Consejo Internacional de la OFS - Edición Trimestral
Vol. 2 - N. 2 - 2007 - mayo

Vida de oración

Emanuela De Nunzio

A partir de la aprobación de la Regla Paolina, la temática relativa a las "iniciativas valientes" en la promoción de la justicia y en particular en el campo de la vida pública (No.15, Reg. FS) ha tenido un mayor relieve y ha estado incluso más presente en el proceso formativo de los franciscanos seglares y en la atención de las de las fraternidades en todos los niveles. No hay un curso de actualización, no hay un texto de formación, no hay una Asamblea o Capítulo en la cual estos argumentos no tengan un espacio preponderante, si no exclusivo. Así que era necesario probablemente en la etapa en la cual se trataba de dar una estremecida a la Orden Franciscana Seglar para hacerla salir de un estancamiento, que duraba ya desde hace demasiado tiempo y que había ofuscado el dinamismo caritativo de los orígenes y el fervor de las iniciativas también sociales de los hermanos y hermanas de la Penitencia. Un estancamiento que en muchos lugares había "guetisado" a la Fraternidad y la había transformado en grupos devocionales, autoreferenciales y estériles.

Me pregunto si no estamos cayendo en el exceso de lo opuesto. Me pregunto si también la OFS no se está encaminando hacia la vía que siguen hoy tantos cristianos. Convencidos que el compromiso frente al hombre sobrepasa incluso el propio deber frente a Dios. El Santo Padre Benedico XVI no se cansa de llamar la atención contra esta actitud, que –él afirma- constituye "el inicio de una especie de justificación mediante la acción". Y continua: "El hombre se justifica a sí mismo y al mundo en el cual desarrolla aquello que parece claramente necesario, pero que falta la luz interior y el alma de todo" (7 noviembre 2006 – Discurso a los Obispos de Suiza). El Santo Padre Santo expresa el convencimiento que la "centralidad de Dios" debe estar presente en todo nuestro pensamiento y acción. La fe mira definitivamente hacia Dios y nos empuja a movernos hacia Él también a través de las obras. En caso contrario, la acción puede fácilmente caer en activismo y volverse vacía.

Hoy hay también, y de una manera muy sutil, un gran peligro en cierta forma de considerar la oración: casi como si orar fuese un expediente para salir del umbral del dolor. Hay mucha equivocación o al menos de reducción, en relación a este acto sacral, en el cual se manifiesta el vínculo bautismal.

Casi que la oración cristiana puede ser identificada en términos de higiene mental, entrenamiento autógeno, método de relajación para salir del stress de la vida cuotidiana en una sociedad complicada como la nuestra.

¿Como evitar este riesgo? En el Evangelio, Jesús le da a sus discípulos el ejemplo de la oración que acompaña cada momento de su misión y les recuerda la necesidad de "orar siempre, sin cansancio". Les invita a no preocuparse de molestar, de importunar al Padre, "gritando día y noche hacia él". Recogiendo la enseñanza del Maestro, también San Pablo, a los tesalonicenses: "Orad constantemente, en todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús quiete de vosotros" (1 Tes 5, 16-18).

Los grandes Padres de la Iglesia de Oriente y de Occidente, los maestros espirituales de todos los tiempos han buscado explicar esta necesidad de orar siempre. ¿Que es lo que esto significa? ¿Como es posible orar siempre? La solución al problema de orar siempre, sin interrupción, es aquella de Origenes: "Ora sin pausa quien une la oración a la necesaria acción y la acción a la oración". Solamente así podremos considerar realizable el mandato de orar sin pausa". Esta solución lleva a vivir en un estrado de oración. La vida de oración se vuelve una disposición habitual de la persona, independientemente de los actos que realiza.

La oración conlleva un papel determinante en toda la vida de San Francisco. Toca profundamente su gran fe en el Altísimo, Omnipotente, buen Señor. Francisco no desarrolla una enseñanza sobre la oración, ni un método para enseñar a como orar. Su oración, inspirada en la Escritura, parte del corazón con la influencia del Espíritu Santo. Francisco, lleno del amor de Jesús, "Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en las manos, Jesús en todos los otros miembros" (FF 522). Con frecuencia, haciendo referencia al Evangelio, exhorta a los hermanos a dirigir el corazón a Dios, porque es el centro del hombre, el centro de sus decisiones: en el corazón habita o Satanas o Dios con su palabra. Por toda la vida, los hombres están expuestos al peligro porque "de repente viene el diablo y se lleva todo lo que ha estrado diseminado en sus corazones, para que no crean y sean salvados" (FF 58). De esta manera la oración para Francisco es mucho más que una meditación sobre Dios o una sucesión de palabras. Al contrario, es un entretenerse amoroso con Dios, una conexión permanente con El.

Sobre las huellas de nuestro Seráfico Padre, nuestra Regla (n.6) prescribe: "Como Jesús fue el verdadero adorador del Padre, así (los franciscanos seglares) hagan de la oración y de la contemplación la vida del propio ser y del propio obrar". No podemos considerarnos franciscanos seglares solo porque nos encontremos una vez al mes, o quizá cada quince días, o incluso una vez a la semana. Estos encuentro sirven para vivir la fraternidad y para fortalecer el sentido de pertenencia a la Orden, pero si queremos ser auténticos hijos de San Francisco debemos aprender a orar siempre, sin cansarnos. Para los franciscanos seglares, el mandato de la oración ininterrumpida está contenido en el artículo 14.5 de las CCGG: "En cada lugar y en cada momento es posible al verdadero adorador del Padre rendirle culto y orarle; en todos los lugares los hermanos busquen tempo de silencio y de recogimiento para dedicarlo exclusivamente a la oración".

La oración es el ambiente natural en el cual aprendemos a perfeccionarnos, a santificarnos, a purificar nuestra conciencia tantas veces distraída de las miles de presiones y sofocada de la banalidad de la vida cuotidiana. La Oración es la única vía para escuchar la voz del Espíritu, para aceptar y amar los sufrimientos en general y las enfermedades en particular. Tertulliano: "La oración cristiana…no dará la gracia de inmunizarse del dolor, pero ciertamente da la virtud de soportar con firmeza y paciencia a quien sufre, potencia la capacidad del alma con la fe en la recompensa, enseña el valor grande del dolor aceptado en el nombre de Dios".

No se puede obrar bien en el propio trabajo si no se ha orado, primero, durante y después. La oración ininterrumpida es la palestra para aprender a saborear la eternidad en el tiempo mediante el ejercicio de la "mística de lo cotidiano" (Karl Rahner) a la cual todos los cristianos estan llamados, y en modo particular, los laicos. Solamente ejercitando la mística de lo cotidiano se puede estar listo también a ver la posibilidad mas elevada de la vida: la hora del sacrificio heroico (cuando se nos ofrece), la prueba mortal, la bienaventurada prodigalidad y la santa locura y en fin el paso en el cual morirá nuestra muerte, que es la muerte en la muerte de Cristo. ¿Cómo se puede estar listo para estas horas sublimes, que nadie puede encontrar por si mismo y que llegan según el diseño incomprensible, sin mantenerse alertas y, en la medida de lo posible, en el ejercicio de la vida de cada día?
 

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