Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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PRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS
PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE
DOSSIER MENSUAL
JULIO 2012 – AÑO 3 – No. 31

(DOC)

VOCACION ESPECÍFICA PARA UNA MISION PARTICULAR

por Benedetto Lino, OFS

Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente
Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador, Fr. Amando Trujillo Cano, TOR, Doug Clorey, OFS

INTRODUCCION

Durante los primeros seis meses del 2012, el dossier mensual se ha basado en la conferencia principal del Capitulo General del 2011, “Evangelizados para Evangelizar”, presentada por Fr. Fernando Ventura, OFMCap en Sao Paulo, Brasil. Durante la segunda parte del 2012, de julio a diciembre, el dossier mensual se enfocará en el tema del Capitulo General, “Vocación Específica para una misión particular”, presentado por Benedetto Lino, OFS.

PRESENTADOR

Benedetto Lino, OFS es el Consejero de Presidencia del Consejo Internacional de la Orden Franciscana Seglar para el área de la lengua italiana. Él vive en Roma y es el Coordinador del Proyecto responsable del curso de formación inicial para formadores y del manual de formación que acompaña dicho curso. Es importante hacer notar que los últimos dos Capítulos Generales decidieron que la “Formación” debía ser la primera prioridad de nuestra Orden.  Benedetto Lino viaja alrededor del mundo para dar seminarios y talleres de formación.

CONTENIDO

A continuación, una breve descripción de los dossiers de los siguientes seis meses. Los contenidos de estos dossiers no corresponden a los meses en los cuales son publicados. Cada fraternidad local es libre de trabajar con los temas específicos en los tiempos que ella misma escoja.

1. Vocación y Misión – del “ser” al “hacer”  (Dossier de julio)

“Evangelizados a evangelizar” y “Vocación y Misión” son dos temas relacionados y, en cierto sentido, son simplemente dos formas de decir la misma cosa.

2.  Lo específico de nuestra vocación  (Dossier de agosto)

Nuestra vocación específica es franciscana y seglar y, en cuanto tal, depende directamente de Francisco de Asís y de su vocación. Debemos por lo tanto partir de Francisco para comprender cuál ha de ser nuestra vocación específica.

3. Herederos de su misión  (Dossier de septiembre)

Nosotros, como Francisco, estamos llamados a cumplir la tarea de ser un signo, de ser un punto de referencia seguro para un cristianismo que es vivido en plenitud, al 100%, sin limitarnos al ámbito restringido de nuestras respectivas Órdenes, de la Familia y de la Iglesia... Estamos llamados a ser cristianos totales, como Francisco.

4. Nuestra misión: la misión de la Iglesia. (Dossier de octubre)

“Francisco ve, repara mi casa”, significa reparar toda la casa, no sólo una parte. Nuestra Regla comienza precisamente con la naturaleza de esta misión “…hacer presente el carisma del común Padre Seráfico San Francisco en la vida y en la misión de la Iglesia.” Y la misión de la Iglesia es evangelizar.

5. La Orden Franciscana Seglar – una verdadera Orden (Dossier de noviembre)

“…vosotros sois también una “Orden”, como dijo el Papa (Pío XII): “ORDEN LAICAL, PERO ORDEN VERDADERA”; también Benedicto XVI había hablado ya de “Ordo veri nominis”. (una verdadera Orden). Esta concepto antiguo – podemos decir medieval - de “Orden” no significa otra cosa que nuestra estricta pertenencia a la gran Familia Franciscana.

6. Resumen (Dossier de diciembre)

VOCACIÓN Y MISION – DEL “SER” AL “HACER”

VOCACIÓN: LLAMADOS A SER EVANGELIZADOS

MISIÓN: LLAMADOS A EVANGELIZAR

“Evangelizados para evangelizar” y “Vocación y Misión” son dos temas profundamente unidos, en cierto modo dos maneras de decir lo mismo. Veamos por qué.

La Vocación es la llamada de Dios a “ser” lo que Él ha preparado para nosotros.

Él nos ha creado a su imagen y semejanza en el Hijo, El señor Jesús.

Dios nos llama  a "ser” conformados a Jesús, “el hombre perfecto”.

Ahora, el Evangelio es la epifanía de Cristo, su plena manifestación. Por tanto, quien da una respuesta en plenitud a la llamada de Dios (Vocación) y ha emprendido un camino de conformación a Cristo Jesús, es una persona comprometida para ser “evangelizada”. Este es el sentido profundo del “ser evangelizados”.

DEL "SER" AL "HACER"

Del “ser” emana el “hacer”, la Misión. Y la misión fundamental para quienquiera que se haya puesto en camino para conformarse a Cristo no puede ser sino la de proclamar a Cristo, la de transmitir el impulso del amor de Dios que hemos descubierto y que ha cambiado nuestra vida. Éste es el sentido profundo del hecho de “evangelizar”: comunicar a Cristo, testimoniarlo, hacerlo presente a través de nuestra vida y nuestro anuncio.1

Pero vamos al tema que debemos desarrollar: VOCACIÓN ESPECÍFICA Y MISIÓN PARTICULAR.

¿ES NUESTRA VOCACIÓN ESPECÍFICA?

Cuando me confiaron este tema, he reflexionado largamente sobre estos dos adjetivos: específica y particular.

Antes de nada he realizado una búsqueda en nuestros documentos fundamentales: la Regla, las Constituciones Generales y el Ritual.

La palabra Vocación acompañada del adjetivo específica está una sola vez, en el artículo 2.1 de las Constituciones Generales, mientras que la palabra Misión acompañada de particular no se encuentra en ningún lugar. Examinamos este único pasaje:

La vocación a la OFS es una vocación específica, que informa la vida y la acción apostólica de sus miembros. Por consiguiente, no pueden formar parte de la OFS quienes ya están vinculados, mediante compromiso perpetuo, a otra familia religiosa o instituto de vida consagrada.

Las afirmaciones contenidas en este artículo son densas de contenido. Se dice, de hecho, que esta vocación específica informa (da forma interna a) la vida (el ser) y la acción apostólica (el hacer, la misión) de sus miembros.  El artículo continúa afirmando que la transformación obrada por la vocación, cuando ésta es acogida y experimentada, es de tal alcance que no se puede formar parte de otro compromiso de vida. Si por lo tanto nuestra vocación es auténticamente franciscana, toda nuestra vida tiene que tomar una sola forma: la evangélica franciscana y seglar.

Me parece importante hacer notar que el sujeto agente es la vocación y no nosotros. En efecto, no somos nosotros quienes nos damos a nosotros mismos la forma (in-forma), sino que es la vocación la que actúa sobre de nosotros. Es por lo tanto Dios mismo quien, como siempre, toma la iniciativa y nos transforma.

Hay una sola referencia a la especificidad pero esto me parece decisivo, aunque no clarifica, todavía, explícitamente la naturaleza de esta especificidad. Es esencial por tanto, comprender bien en qué consiste nuestra especificidad.
Sin embargo, antes de examinar este aspecto, que es decisivo para nosotros,  es necesario reflexionar sobre la Vocación en su sentido más amplio y omnicomprensivo, porque el concepto de la vocación, y cuanto  contiene, es a menudo mal entendido o incluso olvidado  o banalizado.

LA VOCACIÓN FUNDAMENTAL

Antes y por encima de cualquier vocación específica hay una vocación fundamental que pertenece a la raíz de nuestro ser y que alcanza a toda criatura: Es la llamada de Dios a ser santos, a acogerlo en Cristo, a dejarse “modelar” por el Espíritu para reunirse con el Padre y compartir la vida misma de Dios.

De esta vocación fundamental derivan y dependen todas las otras especificaciones.

La respuesta a esta llamada y su plena realización nos permite alcanzar la condición de cristianos perfectos: es la llamada del cristiano ordinario. Ordinario en este caso no es un término reductivo, ya que lo ordinario de Dios es la santidad. Por lo tanto, realizando plenamente  la vocación fundamental, no habría necesidad de buscar otras especificaciones para hacer realidad el proyecto de Dios para nosotros.

Toda vocación es una llamada a “ser” y “hacer” como aspectos inseparables que se determinan recíprocamente. El “ser” está totalmente contenido en la vocación fundamental, radical. El “hacer” (la misión) surge de este “ser” y determina en cierto sentido la especificidad.2

La vocación fundamental, asumiendo a Cristo como modelo, es expropiación de una existencia privada en función de la salvación universal: convertirse en propiedad de Dios, para ser entregados por El al mundo que está por redimir y ser usados y consumados en el acontecimiento de la redención. Toda vocación es principalmente personal (ser) y luego (a partir de un sí personal a Dios), poder ser utilizada de una manera funcional (hacer a favor de).3

Está claro,  entonces, que no se puede tratar y, menos vivir, una vocación específica, sin haber comprendido, aceptado y vivido la vocación fundamental.

Ser cristiano es la base del ser un franciscano y no viceversa.

¿ES ESENCIAL QUE NUESTRA VOCACIÓN SEA ESPECÍFICA? UNA CLARIFICACIÓN NECESARIA.

Sin duda, nuestra vocación es específica. En efecto, no somos jesuitas, o dominicos, o carmelitas, o focolares, u otra cosa.

Sin embargo,... ¿estamos seguros de que sea realmente necesario ser algo diferente de ser simplemente cristianos? ¿Ser simplemente Cristianos no confiere una espiritualidad suficiente para ser santos, para realizarse plenamente?  ¡Ciertamente que sí!

Este es un tema difícil para nosotros que estamos acostumbrados a movernos en un contexto de interminables etiquetas religiosas de las que nosotros mismos formamos parte. En cualquier modo, estamos acostumbrados a pensar que si no se pertenece a algo, ¡no somos nadie!

¡Como que pertenecer sólo a Cristo y a la Iglesia no bastara!

Sin duda, todos los movimientos eclesiales nacen por inspiración de Dios. Él los suscita, para responder providencialmente a las necesidades contingentes de la Iglesia y del mundo.

A menudo, en cambio, después de la fase inicial, los movimientos se instalan, se cristalizan, pierden el contacto con la inspiración originaria y tienden a vivir por sí mismos en una aislante autorreferencia, creando barreras y distinciones a menudo irreductibles, jactándose de infundadas superioridades y autosuficiencias etc. Entonces, a la libertad del Espíritu, que empuja a abrirse a todo y a todos, sucede la particularización, la búsqueda cada vez más marcada de verdaderas o presuntas especificidades que, de hecho, aíslan los movimientos en confines cada vez más acotados, separándolos del resto, con el riesgo de transformarlos en los fariseos (separados) de hoy. Para muchos institutos y movimientos éste es un riesgo real o incluso una realidad en acción. Tampoco nosotros ni nuestros hermanos y hermanas de la Familia Franciscana somos inmunes a esto.

Querer ser diferentes por fuerza no es un bien para la Iglesia ni para nosotros.

Es necesario y urgente, en cambio, redescubrir la belleza de ser “cristianos”, simples cristianos.

“¿Por qué es tan difícil seguir el Evangelio?”, pregunta un personaje de un reciente serial italiano de televisión sobre San Felipe Neri. La respuesta del santo desarma por su absoluta verdad: "¡Porque es simple!"

Estamos acostumbrados a la complejidad y esto, a menudo nos impide coger y acoger la belleza de la sencillez de Dios, como Francisco.

Me molesta cuando leo ciertos libros y escucho conferencias que se afanan por explicar nuestras profundas diferencias con respecto a los otros para definir  nuestro “específico” que, luego,  resulta ser, siempre y solamente, lo que Jesús ha pedido indistintamente a todos.

Cuando pregunto a mis hermanos y a mis hermanas: ¿En qué nos distinguimos de los otros cristianos? ¿Qué nos caracteriza como franciscanos? Después de la perplejidad inicial, vienen las respuestas usuales: la humildad (que a menudo no tenemos, pero de la que nos llenamos la boca) la pobreza (efectivamente muchos son pobres, pero no siempre por elección), la minoridad (concepto ya relegado a la pura teoría en el que, a veces, pienso que sean muy pocos los que creen incluso entre nosotros franciscanos) y así sucesivamente. Cuando luego les pregunto: ¿Pero todo esto, no debería hacerlo cualquier cristiano? Entonces, el silencio se vuelve ensordecedor.

La vocación de Francisco era la de ser simplemente cristiano. No buscó otras especificaciones si no la de ser integralmente y perfectamente cristiano. Y también nosotros debemos comprender que ser sus verdaderos discípulos significa ser solo y simplemente cristianos, como él.

PARA LA REFLEXION Y DISCUSIÓN EN FRATERNIDAD

1.    Comparte cómo vives tu “vocación fundamental”, individualmente y en fraternidad.

2.    ¿Cómo describirías la vocación específica de la OFS y de cada uno de los franciscanos seglares?  (Constituciones, 2 y 3).

3.    ¿Somos los franciscanos seglares diferentes de otros cristianos? Si es así, ¿de qué forma lo somos? Si no es así, ¿por qué no?

 

1 “… háganse testigos e instrumentos de su misión entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra". (Regla,  6)
“Por tanto, que el anuncio de Jesús, que es el Evangelio de la esperanza, sea tu honra y tu razón de ser”. (B. Juan Pablo II - Ecclesia in Europa, 45)
“Por tanto, cada uno está llamado a « proclamar » a Jesús y la fe en Él en todas las circunstancias; a « atraer » a otros a la fe, poniendo en práctica formas de vida personal, familiar, profesional y comunitaria que reflejen el Evangelio; a « irradiar »  en su entorno alegría, amor y esperanza, para que muchos, viendo nuestras buenas obras, den gloria al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5, 16), de tal modo que sean « contagiados » y conquistados; a ser « fermento » que transforma y anima desde dentro toda expresión cultural”. (Ecclesia en Europa, 48)

2 cfr. Constituciones, 100.3.

3 Hans Urs von Balthasar, Vocazione, Ed. Rogate, pag. 23, 2002