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COMISION FAMILIA

                                                                                  Fr. Francis Dor OFMCap

                                                                    Traducción: Fr. Luis Furgoni OFMConv

 

LA MISIÓN DE LA FAMILIA 
III parte Capítulo III 

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PRESENTACIÓN


Continuamos nuestro trabajo centrado en el informe final del Sínodo sobre la familia del 24 de octubre de 2015, cuya tercera y última parte, que consta de cuatro capítulos, habla de la misión de la familia. El siguiente artículo fue preparado por el hermano Fray Francis Bongajum Dor OFMCap., y resume el primero de cuatro capítulos -del nº 56 al 61- y se relaciona con la formación de la familia.

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COMISION FAMILIA

                                                      Jenny Harrington OFS

 

CONCLUSIONES DEL SÍNODO SOBRE LA FAMILIA
II parte Capítulo III 


II PARTE - LA FAMILIA EN EL PLAN DE DIOS 

Capítulo IV - Hacia la plenitud eclesial de la familia 

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Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de José y de María. La Iglesia no es otra cosa que la "familia de Dios". Desde sus orígenes, el núcleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, "con toda su casa", habían llegado a ser creyentes (cf Hch 18,8). Cuando se convertían deseaban también que se salvase "toda su casa" (cf Hch16,31; 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente. (CIC 1655)

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COMISION FAMILIA Fr. Francis Dor OFMCap. 

 

CONCLUSIONES DEL SÍNODO SOBRE LA FAMILIA
II PARTE Capítulo 2


La Familia en el Magisterio de la Iglesia

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La Iglesia ha recibido de Jesús, su divino Maestro, la misión de enseñar a todos los caminos de Dios. Y, de hecho, ni sus caminos son mis caminos (cf.Is 55,8). Los caminos de Dios pueden ser muy raros para nosotros, como cuando Jesús pidió a los criados llenar las tinajas de agua cuando quería vino en las bodas de Caná (cf. Jn 2: 1-11). En el segundo capítulo se resumen en las conclusiones del Sínodo las enseñanzas de la Iglesia sobre la familia desde el Concilio Vaticano II hasta hoy. Dado que el texto es muy conciso y claro, lo informamos casi en su totalidad.


La enseñanza del Concilio Vaticano II


La Constitución pastoral Gaudium et Spes, dedica un capítulo entero a la promoción de la dignidad del matrimonio y la familia (cf. GS, 47-52). Así define este documento el matrimonio y la familia: «la íntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los cónyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable. Así, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una institución confirmada por la ley divina» (GS, 48). El «amor auténtico entre marido y mujer» (GS, 49), implica la entrega mutua, incluye e integra la dimensión sexual y la afectividad, conforme al designio divino (cf. GS, 48-49). Esto deja claro que el matrimonio y el amor conyugal que lo anima, «están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole» (GS, 50). Además, se subraya el arraigo en Cristo de los esposos: Cristo Señor «sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio» (GS, 48), y permanece con ellos (sacramentum permanens). Él asume el amor humano, lo purifica, lo lleva a plenitud, y dona a los esposos, con su Espíritu, la capacidad de vivirlo, impregnando toda su vida de fe, esperanza y caridad. De este modo, los esposos son como consagrados y, mediante una gracia propia, edifican el Cuerpo de Cristo y constituyen una Iglesia doméstica (cf. LG, 11), de manera que la Iglesia, para comprender plenamente su misterio, mira a la familia cristiana, que lo manifiesta de modo genuino. (43)


La enseñanza del Concilio fue profundizada y desarrollada por los Sumos Pontífices.


El beato Pablo VI profundizó la doctrina sobre el matrimonio y la familia. En particular, con la Encíclica Humanae Vitae, puso de relieve el vínculo íntimo entre amor conyugal y procreación: «el amor conyugal exige a los esposos una conciencia de su misión de paternidad responsable sobre la que hoy tanto se insiste con razón y que hay que comprender exactamente. […] El ejercicio responsable de la paternidad exige, por tanto, que los cónyuges reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismo, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores» (HV, 10). En la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi, Pablo VI evidenció la relación entre la familia y la Iglesia: «En el seno del apostolado evangelizador de los seglares, es imposible dejar de subrayar la acción evangelizadora de la familia. Ella ha merecido muy bien, en los diferentes momentos de la historia y en el Concilio Vaticano II, el hermoso nombre de “Iglesia doméstica”. Esto significa que en cada familia cristiana deberían reflejarse los diversos aspectos de la Iglesia entera. Por otra parte, la familia, al igual que la Iglesia, debe ser un espacio donde el Evangelio es transmitido y desde donde éste se irradia» (EN, 71).


San Juan Pablo II dedicó especial atención a la familia mediante sus catequesis sobre el amor humano y sobre la teología del cuerpo. En éstas ofreció a la Iglesia una gran cantidad de reflexiones sobre el significado esponsalicio del cuerpo humano y sobre el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia desde el inicio de la creación. En particular, refiriéndose a la caridad conyugal, describió de qué modo los cónyuges, en su amor mutuo, reciben el don del Espíritu de Cristo y viven su llamada a la santidad. En la Carta a las familias Gratissimam Sane y sobre todo con la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, Juan Pablo II definió a la familia como “camino de la Iglesia”, ofreció una visión de conjunto sobre la vocación al amor del hombre y la mujer, y propuso las líneas fundamentales para la pastoral de la familia y para la presencia de la familia en la sociedad. «En el matrimonio y en la familia se constituye un conjunto de relaciones interpersonales –relación conyugal, paternidad-maternidad, filiación, fraternidad –, mediante las cuales toda persona humana queda introducida en la “familia humana” y en la “familia de Dios”, que es la Iglesia» (FC, 15). (44)


Benedicto XVI, en la Encíclica Deus Caritas Est, retomó el tema de la verdad del amor entre hombre y mujer, que se ilumina plenamente sólo a la luz del amor de Cristo crucificado (cf. DCE, 2). Él recalca: «El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano» (DCE, 11). Además, en la Encíclica Caritas in Veritate, pone de relieve la importancia del amor como principio de vida en la sociedad, lugar en el que se aprende la experiencia del bien común. «Se convierte en una necesidad social, e incluso económica, seguir proponiendo a las nuevas generaciones la hermosura de la familia y del matrimonio, su sintonía con las exigencias más profundas del corazón y de la dignidad de la persona. En esta perspectiva, los estados están llamados a establecer políticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia, fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, célula primordial y vital de la sociedad, haciéndose cargo también de sus problemas económicos y fiscales, en el respeto de su naturaleza relacional» (CiV, 44). (45)


El Papa Francisco, en la Encíclica Lumen Fidei, afronta de esta forma el vínculo entre la familia y la fe: «El primer ámbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer […] Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos» (LF, 52). En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el Papa recuerda la centralidad de la familia entre los desafíos culturales de hoy: «La familia atraviesa una crisis cultural profunda, como todas las comunidades y vínculos sociales. En el caso de la familia, la fragilidad de los vínculos se vuelve especialmente grave porque se trata de la célula básica de la sociedad, el lugar donde se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros, y donde los padres transmiten la fe a sus hijos. El matrimonio tiende a ser visto como una mera forma de gratificación afectiva que puede constituirse de cualquier manera y modificarse de acuerdo con la sensibilidad de cada uno. Pero el aporte indispensable del matrimonio a la sociedad supera el nivel de la emotividad y el de las necesidades circunstanciales de la pareja» (EG, 66). El Papa Francisco además ha dedicado un ciclo orgánico de catequesis a los temas relativos a la familia profundizando sobre los sujetos, las experiencias y las fases de la vida. La coronacion de todo es la Exhortación Apostólica Post-sinodal, Amoris Laetizia publicada el 19 de marzo de 2016. Las primeras palabras son muy expresivas: "La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia "(AL 1).


En pocas líneas, la enseñanza de la más alta autoridad de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia que se ofrecen en las conclusiones del Sínodo de octubre el año 2015.

Preguntas para profundizar
1. A la luz de la Regla y Constituciones generales OFS, discutir en fraternidad en la siguiente afirmacion tomada de LG 11: “los esposos son como consagrados y, mediante una gracia propia, edifican el Cuerpo de Cristo y constituyen una Iglesia”.


2. El Beato Papa Pablo VI que ha dado la nueva Regla OFS ha escrito “En el seno del apostolado evangelizador de los seglares, es imposible dejar de subrayar la acción evangelizadora de la familia”. (EN.71). Discutir en fraternidad sobre las posibles contribuciones que las familias de la OFS han dado o pueden dar al apostolado de la evangelización en su contexto. Adoptar iniciativas concretas.


Culminamos en encuentro rezando juntos: ORACIÓN DE LA SAGRADA DE LA FAMILIA.


Enero 2017.

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                                                          Silvia Diana OFS

 

CONCLUSIONES DEL SÍNODO SOBRE LA FAMILIA
II parte Capítulo III 


La familia en la doctrina cristiana 

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Este Capítulo III nos presenta la Familia en la doctrina cristiana, seguimos integrando la riqueza de la la Exhortación Apostólica, Amoris Lætitia (AL) y compartiendo nuestras realidades locales, para fortalecer nuestras familias y acompañar el camino de los hermanos. Leemos los textos compartidos y luego dialogamos en fraternidad desde las preguntas a compartir:

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Jenny Harrington ofs 

 

CONCLUSIONES DEL SÍNODO SOBRE LA FAMILIA
II PARTE Capítulo I


LA FAMILIA EN EL PLAN DE DIOS - La familia en la historia de la salvación

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Continuamos con las reflexiones sobre las conclusiones del Sínodo de la Familia y la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia (AL) y vemos cómo la familia es y siempre fue parte del plan de Dios.


Jesús, que reconcilió cada cosa en sí misma, volvió a llevar el matrimonio y la familia a su forma original (cf. Mc 10,1-12). La familia y el matrimonio fueron redimidos por Cristo (cf. Ef 5,21-32), restaurados a imagen de la Santísima Trinidad, misterio del que brota todo amor verdadero. La alianza esponsal, inaugurada en la creación y revelada en la historia de la salvación, recibe la plena revelación de su significado en Cristo y en su Iglesia. De Cristo, mediante la Iglesia, el matrimonio y la familia reciben la gracia necesaria para testimoniar el amor de Dios y vivir la vida de comunión. El Evangelio de la familia atraviesa la historia del mundo, desde la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26-27) hasta el cumplimiento del misterio de la Alianza en Cristo al final de los siglos con las bodas del Cordero (cf. Ap 19,9) (AL 63)


La familia es una escuela de amor y una familia estable es la piedra angular de la sociedad que permite a las personas florecer como seres humanos.
[…]Queridos por Dios con la misma creación, matrimonio y familia están internamente ordenados a realizarse en Cristo] y tienen necesidad de su gracia para ser curados de las heridas del pecado y ser devueltos «a su principio», es decir, al conocimiento pleno y a la realización integral del designio de Dios. […] (FC 3).


Los Padres sinodales recordaron que Jesús « refiriéndose al designio primigenio sobre el hombre y la mujer, reafirma la unión indisoluble entre ellos, si bien diciendo que “por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así” (Mt 19,8). La indisolubilidad del matrimonio —“lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre” (Mt 19,6)— no hay que entenderla ante todo como un “yugo” impuesto a los hombres sino como un “don” hecho a las personas unidas en matrimonio […] La condescendencia divina acompaña siempre el camino humano, sana y transforma el corazón endurecido con su gracia, orientándolo hacia su principio, a través del camino de la cruz. De los Evangelios emerge claramente el ejemplo de Jesús, que […] anunció el mensaje concerniente al significado del matrimonio como plenitud de la revelación que recupera el proyecto originario de Dios (cf. Mt 19,3) (AL 62)


[...]El matrimonio se realiza en la comunidad de vida y amor, y la familia se convierte en evangelizadora. Los esposos, convertidos en sus discípulos, caminan en compañía de Jesús en el camino hacia Emaús, lo reconocen en la forma de partir el pan, y vuelven a Jerusalén iluminados por su resurrección (cf. Lc 24,13-43 (n 36)

La pedagogía divina

Puesto que el orden de la creación está determinado por la orientación a Cristo, hay que distinguir sin separar los diversos grados mediante los cuales Dios comunica a la humanidad la gracia de la alianza. En razón de la pedagogía divina, según la cual el orden de la creación se cumple en el de la redención a través de etapas sucesivas, es necesario comprender la novedad del sacramento nupcial en continuidad con el matrimonio natural de los orígenes, basado en el orden de la creación. Así se debe entender el modo de actuar salvífico de Dios también en la vida cristiana. Puesto que todas las cosas fueron creadas por medio de Cristo y para Cristo (cf. Col 1,16), los cristianos deben «descubrir gozosa y respetuosamente las semillas del Verbo latentes en ellas; pero, al mismo tiempo, deben estar atentos a la profunda transformación que se produce entre las gentes» (AG, 11). La incorporación del creyente a la Iglesia mediante el bautismo se lleva a cabo plenamente con los otros sacramentos de la iniciación cristiana. En esa Iglesia doméstica, que es su familia, el creyente emprende ese «proceso dinámico, que avanza gradualmente con la progresiva integración de los dones de Dios» (FC, 9), mediante la conversión continua al amor que salva del pecado y dona plenitud de vida., (n 37)


La imagen de la Trinidad en la familia

La Sagrada Escritura y la Tradición nos revelan la Trinidad con características familiares. La familia es imagen de Dios que «en su misterio más intimo, no es una soledad, sino una familia, puesto que lleva en sí mismo paternidad, filiación y la esencia de la familia que es el amor» (Juan Pablo II, Homilía durante S. Misa en el Seminario Palafoxiano de Puebla de Los Ángeles, 28 enero de 1979). Dios es comunión de personas. En el bautismo, la voz del Padre llamó a Jesús Hijo amado, y en este amor podemos reconocer al Espíritu Santo (cf. Mc 1,10-11). Jesús, que reconcilió cada cosa en sí y ha redimido al hombre del pecado, no sólo volvió a llevar el matrimonio y la familia a su forma original, sino que también elevó el matrimonio a signo sacramental de su amor por la Iglesia (cf. Mt 19,1-12; Mc 10,1-12; Ef 5,21-32). En la familia humana, reunida en Cristo, está restaurada la “imagen y semejanza” de la Santísima Trinidad (cf. Gn 1,26), misterio del que brota todo amor verdadero. De Cristo, mediante la Iglesia, el matrimonio y la familia reciben la gracia necesaria para testimoniar el Evangelio del amor de Dios hasta el cumplimiento del misterio de la Alianza al final de los siglos con las bodas del Cordero (cf. Ap 19,9; Juan Pablo II, Catequesis sobre el amor humano). La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la Sagrada Familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de afrontar mejor las vicisitudes de la vida y de la historia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo. «Lección de vida doméstica. Enseñe Nazaret lo que es la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología» (Pablo VI, Discurso pronunciado en Nazaret, 5 de enero de 1964). (n 38)


La familia en la Sagrada Escritura

El hombre y la mujer, con su amor fecundo y generativo, continúan la obra creadora y colaboran con el Creador en la historia de la salvación a través de la sucesión de las genealogías (cf. Gn 1,28; 2,4; 9,1.7; 10; 17,2.16; 25,11; 28,3; 35,9.11; 47,27; 48,3-4). La realidad del matrimonio en su forma ejemplar está descrita en el libro del Génesis, al que también se refiere Jesús en su visión del amor nupcial. El hombre se siente incompleto porque carece de una ayuda “adecuada”, que fuese “como él” (cf. Gn 2,18.20) en un diálogo entre iguales. Por lo tanto, la mujer participa, de la misma realidad del hombre, representándose simbólicamente como parte de su costilla, es decir de la misma carne, tal y como se proclama en la exclamación de amor del hombre: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23). Esta realidad fundacional de la experiencia matrimonial se ve reforzada en la fórmula de pertenencia recíproca, presente en la profesión de amor pronunciada por la mujer del Cantar de los Cantares. La fórmula reproduce la de la alianza entre Dios y su pueblo (cf. Lv 26,12): «Mi amado es mío y yo de mi amado» (Ct 2,16; 6,3). (n 39)
En las palabras de vida eterna que Jesús dejó a sus discípulos con su enseñanza sobre el matrimonio y la familia, podemos reconocer tres etapas fundamentales en el proyecto de Dios. Al inicio, está la familia de los orígenes, cuando Dios creador instituyó el matrimonio primordial entre Adán y Eva, como sólido fundamento de la familia. Dios no sólo creó al ser humano hombre y mujer

(cf. Gn 1,27), sino que los bendijo para que fueran fecundos y se multiplicaran (cf. Gn 1,28). Por esto, «abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne» (Gn 2, 24). Después, esta unión, herida por el pecado, ha experimentado en su forma histórica de matrimonio varias oscilaciones en la tradición de Israel: entre la monogamia y la poligamia, entre la estabilidad y el divorcio, entre la reciprocidad y la subordinación de la mujer al hombre. La concesión de Moisés de la posibilidad de repudio (cf. Dt 24,1ss), vigente en tiempos de Jesús, se entiende dentro de este marco. Finalmente, la reconciliación del mundo caído, con la venida del Salvador, no sólo restaura el plan divino original, sino que conduce la historia del pueblo de Dios a una nueva realización. La indisolubilidad del matrimonio (Mc 10,2-9), no hay que entenderla principalmente como un yugo impuesto a los hombres, sino como un don hecho a las personas unidas en matrimonio. (n 40)


El ejemplo de Jesús es un paradigma para la Iglesia […] Él inició su vida pública con el milagro en la fiesta nupcial en Caná (cf. Jn 2,1-11) […] Compartió momentos cotidianos de amistad con la familia de Lázaro y sus hermanas (cf. Lc 10,38) y con la familia de Pedro (cf. Mt 8,14). Escuchó el llanto de los padres por sus hijos, devolviéndoles la vida (cf. Mc 5,41; Lc 7,14-15), y mostrando así el verdadero sentido de la misericordia, la cual implica el restablecimiento de la Alianza (cf. Juan Pablo II, Dives in misericordia, 4). Esto aparece claramente en los encuentros con la mujer samaritana (cf. Jn 4,1-30) y con la adúltera (cf. Jn 8,1-11), en los que la percepción del pecado se despierta de frente al amor gratuito de Jesús ». (AL 64)


La encarnación del Verbo en una familia humana, en Nazaret, conmueve con su novedad la historia del mundo. Necesitamos sumergirnos en el misterio del nacimiento de Jesús, en el sí de María al anuncio del ángel, cuando germinó la Palabra en su seno; también en el sí de José, que dio el nombre a Jesús y se hizo cargo de María; en la fiesta de los pastores junto al pesebre, en la adoración de los Magos; en fuga a Egipto, en la que Jesús participa en el dolor de su pueblo exiliado, perseguido y humillado; en la religiosa espera de Zacarías y en la alegría que acompaña el nacimiento de Juan el Bautista, en la promesa cumplida para Simeón y Ana en el templo, en la admiración de los doctores de la ley escuchando la sabiduría de Jesús adolescente. Y luego, penetrar en los treinta largos años donde Jesús se ganaba el pan trabajando con sus manos, susurrando la oración y la tradición creyente de su pueblo y educándose en la fe de sus padres, hasta hacerla fructificar en el misterio del Reino. Este es el misterio de la Navidad y el secreto de Nazaret, lleno de perfume a familia. (AL 65)


"La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la Sagrada Familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de afrontar mejor las vicisitudes de la viday de la historia. Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luzen la oscuridad del mundo. “Lección de vida doméstica. Enseñe Nazaret lo que es la familia, sucomunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología” (Pablo VI, Discurso en Nazaret, 5 enero 1964) (AL 66)


PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR:
1. ¿Cómo entienden el rol del matrimonio y de la familia en la historia de la salvación?
2. ¿Cómo ven ustedes que las familias son el icono de la Trinidad?
3. Discutir sobre "Maternidad" y "Paternidad".
4. ¿Cómo podemos ofrecer al mundo el significado y los valores del matrimonio y de la familia?

Culminamos en encuentro rezando juntos: ORACIÓN DE LA SAGRADA DE LA FAMILIA.


Noviembre 2016