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Consilium Internationale
COMISION FAMILIA
 Silvia Diana OFS 

 

CONCLUSIONES DEL SÍNODO SOBRE LA FAMILIA, OCTUBRE 2015
Capítulo III

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Este Capítulo III nos presenta “Familia, inclusión y sociedad” con muchos temas importantes para compartir y reflexionar juntos, les proponemos hacer una lectura completa de este capítulo, nosotros reflexionaremos sobre algunos puntos , pero dejamos la propuesta a cada fraternidad de animarse a profundizarlos según la necesidad de cada realidad local.
Compartimos en fraternidad las siguientes consignas:
          1. ¿ Cómo es la realidad de nuestros abuelos, personas con necesidades especiales, personas no casadas, en nuestras familias y en nuestro entorno?

          2. ¿ Migrantes, refugiados y perseguidos, habitan en nuestras ciudades, cuál es su situación?

          3. La mujer, cuales son las situaciones de dificultad de las mujeres hoy?

         4. ¿ Nuestros niños y jóvenes son felices, sus derechos son respetados en nuestra sociedad?
A la luz de los documentos nos formamos:

La tercera edad


Nuestros abuelos son muy importantes en la reconstrucción de los valores de la familia:
Una de las tareas más importantes y urgentes de la familia cristiana es salvaguardar el vínculo entre las generaciones para la transmisión de la fe y de los valores fundamentales de la vida. […] La presencia de los abuelos en la familia merece una atención especial. Ellos constituyen el anillo de conjunción entre las generaciones, y aseguran un equilibrio psicoafectivo a través de la transmisión de las tradiciones y costumbres, de valores y virtudes, donde los más jóvenes pueden encontrar sus propias raíces[…] (N°17/18.)
El papa Francisco en su exhortación Amoris Laetitia nos comparte: « No me rechaces ahora en la vejez, me van faltando las fuerzas, no me abandones » (Sal 71,9). Es el clamor del anciano, que teme el olvido y el desprecio. Así como Dios nos invita a ser sus instrumentos para escuchar la súplica de los pobres, también espera que escuchemos el grito de los ancianos. Esto interpela a las familias y a las comunidades, porque « la Iglesia no puede y no quiere conformarse a una mentalidad de intolerancia, y mucho menos de indiferencia y desprecio, respecto a la vejez. Debemos despertar el sentido colectivo de gratitud, de
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aprecio, de hospitalidad, que hagan sentir al anciano parte viva de su comunidad. Los ancianos son hombres y mujeres, padres y madres que estuvieron antes que nosotros en el mismo camino, en nuestra misma casa, en nuestra diaria batalla por una vida digna ».Por eso, « ¡cuánto quisiera una Iglesia que desafía la cultura del descarte con la alegría desbordante de un nuevo abrazo entre los jóvenes y los ancianos! ». ( AL191). La ausencia de memoria histórica es un serio defecto de nuestra sociedad. Es la mentalidad inmadura del « ya fue ». Conocer y poder tomar posición frente a los acontecimientos pasados es la única posibilidad de construir un futuro con sentido. No se puede educar sin memoria: « Recordad aquellos días primeros » (Hb 10,32). Las narraciones de los ancianos hacen mucho bien a los niños y jóvenes, ya que los conectan con la historia vivida tanto de la familia como del barrio y del país. [...] (AL 193)

Personas con necesidades especiales


Cuanto amor se refleja en las familias que dan valor a la vida…..
[…]Merecen una gran admiración las familias que aceptan con amor la difícil prueba de un niño discapacitado. Ellas dan a la Iglesia y a la sociedad un valioso testimonio de fidelidad al don de la vida […]La familia que acepta con los ojos de la fe la presencia de personas con discapacidad podrá reconocer y garantizar la calidad y el valor de cada vida, con sus necesidades, sus derechos y sus oportunidades. Dicha familia proveerá asistencia y cuidados, y promoverá compañía y afecto, en cada fase de la vida. (N° 21) (AL 47)

Las personas no casadas


En nuestras fraternidades hay muchos hermanos y hermanas que han optado por esta condición de vida …..
Muchas personas que viven sin casarse, no sólo se dedican a su familia de origen, sino que a menudo cumplen grandes servicios en su círculo de amigos, en la comunidad eclesial y en la vida profesional. Sin embargo, su presencia y su contribución son a menudo pasados por alto, y esto les da una sensación de aislamiento. Entre ellos, muy a menudo, se pueden encontrar nobles motivaciones que les llevan a dedicarse plenamente al arte, la ciencia y al bien de la humanidad. Muchos, asimismo, ponen sus talentos al servicio de la comunidad cristiana bajo la forma de la caridad y el voluntariado. Luego están los que no se casan porque consagran su vida por amor a Cristo y a los hermanos. Su dedicación enriquece extraordinariamente a la familia, en la Iglesia y en la sociedad.(N° 22)

Migrantes, refugiados y perseguidos


Una realidad que hoy nos desafía es la acogida y el trabajo con estos hermanos……
Todos somos peregrinos: Merece una atención especial el efecto sobre la familia del fenómeno migratorio. Este atañe, en modalidades diversas, a poblaciones enteras en varias partes del mundo. La Iglesia ha tenido en este ámbito un papel importante. La necesidad de mantener y desarrollar este testimonio evangélico (cf. Mt 25,35) aparece hoy más urgente que nunca. La historia de la humanidad es una historia de migrantes: esta verdad se inscribe en la vida de los pueblos y las familias. También nuestra fe lo confirma: todos somos peregrinos […] El acompañamiento de los migrantes exige una pastoral específica, dirigida tanto a las familias que emigran como a los miembros de los núcleos familiares que
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permanecen en los lugares de origen. Esto se debe llevar a cabo respetando sus culturas, la formación religiosa y humana de la que provienen, así como la riqueza espiritual de sus ritos y tradiciones, también mediante un cuidado pastoral específico. «Es importante mirar a los emigrantes no solamente en función de su condición de regularidad o de irregularidad, sino sobre todo como personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos, de modo particular cuando asumen responsablemente los deberes en relación con quien los acoge, respetando con reconocimiento el patrimonio material y espiritual del país que los hospeda, obedeciendo sus leyes y contribuyendo a sus costes» (Francisco, Mensaje para la Jornada mundial del emigrante y del refugiado 2016, 12 de septiembre de 2015) […] (N ° 23)

Los niños


Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.» Mateo 19:14
Los niños son una bendición de Dios (cf. Gn 4,1). Ellos deben ocupar el primer lugar en la vida familiar y social, y deben constituir una prioridad en la acción pastoral de la Iglesia. «En efecto, del modo en el que son tratados los niños se puede juzgar a la sociedad, pero no sólo moralmente, también sociológicamente, si se trata de una sociedad libre o una sociedad esclava de intereses internacionales. […] Los niños nos recuerdan […] que somos siempre hijos […]. Y esto nos reconduce siempre al hecho de que la vida no nos la hemos dado nosotros mismos sino que la hemos recibido» (Francisco, Audiencia general, 18 de marzo de 2015).
La familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía, aunque deba reinventar sus métodos y encontrar nuevos recursos. Necesita plantearse a qué quiere exponer a sus hijos. Para ello, no se debe dejar de preguntarse quiénes se ocupan de darles diversión y entretenimiento, quiénes entran en sus habitaciones a través de las pantallas, a quiénes los entregan para que los guíen en su tiempo libre. Sólo los momentos que pasamos con ellos, hablando con sencillez y cariño de las cosas importantes, y las posibilidades sanas que creamos para que ellos ocupen su tiempo, permitirán evitar una nociva invasión. Siempre hace falta una vigilancia. El abandono nunca es sano. Los padres deben orientar y prevenir a los niños y adolescentes para que sepan enfrentar situaciones donde pueda haber riesgos, por ejemplo, de agresiones, de abuso o de drogadicción. ( AL 260)
“La niñez, hoy en día, debe ser destinataria de una acción prioritaria de la Iglesia, de la familia y de las instituciones del Estado, tanto por las posibilidades que ofrece, como por la vulnerabilidad a la que se encuentra expuesta. Los niños son don y signo de la presencia de Dios en nuestro mundo por su capacidad de aceptar con sencillez el mensaje evangélico. Jesús los escogió con especial ternura (Cf. Mt 19,14), y presentó su capacidad de acoger el Evangelio como modelo para entrar en el Reino de Dios (Cf. Mc 10,14; Mt 18,3). Vemos con dolor la situación de pobreza, de violencia intrafamiliar (sobre todo en familias irregulares o desintegradas), de abuso sexual, por la que atraviesa un buen número de nuestra niñez: los sectores de niñez trabajadora, niños de la calle, niños portadores de HIV, huérfanos, niños soldados, y niños y niñas engañados y expuestos a la pornografía y prostitución forzada, tanto virtual como real. Sobre todo, la primera infancia (0 a 6 años) requiere de una especial atención y cuidado. No se puede permanecer indiferente ante el sufrimiento de tantos niños inocentes”. ( Documento de Aparecida CELAM 438/ 439)

La mujer


«María, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19
La mujer tiene un papel determinante en la vida de la persona, de la familia y de la sociedad. «Toda persona humana debe la vida a una madre, y casi siempre le debe a ella mucho de la propia existencia sucesiva, de la formación humana y espiritual» (Francisco, Audiencia general, 7 de enero de 2015) […] Sin embargo, sigue siendo cierto que la condición femenina en el mundo está sujeta a grandes diferencias que derivan principalmente de factores socioculturales. La dignidad de la mujer necesita ser defendida y promovida […]En numerosos contextos, todavía hoy, ser mujer provoca discriminación: el propio don de la maternidad se penaliza en vez de ser valorizado. Puede contribuir al reconocimiento social del papel determinante de las mujeres una mayor valorización de su responsabilidad en la Iglesia: su intervención en los procesos de decisión, su participación en el gobierno de algunas instituciones, su participación en la formación de los ministros ordenados. (N ° 27)

El hombre


El hombre juega un papel igualmente decisivo en la vida familiar, especialmente en la protección y el sostenimiento de la esposa y los hijos. Modelo de esta figura es San José, hombre justo, quien en la hora del peligro «se preparó, tomó de noche al niño y a su madre» (Mt 2,14) y los puso a salvo. Muchos hombres son conscientes de la importancia de su papel en la familia y lo viven con el carácter propio de la naturaleza masculina. La ausencia del padre marca severamente la vida familiar, la educación de los hijos y su integración en la sociedad. Su ausencia puede ser física, afectiva, cognitiva y espiritual. Esta carencia priva a los niños de un modelo apropiado de conducta paterna. […] (N ° 28)

Los jóvenes


Muchos jóvenes siguen considerando el matrimonio como el gran anhelo de su vida y el proyecto de su propia familia como la realización de sus aspiraciones. Sin embargo, ellos asumen concretamente diferentes actitudes con respecto al matrimonio. […]Se debe alentar a los jóvenes bautizados a no dudar de la riqueza que el sacramento del matrimonio aporta a sus proyectos de amor, fortaleciéndolos con el apoyo que reciben de la gracia de Cristo y con la oportunidad de participar plenamente en la vida de la Iglesia. Por tanto, es necesario discernir con más atención las motivaciones de la renuncia y del desaliento. Los jóvenes pueden obtener una mayor confianza en la elección matrimonial gracias a las familias que, en la comunidad cristiana, ofrecen el ejemplo fiable de un testimonio perdurable en el tiempo. (N ° 29)

TRABAJO FINAL:
          *Ante estos desafíos y retos ¿ cuáles serían las líneas de acción y compromiso que debemos asumir?

          *En especial, con los hermanos mayores de nuestras fraternidades ¿qué compromisos debemos asumir en el acompañamiento de esta etapa de sus vidas?

ORACIÓN DE LA SAGRADA DE LA FAMILIA.
Jesús, María y José

en ustedes contemplamos el esplendor del verdadero amor,

a ustedes, confiados, nos dirigimos.

Santa Familia de Nazaret,

haz también de nuestras familias lugar de comunión y cenáculo de oración,

auténticas escuelas del Evangelio y pequeñas Iglesias domésticas.

Santa Familia de Nazaret,

que nunca más haya en las familias episodios de violencia,

de cerrazón y división;

que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.

Santa Familia de Nazaret,

haz tomar conciencia a todos del carácter sagrado e inviolable de la familia,

de su belleza en el proyecto de Dios.

Jesús, María y José, escuchen, acojan nuestra súplica.

Amén.
Julio 2016