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La Orden Franciscana Seglar en Angola María Aparecida Crepaldi, ofs En su capital Luanda, existen 5 fraternidades OFS constituidas y dos en formación, con la asistencia espiritual de dos Frailes Menores. En el interior del país existen fraternidades en Benguela y Lobito (zona oeste de Angola); Huambo (centro de país); Uíge y Kwanza Norte (en el norte de Angola). Actualmente el número de profesos pasa de 500. La realidad de esta fraternidad nacional emergente, está planteada sobre una base sólida, no solo por el trabajo de los frailes que han ayudado mucho a los miembros de la OFS en su crecimiento y continúan firmes con ese trabajo, pero también por el testimonio heroico de algunos laicos que han pasado por momentos difíciles en los período de guerra enfrentados en el país, manteniéndose fieles en el seguimiento de Cristo a la manera de San Francisco de Asís. Recientemente el CIOFS ha tenido conocimiento de uno de estos ejemplos, el cual es edificante para toda nuestra Orden, por lo que deseamos compartirlo con todos. Un joven con 20 años fue enviado a un Curso de Oficiales de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación de Angola (FAPLA), fuerzas ligadas al gobierno angoleño. En aquel momento Angola vivía un régimen marxista-leninista. Por causa de este régimen nadie podía manifestar públicamente su religión mientras estuviese en el ejército. Sucedió que el joven de nuestra historia, no obstante tal prohibición, frecuentaba regularmente la iglesia durante la formación. Casi antes de llegar al final del curso, fue denunciado por un colega. El estaba metido en un grupo que preparaba la navidad para los niños entre los días 17 a 22 de diciembre, 1987. Para confirmar la denuncia hecha por el colega, el responsable de la Escuela de Formación, se dirigió a la barraca donde habitaba en compañía de sus colegas de la Unidad Militar y allí le registró su mochila. Se quedo espantado al encontrar una Biblia Sagrada, un rosario y una agenda pequeña (regalo de unos sacerdotes) por sus padres). La furia de su jefe fue tanta que ordenó a los soldados que estaban de servicio que le dieran una paliza cuando este volviera a la iglesia. Así aconteció. Al final fue advertido que sería castigado durante seis meses en una zona de mucho conflicto. Considerando que su comportamiento era aceptable, exceptuando el hecho que continuaba con su deseo de permanecer cristiano, sería entonces llamado al final de los seis meses para ser transferido a una Unidad Militar que estaba cerca al aeropuerto de Luena, Província do Moxico, en el Este de Angola. Su jefe militar le dijo que si él cambiaba de actitud, después de seis meses, él se convertiría en su amigo. Como no tenia como defenderse, aceptó irse para el sitio que le tenían previsto. Pero pidió si podía llevar consigo los "medios de acusación". Cumplió el castigo con la esperanza que un día volvería a la ciudad. El lugar a donde fue enviado, era una zona de fuerte combate, lo que hizo que se profundizara su confianza en Dios, pues no tenía nadie que se opusiera a que leyera "el libro sagrado" ni a que rezara el rosario. Fue enviado a esa zona el 31 de enero de 1988, y el 28 de julio del mismo año, recibió un mensaje requiriéndole que volviera a la ciudad antes del día 1 de agosto. Contento con esta noticia, se comenzó a preparar para su regreso. Como era oficial del Ejército comenzó por despedirse de sus subordinados. El día 31 de julio, que era un domingo, a la hora del mediodía, se fue a dar un baño en las márgenes del río Zambeze, y al momento que se disponía a tender su ropa, se accionó una bomba anti-tanque que con mucha violencia le cercenó el pié derecho que fue a dar al río. También le afectó con quemaduras su cadera izquierda. Tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Sufría muchísimo y no había medios aéreos para trasladarlo a ningún hospital especializado. Así pasó 15 días: con una salud totalmente deteriorada y casi irreconocible, porque el alimento también escaseaba. El día 16 después del accidente, llegó finalmente un helicóptero para su traslado a un hospital. Pero después de dos horas de vuelo, el helicóptero tuvo que aterrizar forzosamente por falta de gasolina. El aterrizaje lo hicieron en una zona enemiga, por lo que la vida de todos los tripulantes del mismo corría peligro. Sin embargo, gracias a Dios, de alguna manera pudieron salir de aquella encrucijada, sanos y salvos. Y así, el joven de nuestra historia, llegó al hospital el día 17 después de su accidente. Los médicos que le practicaron la cirugía se admiraban de como había reaccionado su organismo, a pesar de todo lo que había pasado. El día que salió del hospital, luego de 33 días, fue informado que sus colegas de unidad, fueron diezmados por la tropa enemiga. Solo sobrevivieron tres de ellos que se escaparon a la República vecina de Zambia. En la misma semana que salió del hospital, supo que su ex-jefe de curso (el que lo envió al castigo), había sufrido un accidente de aviación, dentro de la ciudad, que le había causado la fractura de una pierna. Con sus muletas, el joven lo fue a visitar al hospital donde estaba internado, y cuando este lo vio lo llamó por su nombre y le dijo, "tu Dios me ha castigado" recordando el castigo que le había impuesto. Hoy en día el joven herido de nuestra historia, es oficial superior del ejercito reformado de Angola, ha sido catequista durante 22 años, y profesó en la OFS hace 12 años. Hace ya 19 años de su accidente en la que perdió su pierna y sufre fuertes dolores, pero está convencido que los planes de Dios en su vida, son más importantes que los dolores que sufre. La OFS de Angola sigue creciendo y ya fue constituida una Comisión Nacional, el 4 de febrero de 2006, como Fraternidad Emergente. El hermano de nuestra historia, Domingo Calassumi, es el actual secretario nacional.
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