Consejo Internacional de la OFS - Edición Trimestral
Vol. 2 - N. 1 - 2007 - Febrero

Franciscanos Seglares en la Parroquia

Emanuela De Nuncio, ofs

El pontificio Consejo para los laicos ha dedicado a la renovación de la parroquia su última Asamblea Plenaria, llevada a cabo durante los días 20 al 23 de septiembre, 2006. Los trabajos de la Asamblea fueron inspirado también en la exhortación del Santo Padre Benedicto XVI a "…dar a la parroquia una patria interior para las personas –una gran familia en la cual experimentemos al mismo tiempo a la familia aún mas grande de la Iglesia universal, aprendiendo mediante la liturgia, la catequesis y todas las manifestaciones de la vida parroquial, un caminar juntos a través de la vía de la verdadera vida". (Homilía durante las Vísperas, Mónaco 10 Sep 2006). Estos conceptos resumen aquellas expresiones del No. 26 de la Exhortación apostólica Christifideles Laici, donde se afirma que en la parroquia esté presente y operante el misterio mismo de la Iglesia: "La parroquia no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio; es mas que todo ‘la familia de Dios, como una fraternidad animada del Espíritu de unidad’, es una ‘casa de familia, fraterna y acogedora’, es la ‘comunidad de fieles’. En definitiva, la parroquia está fundada sobre una realidad teológica, porque es una comunidad eucarística"

De lo relacionado por los expertos, de la mesa redonda y de las intervenciones en el aula han surgido, análisis, prospectos y puntos de reflexión de mucho interés para vivir, con renovada conciencia y con un estilo que responde a los "signos de los tiempos", la comunidad eclesial. Cualquiera de estos aspectos se dirigen directamente a los franciscanos seglares y requieren de nuestra reflexión, personal y comunitaria.

Todos los participantes han manifestado, que para repensar la parroquia y buscar la vía para renovarla, no basta hoy un maquillaje superficial o un ajuste estructural e institucional. Se necesita retornar a la verdad originaria. Se necesita compartir identidad cristiana. El cristiano es aquel que es incorporado a Cristo en el Bautismo: de aquí nace la nueva criatura, de esto parte hoy nuestro derecho y deber. En consecuencia del Bautismo, cada laico tiene el deber (y también el derecho) de trabajar –tanto individualmente como en forma asociada- para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y recibido por todos los seres humanos, en todo el mundo. Este deber debe estar aún mas presente en aquellas situaciones en las cuales solo a través de la mediación del laico los hombres pueden escuchar el Evangelio y conocer a Jesucristo.

Situaciones de este género se multiplican exageradamente, incluso en sociedades de antigua tradición cristiana: En un pasado, no tan lejano, la tradicional pertenencia a la Iglesia fluía casi naturalmente de una generación a la otra con el apoyo de instituciones, que parecían sólidas y duraderas: la familia, la escuela, las costumbres sociales, los ritos de la piedad popular. En pocos decenios todo esto se ha reducido a cero y cada vez son mas las personas que no tienen manera de encontrar la verdad fundamental de la fe. ¿Cuantos son los niños que no son bautizados porque los padres piensan que se trata de una escogencia que deben hacer autónomamente cuando sean adultos? ¿Cuántos son los niños que después de su Primera Comunión, ni siquiera se acercan más a la Eucaristía, porque sus padres no lo hacen y ninguno les ha mostrado la alegría y la fuerza de la unión íntima con Jesús? ¿Cuántos son los adultos contaminados en la cultura dominante, perneada de secularismo, relativismo y consumismo? Para todos estas categorías de personas, de distintas edades, el encuentro con la verdad de la fe puede venir solo en los ambientes de la vida cuotidiana: en el vecindario y con los amigos, en el trabajo y en las relaciones sociales, en los deportes y en las diversiones, en los compromisos solidarios y comunitarios. Es precisamente en estos ambientes que se destaca el papel insustituible del laico cristiano que ha escuchado el grito del Apóstol: "¡Que será de mi si no evangelizo!, buscando darle gloria a Dios, día a día, con el testimonio de la propia fe. Cfr. Reg. OFS, no.6)

El anuncio no es mas que un primer paso, porque debemos siempre considerarnos solo instrumentos de la Iglesia y a ella debemos devolver todo lo que nos ha enseñado para nuestro testimonio. Devolver a la Iglesia, significa, devolverle a la parroquia su sitial, como célula vital y lugar natural de la participación de los fieles a la Iglesia universal. Y aquí surge otro reto del laico cristiano: colaborar para que la parroquia no sea solo "estación de servicio" para la administración de los sacramentos ni tampoco "agencia" para la erogación de los servicios sociales. Transformar en todas partes a la parroquia en lugares de escucha religiosa, de acogida, de anuncio de la palabra de Dios y de encuentro con la Persona de Cristo, que sea una comunidad viva y viable, capaz de obtener mediante la catequesis a todos sus miembros, que es un derecho/deber ineludible para cada laico comprometido, incluso mas aún para las asociaciones, los movimientos y los grupos que operan en la parroquia.

A la forma de participación de los laicos a la vida parroquial se le ha dedicado mucho espacio en las relaciones y en las discusiones de la Asamblea. Pero también sobre este aspecto los problemas no faltan y han sido señalados con mucha franqueza. Primero, que todo: la resistencia de muchos párrocos a reconocer y valorizar el papel de los laicos, al cual le son requeridos varios servicios sin renunciar a pasar de la colaboración a la cooperación. Se trata de dos términos que no son sinónimos pero tiene cada uno valencia específica y propia: la colaboración expresa una responsabilidad compartida y orgánica entre el clero y los laicos, como consecuencia de la pari dignitá. Así también, admitiendo que la suplencia puede que algunas veces se vuelva necesaria, las intervenciones han manifestado con mucha fuerza la preocupación por una tendencia a la clericalización de los laicos, mientras han insistido con también la misma fuerza sobre la exigencia de la cooperación, en la cual los respectivos papeles permanezcan definidos y distintos.

Otro problema: la colocación de las asociaciones y de los movimientos en la parroquia. En el pasado se escogía, de la parte de la jerarquía, con cierta deferencia y preocupación la presencia y la actividad en las varias formas asociativas en la parroquia. Ahora este clima de incomprensión y casi de tensión ha sido superado, puesto que la parroquia se presenta más bien como "comunidad de la comunidad". Se parte así del concepto que la parroquia no es una entidad constituida de individuos solos y solitarios, sino mas bien de la suma y del encuentro de otra micro-entidad, a partir de la familia. La parroquia, así debe dar espacio a todos los dones del Espíritu y apreciar las riquezas ofrecidas de la entidad acumulada presente, colocándolos no como meros "contenedores" sino como "signos e instrumentos de comunión". Naturalmente, es fundamental que a través de los varios grupos sea efectiva la comunión y no la competencia, o peor incluso, ¡la rivalidad!

Antes de concluir, me parece oportuno llamar la atención a las normas contenidas, sobre esta misma temática, en nuestras Constituciones General. Encontramos una invitación explicita a la colaboración de las Fraternidades como tales, no solo de los franciscanos seglares individualmente, en la animación de la comunidad parroquial, en la liturgia y en las relaciones fraternas (art. 102.1), considerando además la cooperación con los otros grupos eclesiales también en el campo operativo (art. 103.1). Esta disposición me parece particularmente significativa y actual, tomando en cuenta que los franciscanos seglares siempre han tenido la tendencia a ser activos en la parroquia sobre todo en forma individualista, con prejuicio por el sentido de pertenencia a la propia Fraternidad y, al mismo tiempo, con un empobrecimiento de la contribución que la OFS puede ofrecer a la misma parroquia.

Me parece que, como la introducción, así también la conclusión de este artículo debe ser derivada de la palabra del Santo Padre. En la audiencia concedida a los participantes de la Asamblea el Santo Padre ha dicho: "Inspirándose en el modelo apostólico, así como aparece en los Hechos de los Apóstoles, la parroquia se reencuentra a si misma en el encuentro con Cristo, especialmente en la Eucaristía. Nutrida del pan eucarístico, ella crece en la comunión católica, camina en plena fidelidad al Magisterio y está siempre atenta a acoger y discernir sobre los diversos carismas que el Señor suscita en el Pueblo de Dios".

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