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Boletin Informativo Vol. 3 - N. 1 - 2003 – Marzo |
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Un sacrificio personal para salvar una vida.
Bukavu 09.02.2008 Domingo 3 de febrero de 2008, nada de particular a primera vista. El Mercado estaba abierto y la iglesia llena de fieles para la Eucaristía del domingo. De repente a las 09:00 de la mañana, se escuchó un ruido muy fuerte. Edificios, mercados e iglesias colapsaron todos al mismo tiempo. Personas gravemente heridas y basura se veían regadas por todo el piso. Gente asustada, trataba de correr para salvar sus vidas. Pero ¿a donde ir?. Un terremoto con magnitud seis en la escala de Ricther había ocurrido. La escena ocurrió en el pueblo de Bukavu, al este de la República Democrática del Congo, en la región de los grandes lagos en África Central. El terremoto se extendió también a las dos naciones vecinas, Rwanda y Burundi. De acuerdo al Observatorio Sísmico Nacional el epicentro se situó cerca de 20 Km. al norte de Bukavu. Las autoridades locales ordenaron a los habitantes desalojar sus casas y mantenerse a unos 200 metros fuera de todos los edificios. La gente tenía que dormir en las afueras, expuestas en la intemperie. De repente, ricos y pobres estaban mezclados, no por sentimientos de misericordia, pero más bien por la fuerza de la naturaleza, ya que todo el mundo tenía que dormir a la intemperie debido a los sucesivos movimientos de tierra. No había más barrera entre los dos grupos: ricos y pobres. Dios mismo ha mostrado su poder. Las suntuosas villas, las paredes altas de protección de las casas ricas, todo fue reducido a la nada. Allí me acordé del documento de “Aparecida 2007” escrito luego de la 5a. Asamblea General de Obispos Latinoamericanos, que se llevó a cabo entre el 13 y el 31 de mayo en Aparecida, lugar de peregrinación brasilera en honor a María. Todo el documento, dividido en 554 números, trata de muchos temas pero el número 65 se refiere al tema de la Pobreza - Pobres: “Debemos ver a los que sufren: los pobres, los relegados de la sociedad, los inmigrantes, los marginados, .....” Pero en el momento del terremoto, los que se llaman ricos tenían solamente expresiones de sufrimiento. Un miembro de la JUFRA local tuvo un pensamiento original para expresar este cambio repentino de situación agregando una oración al Cántico del Hermano Sol de San Francisco: “Loado seas tu, Hermano Terremoto, porque has hecho posible la unión entre ricos y pobres”. ¿Que pueden estos jóvenes franciscanos ofrecer en este tiempo de sufrimiento, angustia y desesperación? También ellos estaban desamparados. Pero gracias a la iniciativa de tres chicas franciscanas -Sifa Kaleng, Francisca Nanci and Isia Fabiola, decidieron comenzar una tarea de visitar el hospital general de Bukavu para dar algunas palabras de aliento a los heridos y además donar su sangre. “Un sacrificio personal para salvar una vida”. índice |
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