Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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OFS_logoPRESIDENCIA DEL CONSEJO INTERNACIONAL DE LA OFS  
PROYECTO DE FORMACION PERMANENTE
DOSSIER MENSUAL
MAYO 2012 – AÑO 3 – No. 29

 

 

(DOC)

 

EVANGELIZADOS PARA EVANGELIZAR

Por Fr. Fernando Ventura, OFMCap


Dossier preparado por el equipo del CIOFS de Formación Permanente
Ewald Kreuzer, OFS, Coordinador
Fr. Amando Trujillo Cano, TOR
Doug Clorey, OFS



LAS BIENAVENTURANZAS:

EL TEXTO MÁS PELIGROSO Y REVOLUCIONARIO EN LA HISTORIA DE LA HUMANIDAD  (1a. Parte)


En las fichas de mayo y junio reflexionaremos sobre el más peligroso y revolucionario texto en la historia de la humanidad, como lo ha expresado Fr. Fernando Ventura en su presentación; texto al cual se ha referido como “La carta constitucional” del cristianismo. Este texto logra explicar la razón por la cual estamos aquí, el texto donde podemos descubrir nuestra misión, y el texto sin el cual nunca encontraremos el significado de nuestras vidas
.

Lamentablemente, es posible usar el texto de las Bienaventuranzas para hacer de él una pía exhortación a la resignación, una especie de anestesia, que retira al individuo la capacidad de luchar y lo despersonaliza al punto de atribuir a la voluntad de Dios, todo aquello que vive, en términos de carencias, efectivas y afectivas, materiales y de falta de reconocimiento de su dignidad personal, con todas sus variantes, una especie de “limbo” a la espera de la libertad, que siempre tarda en llegar y que lleva al pecado de “aplazar la esperanza”.

Peligro de resignación

¿Sufres? ¿Se violaron tus derechos? ¿Pasas hambre? ¿No tienes un mínimo para vivir con dignidad? ¿Te sientes solo y abandonado? Ten paciencia porque esa es la voluntad de Dios... y en la eternidad vas a ser feliz (¡!)

Es esta la postergación pecaminosa, opiómana, neurótica y estúpida de la esperanza. Y todavía es este, infelizmente, el discurso que algunas “mentes piadosas de nuestra plaza”. Aunque no se digan en alta voz estas barbaridades, se las piensan, y forman un esquema de pensamiento y de reflexión que puede llevar a la caridad simple e ingenua, pero nunca llevará a la solidaridad revolucionaria que nuestro tiempo necesita.

“Bienaventurados los pobres de espíritu...” (Mt 5,3)

Examinemos a Mateo por ser el primero. Importa decir antes que nada que, por muy bien que hablemos una lengua extranjera, no somos capaces de dejar de pensar en nuestra propia lengua. Con Mateo acontece exactamente eso. Él escribe su texto en griego, pero su lengua materna es el arameo o el hebreo. Al componer aquella que es realmente la frase clave de lectura de todo el texto, la primera llave que abre la principal puerta de acceso al código escondido de la Biblia: Bienaventurados los pobres de espíritu. Mateo siente que el idioma griego no es capaz de sacar a la luz el concepto exacto a transmitir.

Una dificultad lingüística: ¿qué significa “pobre”?

En efecto, todo se juega a partir de la palabra “pobre”. Esta es, realmente, la clave de lectura y de interpretación de todo el texto. En su lengua materna, Mateo tiene dos palabras distintas para hablar de dos categorías -también ellas diferentes- de pobres. El hebreo usa las palabras Dalim y Anawim para hablar de dos categorías diferentes de personas con respecto no sólo a su condición social, sino, sobre todo, a su actitud hacia lo profundo de la vida.

La lengua griega, tal como la mayoría de las lenguas que usamos hoy, tiene pocas palabras para hablar de “pobres” y las que posee, hablan siempre de personas que les falta, por lo menos, lo mínimo con que vivir con dignidad. Veamos el caso del portugués [y del castellano]: pobres, indigentes, miserables, sin techo, sin abrigo, mendigos, etc. Todos adjetivos que califican un determinado tipo de personas a las cuales, objetivamente, no podemos decir que “sean felices”, y menos que se encuentran en aquella situación por ser esa la voluntad de Dios y que en la eternidad serán felices...

Es aquí, con este tipo de razonamientos que podemos, de hecho, hacer terrorismo religioso y dar la razón a Marx  y a Freud en el uso de la religión para insultar a Dios y a los pobres, cometiendo tal pecado de “aplazar la esperanza”. No podemos profesar la desesperanza.  No podemos insultar a los pobres en nombre de Dios, mucho menos  a partir de nuestra abundancia, cualificar la miseria de los otros como determinación de Dios y condición sine qua non para un futuro de felicidad eterna. Esto es un insulto, esto es terrorismo, pero esto se hace desgraciadamente...

¿Cuándo comienza la eternidad?

Una de las dolencias que aflige mucho nuestra reflexión, tiene que ver con el hecho de estar más o menos convencidos que nuestra eternidad comienza en el momento de nuestra muerte... Otro craso error... El hecho es que nuestra eternidad comienza en el momento de nuestra concepción. Entonces, siendo así, este tiempo, este espacio en esta Tierra son ya tiempo, espacio y Tierra de eternidad; de modo que si es así, estamos ya viviendo la eternidad; entonces si es así, el momento de la muerte se transforma en el momento más alto de la vida; entonces si es así, el momento de la muerte es el momento del encuentro definitivo con Dios, luego el momento de la muerte es ¡el momento de la resurrección! Creo que hasta hoy sólo Francisco de Asís fue capaz de entender todo esto hasta su conclusión lógica y, por tanto, fue capaz de llamar "hermana" a la muerte.

Cuando comienza la revolución

Regresemos a la dificultad lingüística de Mateo a quien le faltan palabras en griego para decir todo lo que en su cultura lingüística hebrea, pretende abarcar. Bienaventurados los pobres en espíritu: los pobres de espíritu, los pobres motivados por el espíritu, los pobres llevados o conducidos por el espíritu... todas esas son traducciones posibles de la expresión griega en la que Mateo se ve obligado a agregar la palabra “pobres” para salvaguardar la dignidad de estos últimos, querer la dignidad en la forma de hablar y entender a Dios en su “ser” y “actuar” con nosotros, pero sobre todo a través de nosotros.  Aquí es donde empieza la revolución.

Y también aquí se articula el “código escondido”... y, porque tan escondido, también manifestado sin vergüenza. No es un “código” que esconde secretos inconfesables, sino que es un “código que revela cómo hacer para ser de Dios y de los otros, o mejor todavía, ser de Dios siendo de los otros. Pero también de aquí puede surgir el terrorismo religioso que posterga la esperanza para más allá de un tiempo intemporal, o entonces nos arroja para las dimensiones más profundas del ser y del obrar humano. Más que de un texto que habla del “hacer de Dios”, las Bienaventuranzas son lo contrario, una carta magna del obrar humano a la luz de Dios. Una Carta constitucional para ser seguida por todos aquellos y aquellas que se atreven a ser de Dios en el camino de Jesucristo, o sea,  aquellos y aquellas que se atreven a ser Dios siendo de los otros; y nunca está de más repetir esta idea... puede ser que un día se comprenda...

Un código para leer la Biblia

A partir de aquí podemos comenzar a leer el texto y a leer nuestra propia vida, sin miedos ni barreras. Aquí encontramos, de hecho, un código de lectura de la Biblia. Lejos de ser un código secreto, oculto en los rinconcitos más íntimos de las estantes de la eternidad donde el moho va apolillando, es un desafío por demás perturbador e inquietante que me obliga a salir de mí y, por eso, me desinstala y me impulsa a la acción; que no me permite usar un solárium cosmético que esconda las arrugas de mi fe, sino que me empuja hacia el campo abierto donde el sol me puede incluso quemar, pero es el único lugar donde puedo encontrar un “bronceado duradero”.

El desafío final continúa siendo el mismo, desafiante, perturbador, inquietante, que empuja para la victoria sobre la esquizofrenia que nos lleva a querer ser de Dios sin ser de los otros; a vivir un divorcio de la vida, dentro de un pseudo-casamiento con Dios... marcado por sucesivas y cada vez más profundas “puñaladas al matrimonio”.

La referencia al pobre

La palabra clave, o el concepto central que da sentido a todo el texto es la referencia a los pobres. Separadas las dos categorías esenciales que la lengua hebrea no deja confundir, nos encontramos entonces, no con un Dios que necesita un pueblo de miserables, harapientos y mocosos a la espera de una felicidad que va a llegar del más allá (de otro mundo), pero sí con desafío personal e ineludible. Son proclamados felices, no los que no tienen un mínimo para vivir con dignidad, sino los que reconocen que todo lo que tienen proviene de Dios y, por eso, se abren incondicionalmente a los otros. Esos que colocan todas sus “riquezas”, sean del tipo que sean, al servicio de los otros. De ellos será el Reino de los Cielos, porque de ellos será y es la tarea de construir un mundo desafiando la “norma”,  el “no te preocupes”, a imagen y semejanza del discurso de Caín, con su respuesta a la pregunta de Dios, “¿Caín que hiciste con tu hermano?”: “¡Yo no soy (shomer) responsable por mi hermano!” ¡Cuánta actualidad encierra esta frase con más de dos mil quinientos años de historia!

La pobreza que Dios ama

La pobreza que Dios ama, la pobreza para la cual Dios nos desafía en la Bienaventuranzas, no es para nada la pobreza del “no tener” bienes materiales u otros; el desafío pasa a la pobreza de, por lo menos “no tener la manía” de ser los dueños del mundo, el ombligo de la historia, los dueños de las verdades absolutas acerca de la vida, de la muerte y de la eternidad; esa riqueza que lleva tanta gente a vivir con la barriga llena de Dios, de tal manera que no produce más que algunas explosiones místicas para consumo ajeno, porque el propio espacio de conversión está completamente ocupado… y el vientre tan inflado impide de ver el suelo que se pisa. La pobreza que Dios ama va por otro camino. Es muy importante tener esto claro. Puedo ser mucho más rico al poseer un automóvil que se está cayendo a pedazos y que no soy capaz de ponerlo al servicio de los otros, que si tuviera uno último modelo que lo ofrezco al servicio de todos, y encima, haciendo de chofer...

La clave de lectura de las Bienaventuranzas

Esta es la clave de lectura de las Bienaventuranzas. Como decíamos, el texto más peligroso y revolucionario de la historia de la humanidad. Lejos de ser un texto que habla de Dios es, sobre todo, un texto donde Dios habla para nosotros. La dificultad está precisamente ahí... aceptar que Dios hable... más aún, aceptar que Dios me presione para ser diferente, para poner en peligro todas mis comodidades, mis seguridades, mis ideas hechas, mis formas de “no pensar”, por todo esto es difícil, porque todo esto duele, porque todo esto me cuestiona, porque todo esto agita el gallinero donde me muevo; felizmente por lo menos el personaje del libro Juan Salvador Gaviota, aprendió el gozo de volar.

Pero es precisamente aquí que se juega la fuerza de una religión, es aquí que se puede evaluar el grado de compromiso de alguien con su forma de leer la vida y de entender a Dios. Una religión es esto mismo. Un desafío a la libertad, un “puñetazo en el estómago” de la comodidad que no me obliga ni siquiera a pensar, porque todo está ya dicho y pensado por otros... y yo no tengo más que conformarme con lo que “siempre me enseñaron” porque es así y listo. ¡Qué aburrido”! Esta es la religión del opio y la neurosis, en las palabras de Marx y Freud respectivamente. A este propósito es interesante escuchar al profesor Agustín da Silva: “Yo no tengo una religión; hay una religión que me tiene a mí”.

Vivir con dignidad

Con todo este cuadro de referencia, ya podemos leer sin miedo el resto del texto, los pobres y los que sufren no se sentirán más insultados en su dignidad y, lo mismo que los que no tienen lo mínimo para vivir con dignidad (los pobres dalim en hebreo), finalmente se podrán sentir felices, no porque después de la muerte van a poder gozar de todo lo que les fue negado en vida, sino porque cada vez habrá más anawim, esas personas que se meten en la vida de los otros para hacer que otras personas tengan el derecho de ser gente y tener vida y hacer que los dalim, aquellos sin derecho a vivir dignamente, dejen de existir.

PREGUNTAS PARA LA REFLEXION Y LA DISCUSIÓN EN FRATERNIDAD.

1.    ¿Por qué las Bienaventuranzas son un texto peligroso y revolucionario?

2.    ¿Qué clase de pobreza es la que Dios ama?

3.    ¿Cuál es la clave para leer las Bienaventuranzas?