Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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COMISION PRESENCIA EN EL MUNDO – PRESIDENCIA DEL CIOFS  

 

PROGRAMA DE FORMACION 2013

Septiembre

Dossier preparado por Anna Pía OFS y Attilio Galimberti OFS

Traducido por Chelito Núñez OFS y editado por Fr. Amando Trujillo Cano TOR

 

 

LA OFS Y LA CULTURA

1.        INTRODUCCION

En el punto 554 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia está escrito que la cultura debe constituir un campo privilegiado de presencia y compromiso para la Iglesia y los cristianos individuales. Este llamado a una presencia activa en el mundo también nos lo hacen algunos artículos de nuestra Regla (Art. 14, 15, 17 y 18). Por tanto, es importante que nos detengamos a reflexionar sobre este tema que, a veces, es malentendido. Con frecuencia se piensa que el ‘hacer cultura’ no tiene nada que ver con la opción del compromiso cristiano, o específicamente, con la de los franciscanos seglares. No es así. De hecho, hacer cultura significa llevar al mundo y testimoniar los valores y fundamentos del modo de ser propio, de la espiritualidad propia. Este dossier, que es necesariamente limitado y no puede cubrir un tema tan amplio, es una invitación a las fraternidades y a cada uno de nosotros a hacer frente a este desafío, para profundizar sus contenidos y actuar en consecuencia, dando testimonio coherente de nuestras propias opciones. Para hacer esto, es necesario entrar en diálogo con los demás y estar preparados para el debate. Esperamos que el contenido que les presentamos sea útil para iniciar este proceso.

 

2.      LA OFS Y LA CULTURA

                Los franciscanos seglares, llamados a estar en el mundo y para el mundo, realizan su servicio participando activamente en el desarrollo del mundo. Es esencial, por lo tanto, reconocer, por una parte, el cambio en la sociedad y, en segundo lugar, el hecho de que nosotros, los franciscanos, como una expresión de esta sociedad cambiante, somos una continua novedad en nosotros mismos y para los demás. Esto para no caer en el error de pensar que el "mundo” cambia mientras que nosotros estamos llamados a ser iguales que en la Edad Media, mental, económica y socialmente hablando. Si bien es cierto que el bien, la  vida y el amor no cambian, es evidente que la modalidad para vivir todo lo que es bueno encuentra diversas expresiones a través del tiempo. La manera de vivir todo esto adquiere el nombre de "cultura”. Para cada sociedad, en cada rincón del mundo, cultura significa la conciencia de los valores y el conocimiento de los medios para promover la vida de las personas. Hacer cultura, entonces, significa saber cómo traducir los conocimientos, valores, sueños, proyectos, la experiencia de vida; la cultura cambia si se logra promover y cultivar la vida. El camino de la OFS está preparado para estar al servicio de la cultura, es decir, de la vida, en cuanto que ello mismo se entiende como expresión cultural: la experiencia viva de los valores humanos y evangélicos.

De hecho, "la espiritualidad del franciscano seglar es un proyecto de vida centrado en la persona de Cristo y en su seguimiento, más que un programa pormenorizado para llevarlo a la práctica" (Const. 9,1). Este pasaje de las Constituciones hace hincapié en la conciencia de ser llamados al servicio de una persona (Cristo) y no a pertenecer a una asociación o un club que se dedican a una actividad social o espiritual. También hoy optamos por vivir el Evangelio, ese Evangelio que desde el primer momento se abrió a una nueva mentalidad, ofrecía un estilo de vida y una relación liberadora con los hombres y con Dios. Nosotros somos una expresión de la cultura evangélica que no se reconoce en la observancia externa de preceptos y normas, sino que hace del Evangelio la experiencia  de esperanza y libertad en el amor y en la aceptación de todos. En el nombre de Jesucristo, todos son acogidos, sobre todo los pecadores, es decir, aquellos considerados como trasgresores del orden moral y de la ley. Con Jesús nace una nueva cultura o, mejor dicho, una cultura nueva, o sea, un modo de cultivar el valor de la vida y el amor a partir del reconocimiento de la diversidad de los hermanos. Ya no hay ni judío ni griego, ni hombre ni mujer, ni obligaciones rituales que observar para ser libres como hombre. Lo único que se requiere es estar dispuestos a escuchar al Espíritu. Será El, el Espíritu Santo, quien haga comprender  el poder de la experiencia de Jesús.

Todo esto siempre se hace traducido en la vida concreta de personas que son verdaderos transgresores del "bien pensar". Una nueva cultura, la de no tener miedo de ir contra corriente, se implanta a través de las opciones concretas de las personas que acogen a los marginados y excluidos. Una vez eran sólo los leprosos, los presos o las madres solteras; hoy nos encontramos afrontando el sufrimiento, viejo y nuevo, con la necesidad de tener siempre la mirada pura, la mirada de Dios.   El servicio que nos pide el mundo es saber escuchar primero y no dar la espalda con juicios moralizantes. Aprendamos del pasado: Francisco sentía asco por los leprosos, pero se venció a sí mismo; no trató de cambiarlos, sino que se dejó cambiar en el cuerpo y en el espíritu por este encuentro. Reconocía la culpa de los ladrones, y aun así quiso ir a su encuentro.

Hoy en día, algunos podrían no aceptar opciones de vida diferentes a las suyas. ¿Qué hacer? El crecimiento humano sólo es posible si se es capaz de leer la realidad y, sobre todo, si somos capaces de ir al encuentro de las personas reales que tienen exigencias y estilos de vida diferentes. Es por eso que a los franciscanos se les pide que sean protagonistas de la vida, donde ella cambia sus expresiones tradicionales. La atención a las personas conduce a la elección concreta de vivir en los lugares donde ellas viven, leer los libros que ellas leen y escriben, ver las películas y escuchar la música que llenan nuestros espacios. Estar al servicio de los demás significa ir a su encuentro en las expresiones de arte que dicen la necesidad actual de amor y de acogida, experimentando el mensaje del Evangelio en lo concreto. Aprender el estilo de Jesús, que salía de los cánones tradicionales, no significa renunciar a los valores propios sino encontrarse con las personas reales y dejarnos encontrar e interpelar por ellos.

                Como se mencionó en la introducción, también nosotros, franciscanos seglares,  debemos sentirnos llamados a hacer cultura, participando así en la propuesta de la Iglesia y convirtiéndonos en "heraldos" de la nueva evangelización, que consiste en presentar, una vez más, con métodos adaptados a nuestro tiempo y con la especificidad de la espiritualidad franciscana, la belleza y la novedad perenne del encuentro con Cristo a nosotros mismos y a los corazones y mentes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo, a menudo distraídos por otras propuestas menos relevantes pero, aparentemente, más significativas.

¿Cómo lograr esta misión? Viviendo y promoviendo el diálogo entre las culturas en el espíritu de fraternidad universal que quiere vernos hermanos y hermanas de todos, en espíritu de servicio y con el estilo de la minoridad. Como afirmó el Papa Pablo VI en la Encíclica Evangeli Nuntiandi, la ruptura entre Evangelio y cultura es una de las tragedias de nuestro tiempo. El esfuerzo y el compromiso a profundizar son, por tanto, los de evangelizar la cultura. Hay muchos aspectos y situaciones que han cambiado o están cambiando rápidamente en los últimos años y es difícil de condensarlos en unos pocos renglones. Sin embargo, es oportuno enfatizar la importancia de la dimensión liberadora que hay que tener en cuenta en este trabajo y que sólo se consigue a través del encuentro y el diálogo. El claro ejemplo de tal procedimiento nos viene, una vez más, de San Francisco que, en su encuentro con el Sultán, vivió directamente esta experiencia, saliendo de ella enriquecido, tanto humana como espiritualmente, y profundamente confirmado en su fe. Para nosotros, esta oportunidad se nos da en una forma más sencilla por el fenómeno de la inmigración y la globalización que, haciendo del mundo una aldea, nos pone en contacto con realidades, expresiones culturales y credos religiosos muy diferentes entre sí. A nosotros nos toca asumir el desafío y vivirlo con el espíritu que Francisco, en su Regla no bulada (Cap. XVI), instruía a sus frailes que deseaban viajar entre los ‘infieles’.

3.      UN TESTIMONIO: Gabriel García Moreno, Presidente de la República del Ecuador

Gabriel García Moreno nació en Guayaquil el 24 de diciembre de 1821. Su padre, Don Pedro García Gómez Villaverde, había emigrado al Nuevo Mundo para buscar fortuna. Ahí le fue de maravilla y en pocos años  se convirtió en uno de los hombres más destacados del comercio ecuatoriano. Su madre, Mercedes Moreno, fue hija de uno de los hombres más considerados del municipio de Guayaquil y unía a sentimientos profundamente cristianos, una alta calidad de corazón y de espíritu. Dios bendijo visiblemente la unión de estas dos almas, concediéndoles una familia numerosa, de la cual nuestro Gabriel fue el octavo y último hijo y, también, el  “benjamín”.

Pronto la familia se encontró en grandes apuros económicos, debido a las constantes revoluciones que trastornaron a la América del Sur en general y a Ecuador en particular. En este escenario el pequeño Gabriel hizo su entrada en el mundo, pero los padres volcaron toda su preocupación en este pequeño hijo, que había entrado en su casa al mismo tiempo que las desgracias. Doña Mercedes se dedicó a formar el corazón y el espíritu de su hijo, mientras que Don Pedro, cristiano sin tacha y sin miedo, se encargó de fortalecer su voluntad y de darle lecciones sobre el valor invencible. Las cualidades fundamentales del joven adolescente fueron un alma grande y un carácter noble, las cuales desarrolló durante toda la vida.

En 1830 Don Pedro murió... Gabriel tenía sólo 9 años de edad. Doña Mercedes quería hacer de su hijo un cristiano y se lo confió a un religioso, el padre Betancourt, quien lo acompañó durante cinco años, orientándolo hacia los estudios universitarios, que inició en 1836, en la Universidad de Quito. Un año después, entró al Colegio Nacional de la Universidad. Su sed insaciable de saberlo todo, entenderlo y penetrarlo todo, hace que se lance con entusiasmo y pasión sorprendentes al estudio de la literatura, la historia, la filosofía, la poesía, la elocuencia, las matemáticas y las ciencias naturales... y a manera de relajación, en sus momentos de placer, aprendía idiomas: francés, inglés e italiano, que hablaba con facilidad. Toda la ciudad de Quito hablaba de este estudiante prodigio. Más de una vez, expuso en público tesis en las que revelaba su profunda erudición y manifestaba la lógica de su racionamiento.

Por un tiempo, García Moreno se sintió llamado al sacerdocio. Recibió la tonsura de manos del Obispo de Guayaquil, pero, después de haber buscado la voluntad de Dios en la oración y abrirse a su confesor, Gabriel volvió a la vida seglar y optó por el derecho. Él quería ser un "gran Justiciero”, el árbitro de los pobres, el "defensor incansable" de la Iglesia y de la patria. En la República del Ecuador la Iglesia era perseguida. Gabriel se había dado a la tarea de defenderla, protegerla de los ataques de sus enemigos y hacer que Cristo reinara en los corazones. Y para llevar a cabo su programa de renovación moral y religiosa, manejaría las  armas, a menudo pacíficas pero a veces terribles, de la pluma y la palabra. En 1844, a los 23 años, García Moreno llegó a ser doctor en derecho y se inscribió como abogado practicante en el colegio de abogados en Quito.

Era guapo, alto, con mirada penetrante, límpida y franca; era brillante y simpático... la realización del perfecto caballero. Los salones de la gran ciudad se lo disputaban y él aceptaba las invitaciones frecuentes y se entregaba a la diversión con el ardor de sus veintitrés años. Al igual que el rey de la juventud de Asís, San Francisco, de quien un día llevó el noble vestido entrando en la Orden Tercera, García Moreno comprendió el peligro de este tipo de vida y la cambió imponiéndose un programa de vida del cual no se alejaría nunca.  "La vida es demasiado corta - señalaba – como para perder un solo momento en cosas inútiles." Como estudiante, Gabriel había sido un éxito, como abogado su éxito fue aún mayor. Para él, ser abogado no significó embrollar las causas, sino aclararlas; más bien, fue defender las causas justas y no aquellas en las que la justicia es cuestionable. Un día que el presidente de la Fiscalía quería hacer violencia a la conciencia del gran cristiano y a su honestidad, García Moreno le dijo: "Señor Presidente, sepa que me sería más fácil matar a alguien que defender a  una asesino." Y desde ese día el abogado joven y brillante interrumpió su carrera y no volvió a aparecer en el foro. Dos años más tarde, en 1846, Moreno se casó con la dama Rosa Rosa Ascásubi Matheu, cuyas ideas y aspiraciones estaban de acuerdo con él. Tuvieron dos hijos: Gabriel y Monique, que murió a los 4 años.

Después de dejar la profesión de abogado se dedicó a la literatura. Su innegable talento como escritor era tal que sus admiradores le instaron a escribir la historia de Ecuador. "Es mejor hacerla", fue la respuesta que dio sonriendo. Su historia y toda su vida ahora se confundirán con la historia y la vida de su país, al que vio arruinado por hombres indignos e incapaces de gobernarlo. La Masonería, que encontraba cómplices benévolos en los Presidentes de la República, se esforzaba por anular la influencia feliz que la fe cristiana había ejercido hasta entonces en el pueblo de Ecuador.

Periodista lleno de brío y argumentos, posteriormente fundó varios periódicos con los que el nuevo apologista fustiga al corrupto y corruptor Presidente Roca, predica la cruzada patriótica y desenmascara los planes diabólicos del Presidente Flores, el sucesor de Roca. En un nuevo periódico “La Nación”, Moreno ataca con tanta violencia al gobierno que Urbina, el más sectario de los Presidentes de Ecuador, lo condena a la deportación. Detenido con tres de sus amigos, fue llevado bajo custodia a la frontera de la Nueva Granada. A partir de aquí tuvo que embarcar hacia Perú, donde le llegaron noticias de que la provincia de Guayaquil lo buscaba para elegirlo como su representante en el Senado, pero Urbina vetó esta elección. García Moreno respondió a este acto arbitrario con una denuncia, en la que marca con fuego la conducta del Presidente, pero también entiende que, con el fin de completar su trabajo, todavía tiene que aprender muchas cosas. Luego se trasladó a París, donde asistió a numerosos cursos de formación, pero, mientras tanto, muchos  acontecimientos habían ocurrido en la República de Ecuador. Robles sucedió a Urbina como presidente y los verdaderos patriotas aprovecharon el evento para reclamar la vuelta a la patria de García Moreno. La gracia fue concedida inmediatamente por Robles, que esperaba, con esta medida de clemencia, reconciliar a los conservadores con su causa.

El gran "Justiciero" regresó a la capital de la República y fue elegido como Rector de la Universidad. García Moreno tenía sólo treinta años, pero de inmediato comenzó la ardua tarea de reconstrucción. Gracias a la confianza que tenía en él la juventud universitaria de su país, llegó rápidamente a la élite de los hombres que tienen en sus manos el futuro del país.

Hacia finales de 1857, debían realizarse las elecciones al Senado y García Moreno, a petición de sus muchos amigos, decidió proponer su candidatura. El día de las elecciones hubo disturbios y, tanto en un bando como en el otro, se contaron heridos... y muertos. La victoria estuvo del lado de los diputados serios, gracias a la influencia de su líder, García Moreno. Como senador, luchó contra todas las leyes que eran contrarias a los intereses de la fe y a la verdadera felicidad del pueblo. Llegó a someter al voto una ley para la "abolición de las sociedades secretas, logias masónicas y otras organizaciones que eran rechazadas por la Iglesia." ¡Fue demasiado! La Masonería le declaró la guerra a muerte, pero rodeado de jóvenes que lo escoltaban, García Moreno fue capaz de escapar de sus asesinos.

El estallido de la guerra entre Ecuador y Perú y la revuelta de los jóvenes ecuatorianos contra el dictador Urbina (1859) dieron lugar al establecimiento de un gobierno provisional encabezado por García Moreno. Entre mil peligros y sin retroceder ante ningún sacrificio, trabajó incansablemente por las mejoras en  su país.  "El poder, de hecho, era a sus ojos una carga imponente, de la cual Dios y la nación exigirán cuentas rigurosas; era un instrumento no para gozar sino para hacer el bien."  Su preocupación acuciante era elegir y colocar en todas las administraciones y en todos los niveles hombres inteligentes, honestos, dedicados y trabajadores. Reorganizó el ejército, y estaba ansioso por asegurar a las nuevas generaciones una educación sana y fuerte. Realizó el famoso proyecto de construcción de una importante carretera que une las dos ciudades más grandes del país, Quito y Guayaquil. Pero lo más cercano a su corazón, es decir, reconocer los derechos de Dios y de la libertad de la Iglesia, lo realizó con la conclusión del Concordato, firmado el 23 de abril de 1863. En 1873 consagró solemnemente la República del Ecuador al Sagrado Corazón de Jesús. Paro los masones, que lo llamaban "el tirano implacable que se apoya en la religión para oprimir al pueblo", esto era demasiado.

El 6 de agosto de 1875, fiesta de la Transfiguración del Señor y primer viernes de mes, alrededor de la una de la tarde, García Moreno salía de su casa para ir al edificio del gobierno. Pasando frente a la catedral, entró para adorar al Santísimo Sacramento expuesto. A su salida, García Moreno se dirige a la sede del gobierno. Mientras sube las escaleras del peristilo, uno de los bandidos saltó sobre él y le asienta una puñalada violenta en su espalda. Luego le infiere otras lesiones terribles,  mientras que otros verdugos descargan sus armas sobre la desafortunada víctima, que, con su último aliento, murmuró: "Dios no muere".

En el momento de su muerte, Gabriel García Moreno había sido durante doce años terciario franciscano. Él quería ser santo y, por ello, a pesar de la multiplicidad de sus compromisos como jefe de Estado, añadía a su apretada agenda, las prácticas de un ferviente seglar franciscano.

4.      REFERENCIAS

Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia - Biblioteca Editrice Vaticana - Ver el índice que tiene la cultura voz de referencias que cubren muchos campos de aplicación, en particular, ver los números 554 a 562
Regla de la OFS: Art. 14, 15, 16, 17 y 18
Nueva Evangelización y de la OFS y de la JUFRA: Ponencia presentada en el IV Congreso Asia-Oceania de la OFS y de la JUFRA, en mayo de 2013.


5. PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN

1.       ¿Cómo afrontamos en Fraternidad el tema del rápido cambio del mundo?

2.       La globalización, la integración cultural que la presencia de los inmigrantes representa, ¿nos estimulan y nos dan la esperanza de un futuro más justo y fraterno?

3.      ¿Traducimos en acciones concretas, nuestros valores y nuestra espiritualidad?

4.      ¿Somos testigos del mundo redimido o mantenemos todo cerrado dentro de la fraternidad y por ende no contribuimos al crecimiento cultural de nuestro tiempo?