Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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COMISIÓN PRESENCIA EN EL MUNDO – PRESIDENCIA DEL CIOFS

PROGRAMA DE FORMACIóN 2013

2013 –VIII

Dossier preparado por Mª Lorena Campos U. OFS/ Fraternidad Vittorio Battaglioni, Pisa (Italia)

INTRODUCCIÓN

Para responder al reto de iluminar los asuntos temporales con la luz del evangelio, adecuándolos al diseño de Dios para el mundo, “los franciscanos seglares deben hacerse agentes de la transformación social... sensibles ante las necesidades económicas, en la corresponsabilidad y la solidaridad... especialmente hacia el que sufre bajo estructuras injustas de una sociedad globalizada que excluye y explota”. Para hacer eso en necesario tomar conciencia de “la administración correcta de los recursos humanos y económicos” (Conclusiones del Capítulo General de la OFS de 2011).

 

El término Economía deriva de griego oikos que significa "casa" o “bienes de familia” y de nomos es decir "norma". La casa debe entenderse en sentido amplio como la que le fue encargada a Adán, la norma en cambio es sugerida por la ciencia económica que explica como “usar los recursos limitados para satisfacer de la mejor manera posible las necesidades individuales y colectivas”. Sin embargo, cuál es la mejor manera de hacerlo, las necesidades y los necesitados a favor de los cuales debemos dirigir nuestros esfuerzos tienen que ver con los valores y no con la ciencia; la vía cristiana que se nos indica es la de proceder como ser “administradores de los bienes recibidos, en favor de los hijos de Dios” (Reg.11). Es por eso que en esta entrega reflexionaremos sobre el servicio y la participación del Franciscano Seglar en la Economía.

1.      EL LAICO EN LA ECONOMÍA

El seglar juega múltiples roles en ámbito económico, podemos ser consumidores, clientes, trabajadores, empresarios, inversionista y ahorristas, responsables de las políticas económicas en cuanto votantes. A menudo e inconscientemente somos todas esas cosas al mismo tiempo y –en falta de una brújula evangélica que oriente nuestras acciones económicas- corremos el riesgo de hacernos cómplices de las “estructuras de pecado que deshumanizan millones de hermanos y hermanas”[1].

Aunque el desarrollo económico ha mejorado las condiciones de muchas poblaciones, también ha traído distorsiones y problemas dramáticos: las consecuencias de la especulación financiera sobre los bienes de las personas (ej. Crisis hipotecaria del 2008), las migraciones provocadas por el empobrecimiento causado por las políticas de comercio, la explotación devastadora de los recursos de la tierra, etc. Si queremos dejar de servir al dios dinero (mamona) para construir el Reino de Dios es necesario que cambiemos nuestra mentalidad, que adoptemos nuevos estilos de vida donde la comunión con los demás y con la creación determine cada una de nuestras decisiones de consumo, nuestra forma de trabajar, de producir y de usar los bienes y el dinero. 

Los puntos cardenales que la brújula evangélica nos permite identificar en nuestra vida cotidiana son los principios de la Doctrina Social de la Iglesia[2] que nos ayudan a evaluar y mejorar sea nuestra conducta económica que las políticas, las leyes, los sistemas socioeconómicos sobre los cuales fundar nuestras decisiones.

El Principio de la Dignidad de la Persona humana nos recuerda que el centro de toda conducta económica debe ser el bien de la persona[3] y que, tal y como advierte la encíclica Caritas in Veritate, “El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último, corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza.” (CV 21). De manera que se nos pide que promovamos y respetemos integralmente a la persona y sus derechos económicos, asumiéndonos personal y comunitariamente la responsabilidad de ella; eso se traduce en identificar cuáles son las categorías de personas que estamos llamados a servir concretamente con nuestro trabajo, por medio de las actividades productivas de la empresa de la que somos parte, con nuestros talentos y nuestros bienes materiales. El servicio al que nos referimos es específicamente el de esforzarnos para hacer llegar a todos, con criterio equitativo, los bienes de los que necesitan para vivir una vida digna: ofreciéndoles un trabajo o medios para que se puedan procurar su propio sustento, promoviendo las actitudes productivas, orientando hacia las oportunidades económicas a quienes deben soportar situaciones de desventaja, compartiendo con ellos nuestros propios bienes materiales a nuestra disposición. Debemos considerarnos administradores de Aquel que los ha creado y que –momentáneamente- no los ha confiado. La solidaridad debe entonces ser criterio que oriente nuestra ética económica y la subsidiariedad sea el principio que nos ayude a resolver todo conflicto de interés que se nos presente.

La aguja imantada de nuestra brújula evangélica, en cuanto cristianos, nos lleva a alinearnos con el campo magnético emanado por el testimonio de la vida de Jesús, quien nos ha indicado el amor o la “caritas” como norte hacia el cual apuntar nuestra existencia.

Ante cada una de nuestras actuaciones ‘económicas’ en lugar de preguntarnos ¿Por qué lo hago? Habría que responder a la pregunta ¿Para quién se hace? Si la respuesta es para mí o para las míos (aunque sea en la forma “porque tengo que ser precavido” o “para que a mi familia no le falte nada” etc.) esa podría estar escondiendo una actitud de autosuficiencia que olvida la dimensión colectiva del bien, desatendiendo el aspecto misterioso y eficaz de la providencia a la que nosotros mismos participamos si adoptamos la lógica del donar. Una lógica que puede desvanecer nuestros temores, prejuicios, tendencia al orgullo y al egoísmo y que puede hacerlo pues viene de la caridad que ve en cada hombre un ‘prójimo’, un hermano y por la «Que cada uno, sin ninguna excepción, debe considerar al prójimo como “otro yo” (Catecismo de la Iglesia Católica 1931). Para formar y cultivar la ética económica del cristiano, es indispensable conocer lo que en propósito dice el Catecismo de la Iglesia Católica al referirse al 7º mandamiento (véase CIC 2401-2446) y examinar los hechos cotidianos y nuestra misma conducta bajo su luz.

Como Franciscanos Seglares, el eje sobre el que rota la aguja de nuestra conciencia no puede sino ser San Francisco, el terreno en el que estamos llamados a orientarnos es el de la sociedad donde vivimos y en la que se nos pide participar en la construcción del Reino de Dios.[4]

Nuestra Regla y Constituciones nos muestran los modos en los que conviene actuar, señalando que debemos ser consumidores sobrios  que simplifiquen sus exigencias materiales y personales[5], puesto que demasiada desigualdad económica y social entre las personas y entre pueblos enteros son escándalo contrario a la justicia social[6], huyamos de la codicia y busquemos más bien compartir con los hermanos, al mismo tiempo que combatimos el consumismo y cada pensamiento o acción que ponga la riqueza antes que los valores humanos y religiosos[7].

La forma de vida que aspiramos encarnar también nos muestra los principios a seguir en nuestra contribución productiva, marcada por el sentido de responsabilidad que nos lleva a cumplir fielmente los compromisos adquiridos, a usa nuestras competencias y la formación profesional con el espíritu cristiano de servicio que “reputa el trabajo como don y participación a la creación y redención del hombre”[8].

Siendo el apostolado preferencial del franciscano seglar su testimonio personal en el ambiente donde vive, incluido el ambiente laboral; considerará parte de su apostolado la iniciativa, la colaboración y manifestación en defensa del trabajo, de su promoción como derecho y deber que respetar, al que todos deben acceder sin tener que sacrificar su propia dignidad[9], denunciándolo de ser necesario  la ineficiencia y las injusticias de los sistemas productivos que lleva a la marginación, la pobreza de las personas y la destrucción de la creación[10].

2.      EL ROL PERVERSO DEL DINERO EN LA ECONOMÍA.

     El planeta está lleno de dinero, tan lleno que hay más dinero del que sirve para comprar todos los bienes producidos en el mundo entero. Entonces habría que preguntarse, si no sirve para comprar las cosas de las que necesitamos entonces ¿Para qué sirve? Con frecuencia para tener poder: poder sobre los demás, sobre los estados y sobre poblaciones de enteras naciones. Como ha afirmado papa Francisco “vivimos en un mundo donde manda el dinero… donde reina el fetichismo del dinero”[11].

     En principio el dinero no es ni bueno ni malo sino que depende de cómo se le utiliza: el dinero es sólo un instrumento que es aceptado a cambio de bienes o servicios, es decir que cuando ahorramos acumulamos la posibilidad de adquirir más adelante. El dinero ahorrado en los bancos se conoce como ‘capital financiero’ y representa la riqueza mantenida en forma de moneda. Hay quien ahorra esperando tener suficientes fondos para comprar lo que quiere y hay quien ahorra porque tiene más dinero del que puede o quiere gastar. En este último caso el capital puede permitir que –sea personas que empresas- influyan, controlen o manejen enteros sistemas económicos y por ende también lo político[12]; desgraciadamente, estas cosas suceden sistemáticamente y la razón puede entenderse leyendo las palabras de San Pablo que advierte « la avaricia es la raíz de todos los males, y al dejarse llevar por ella, algunos perdieron la fe y se ocasionaron innumerables sufrimientos» (1 Tm 6,10).

Entonces nos ha parecido prudente tratar de entender con cuáles mecanismos suceden estas cosas, si es que deseamos evitar desviar inconscientemente nuestra fe:

  • El ahorrista pretende que mientras no esté usando su dinero la misma cantidad de moneda que tiene le permita comprar siempre la misma cantidad de bienes pero, como el razonamiento capitalista enseña que el costo de los bienes crece constantemente, él considera normal que el ahorro puesto en el banco le rinda intereses (para cubrir el riesgo de la inflación).
  • Sin embargo, puesto que hace rendir el dinero de nuestros propios ahorros puede no resultarnos tan sencillo, se los confiamos a profesionales especializados en la gestión de los ahorros (bancos e intermediarios financieros) que consiguen quienes están dispuestos a tomar prestado nuestro dinero y pagarnos intereses por ello.
  • Pero la cosa no funciona ya que las empresas y las personas muy ricas han comenzado a utilizar parte de su dinero para ‘obtener intereses’, en lugar de usarlo para producir bienes; la consecuencia de este comportamiento es que la cantidad de dinero depositada ha crecido más rápidamente que la posibilidad de invertir el dinero de forma ‘segura’ (es decir prestándola a quien puede devolverla con intereses).
  • Los agentes financieros, a quienes le pagan para que hagan ganar dinero a sus clientes/ahorristas, se han inventado formas de inversión siempre más riesgosas y –apoyados por académicos inescrupulosos y el consentimiento de la política-  han creado mecanismos que se revelan fraudulentos[13] además de ser anti-éticos. ¡Es así que nace la especulación financiera!

A largo plazo, la especulación financiera genera crisis como las del 2008 que hizo perder su casa a millones de personas en todo el mundo; la especulación financiera pone en riesgo la solvencia de los países (atacando su deudas públicas o su monedas) creando desempleo, recorte en los servicios públicos y haciendo fallar a los sistemas de seguridad social llevando a la miseria en su vejez a millones de jubilados y pensionados de todo el mundo.

Mientras las ganancias de unos pocos van creciendo exponencialmente, las de la mayoría disminuyen. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los Países de las posibilidades reales de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade, una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no tiene límites.[14]

Parece evidente que aun cierto punto de nuestro razonamiento económico se ha perdido de vista que la persona debe estar al centro. ¡El problema está en la negación de la primacía del hombre! Porque, como denuncia reiteradamente Papa Francisco, ¡hemos aceptado vivir una relación con el dinero que ha llevado a que él domine sobre nosotros y sobre nuestras sociedades…“¡el dinero debe estar al servicio no gobernarnos!”[15]

El pontífice nos exhorta a reflexionar sobre el hecho que es nuestra tarea liberarnos de estas estructuras económicas y sociales que nos esclavizan[16] e indica la solidaridad y la ética como las vías para esa liberación. Y aunque “En este contexto, la solidaridad, que es el tesoro de los pobres, se considera a menudo contraproducente, contraria a la razón financiera y económica.[17] Nuestro catecismo nos señala que la solidaridad se expresa antes que todo en la repartición de los bienes (incluido los nuestros) y el la remuneración del trabajo[18] (también el de nuestros empleados o los de quienes producen las cosas que nosotros luego compramos).

Hemos sido llamados a abandonar la actitud superficial para preguntarnos si no caemos nosotros en la trampa de reducir a las personas a lo que consumen (pensando que ellos son lo que compran) O, peor todavía, si no consideramos a los otros como bienes de consumo que se pueden usar y luego descartar, si no favorecemos también nosotros esta cultura del desecho en lugar de la cultura del don.

El Papa exhorta a la solidaridad desinteresada y a un regreso a la ética en favor del hombre dentro de la realidad financiera y económica[19], preguntémonos entonces si todas las razones para ahorrar son justas, si todas las formas de ahorro que nos proponen son éticas y por qué razón creemos que el ahorro debe pagar intereses, si es aceptables ganar un porcentaje por el trabajo que hace otro (como en las ventas multinivel o triangulares), si el espejismo de que ‘el dinero trabaja por nosotros’ no nace de nuestra pereza y conlleva a algún mecanismo de injusticia, si detrás de los bienes comprados a precios de ganga no hay alguien que está trabajando en condiciones ilegales para mí.

Respondamos al llamado de Papa Francisco che espera en la realización de una reforma financiera que sea ética y que produzca -a su vez- una reforma económica, que requiere la valentía de cambiar actitud y exigir ese mismo cambio a nuestros dirigentes políticos.

3.      ECONOMIA DE COMUNIÓN[20]

Y por qué no podrían dirigirse a Dios para inspirar sus propios diseños… Se formará una nueva mentalidad política y económica que ayudará a transformar la dicotomía absoluta entre la esfera económica y social en una sana convivencia.[21]

Es a dicho ideal que se inspira la Economía de Comunión (EdC), ella es una realidad económica articulada que se ha vuelto una verdadera escuela de pensamiento económico. La Economía de Comunión fue fundada por Clara Lubich en mayo de 1991, esa involucra empresarios, trabajadores, directores, consumidores, ahorristas, ciudadanos, estudiosos, operadores económicos, todos ellos comprometidos a varios niveles para promover una praxis y una cultura económica marcada por la comunión, el don y la reciprocidad, proponiendo y viviendo un estilo de vida alternativo al que deriva del sistema capitalista dominante.

-        La EdC trabaja en un amplio proyecto de formación para crear una cultura del ‘dar’, a través de escuelas, encuentros, eventos de formación dirigidos a jóvenes, trabajadores y ciudadanos.

-        En la praxis económica de la EdC se desarrollan polos productivos e industriales dentro de la ciudadelas del Movimiento de los Focolares (por ejemplo Polo “Spartaco Lucarini” en Brasil, Polo Lionello en Italia, Polo Solidaridad en Argentina, Polo "Giosi Guella" en Portugal, etc.).

-        Dentro de dichos polos a finales del 2012 había 861 empresas que, siguiendo la metodología de la EdC, administran sus útiles haciendo una tripartición en la cual, una parte se utiliza para el desarrollo de la empresa (medios de producción y recursos humanos), una parte se destina a la promoción humana de los más necesitados para empoderarlos y una parte financia el crecimiento del proyecto de EdC, sobre todo a través de la formación de nuevos recursos.

-        Las empresas que adhieren a la EdC definen su propia ‘misión empresarial’ adoptando la comunión como valor fundamental de su propia organización, en todos sus niveles. Para que eso se ejecute, las funciones y los roles empresariales se definen con claridad y se ejercen con espíritu de servicio y responsabilidad, con un estilo gerencial participativo. Los objetivos empresariales se comparten y se verifican de forma transparente, poniendo particular atención en la calidad de las relaciones entre todos los sujetos involucrados (accionistas).

La EdC ya se ha convertido en un movimiento mundial que muestra cómo se puede poner al centro de la actividad económica la dignidad de hombre y actuar una solidaridad concreta como sistema económico inspirado a los valores que provienen de la fe cristiana.

4.      FUENTES Y REFERENCIAS

-        Catecismo de la Iglesia Católica http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html (3º parte, 1º sección, 2º capítulo: la comunidad humana, Artículo 2: La participación en la vida social)

-        Doctrina social de la Iglesia, Pontificio Consiglio della Giustizia e della Pace: http://dottrinasocialedellachiesa.net/50mm-congress/schede_civ.spa/index.html

-         Regla de la OFS (.6, 10, 11 e 16). http://www.ciofs.org/portal/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=71&Itemid=28&lang=es

-        Constituciones Generales de la OFS. (Art. 15,3; 17,2; 19,20 e 21) http://www.ciofs.org/portal/index.php?option=com_docman&task=cat_view&gid=71&Itemid=28&lang=es

-        Pacto Internacional De Derechos Económicos, Sociales Y Culturales (parte III, art. 6 al 12) in http://www.uji.es/bin/organs/ui/legisla/int/2-pidh66.pdf

-        Película Inside the Job (2010) producida, escrita y dirigida por Charles Ferguson.

-        Banco Ético http://es.wikipedia.org/wiki/Banca_%C3%A9tica

5.      PUNTOS PARA LA REFLEXIÓN Y EL DIÁLOGO EN FRATERNIDAD

1.       ¿Conozco cuáles son los derechos económicos[22] de la persona y los promuevo ofreciendo contratos y formas de trabajo que tomen en consideración esos derechos?

2.       ¿Pongo mi talento al servicio de instituciones donde estructuras de pecado que no ponen la persona al centro?

3.       En ámbito laboral o de negocios ¿Con qué criterios resuelvo los conflictos de interés que ‘tocan mis bolsillos’, mi prestigio profesional, mi trabajo, etc.?

4.       Ante la compra de bienes o servicios ¿nos preguntamos “lo necesito o simplemente lo quiero”?

5.     Cuando me relaciono con una persona con una finalidad económica (del pequeño comerciante, al cliente, los usuarios, un colega, el jefe) me pregunto si estoy sirviendo a la persona y su dignidad humana, o a los intereses generales detrás de los cuales también está mi provecho egoísta.



[1] Conclusiones del Capítulo General OFS 2011, Introducción, Internet (10.17.2013): http://www.ciofs.org/portal/index.php?option=com_content&view=category&layout=blog&id=50&Itemid=35&lang=es

[2] Cfr. Programa de formación 2013, Comisión Presencia en el Mundo, Presidencia CIOFS, febrero 2013, Internet (10.17.2013): http://www.ciofs.org/portal/images/PIWC/PIWC_Formation/PIWC_2013_02_ES.pdf 

[3] Cfr. Discurso del Santo Padre Francisco a la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice, Sala Clementina,
sábado 25 de mayo de 2013.

[4] Cfr. Regla OFS. 6 y CCGG 17,2.

[5] Cfr. Reg.11 y CCGG 15,3.

[6] Cfr. CCC1938

[7] Cfr. CCGG 15,3.

[8] Cfr. Reg. 10 y 16, CCGG 20 e 21

[9] Cfr. CCGG 21 y Gaudium et Spes 67

[10] Cfr. CCGG art.19

[11] Discurso del Santo Padre Francisco a los participantes en la plenaria del Consejo Pontificio de los Emigrantes e Itinerantes, Sala Clementina, Viernes 24 de mayo de 2013.

[12] P. Palazzi, La finanza e l'economia reale. Un rapporto perverso?. Volontari e Terzo Mondo, n. 1-2, 2010.

[13] P. Palazzi, La finanza e l'economia reale. Un rapporto perverso? n. 1-2.

[14] Discurso del santo padre Francisco a los embajadores de Kirguistán, Antigua y Barbuda, Luxemburgo y Botswana,

Sala Clementina, Jueves 16 de mayo de 2013

[15] Discurso del santo padre Francisco a los embajadores de Kirguistán, Antigua y Barbuda, Jueves 16 de mayo de 2013.

[16] Cfr. Discurso de Papa Francisco, 7 giugno 2013

[17] Discurso de Papa Francisco, 16 maggio 2013

[18] CCC1940                

[19] Cfr. Discurso de Papa Francisco, 16 mayo 2013

[20] Tomado del sitio Web oficial de EdC http://www.edc-online.org/it/chi-siamo.html

[21] Discurso de Papa Francisco, 16 mayo 2013

[22] Son el derecho a tener trabajo y a no ser discriminado en él, derecho al reconocimiento de la paridad entre hombres y mujeres, derecho al higiene y la seguridad en el lugar de trabajo, a la promoción en la carrera profesional, al tiempo de descanso y distracción poniendo límites a las horas de trabajo, previendo vacaciones periódicas retribuidas, así como remuneración por el trabajo en días festivos. El derecho a la libertad sindical, a la tutela por parte del sistema de seguridad social; la protección de la familia: el permiso retribuido por maternidad, prohibición del trabajo de menores y el límite de edad laboral, derecho a buscar un nivel de vida adecuado para sí mismo y la propia familia que incluya alimentación, hospedaje y vestuario adecuados.