Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

  • Register

“Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. (1 Ts 2, 7).

Estimados hermanos y hermanas de la OFS, acabamos de escuchar en la segunda lectura, estas palabras de San Pablo que describen una de las imágenes más sugestivas para expresar el mensaje del Evangelio – la de la típica preocupación de una madre que cuida no sólo el bien material sino también del espiritual de sus hijos. La Palabra de Dios, de hecho, dirige a las personas a Cristo y es la más necesaria para crecer en la fe.

Ustedes también, en sus vocaciones laicas en la Iglesia, se han comprometido a anunciar y testimoniar el Evangelio, dedicándose al apostolado en forma de la fraternidad inspirada por el carisma de San Francisco. Por lo tanto, la descripción de la misión cristiana que el Apóstol presenta a través de la imagen maternal, también está dirigida a ustedes.

Hay una diferencia entre esta imagen materna del apostolado y la que emerge de las otras dos lecturas, marcadas por advertencias agudas y severas. Están dirigidas a los sacerdotes de la Antigua Alianza, los escribas, los fariseos, y a su vez indican de los riesgos que siguen hasta el apostolado de los laicos.

Pero ustedes se han desviado del camino y mediante su instrucción han hecho tropezar a muchos...” (Ml 2,8). Estas palabras del profeta Malaquías enfatiza la gran responsabilidad, no sólo de los pastores, sino también de aquellos que son llamados a vivir en el siglo movidos por el Espíritu Santo para llegar a la perfección de la caridad. El Señor les insta hoy a operar en el mundo como fermento, lleno del espíritu cristiano, conscientes de tener que caminar con generosidad en la vida de la santidad, según la forma de vida del Seráfico Pobrecillo de Asís. Este punto de vista es el compromiso indispensable, especialmente para los responsables, para la dirección espiritual de las comunidades de las que son responsables ellos mismos, para ser primero imbuidos en el espíritu franciscano, que es el espíritu evangélico que mira al mundo con desapego.

Más severas son las palabras de Jesús para aquellos que se han sentado en la silla de Moisés, no como humildes servidores de la Palabra de Dios, sino como ávidos buscadores de los aplausos de los hombres. En ellos, la palabra y la vida aparecen en contraste estridente: son maestros de las cosas que no observan en sí mismos, imponen cargas que no se atreven a llevar, reclaman un título - el de "Maestro" - que no pertenece a ellos, porque hay solo un Maestro, Cristo (ver Mt 23: 10).

También él, esta tarde, nos envía esta advertencia: "El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo." (Mt 23:11). Estas son palabras que alientan, cada uno en su propia parte, a vivir la misión y el testimonio de Cristo como humildes servidores de la Iglesia y servidores de los hermanos. Y debemos estar agradecidos a los que servimos a través de nuestro apostolado, al punto de que podamos servir humildemente a Cristo en ellos, teniendo en cuenta las enseñanzas del Maestro divino que dice: "Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por mí" (Mt 25: 40).

La Palabra de Dios de hoy nos presenta, por un lado, el auténtico modelo de la vocación y misión del fiel discípulo de Cristo; por el otro lado, sus posibles degeneraciones (morales).

Estas referencias evangélicas pueden ser indicaciones valiosas para su Capítulo General intermedio que comienza hoy con el tema: "Como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo." (Jn 17,18). El trabajo de estos días los involucrará en el discernir las modalidades y los caminos más adecuados para vivir el carisma franciscano secular en el contexto social de hoy. ¡El objetivo por el cual deben lograr una adhesión más profunda con Cristo! Esta es la base indispensable de cada comunidad y perspectiva apostólica, así como la garantía de la efectividad de cada proyecto pastoral. El encuentro más profundo con Jesús, del corazón al corazón de la conversación diaria con Él en la oración, la referencia oportuna a las formas de enseñanza evangélica a la luz de San Francisco son el terreno más fértil para realizar su proyecto único de la vida cristiana.

Necesitamos tener un conocimiento profundo de que no podemos ser los "generadores" de la fe a menos que hayamos "nacido" primero por la fe. Pablo podía anunciar a Cristo, incluso podía decir con toda verdad: "ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gal 2:20). Entonces él podía anunciar que por primera vez, Cristo fue creado, convertido e impregnado por sí mismo (Cristo).

El apostolado de los laicos debe tomarse en conexión íntima con el misterio de Cristo; no solo a los sacerdotes, sino a toda la Iglesia, y por lo tanto también a los laicos, que hagan a Jesús de alguna manera "visible" en la historia de los hombres. El fiel discípulo de Cristo debe, por lo tanto, ser una persona conquistada, "captada" por Cristo (ver Filipenses 3:12), para dar un testimonio en el mundo marcado por la radicalidad evangélica. 

Queridos hermanos y hermanas, me complace poder celebrar con ustedes esta Santa Misa para el comienzo del trabajo del capítulo, que ofrezco al Señor por su perseverancia. Que Él les ayude a caminar por los caminos de la santidad, para convertirse más y más en mensajeros de alegría y esperanza, instrumentos de la paz.

También nos confortan las palabras de San Carlos Borromeo, de quien hoy celebramos la fiesta, quien les dijo a los sacerdotes de Milán en el último sínodo que celebró: "Todos somos débiles, lo admito, pero el Señor Dios pone a nuestra disposición los medios de tal manera que, si queremos, podemos hacer mucho. Sin ellos, sin embargo, no será posible creer en el compromiso de tu vocación". También podemos encontrar en sus palabras una referencia particular al Evangelio de hoy, donde agrega: "Siempre den un buen ejemplo y traten de ser los primeros en todo. Prediquen ante todo con la vida y la santidad, porque si su conducta está en contradicción con su palabra, van a perder toda credibilidad".

Qué la Virgen Inmaculada les ayude. Al confiar en ella, realmente se sentirán "callados y serenos" como "bebés en los brazos de la madre" (cf. Sal resp.) Qué ella les dé el ardor y la humildad de San Francisco para construir un mundo siempre más justo, fraterno y solidario.