Orden Franciscana Seglar

Ordo Franciscanus Sæcularis

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CIOFS 2014 Programa Para la Formación Permanente

Tema VII: San Luis y nuestra hermana la muerte corporal [1]

 

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“El rey era tan lleno de espíritu de caridad, que, a pesar que muchos buscaban de disuadirlo por razones del peligro, iba a visitar con gusto a los enfermos en su sufrimiento y en su agonía.  Les ofrecía palabras de un piadoso consuelo y consejos muy necesarios”(Guillaume de Chartres, De Vita et de Miraculis).

“Pueda Dios en su inmensa generosidad, concedernos, a ti y a mí, que después de esta vida mortal, podamos unirnos a Él para verlo, amarlo y alabarlo sin fin”(Enseñanzas de San Luis a su hijo Felipe).

 

 

ASPECTO HISTÓRICO: «san luis, o la preocupación de la buena muerte»

En el Siglo XIII, la muerte era una realidad omnipresente y, a diferencia de hoy, no estaba para nada oculta. La vida terrera era concebida como una peregrinación destinada a conducir al cielo.  Ya que la muerte constituía el término de esta peregrinación, era esencial vivirla bien, es decir, morir estando unidos a Dios, después de haberse confesado y haber recibido la absolución.  Al contrario, la obsesión de una persona pía era encontrarse de improviso con la muerte sin haber recibido los últimos sacramentos.

Dos muertes han sellado la existencia de San Luis: la muerte de su madre, acaecida mientras él estaba en la cruzada, y la de su hijo Jean-Tristán, acontecida unos días antes de su propia muerte. San Luis siempre manifestó una visión sobrenatural de la muerte y enfrentó estos duelos haciendo celebrar Misas en sufragio de los dos difuntos, encomendándolos a la oración de los religiosos y practicando una penitencia personal (cfr. CCGG. 27, R 19).

Debido a que la enfermedad que acabó con él duró varios días, San Luis tuvo la oportunidad de darse cuenta de que la muerte estaba cerca. Entonces oró incluso más de lo acostumbrado y buscó estar estrechamente unido a Dios, haciendo que le pusieran un crucifijo delante de su lecho para tener constantemente ante sus ojos la Pasión de su Señor.  La santidad de su muerte impactó a todos y constituyó uno de los elementos claves en su proceso de canonización.

 

ASPECTO PASTORAL: “VIVIR BIEN Y MORIR BIEN”

Cuando supo de la muerte de su madre, San Luis manifestó una profunda pena y lloró mucho. La pena causada por la muerte de un familiar y la fe en la resurrección van unidas. ¿Dejamos que nuestras entrañas se conmuevan como lo hizo Jesús delante de la tumba de Lázaro?

San Luis daba mucha importancia a la salud y ha transmitido esta actitud a sus hijos.  Y nosotros, ¿cómo velamos por el equilibrio de nuestra vida, con la debida atención a nuestro cuerpo, que, según una expresión de San Luis, es « nuestro mejor compañero»? ¿Somos pacientes con nosotros mismos y nuestro cuerpo durante la enfermedad?

San Luis ha practicado en abundancia « las obras de misericordia » ante los pobres y los enfermos, y ha insistido mucho sobre la importancia de visitar a quienes sufren. Hoy, más que nunca, es de importancia capital visitar a quienes están excluidos de la sociedad debido a 0una enfermedad o a la ancianidad. Esta es una de las cosas más fundamentales que podamos hacer.  ¿Cómo lo hacemos? (Cf. CC.GG. 53,3).

 

De San Luis a hoy

He aquí algunas preguntas para favorecer el diálogo en fraternidad.

Estar en el mundo

¿Estamos dispuestos a visitar a las personas que están solas, enfermas o ancianas?  Aquí hay una llamada particular dirigida a nosotros hoy, ¿cómo nos responsabilizamos concretamente de estar cercanos a quienes han perdido un ser querido?

Sacramento

El sacramento de los enfermos: ¿cómo entendemos este sacramento, propuesto para las horas de gran fragilidad, y la afirmación que la gracia que dispensa acompaña al enfermo en la prueba? (Cfr. Papa Francesco, Audiencia general, 26 febrero 2014)

El seguimiento de Cristo

“Vivir la propia muerte unidos a Dios”; “unirse a la pasión de Cristo”… ¿Cómo entendemos estas expresiones tan queridas por San Luis? ¿Todavía tienen sentido para nosotros?

Vida espiritual

¿Cómo ha marcado nuestra memoria la muerte de los que hemos conocido, familiares o amigos?  ¿Nos atrevemos a compartir, con pudor y simplicidad, lo que hoy pensamos sobre la muerte –la de los demás y la nuestra? ¿Cuáles son nuestros miedos y nuestra esperanza frente a nuestra muerte? 

Formación

La Revelación cristiana nos habla de los “Novísimos”, (paraíso, infierno, purgatorio, juicio).  ¿Creo en eso? ¿Qué hago para nutrir mi inteligencia sobre estos asuntos? ¿Qué significa para mí, hoy, la expresión medieval, “bien vivir y bien morir”?

 

VIVIR EL CONCILIO VATICANO II

“Para todos vosotros, hermanos que sufrís, visitados por el dolor en sus mil modos, el Concilio tiene un mensaje muy especial. Siente fijos sobre él vuestros ojos implorantes, brillantes por la fiebre o abatidos por la fatiga, miradas interrogantes que buscan en vano el porqué del sufrimiento humano y que preguntan ansiosamente cuándo y de dónde vendrá el consuelo.

Hermanos muy queridos, sentimos profundamente resonar en nuestros corazones de padres y pastores vuestros gemidos y lamentos. Y nuestra pena aumenta al pensar que no está en nuestro poder el concederos la salud corporal, ni tampoco la disminución de vuestros dolores físicos, que médicos, enfermeros y todos los que se consagran a los enfermos se esfuerzan en aliviar lo más posible.

Pero tenemos una cosa más profunda y más preciosa que ofreceros, la única verdad capaz de responder al misterio del sufrimiento y de daros un alivio sin engaño: la fe y la unión al Varón de dolores, a Cristo, Hijo de Dios, crucificado por nuestros pecados y nuestra salvación.

Cristo no suprimió el sufrimiento y tampoco ha querido desvelarnos enteramente su misterio: Él lo tomó sobre sí, y eso es bastante para que nosotros comprendamos todo su valor. ¡Oh vosotros que sentís más pesadamente el peso de la cruz! Vosotros que sois pobres y desamparados, los que lloráis, los que estáis perseguidos por la justicia, vosotros sobre los que se calla, vosotros los desconocidos del dolor, tened ánimo; sois los preferidos del reino de Dios, el reino de la esperanza, de la bondad y de la vida; vosotros sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo. He aquí la ciencia cristiana del dolor, la única que da la paz. Sabed que vosotros no estáis solos, ni separados, ni abandonados, ni inútiles; sois los llamados por Cristo, su viva y transparente imagen. En su nombre, el Concilio os saluda con amor, os da las gracias, os asegura la amistad y la asistencia de la Iglesia y os bendice” (Mensaje del Santo Padre Paolo VI a los pobres, a los enfermos, y a todos aquellos que sufren, 8 diciembre 1965).

 

VIVIR LA PALABRA DE DIOS (1 Tes 4, 13-14.17d-18)

Jesús, creemos, murió y resucitó.

Hermanos, No quiero que sigan en la ignorancia acerca de los difuntos, para que no estén tristes como los demás que no tienen esperanza.

Nosotros creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios, llevará con Jesús, a los que murieron con él.

Y así estaremos siempre con el Señor.  Por lo tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras

 



[1] Fuente http://www.catholique78.fr/8-themes-approfondir-0010200. Tema adaptado con la amable autorización de la Diócesis de Versalles, trad. por Ma. Consuelo Núñez, OFS, ed. Fr. Amando Trujillo Cano, TOR.