Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS 

PROYECTO DE FORMACIÓN PERMANENTE

DOSSIER MENSUAL

No 43

TEOLOGÍA DEL CUERPO

 Del Beato Juan Pablo II

      Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente

                          Ewald Kreuzer, OFS Coordinador / Lucy Almiranez, OFS

                      Mike & Jenny Harrington, OFS

  

Sección 7 – EL SACRAMENTO - MATRIMONIO TDC 87 - 102

LA DIMENSION DE LA ALIANZA Y DE LA GRACIA

Habiendo visto el “Celibato para el Reino”, ahora reflexionaremos sobre el “Matrimonio” que permanece como la vocación normal.  El Beato Juan Pablo II nos ayuda a descubrir el verdadero sentido de Efesios 5, 22-22, el matrimonio como sacramento, el “gran misterio” y el significado de la “vida humana”.  El dice –TDC 796.:  “Si alguien escoge el matrimonio, debe escogerlo tal como fue instituido por el Creador “desde el principio”; debe buscarlo en esos valores que corresponden al plan de Dios; si por el contrario alguien decide seguir en continencia por el reino de Dios, debe entonces buscarlo en los valores propios a esta vocación.  En otras palabras, debe actuar en conformidad con la vocación escogida.

PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

 

PROYECTO DE FORMACIÓN PERMANENTE

 

DOSSIER MENSUAL No 44

 

TEOLOGIA DEL CUERPO -

 

Por Beato Papa Juan Pablo II

 

 

Mike y Jenny Harrington OFS

 

Sesión 8   LA DIMENSION DEL SIGNO (TDC 103 - 107)

 

En nuestra última sesión vimos la dimensión del Mandamiento de la Gracia y la interpretación de Efesios 5 sobre el matrimonio como “el gran misterio” de la unión esponsal de Cristo con su Iglesia.  La sacramentalidad del matrimonio cristiano como un verdadero sacramento de la nueva alianza.  Este sacramento no solamente nos señala sino que comparte el amor que se da, la vida que se da y la realidad de la gracia que se da.  Habiendo visto esta dimensión divina, miremos ahora la dimensión humana

PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS  

PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE 

DOSSIER MENSUAL

 No.41 

 TEOLOGIA DEL CUERPO

Por Beato Papa Juan Pablo II 

 Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente 

Ewald Kreuzer, OFS Coordinador  

Lucy Almiranez, OFS

Mike y Jenny Harrington, OFS

  

 

5 –La resurrección del cuerpo  – TDC 64 – 85

Hemos visto nuestros orígenes antes del pecado y nuestra historia afectada por el pecado, pero redimida en Cristo.  Ahora tenemos una visión total de lo que significa ser humano; Juan Pablo nos ha hecho mirar a nuestro último destino, humanidad glorificada, nuestros cuerpos serán resucitados en la gloria por Dios.

 




PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

PROYECTO DE FORMACIÓN PERMANENTE

DOSSIER MENSUAL

No 42

TEOLOGÍA DEL CUERPO

                                      Del Beato Juan Pablo II

      Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente 

Ewald Kreuzer, OFS Coordinador

Lucy Almiranez, OFS

Mike y Jenny Harrington, OFS

  

 

Sección 6 – Celibato y vida religiosa – TOC 73 - 86

 

Reflexionando sobre nuestra humanidad glorificada aprendemos que para ser humanos, estamos llamados a la comunión –comunión con Dios y entre nosotros, una llamada para un éxtasis eterno. El Beato Juan Pablo II reflexiona ahora sobre el carisma al celibato, que puede ser comprendida solamente bajo el punto de vista del matrimonio celestial entre Dios y su pueblo.  El nos muestra que otra forma de matrimonio es abrirnos a la vocación del amor y respetar el significado esponsal del cuerpo.  La vida consagrada en celibato, no devalúa el matrimonio; es más bien significativo solo a la luz del matrimonio y también profundiza en nuestra comprensión sobre el matrimonio.

“La Revelación cristiana conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación de la persona humana al amor: el Matrimonio y la Virginidad. Tanto el uno como el otro, en su forma propia, son una concretización de la verdad más profunda del hombre, de su “ser imagen de Dios”." (Familiaris Consortio 11.)  

Palabras de Cristo y Estado de  Comprensión

TDC 73.1 La cuestión de la llamada a una donación exclusiva de sí mismo a Dios en la virginidad y en el celibato, hunde profundamente sus raíces en el terreno evangélico de la teología del cuerpo. Para poner de relieve las dimensiones que le son propias, es necesario tener presente las palabras, con las que Cristo hizo referencia al «principio», y también aquellas con las que El se remitió a la resurrección de los cuerpos. La constatación: «Cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán ni serán dadas en matrimonio» (Mc 12, 25) indica que hay una condición de vida, sin matrimonio, en la que el hombre, varón y mujer, halla a un tiempo la plenitud de la donación personal y de la intersubjetiva comunión de las personas, gracias a la glorificación de todo su ser sicosomático en la unión perenne con Dios. Cuando la llamada a la continencia «por el reino de los cielos» encuentra eco en el alma humana, en las condiciones de la temporalidad, esto es, en las condiciones en que las personas de ordinario «toman mujer y toman marido» (Lc 20, 34), no resulta difícil percibir allí una sensibilidad especial del espíritu humano, que ya en las condiciones de la temporalidad parece anticipar aquello de lo que el hombre será partícipe en la resurrección futura.

“No todos entienden este lenguaje, sino aquellos a quienes se les ha concedido. Porque hay quienes son incapaces del matrimonio porque nacieron así del vientre de su madre, y hay quienes fueron hechos así por los hombres, y hay quienes han renunciado al matrimonio por el reino de los cielos. El que pueda aceptar esto, que lo acepte” (cf Mt 19, 11-12)

3 Clase de “eunucos" - ¿Por qué?

TDL 73.2 Sin embargo, Cristo no habló de este problema, de esta vocación particular, en el contexto inmediato de su conversación con los saduceos (cf. Mt 22, 23-30), cuando se refirió a la resurrección de los cuerpos. En cambio, había hablado de ella (ya antes) en el contexto de la conversación con los fariseos sobre el matrimonio y sobre las bases de su indisolubilidad (cf. Mt 19, 3-9). «Si tal es la condición del hombre con la mujer, preferible es no casarse» (Mt 19, 10). Cristo les da la respuesta siguiente: «No todos entienden esto, sino aquellos a quienes ha sido dado. Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que fueron hechos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismo se han hecho tales por amor al reino de los cielos. El que pueda entender, que entienda» (Mt 19, 11-12).

Cuando Cristo usa el término eunuco, El se refiere al propio impedimento  que está involucrado en abrazar la llamada al celibato.  Esta vocación envuelve una renuncia y Cristo quiere enfatizar este hecho.  La continencia por el Reino es un carisma, un regalo con un valor particular, que Dios le otorga a quien El quiere, invitándolos a aceptarlo libremente.  San Pablo (1 Cor 7:7) señala que aquellos que reciben esta gracia se sienten tan conmovidos por el amor de Cristo, el divino Novio, que ellos desean responderle de forma extrema.  No rechazan su sexualidad, más bien hacen un regalo completo de su sexualidad a Dios, abrazando su feminidad y masculinidad.

TDC 73.3,4. En el diálogo que Cristo tiene con sus discípulos......pero en vista del valor particular que está conectado con esta decisión y la cual debe ser descubierta por cada quien y aceptada como su propia vocación…. Cristo precisa y aclara una regla para comprender sus palabras.    En la doctrina de la Iglesia está vigente la convicción de que estas palabras no expresan un mandamiento que obliga a todos, sino un consejo que se refiere sólo a algunas personas: precisamente a las que están en condiciones «de entenderlo». «La santidad de la Iglesia también se fomenta de una manera especial con los múltiples consejos que el Señor propone en el Evangelio para que los observen sus discípulos. Una posición eminente entre estas está en la virginidad o en el estado célibe. (1 Cor 7:32-34). Este es un don precioso de la gracia divina que da el Padre a ciertas almas (Mt 19:11; 1 Cor 7:7), para que se consagren solo  a Dios con un corazón que en la virginidad o en el celibato se mantiene más fácilmente indiviso”  Vat II, Lumen Gentium, 42.

Como un matrimonio terrenal,  la consagración a Cristo con votos perpetuos de celibato es la expresión de un don total y exclusivo de sí mismo.  Una mujer célibe está unida a Cristo como su esposa y un hombre célibe esta unido a la Iglesia como su esposa, de una forma no compatible con la unión esponsal con otra persona.  Hay una total disposición, donación personal y pertenencia total.  Una persona célibe toma el más profundo misterio de quien ella o el es, incluyendo la sexualidad, y lo da todo a Dios.  Esta vocación proclama a los otros, que el amor de Dios es real, y suficiente.  Para realizarse como persona, el sexo y el matrimonio no son necesarios.

Continencia evangélica y fecundidad sobrenatural en Espíritu Santo.

TDC 75.1 La continencia “por” el reino de los cielos se relaciona ciertamente con la revelación del hecho de que “en” el reino de los cielos «no se toma ni mujer ni marido» (Mt 22, 30). Se trata de un signo carismático.  El ser humano viviente, varón y mujer, quien  con libre voluntad  asumen la continencia «por el reino de los cielos», indica que en ese reino, que es el «otro mundo» de la resurrección, «no tomarán mujer ni marido» (Mc 12, 25), porque Dios será «todo en todos». Este ser humano, varón y mujer, manifiesta, pues, la «virginidad» escatológica del hombre resucitado, en el que se revelará, diría, el absoluto y eterno significado esponsalicio del cuerpo glorificado en la unión con Dios mismo, mediante una perfecta intersubjetividad, que unirá a todos los «partícipes del otro mundo», hombres y mujeres, en el misterio de la comunión de los santos.  Así que la continencia “por el reino de Dios” implica por encima de todo el asemejarse a Cristo quien asumió en la redención, esta escogencia, “por el reino de los cielos”.

Proclamando al mundo que “el Reino de Dios está aquí”, el matrimonio definitivo ha llegado.  Ellos renuncian al sacramento del matrimonio en anticipo de la realidad celestial, el “Matrimonio del Cordero”.  El celibato revela que el  cumplimiento final de la soledad se encuentra solamente en la unión con Dios.  De una forma la persona célibe escoge libremente permanecer en el “dolor” de la soledad en esta vida para dedicar todos sus anhelos a la unión que solamente pueda satisfacer. 

María y José vivieron la excepcional llamada a abrazar ambos la vocación  del celibato y la vocación marital al mismo tiempo –el matrimonio terrenal y el matrimonio celestial.  Su matrimonio virginal afectó el matrimonio de los cielos y de la tierra.  Para la fecundidad de su total gracia virginal como testigos y servidores del más perfecto “fruto del Espíritu Santo:” – Palabra hecha carne – el cielo que baja a la tierra (TCD 75.3).  De esta forma José y María  se convirtieron en los primeros testigos de una fecundidad diversa de la carnal, esto es, de la fecundidad del Espíritu: «Lo concebido en Ella es obra del Espíritu Santo» (Mt 1, 20). TOB 75.2.

La correcta comprensión de la “Superioridad” de la continencia por el Reino de los cielos.

Cristo habla de una vocación “excepcional”, no “ordinaria”.  Es particularmente importante y necesaria para el Reino.  Los “dos estados” son llamados a la perfección cristiana (Mt 19:21).  Si deseas ser perfecto, “La perfección de la vida Cristiana se mide por la medida del amor”.  Los consejos evangélicos ayudan a alcanzar el máximo del amor.  Cristo no ha disminuido el valor del matrimonio por la ventaja de la continencia.  La importancia de esta renuncia en relación con lo bueno del matrimonio y de la familia, está conectada con un sacrificio personal y otras renuncias, a lo largo de toda la  vida terrenal. Continencia por el Reino es un signo que el matrimonio y la procreación, buenos como son, pertenecen solamente a esta vida.  No habrá matrimonio en el cielo, porque el matrimonio celestial del cual el matrimonio terrenal es un signo, será mucho mejor.  Aquellos que tienen el carisma del celibato, anticipan ahora, de una cierta manera, ese matrimonio celestial. Ellos son símbolos de la vida a la cual estamos llamados por la eternidad.  San Pablo explica, “el no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor”.  1 Cor 7: 32-35

Esta lealtad total al Señor se hace posible por la presencia del Reino en Jesucristo.  Al incorporarnos en la familia de Dios, El nos ha dado una nueva imagen de humanidad que nos da un nuevo sentido a la importancia de las cosas de este mundo tales como la familia (Mt 0:37). Esta vocación especial nos muestra que “la representación de este mundo pasa” (1 Cor 7:31). "El que se casa con su doncella, obra bien.  Y el que no se casa, obra mejor” 1Cor 7:38

Los esposos simbolizan la relación que Cristo tiene ahora con su Iglesia, y las personas célibes son un ícono de esa relación que será perfeccionada en los cielos.  Ambos casados y célibes, como cristianos son necesarios en la Iglesia.  Ellos son formas complementarias de servir a Dios.  Cada vocación refuerza y eleva la otra cuando se viven con integridad.  Ambos casados y célibes están llamados a practicar la castidad, que es el orden correcto de su sexualidad dentro de una íntima unión de cuerpo y espíritu, que hace posible la auténtica propia entrega de amor.

Continencia por el Reino – Entre Renuncia y amor.

TDC 77.1 - ....en la llamada a la continencia por el Reino de los cielos, es una invitación a la soledad por Dios, respetando al mismo tiempo la masculinidad y la feminidad y también la dimensión de la comunión de la existencia que es propia de la persona.  Preserva la verdad integral de su humanidad, sin pérdida… de los elementos esenciales de la vocación de la persona creada “en la imagen y semejanza de Dios.

TDC 77.4 El Beato Juan Pablo II nos dice que la persona que toma la decisión acerca de la continencia por el reino de los cielos, debe realizar esta decisión, sometiendo el estado pecaminoso de la propia humanidad a las fuerzas que brotan del misterio de la redención del cuerpo. Por esto es que él indica que la llamada al celibato no es solo un tema de formación pero de transformación.

TDC 81.2 - Las palabras de Cristo aluden, sin duda, a una consciente y voluntaria renuncia al matrimonio. Esta renuncia sólo es posible si supone una conciencia auténtica del valor que constituye la disposición nupcial de la masculinidad y feminidad del matrimonio. Para que el hombre pueda ser plenamente consciente de lo que elige (la continencia por el reino), debe ser también plenamente consciente de aquello a lo que renuncia.

TDC 81.3..... renuncia es a la vez una particular forma de afirmación de ese valor.

La persona que vive esta transformación puede disfrutar de sus pasiones.  El está libre, con la libertad de la gracia.  Para esta persona, sacrificar la unión sexual por el bien del Reino no solamente es una posibilidad, sino que se hace sumamente atractivo.

Significado Esponsal del Cuerpo como el Fundamento de la llamada de Cristo a la Continencia.

El significado esponsal del cuerpo es “el componente fundamental de la existencia humana en el mundo,........... en toda su verdad como un signo de la “imagen de Dios” (TDC 15.5).  Revela que la persona ha sido creada para ser un don “para” otro.  Las palabras de Cristo acerca del celibato muestran que este “para” que ha estado presente desde el origen de la base del matrimonio, también puede significar como la base para la continencia “por” el Reino de los cielos. 

Así que sobre las bases del mismo significado esponsal del cuerpo, se puede formar el amor al que se compromete el hombre en el matrimonio para toda su vida, pero también puede ser el amor al que el hombre se compromete por toda su vida en la continencia, “por el reino de los cielos”.  El hombre encuentra su plenitud a través del don sincero de sí mismo. (Gaudium et Spes, 24:3) TDC 80.6

Nuestra sexualidad nos llama a darnos nosotros mismos en entrega amorosa.  La persona célibe no rechaza esta llamada; simplemente lo viven de una forma diferente.  Cada hombre, por virtud del significado esponsal de su cuerpo, está llamado de alguna forma a ser ambos esposo y padre.  Cada mujer, por virtud del significado esponsal de su cuerpo está llamado de alguna forma a ser ambos una esposa y una madre.  Como una imagen de Cristo el hombre célibe “se casa” con la Iglesia, y a través del regalo de su cuerpo él tiene numerosos “hijos espirituales.”  Como una imagen de la Iglesia, la mujer célibe “se casa” con Cristo y a través de l regalo de su cuerpo ella tiene muchos “hijos espirituales”.  Por esto es que los términos esposo, esposa, padre, madre, hermano y hermana son aplicable tanto al matrimonio y la vida familiar como al sacerdocio y a la vida religiosa.

TDC 86.7. En la vida cotidiana el hombre debe sacar del misterio de la redención del cuerpo la inspiración y la fuerza para superar el mal que está adormecido en él bajo la forma de la triple concupiscencia. El hombre y la mujer, unidos en matrimonio, han de iniciar cada día la aventura de la indisoluble unión de esa alianza que han establecido entre ellos. Pero también el hombre y la mujer, que han escogido voluntariamente la continencia por el reino de los cielos, deben dar diariamente testimonio vivo de la fidelidad a esa opción, acogiendo las orientaciones de Cristo en el Evangelio, y las del Apóstol Pablo en la primera Carta a los Corintios. En todo caso se trata de la esperanza de cada día que, en consonancia con los deberes comunes y las dificultades de la vida humana, ayuda a vencer «al mal con el bien» (Rom 12, 21). Efectivamente, «en la esperanza hemos sido salvados»; la esperanza de cada día expresa su fuerza en las obras humanas e incluso en los movimientos mismos del corazón humano abriendo camino en cierto sentido, a la gran esperanza escatológica ligada a la redención del cuerpo.

La redención del cuerpo ayuda al hombre, en su vida diaria, con la dimensión de la moralidad humana, a redescubrir todo el bien que el obtiene de la Victoria sobre el pecado y sobre la concupiscencia.  Las palabras de Cristo, que emanan de la divina profundidad del misterio de redención, nos permiten descubrir y fortalecer el vínculo que existe entre la dignidad del hombre y el sentido esponsal de su cuerpo.  Ellos nos ayudan a comprender la libertad madura del regalo, que expresa en sí mismo de una forma la indisolubilidad del matrimonio y en otra absteniéndose al matrimonio por el Reino de Dios. En estas formas diferentes, “Cristo… revela el misterio del Padre y su Amor, hace al hombre totalmente claro hacia sí mismo y hace que su vocación suprema esté también clara”   (Gaudium et Spes 22.1).  Esta vocación está inscrita en el hombre de acuerdo con su compositum psicofísico precisamente a través del misterio de la redención del cuerpo. TDC 86.8

La tradición ha mantenido que la forma de vida célibe es la “mejor parte” (1 Cor 7:38). Pero, lo que es mejor para cada individuo es abrazar la vocación para la cual Dios le ha llamado personalmente a él o a ella.  “Cada uno tiene su don específico de Dios” Uno de una clase y otro de otra " (1 Cor 7:7). Es viviendo nuestra propia vocación con sinceridad y perseverancia que crecemos en santidad y estamos preparados para  "lo que el ojo no ha visto, y el oído no ha escuchado, ni el corazón del hombre ha concebido, que es lo que Dios le tiene preparado a aquellos que lo aman". (1 Cor 2:9)

 

 

 

Preguntas para la reflexión:

1.             ¿ Como nos ayuda a comprender la castidad el pasaje de 1 Cor 6:13-14?

2.             ¿Cuales son algunas de las formas que los carismas de celibato y el sacramento del matrimonio se complementan unos y otros en la Iglesia? (1 Cor 7:29-31)

3.             ¿Has tenido pensamientos de renunciar al matrimonio terrenal por una unión esponsal con Cristo (para una mujer) o con la Iglesia (para un hombre).?

4.             ¿Cuales son las diferentes maneras de alcanzar el orden correcto de sexualidad con una unión íntima del cuerpo y del espíritu para poder lograr una auténtica donación de amor?

5.             ¿Hay alguna diferencia entre un matrimonio o célibes por el Reino que experimenten el pecado de  la concupiscencia?

6.             Si una persona tiene dificultad en ordenar sus deseos sexuales, ¿debería ser el matrimonio una salida para su codicia? 

 

               

Referencias:, ‘Amor y Responsabilidad’ - Fr Karol Wotjyla, ‘Hombre y Mujer los crió' - Juan Pablo II, ‘Carta a las Familias de Juan Pablo II’,  'Ubicumque et semper' Lumen Gentium - Vaticano II Constitución Dogmática de la Iglesia, Gaudium et Spes - Vaticano II Constitución Pastoral de la Iglesia en el Mundo Moderno, Familiaris Consortio – Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia Católica.

 PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

                                         PROYECTO DE FORMACIÓN PERMANENTE  

DOSSIER MENSUAL

  No. 40

 TEOLOGIA DEL CUERPO

Por Beato Papa Juan Pablo II

Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente

Ewald Kreuzer, OFS Coordinador

Lucy Almiranez, OFS

Mike y Jenny Harrington, OFS

                                                    

     

 La Redención del Cuerpo – TDC 86

El cumplimiento de la promesa de Dios a la humanidad caída, ha sucedido; en Jesús la maldición del pecado, ha sido rota. La muerte ha sido destruida. Satanás ha sido vencido, y el hombre por fin ha sido reconciliado con Dios. La humanidad ha sido redimida.  A través de la gracia de la redención, derramada en un acto de amor en el que Jesús muere por nosotros en la cruz, hemos sido introducidos a una nueva forma de vida que se remonta a la intención original de Dios. Él nos ha llamado (llamada a nuestros corazones) para volver a descubrir el significado nupcial del cuerpo, y cumplir con el propósito más profundo de nuestras vidas.

Parte de la fuerza interior que nos atrae a todo lo que es verdadero, bueno y hermoso es el (pasión erótica), el eco de Dios, en su suprema bondad, verdad y belleza. Es bueno, es parte de la forma en que fuimos creados.

Dios ha escrito en nosotros la gracia de la comunión, la misteriosa realidad de su imagen, y allí inmerso está el deseo que lleva a la expresión primaria de la comunión, que es el matrimonio. Así Eros no debe ser aplastado, pero transformado, mediante la unión de Eros con los verdaderos valores o la ética moral.