mediante un radical cambio interior, que el mismo Evangelio denomina con el nombre de ”conversión”; la cual, debido a la fragilidad humana, debe actualizarse cada día”. En este camino de renovación, el Sacramento de la Reconciliación es signo privilegiado de la misericordia del Padre, y fuente de gracia. (Regla OFS 7)
El Artículo 13 de las Constituciones Generales de la OFS puede leerse como un comentario a este artículo de la Regla. Define conversión continua como una característica de la vocación franciscana e indica algunas maneras de cultivarla tanto individualmente como en fraternidad: “la escucha y las celebraciones de la Palabra de Dios, la revisión de vida, los retiros espirituales, la ayuda de un consejero espiritual y las celebraciones penitenciales” (Art. 13,1). Esta variedad de medios – que no son ciertamente los únicos – responde a la diversidad de las aéreas de nuestras vidas que necesitan ser incorporadas a nuestra conversión. Por ejemplo, el Artículo 13,2, afirma que nuestra contribución a la renovación de la Iglesia requiere una renovación personal y comunitaria y nos recuerda que las obras de caridad son frutos de la conversión. Las Constituciones también nos presentan criterios importantes para discernir y actuar en relación a las “prácticas penitenciales como el ayuno y la abstinencia”, indicando que los hermanos “deben tratar de conocer, valorar y vivir las prácticas penitenciales, ateniéndose a las normas generales de la Iglesia” (Art. 13, 3).
Concluyamos con algunas palabras –desafiantes y realistas, tomadas de la segunda redacción de la Carta a los fieles de San Francisco de Asís: “Amemos a Dios, y por lo tanto, adorémosle con puro corazón y con mente pura… Además, hagamos frutos dignos de penitencia. Y amemos a nuestros prójimos como a nosotros mismos. Y si alguien no quiere amarlos como a sí mismo, al menos no les haga mal, sino hágales el bien” (2CtaF 18. 25-27).
Preguntas para la reflexión y discusión:
- Cuando nos comprometemos en una renovación personal y comunitaria, ¿cuales son las diversas aéreas de nuestras vidas que debemos considerar?
- ¿Cómo entiende y lleva a cabo nuestra fraternidad local obras de caridad?
- ¿Cuáles son los medios que nos han ayudado a cultivar una conversión continua como franciscanos seglares?
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Bloque 1: Mensaje del Papa Benedicto XVI para el Día Mundial de la Paz del 2010
SI QUIERES CULTIVAR LA PAZ, PROTEJE LA CREACIÓN
Fr. Amando Trujillo Cano, TOR
Parte III de 3: Extratos del No. 11-14
11. “…Se ha de educar cada vez más para construir la paz a partir de opciones de gran calado en el ámbito personal, familiar, comunitario y político […] Un papel de sensibilización y formación corresponde particularmente a los diversos sujetos de la sociedad civil y las Organizaciones no gubernativas […] Además, se ha de requerir la responsabilidad de los medios de comunicación social en este campo, con el fin de proponer modelos positivos en los que inspirarse. Por tanto, ocuparse del medio ambiente exige una visión amplia y global del mundo; un esfuerzo común y responsable para pasar de una lógica centrada en el interés nacionalista egoísta a una perspectiva que abarque siempre las necesidades de todos los pueblos […] En este contexto tan amplio, es deseable más que nunca los esfuerzos de la comunidad internacional por lograr un desarme progresivo y un mundo sin armas nucleares …”
12. La Iglesia tiene una responsabilidad respecto a la creación, y se siente en el deber de ejercerla también en el ámbito público, para defender la tierra, el agua y el aire, dones de Dios Creador para todos, y sobre todo para proteger al hombre frente al peligro de la destrucción de sí mismo. La degradación de la naturaleza está estrechamente relacionada con la cultura que modela la convivencia humana, por lo que «cuando se respeta la “ecología humana” en la sociedad, también la ecología ambiental se beneficia»”. No se puede pedir a los jóvenes que respeten el medio ambiente, si no se les ayuda en la familia y en la sociedad a respetarse a sí mismos: el libro de la naturaleza es único, tanto en lo que concierne al ambiente como a la ética personal, familiar y social. Los deberes respecto al ambiente se derivan de los deberes para con la persona, considerada en sí misma y en su relación con los demás…”
13. Tampoco se ha de olvidar el hecho, sumamente elocuente, de que muchos encuentran tranquilidad y paz, se sienten renovados y fortalecidos, al estar en contacto con la belleza y la armonía de la naturaleza. Así, pues, hay una cierta forma de reciprocidad: al cuidar la creación, vemos que Dios, a través de ella, cuida de nosotros. Por otro lado, una correcta concepción de la relación del hombre con el medio ambiente no lleva a absolutizar la naturaleza ni a considerarla más importante que la persona misma [...] La Iglesia invita en cambio a plantear la cuestión de manera equilibrada, respetando la «gramática» que el Creador ha inscrito en su obra, confiando al hombre el papel de guardián y administrador responsable de la creación, papel del que ciertamente no debe abusar, pero del cual tampoco puede abdicar...”
14. “…La búsqueda de la paz por parte de todos los hombres de buena voluntad se verá facilitada sin duda por el reconocimiento común de la relación inseparable que existe entre Dios, los seres humanos y toda la creación. Los cristianos ofrecen su propia aportación, iluminados por la divina Revelación y siguiendo la Tradición de la Iglesia. Consideran el cosmos y sus maravillas a la luz de la obra creadora del Padre y de la redención de Cristo, que, con su muerte y resurrección, ha reconciliado con Dios «todos los seres: los del cielo y los de la tierra» (Col 1,20). […] Que los responsables de las naciones sean conscientes de ello, así como los que, en todos los ámbitos, se interesan por el destino de la humanidad: la salvaguardia de la creación y la consecución de la paz son realidades íntimamente relacionadas entre sí. Por eso, invito a todos los creyentes a elevar una ferviente oración a Dios, Creador todopoderoso y Padre de misericordia, para que en el corazón de cada hombre y de cada mujer resuene, se acoja y se viva el apremiante llamamiento: Si quieres promover la paz, protege la creación.”
Preguntas para la reflexión y discusión
- ¿Cual consideras sea el papel especial de los franciscanos seglares en la educación por la paz dentro del contexto de la degradación del medio ambiente?
- ¿Cómo participan los franciscanos seglares en la responsabilidad de la Iglesia de proteger la tierra, el agua y el aire como dones de Dios Creador a toda la humanidad?
- ¿Cómo podemos incorporar nuestros “deberes en la protección del medio ambiente” en nuestra oración y en la liturgia?
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