Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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Programa de Formación Permanente del CIOFS 2014

Tema IV: San Luis y la educación

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“Antes de acostarse hacia venir a todos sus hijos alrededor suyo y les recordaba los hechos de los buenos reyes y de los buenos emperadores. Después les decía que tomaran ejemplo de ellos. Les contaba también las acciones de los malos príncipes, quienes, por amor al lujo, sus saqueos y su avaricia, habían perdido sus reinos” (Vida de San Luis, deJean de Jonville).

 

ENFOQUE HISTÓRICO: SAN LUIS Y LA PREOCUPACIÓN POR UNA EDUCACIÓN INTEGRAL

En el siglo XIII no existía separación entre los distintos saberes y los teólogos eran también matemáticos, físicos y filósofos.

Poco antes de su muerte, San Luis escribió una carta a su hijo mayor Felipe (ver al fin de la ficha) en la que encara la educación desde un punto de vista a la vez humano – se trata de hacer de Felipe un hombre – y político – se trata también de hacer de él un rey.

Formar un hombre para San Luis es formar un cristiano. Enseñar el amor de Dios y de Cristo es, a sus ojos, el primer principio educativo y la educación tiene por fin último permitir a cada a persona cumplir su vocación, conducirla al ideal cristiano. En lo referente al desempeño real éste debe imperiosamente ejercerse con justicia y encaminarse a establecer la paz.

 

ENFOQUE PASTORAL: EDUCAR ES HACER CRECER AL OTRO

A 800 años de distancia, el modelo educativo es diferente. Sin embargo, hay en la vida de Luis IX una constante que permanece plenamente actual: San Luis es un hombre que siempre quiso elegir la vida, fueran cuales fueran los sufrimientos (la muerte de muchos de sus hijos) y las dificultades encontradas. Debe ser lo mismo para nosotros: a pesar de las fragilidades, los riesgos, las incertidumbres, la vida es buena y el Señor nos hace este llamado: “Elige la vida” (Dt 30, 19; cf. CC.GG. 25).

Nuestra vida es un don de Dios: desde la eternidad estamos llamados por vocación a ser hijos de Dios. Cuando nos situamos en esta perspectiva la educación no puede ser sino una educación integral, apoyándose en valores morales pero también espirituales.

Para acompañar el desarrollo espiritual de los hijos es bueno enamorarse de lo que dice Cristo y seguir sus enseñanzas. Así como Él se tomó el tiempo para caminar con los discípulos de Emaús y adentrarse con ellos en la Palabra, también nosotros hemos de ofrecer a nuestros hijos un camino de iniciación que permita a las palabras y a los gestos de Jesús encontrar eco en sus vidas y que los abra a la plegaria de la Iglesia... sin olvidar nunca que el primer educador es el Espíritu Santo, nosotros sólo somos personas mayores en la fe(CC.GG. G25). 

DE SAN LUIS A NUESTROS DÍAS…

Tiempo de compartir: he aquí algunas preguntas para ayudarnos a compartir.

Estar en el mundo

San Luis quiso ofrecer a sus hijos una “educación integral”, a la vez humana y cristiana. Y nosotros, más allá de nuestra vida familiar, en nuestro entorno profesional o en nuestros diversos compromisos, ¿tenemos el deseo de ayudar al otro a crecer humana y espiritualmente? ¿Cómo podemos contribuir a ello?

Transmisión

En su carta-testamento, San Luis define los valores claves que desea trasmitir a sus hijos. ¿Y nosotros qué valores ponemos en primer lugar?

¿Cómo conciliar la libertad de cada hijo que se nos confía con nuestras aspiraciones hacia él?

Estamos a veces tristes al constatar que aquellos que hemos acompañado en su crecimiento no continúan hoy en el camino de la fe. ¿Cómo continuar, no obstante, nuestra misión de “despertador” espiritual?

Vida espiritual

En la educación que damos ¿qué lugar ocupa la plegaria? ¿Los adultos rezamos con los niños?

¿La educación que brindamos pasa más por la palabra que por el ejemplo? ¿Hay coherencia entre los dos?

¿Cómo imitar la pedagogía que Jesús despliega con los peregrinos de Emaús? (el relato se cita más abajo).

Propuesta para continuar este tiempo de intercambio individualmente:

Intenten escribir una carta en la que digan a sus hijos en lo que creen fundamentalmente, lo que creen bueno e indispensable para su desarrollo humano y cristiano, para que, más allá de las dificultades que puedan encontrar en la vida, ésta sea exitosa.

 

VIVIR EL CONCILIO VATICANO II

Derecho universal a la educación y su noción

«Todos los hombres, de cualquier raza, condición y edad, en cuanto participantes de la dignidad de la persona, tienen el derecho inalienable de una educación, que responda al propio fin, al propio carácter; al diferente sexo, y que sea conforme a la cultura y a las tradiciones patrias, y, al mismo tiempo, esté abierta a las relaciones fraternas con otros pueblos a fin de fomentar en la tierra la verdadera unidad y la paz. Mas, la verdadera educación se propone la formación de la persona humana en orden a su fin último y al bien de las varias sociedades, de las que el hombre es miembro y de cuyas responsabilidades deberá tomar parte una vez llegado a la madurez.

Hay que ayudar, pues, a los niños y a los adolescentes, teniendo en cuenta el progreso de la psicología, de la pedagogía y de la didáctica, para desarrollar armónicamente sus condiciones físicas, morales e intelectuales, a fin de que adquieran gradualmente un sentido más perfecto de la responsabilidad en la cultura ordenada y activa de la propia vida y en la búsqueda de la verdadera libertad, superando los obstáculos con valor y constancia de alma. Hay que iniciarlos, conforme avanza su edad, en una positiva y prudente educación sexual. Hay que prepararlos, además, para la participación en la vida social, de forma que, bien instruidos con los medios necesarios y oportunos, puedan participar activamente en los diversos grupos de la sociedad humana, estén dispuestos para el diálogo con los otros y presten su fructuosa colaboración gustosamente a la consecución del bien común.

Declara igualmente el Sagrado Concilio que los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar con recta conciencia los valores morales y a aceptarlos con adhesión personal y también a que se les estimule a conocer y amar más a Dios. Ruega, pues, encarecidamente a todos los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación, que procuren que la juventud nunca se vea privada de este sagrado derecho. Y exhorta a los hijos de la Iglesia a que presten con generosidad su ayuda en todo el campo de la educación, sobre todo con el fin de que puedan llegar cuanto antes a todos los rincones de la tierra los oportunos beneficios de la educación y de la instrucción » (Declaración sobre la Educación Cristiana, « Gravissimus educationis », § 1).

 

VIVIR el evangelio (Lc 24, 13-35)

Los discípulos de Emaús

Aquel mismo día, dos de los discípulos se dirigían a un pueblo llamado Emaús, a unos once kilómetros de Jerusalén. Iban hablando de todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y comenzó a caminar con ellos. Pero aunque lo veían, algo les impedía darse cuenta de quién era.

Jesús les preguntó: --¿De qué van hablando ustedes por el camino?  Se detuvieron tristes, y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, contestó: --¿Eres tú el único que ha estado alojado en Jerusalén y que no sabe lo que ha pasado allí en estos días? Él les preguntó: --¿Qué ha pasado?  Le dijeron: --Lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta  poderoso en hechos y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo; y cómo los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él sería el que había de libertar a la nación de Israel. Pero ya hace tres días que pasó todo eso.

Aunque algunas de las mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro, y como no encontraron el cuerpo, volvieron a casa. Y cuentan que unos ángeles se les han aparecido y les han dicho que Jesús vive. Algunos de nuestros compañeros fueron después al sepulcro y lo encontraron tal como las mujeres habían dicho, pero a Jesús no lo vieron.

Entonces Jesús les dijo: --¡Qué faltos de comprensión son ustedes y qué lentos para creer todo lo que dijeron los profetas!  ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado? Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él, comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas.

 Al llegar al pueblo adonde se dirigían, Jesús hizo como que iba a seguir adelante. Pero ellos lo obligaron a quedarse, diciendo: --Quédate con nosotros, porque ya es tarde. Se está haciendo de noche. Jesús entró, pues, para quedarse con ellos. Cuando ya estaban sentados a la mesa, tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús; pero él desapareció.  Y se dijeron el uno al otro: --¿No es verdad que el corazón nos ardía en el pecho cuando nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Sin esperar más, se pusieron en camino y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a sus compañeros, que les dijeron: --De veras ha resucitado el Señor, y se le ha aparecido a Simón.   Entonces ellos dos les contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús cuando partió el pan.

 

DEL TESTAMENTO ESPIRITUAL DE SAN LUIS A SU HIJO

Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte es que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas; sin ello no hay salvación posible. Hijo, debes guardarte de todo aquello que sabes que desagrada a Dios, esto es, de todo pecado mortal, de tal manera que has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.

Además, si el Señor permite que te aflija alguna tribulación, debes soportarla generosamente y con acción de gracias, pensando que es para tu bien y que es posible que la hayas merecido. Y, si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas.

Asiste, de buena gana y con devoción, al culto divino y, mientras estés en el templo, guarda recogida la mirada y no hables sin necesidad, sino ruega devotamente al Señor, con oración vocal o mental.

Ten piedad para con los pobres, desgraciados y afligidos, y ayúdalos y consuélalos según tus posibilidades. Da gracias a Dios por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir otros mayores. Para con tus súbditos, obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón. Pon la mayor diligencia en que todos tus súbditos vivan en paz y con justicia, sobre todo las personas eclesiásticas y religiosas.

Sé devoto y obediente a nuestra madre, la Iglesia romana, y al sumo pontífice, nuestro padre espiritual. Esfuérzate en alejar de tu territorio toda clase de pecado, principalmente la blasfemia y la herejía.

Hijo amadísimo, llegado al final, te doy toda la bendición que un padre amante puede dar a su hijo; que la santísima Trinidad y todos los santos te guarden de todo mal. Y que el Señor te dé la gracia de cumplir su voluntad, de tal manera que reciba de ti servicio y honor, y así, después de esta vida, los dos lleguemos a verlo, amarlo y alabarlo sin fin. Amén. (Acta Sanctorum Augusti 5 [1868]1, 546)