Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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CIOFS 2014 Programa Para la Formación Permanente

Tema VI: San Luis: La Buena Nueva es anunciada a los pobres [1]

 

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“Si alguna vez yo gasto mucho dinero, preferiría que fuera en limosna por amor a Dios, en vez de frivolidades o cosas mundanas” (Jean de Joinville, Vida de San Luis).

“Querido hijo, te instruyo que tengas un corazón compasivo hacia los pobres y hacia todos los que tú consideres que estén sufriendo del corazón o del cuerpo, y que según tus fuerzas les alivies de buena gana con apoyo moral o con limosnas”(San Luis a su hijo Felipe).

 

 

VISIÓN HISTORICA: « San Luis y su amor por los pobres »

En el palacio real de Paris una estancia está reservada a los indigentes; cada día, se le sirve comida a quien quiera venir.  En los días de fiesta, hay más de doscientos de todas las edades y de ambos sexos, no muy agradables a la visa, con sus vestidos rotos, tan sucios y malolientes que el refectorio huele mal y los guardias de palacio se ofenden.  ¡No importa!  El Rey viene muy a menudo, en persona, para atender la comida de “mis señores los pobres”. Camina alrededor de las mesas, se preocupa de las heridas de uno y se lo refiere a su médico, escucha las quejas de algún otro y ordena a los sirvientes ayudar a comer a un tercero.  Los miércoles y viernes, durante todo el año, invita a trece de los más pobres y personalmente les sirve la comida.  Cada día llama a tres de los que tienen el aspecto más repulsivo, para que vengan y coman en la mesa junto a él.  Incluso los leprosos, de cuyo contagio todos tienen miedo, no son repelidos.  En la abadía de Royaumont, que él fundó, muchas veces visita la enfermería cuando hay enfermos, especialmente a los leprosos.  En los hombres más desheredados, está Jesús. Luis lo sabe y nunca lo olvidaría.

Después de la muerte de San Luis, la Iglesia abrió el proceso de canonización y llevó a cabo una larga investigación. Fueron contados sesenta y siete milagros de curación. Los más notables acaecieron en Saint-Denis, alrededor de su tumba. Una muchedumbre de enfermos, discapacitados, mutilados y mendigos se juntaban alrededor de la tumba, tocándola y tendiéndose sobre la misma.  La gran mayoría de los milagros ocurrieron a personas pobres o de modestos ingresos, quienes deben trabajar con sus manos o quienes han sido llevados a la pobreza o hasta la mendicidad. Algunas veces se enfatiza que las curaciones les ayudaban a escapar de la indigencia.

VISION PASTORAL: « LA BUENA NUEVA ES ANUNCIADA A LOS POBRES »

La fe, para Luis, no es abstracta; amar a Cristo significa seguirlo; significa amar en él a todos los hombres. La fe influye en su conducta y regula todas sus acciones, de allí que sea tan generoso. Él vive diariamente con gran frugalidad, vistiendo modestamente cuando el ejercicio de su función no le obligaba a usar el traje oficial propio de su rango. El recibe en su mesa con agrado a Santo Tomas de Aquino y a San Buenaventura, ambos gigantes de la ciencia y sabiduría, grandes teólogos y hermanos mendicantes, Dominico y Franciscano.  Con la misma simplicidad y facilidad recibe a los pobres, cada día, en su mesa. Luis quiere conformar su vida a la de Cristo, pobre y crucificado.

Un día le preguntan a que santo admira más que a los demás y él contesta: “A San Francisco de Asís, el santo alegre y dulce, porque amaba la pobreza por encima de todo”. 

Leamos nuestras CCGG art. 15.3: “Los franciscanos seglares comprométanse en reducir las exigencias personales para poder compartir mejor los bienes espirituales y materiales con los hermanos, particularmente con los últimos.  Den gracias a Dios por los bienes recibidos, usándolos como buenos administradores y no como dueños. Adopten una posición firme contra el consumismo y contra las ideologías y las posturas que anteponen la riqueza a los valores humanos y religiosos y que permiten la explotación del hombre.” Y el artículo 19.2: «Con espíritu de minoridad, elijan en primer lugar el trato con los pobres y los marginados, ya sean individuos, grupos de personas o todo un pueblo; colaboren en la erradicación de la marginación y de toda forma de pobreza, que son consecuencia de la ineficacia y de la injusticia».

 

De San Luis al día de hoy

Momento para compartir: he aquí algunas preguntas que nos ayudarán a dialogar.

En misión:

“Al ver Jesús la multitud, les tuvo compasión porque estaban desconcertados y desanimados, como ovejas sin pastor” (Mt 9,36) Tanta gente en nuestros días está desconcertada y desanimada y espera de la Iglesia, de nosotros. ¿Cómo podemos en fraternidad llegar hasta esta gente?  ¿Cómo podemos compartir con ellos la experiencia de fe, del amor de Dios, del encuentro con Jesús?

Conversión y compartir

Vemos tanta pobreza y soledad en el mundo de hoy.  Tantas personas nos piden ser un signo de la bondad y de la misericordia del Señor. Con tantas expectativas, corremos el riesgo de caer en una actitud de miedo y de defensa. ¿Cómo podemos orientar nuestras vidas para apoyar a estos hermanos? ¿Que iniciativas nos arriesgamos a tomar para tocar “la carne sufriente de Cristo en el pueblo”? (cf. Exhortación Apostólica EVANGELII GAUDIUM, 24).

¿Cómo vivimos concretamente el Art. 12,2 de las CCGG: “Asuman, con serena firmeza, el riesgo de opciones valientes en la vida social”?

 

VIVIENDO EL CONCILIO VATICANO SEGUNDO

Los bienes de la tierra y su destino para todos los hombres.

Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. Sean las que sean las formas de la propiedad, adaptadas a las instituciones legítimas de los pueblos según las circunstancias diversas y variables, jamás debe perderse de vista este destino universal de los bienes. Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás. Por lo demás, el derecho a poseer una parte de bienes suficiente para sí mismos y para sus familias es un derecho que a todos corresponde. Es éste el sentir de los Padres y de los doctores de la Iglesia, quienes enseñaron que los hombres están obligados a ayudar a los pobres, y por cierto no sólo con los bienes superfluos. (…) Habiendo como hay tantos oprimidos actualmente por el hambre en el mundo, el sacro Concilio urge a todos, particulares y autoridades, a que, acordándose de aquella frase de los Padres: “Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas, según las propias posibilidades, comuniquen y ofrezcan realmente sus bienes, ayudando en primer lugar a los pobres, tanto individuos como pueblos, a que puedan ayudarse y desarrollarse por sí mismos”.  (Gaudium et spes, La Iglesia en el mundo de hoy, § 69.1).

 

VIVIENDO EL EVANGELIO

Servir a Cristo en los pobres (Mt 25. 31-46)

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.  Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.  Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?  Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.

Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.  Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.  Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?  Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis.  E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.



[1] Dossier preparado por Michèle Altmeyer, OFS, trad. de Ma. Consuelo Núñez, ed. por Fr. Amando Trujillo Cano, TOR.