Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS

PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE

DOSSIER MENSUAL

AGOSTO 2012 – AÑO 3 – No.32

(DOC)

VOCACION ESPECIFICA PARA UNA MISION PARTICULAR

por Benedetto Lino, OFS

Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente

Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador

Fr. Amando Trujillo Cano, TOR

Doug Clorey, OFS

 

LO ESPECÍFICO DE NUESTRA VOCACIÓN

La selección que presentamos este mes de la presentación de Benedetto Lino al Capitulo General de la OFS de 2011 trata tres aspectos específicos de la vocación de los franciscanos seglares. Su reflexión hace énfasis en la singularidad de la propia vocación de San Francisco y la de todos los franciscanos en conexión con aquella experiencia fundante y perenne. Benedetto expresa que si hay una naturaleza específica de nuestra vocación como franciscanos seglares, esa es la llamada que compartimos a ser totalmente cristianos, como lo fue Francisco. Es específica porque se refiere a un ejemplo o un modelo, San Francisco de Asís, quien nos nuestra cómo ser cristianos de una forma radical, total y permanente. Hemos sido atraídos por el ejemplo y la vida de Francisco y Dios ha usado este interés para guiarnos a la forma de vida a la cual nos hemos comprometidos.

LO ESPECÍFICO DE NUESTRA VOCACIÓN DEPENDE DE SAN FRANCISCO.

Nuestra vocación específica es franciscana y seglar y, en cuanto tal, es estrechamente dependiente de Francisco de Asís y de su vocación. Su ejemplo y su vida nos han atraído. Dios se sirve de él para conducirnos a una forma de la vida específica. Debemos por lo tanto partir de Francisco para comprender cuál ha de ser nuestra vocación específica.

Francisco no ha emprendido un camino “específico” en el sentido de haberse “especializado” en algo concreto. Me explico:

San Juan Bosco se ocupó de los jóvenes, San Camilo de Lelis, San Juan de Dios, se ocuparon de los enfermos, la Beata Teresa de Calcuta de los pobres abandonados, las Santas contemplativas se han comprometido en la inmolación pro mundi vita, en la oración contemplativa, etc.

San Francisco no se ha “especializado” en nada. San Francisco se ha hecho disponible para todo (1Cor 9, 22-23). Francisco en primer lugar ha buscado a Dios, para encontrarse a sí mismo.

El ha tratado in primis de responder al núcleo fundamental de su vocación primaria (igual para todos) que es la de establecer una relación con Dios, para dar pleno sentido a su existencia.  Lo ha buscado con largos períodos de oración y contemplación y, poco a poco, ha percibido la intima esencia, la de un Dios que es Padre, Abba, un Padre, que se hizo cercano a nosotros en el Hijo, en su Encarnación, Vida, Pasión, Muerte y Resurrección, en un acto de entrega total y perenne de Sí, un Hijo que nos conduce a Él, que nos anima y nos santifica por medio de su Espíritu.

Esto determinó en él el deseo totalizante de dejarse transformar por el Espíritu para conformarse a Jesús-Hijo, y secundar la vocación fundamental de Dios: llegar al Padre  compartiendo la misma vida de Dios uno y trino.1 Francisco no quiere otra cosa en su vida sino vivir de Cristo, en Cristo, vivir íntegramente el Evangelio: en una palabra ser sólo y totalmente cristiano, y nada más. Francisco no ha hecho otra cosa que corresponder plenamente a lo que Jesús ha pedido, y pide siempre, a todos y cada uno, sin distinciones.

Nuestra Vocación: Vivir a Cristo, Vivir el Evangelio

Dios ha suscitado a Francisco, y su triple familia, para la Iglesia y para el mundo a fin de que el mundo y la Iglesia misma creyeran que es posible vivir el Evangelio sine glosa, y que es concretamente posible ser cristianos integrales, sin  ulteriores especificaciones.2 Francisco lo ha hecho. Y nosotros, sus seguidores, solemnemente lo hemos prometido: “…prometo vivir, en mi estado secular (seglar), durante todo el tiempo de mi vida, el Evangelio de Jesucristo en la OFS” (Fórmula de la Profesión en la OFS).

Nuestra Regla es una sucesión implacable de exhortaciones a poner a Cristo en el centro de nuestra vida, a vivir el Evangelio, es decir a Cristo, como Francisco, reconociendo la paternidad de Dios al que debemos tender con todas nuestras fuerzas y cuya voluntad debemos cumplir (Regla 4, 5, 6, 7, 10;  en las Const. Gen.  9, 10, 11, 12). Este es el corazón de nuestra Regla.

No hay prescripciones particulares o especificas, sino todo lo contrario: “La espiritualidad del franciscano seglar es un proyecto de vida centrado en la persona de Cristo y su seguimiento, más que un programa detallado para llevarlo a la práctica” (Const. Gen. 9.1).

Estoy tan convencido de que la vocación de Francisco, y la nuestra,  son únicamente la de ser sólo y plenamente cristianos, hasta el punto de pensar que Francisco no puede estar muy contento de que nosotros nos llamemos “franciscanos”. Creo que él habría, de lejos, preferido que nos llamásemos simplemente “cristianos”. El eligió nombres para sus discípulos que no distrajeran la atención de Cristo y que sirvieran en cambio, para cualificar su discipulado: “Frailes (hermanos) Menores”: la fraternidad y ser menores y sometidos a todos; “Hermanos y hermanas de la Penitencia”: la vida fraterna y la conversión continua; “Hermanas Pobres”: la pobreza, como signo concreto del ofrecimiento total de sí mismas, pro mundi vita, para la vida del mundo. .

Hoy, sin embargo, no es infrecuente encontrar “franciscanos”, para los que “ser franciscano” ¡es casi más importante que ser cristianos! Creo que si pudiera hablarnos hoy, Francisco nos diría: “Mis queridos hermanos y hermanas, para ser mis verdaderos y fieles discípulos, sed sólo cristianos, cristianos integrales, sed sólo perfectamente cristianos, como el Buen Dios me ha concedido ser a mí por su sola  gracia."

Lo Específico de  nuestra vocación: ser cristianos totales, como Francisco

Nuestra vocación es ciertamente específica no tanto porque estamos llamados a expresar nuestra vida en el siglo, en las condiciones comunes del mundo, en el estado laical u ordenado, célibe o conyugal. Esta vocación es común en la gran mayoría de los creyentes. Ella es específica únicamente  porque nuestra llamada contiene en sí misma un elemento de ejemplaridad, un modelo, un estilo de seguimiento único:  Francisco

Esta es la verdadera y única especificidad de nuestra vocación que nos diferencia y nos unifica: ser cristianos totales como Francisco

Más allá de esto no hay nada de específico. Antes bien, osaría decir que nuestra vocación es, como  la de Francisco, más bien a-específica. Me explico.

¿Qué es o qué hace Francisco que no sea totalmente lo que el Evangelio, lo que Jesús pide a todo creyente? Francisco no hace otra cosa que atenerse perfectamente a todo lo que Jesús ha pedido a todos. ¿Francisco es humilde? Jesús ha pedido la humildad a todo creyente. ¿Francisco es pobre?  Jesús ha dicho para todos “Bienaventurados los pobres”. ¿Francisco es casto?  La castidad es aconsejada a todos los creyentes. ¿Francisco es manso? Jesús lo ha aconsejado a todos. ¿Francisco vive la fraternidad?  ¿Los monjes, y religiosos en general, todos los cristianos no viven (o al menos deberían) la fraternidad también entre ellos?

Podemos seguir así en todo esto y veremos que cuanto ha hecho Francisco es exactamente lo que Jesús pide a todos los creyentes. Francisco no ha tenido un carisma y una misión contingentes, limitados a un sector bien definido. Su carisma, su vocación y su misión son “a-específicos” en el sentido que corresponden a los de la Iglesia de siempre, de la Iglesia de Cristo en el estado más puro e integral, son los que ahondan la propia raíz en la sustancia más profunda de la vida cristiana en cuanto tal sin ulteriores especificaciones. ¡No se trata de un camino de perfección reservado a pocos elegidos sino a todos!

La Carta a los fieles3, texto de referencia fundamental del franciscanismo seglar y prologo de nuestra Regla actual, es una prueba de esto. Francisco escribe a los “fieles penitentes” (De illis qui faciunt penitentiam), por lo tanto a nosotros, pero para él, todos deben encaminarse por el camino de la penitencia – conversión. Francisco ha descubierto el Bien absoluto y exhorta a todos con pasión de manera que ellos también puedan descubrir que esta es la única vía para lograr la vida, la única verdadera vida: convertirse para entrar en la comunión de su y nuestro Señor Jesucristo, de su y nuestro Padre celestial. El ideal franciscano coincide con la vocación de todos lo christifideles (y no solo laicos).4

Nuestra vocación específica es, por tanto ser cristianos como Francisco. Nuestra gran y única especificidad se compendia en dos únicas palabras: como Francisco. Este como, sin embargo, establece una gran diferencia. Porque, si es verdad que Cristo ha pedido a todos hacer lo que Francisco hizo, también es verdad que Francisco lo hizo en el más alto grado. La diferencia no está tanto en hacer algo diferente sino en la intensidad con la que se hacen las mismas cosas. Una intensidad que caracteriza a Francisco y que se convierte en paradigma y normativa para todos nosotros franciscanos en todo estado de vida. “Un primer dato del proceso vocacional de Francisco… es su experiencia personal de relación con Jesucristo, relación que se caracteriza por la radicalidad, por la totalidad, y por la permanencia”.5

Esta es nuestra vocación, “conformarse a Cristo” el hombre perfecto, y lo específico nuestro  consiste en vivirla con la misma intensidad con la que Francisco la vivió, la misma totalidad con la que se comprometió a imitar al Cristo total, con la misma radicalidad que caracterizó su esfuerzo de transformación-conformación desde la raíz de su ser, la misma permanencia en la que él vivió este esfuerzo.

Francisco, “hombre cristianísimo, con imitación perfecta, trató  de configurarse, como vivo, al Cristo viviente; en la muerte, al Cristo muriente, y muerto, al Cristo muerto, y mereció el honor de llevar en su propio cuerpo la imagen de Cristo visiblemente” (LM XIV, 4; FF 1240). Francisco es el hombre cristianísimo, como subraya san Buenaventura Esta es su especificidad: la de ser completamente, totalmente de Cristo, cristianísimo, sin  reservas ni límites.6

Francisco, definido también como Alter Christus, se hace humilde y alto, como aquel que en cada cosa ha buscado identificarse con su Señor y, acogiendo sin reservas la gracia y la ayuda del Espíritu, lo consigue de manera ejemplar, paradigmática para toda la Iglesia de todo tiempo para todo el mundo.

“Su aspiración más alta, su deseo dominante, su voluntad más firme era observar perfectamente y siempre el santo Evangelio e imitar fielmente con toda la atención, con todo compromiso, con todo el impulso del alma y del corazón la doctrina y los ejemplos de nuestro Señor Jesucristo.

Meditaba continuamente las palabras del Señor y no perdía nunca de vista sus obras. Pero, sobre todo, la humildad de la Encarnación y la caridad de la Pasión estaban impresas tan profundamente en su memoria, que difícilmente conseguía pensar en otras cosas.7

Pero… ¿no debería de ser así para todo santo? Ciertamente que sí. Aún parece que el Altísimo haya querido que Francisco encarnase del modo más totalizante, visible y paradigmático, esta total identificación con Cristo para siempre.8 Él llega a ser el hombre cristiano por excelencia y Dios le ha confiado la especialísima misión de ser signo imperecedero para toda la Iglesia, para cada cristiano, y para el mundo entero. ¡Y Francisco, aunque haya muerto hace ya ochocientos años, continúa aún desarrollando egregiamente su misión!

FOR REFLECTION AND DISCUSSION IN FRATERNITY:

1. ¿Qué fue lo “específico” de la vocación de Francisco de Asís?

2. ¿Por qué fue (es) aclamado Francisco como “otro Cristo” o como “el más cristiano de todos los hombres”?

3. ¿Qué es lo “específico” de nuestra vocación como franciscanos seglares?

 

 


1 Yo no necesito nada más, hijo mío, conozco a Cristo pobre y crucificado (2Cel  LXXI,. 105). “La esencia de la espiritualidad franciscana es...Cristo. Él es el punto focal de esta espiritualidad. Podríamos decir: sólo Cristo… toda vuestra literatura franciscana muestra claramente el esfuerzo de San Francisco de imitar completamente a  Jesús... "Conscientemente, constantemente  (Francisco) quería vivir como su Maestro, con su Maestro, de su Maestro. Su Regla, que él la concibió, no es otra cosa que el Evangelio en acción (Pablo VI, al Cap. Gen. OFM, 22 de junio 1967).

2 “[Inocencio III]  No quiere aún mandar cumplir inmediatamente lo que el Poverello pedía, porque para algunos cardenales parecía una cosa extraña y demasiado intensa para las fuerzas humanas. Giovanni di San Paolo dijo entonces: “Este pobre, en realidad, nos pide solamente que le sea aprobada una forma de vida evangélica. Si rechazamos su requerimiento, como demasiado difícil y extraño, estemos atentos para que no suceda que hacemos una injuria al Evangelio. Si en efecto uno dijera que en la observancia de la perfección evangélica y en el voto de practicarla hay algo de extraño o de irracional o incluso imposible de practicar, se convierte en reo de  blasfemia, contra Cristo, autor del Evangelio (LM 3, 9; FF 1062)”.

3 Me refiero a ambas versiones de la Carta. La versión breve, conocida también como Recensio prior, es el Prólogo de la Regla de la OFS. La versión larga es una ampliación y enriquecimiento de la primera.

4 Titulo de la Carta a los fieles (Recensio prior): “H[a]ec sunt verba vit[a]e et salutis que si quis legerit et fecerit inveniet vitam et [h]auriet salutem a domino de illis qui faciunt penitentiam. – Estas son las palabras de vida y salvación para los que hacen penitencia: quien las lea y las lleve a la práctica encontrará la salvación del Señor.” Este “quien” no es ciertamente limitativo sino extensivo. Está dirigido a todos.

5 Andrés Stanovnik OFM Cap., Arzobispo de Corrientes, Argentina.

6 Es iluminador el paragón entre Pablo y Francisco, los dos grandes convertidos. Los dos han vivido una vida en Cristo en plenitud, según lo que el mismo Pablo testifica y cómo Francisco ha vivido intensamente: para mi vivir es Cristo; no soy yo quien vivo sino Cristo que vive en mí. (Fil 1, 21; Gál 2, 20).

7 1Cel XXX, 84.

8 “Que si otros temerariamente comparan entre ellos los héroes celestes de la santidad, destinados por el Espíritu Santo, quién a esta, quién a aquella misión entre los hombres – y tales comparaciones, generalmente fruto de pasiones partidarias, no consiguen ninguna ventaja y son injuriosos hacia Dios, autor de la santidad, -- aún parece poderse afirmar no haber existido nunca ninguno en quien brillasen más vivas y más parecidas la imagen de Jesucristo y la forma de vida evangélica que en San Francisco. Por tanto el que se había llamado el “Heraldo del Gran Rey” fue saludado cual “otro Jesucristo” para presentarse a sus contemporáneos y a los siglos futuros casi Cristo Resucitado; del que derivó que como tal él vive todavía a los ojos de los hombres y continuará viviendo para todas las generaciones futuras, Pío XI, Encíclica Rite Expiatis, 30 de Abril de 1926.