Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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El pasado del día 24 de mayo, nuestro hermano Francesco Crescenti, fue llamado a la Casa del Padre después de una larga enfermedad, cuidado con ejemplar esmero y un amor entregado, por su esposa Anna Maria, sostenida por su hija y hermana nuestra Maria Assunta.

Francesco, hombre de fe profunda y coherente, era miembro de la OFS desde joven y supo atraer a nuestra Orden a su esposa y no hace mucho, ambos, también a su hija.

Nuestro hermano forma parte de la memoria histórica de la Fraternidad Internacional de la OFS, ya que fue Vicepresidente del Primer Consejo del CITOF (Consejo Internacional de la Tercera Orden Franciscana), con Manuela Mattioli, en representación de las Fraternidades Asistidas en el mundo por nuestros hermanos OFM. Posteriormente fue Ministro nacional de Italia de esta obediencia, antes de la unidad de la Orden. Colaboró activamente en los trabajos finales de redacción de nuestra Regla.

Posteriormente, en el año 2003, junto a su esposa, fueron nombrados Secretarios Generales de la Orden Franciscana Seglar, a norma del Estatuto Internacional. Sí, como matrimonio fueron escogidos por la Presidencia CIOFS y como tales ejercieron unidos durante nueve años esta delicada responsabilidad, hasta que la enfermedad de Francesco les impidió continuar.

Fue una experiencia increíble, un verdadero don que el Señor ofreció a la Presidencia con la dedicación de Francesco y Anna María, tan diversos entre sí y en una sintonía/simbiosis tan profunda. Uno serio, reposado, reflexivo, su esposa vehemente, simpática, infatigable, Ambos poseedores de una amplia cultura y un gran sentido de la responsabilidad y gracias a ellos se pudieron llevar adelante tantos y tantos servicios a la Fraternidad internacional. Contemplar su trabajo común, su entendimiento y mutua dedicación producía una ternura difícil de expresar.

Francesco y Anna María desde hace más de 40 años tenían una profunda relación de amistad fraternal con Monseñor Joseph Ratzinger, posteriormente Benedicto XVI. Han llevado con absoluta discreción y fidelidad su relación continuada a través de los años con el Papa. Y lo escribo porque en el funeral de Francesco, Monseñor Joseph Clemens, en su momento Secretario personal del Papa y Secretario del Pontificio Consejo para los laicos, lo hizo público en su Misa funeral que presidió, relatando detalles preciosos de la manera de ser de Francesco, de su humildad y disponibilidad, en esas cenas que con frecuencia compartían, antes y después de que el Papa Ratzinger fuese elevado al Pontificado.

Señor, Tu sabes que tenemos mucho que agradecer a Francesco y con él a su esposa. Lo hacemos en Ti depositando en tu amor misericordioso nuestra humilde y confiada suplica por su alma. Rogándote también el consuelo para su esposa, su hija, su familia toda y también por los que le hemos querido y gozado de su cariño.