LISTA C I O F S

Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal

Volumen: 12 - N. 09 - 2006 - Marzo - I

Fuente: Koinonia, 2005, N. 4


La Eucaristía en la Vida y en la Misión de los Franciscanos Seglares
Introducción
“Partieron sin Demora” (Cf. Lc 24,33)

LA EUCARISTÍA EN LA VIDA Y EN LA MISIÓN
DE LOS FRANCISCANOS SEGLARES

Fr. Michael J. Higgins, TOR

(parte I)

Introducción

Como respuesta a la llamada del Papa Juan Pablo II a dedicar un año de reflexión a la Eucaristía, la Conferencia de los Asistentes generales decidió dedicar todos los números de Koinonia del año 2005 a este importante tema. Para este fin hemos considerado las cuatro partes principales de la Carta Apostólica del Santo Padre Mane nobiscum Domine como marco referencial de nuestras reflexiones [1].

Fr. Ivan Matić, OFM, ha concentrado su atención en la primera parte de la Carta, “En la línea del Concilio y del Jubileo”, y ha destacado cómo la vida de la Fraternidad franciscana tiene su origen en la Eucaristía. En consecuencia, la Fraternidad franciscana está íntimamente unida a la Iglesia que se alimenta – y encuentra su identidad y su razón de ser – en la Eucaristía. Fr. Ivan afirma que,

En este Año de la Eucaristía estamos llamados a hacer de cada uno de nuestros encuentros, de cada una de nuestras actividades y de todo lo que somos y hacemos, un himno de agradecimiento a Dios Padre; a vivir cada momento de nuestra vida como momento privilegiado donde se manifiesta la presencia de Aquel que está en medio de nosotros. Estamos llamados a crear en nuestras Fraternidades ambientes en los que se pueda experimentar la misericordia y el amor de Dios [2].

Fr. Ivan indica, además, que “en el proyecto de vida personal y de vida fraterna la Eucaristía debe ser la mesa que está en el centro, porque ella es la fuente y el culmen de nuestra comunión y de nuestra unidad, y de ella brota después toda nuestra acción y toda nuestra misión.” [3].

Después de haber reflexionado sobre la transición del papado de Juan Pablo II a Benedicto XVI, Fr. Martín Bitzer, OFMConv, ofrecía a continuación algunas reflexiones sobre la segunda parte de Mane nobiscum Domine: “La Eucaristía, Misterio de luz”. Observa que

“La Eucaristía es luz, ante todo, porque en cada Misa la liturgia de la Palabra de Dios precede a la liturgia eucarística, en la unidad de las dos «mesas», la de la Palabra y la del Pan.” [4].

Además, indica, que la triple realidad de la Eucaristía, banquete, sacrificio e impulso escatológico hacia el futuro desafía a todos nosotros a que seamos portadores de luz – en la práctica a ser portadores de la luz de Cristo al mundo.

En su aporte, Fr. Irudaya Samy, OFMCap, ha examinado algunas de las consecuencias que implica la comprensión de lo que es la “Eucaristía: Fuente y Epifanía de comunión”, la tercera parte de la Carta Apostólica. Indica justamente que,

S. Pablo nos recuerda que en virtud de la Eucaristía, el cristiano entra en comunión directa con Cristo (1Cor 10,17). La “fracción del pan” pone de relieve la naturaleza social y comunitaria de la Eucaristía. La comunión de los discípulos con Cristo se convierte en comunión recíproca entre ellos. Por esta unión con Cristo, la Eucaristía es el sacramento perfecto. Se sigue que la Iglesia y toda auténtica comunidad cristiana viven de la Eucaristía, la cual es al mismo tiempo sacrificio-sacramento, sacramento-comunión y sacramento-presencia. El cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, está constituido por la participación en su Cuerpo Eucarístico y animado por la vida del Espíritu [5].

Termina observando que “la fraternidad y la unidad tienen su fuente en la Eucaristía, es decir, participan del don total de Cristo” [6].

Quisiera concluir nuestra reflexión sobre la Mane nobiscum Domine dirigiendo una mirada franciscana a algunos puntos principales que Juan Pablo II subraya en la cuarta y última parte de la Carta Apostólica – “La Eucaristía, principio y proyecto de ‘misión’ ”. El Santo Padre divide sus observaciones sobre la Eucaristía y sobre la misión en esta cuarta parte de la Carta Apostólica en cuatro secciones (1) “Partieron sin demora”, (2) Acción de gracias, (3) El camino de la solidaridad, y (4) Al servicio de los últimos.

“Partieron sin demora” (Cf. Lc 24,33)

Juan Pablo II se sirve de la respuesta de los dos discípulo a Cristo Resucitado en camino hacia Emaús como paradigma para la misión cristiana. Indica que, cuando finalmente reconocen al Señor en la fracción del pan los discípulos “partieron sin demora” (Lc 24,33) hacia Jerusalén para poder compartir su alegría con los otros. El Santo Padre invita a todos nosotros a que tengamos una reacción similar a la de los discípulos hacia la presencia de Cristo en nuestra vida. Afirma que,

“Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose de su cuerpo y de su sangre, no se puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística, suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio[7].

El Papa indica claramente que la llamada a testimoniar la realidad de Cristo es un aspecto esencial de nuestra identidad cristiana. Afirma que “la Eucaristía es un modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse en la sociedad y en la cultura” [8]. Además, cada cristiano “asimile, en la meditación personal y comunitaria, los valores que la Eucaristía expresa, las actitudes que inspira, los propósitos de vida que suscita” [9]. Cuando la asimilación del verdadero significado de la profundidad y de la realidad de la presencia del Señor se convierten en una realidad en la vida del cristiano, la respuesta natural es el deseo de compartir este tesoro con los otros.

Mucho de cuanto dice Juan Pablo II en referencia a la acción de los discípulos a lo largo del camino hacia Emaús puede ser fácilmente aplicado a la experiencia que Francisco tuvo a lo largo de su experiencia de conversión. Así como los discípulos se deprimieron y se entristecieron después de la muerte del Señor, así también Francisco pasó por un período de depresión y de confusión en su vida. Es más, le llevó a implorar a Dios que le “iluminara las tinieblas” de su corazón mientras abría su alma ante el Crucifijo de San Damián. Como sucedió a los discípulos, que “partieron sin demora” después de haber encontrado al Señor Resucitado, cuando Francisco sintió la mano de Cristo sobre él, transcurrió el resto de su vida al servicio del Señor. En los veinte años posteriores el Santo de Asís se dedicó enteramente a la reconstrucción de la casa de Dios, a través de una vida de penitencia, de predicación itinerante, de fraternidad, y tendiendo la mano con amor hacia los pobres y los necesitados. En todo esto mostró ser un hombre eucarístico en el verdadero sentido de la palabra.

Tanto el ejemplo de San Francisco como las palabras del Santo Padre nos animan a tener una relación personal con Cristo crucificado y resucitado. Por la fuerza de esta vinculación – y alimentados por el cuerpo y la sangre del Señor en la Eucaristía – también nosotros nos sentimos interpelados a dedicarnos a la difusión del Evangelio. Como leemos en la Regla de la Orden Franciscana Seglar, el mandato franciscano es aquel de ir “del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio” [10]. Se trata de un camino bastante exigente y difícil para seguir al Señor. Requiere una “verdader asimilación de lo que la Eucaristía expresa” como dice la Carta Apostólica del Santo Padre. Solamente cuando recibimos esta fuerza, podemos donarnos en la misión.

Il punto esencial es éste: la eficacia de la vida y de la misión de los Franciscanos seglares (de todo franciscano/a) depende de la cualidad de su relación personal con Cristo Resucitado – y de su disponibilidad a dejarse conducir por el Señor dando testimonio del Evangelio.

Siguiendo los ejemplos de los discípulos de Emaús y de San Francisco, reconozcamos y celebremos la presencia del Señor en nuestras vidas y dediquémonos con amor a reconstruir Su casa, Su presencia en el mundo. La Eucaristía es fuente y alimento para nuestra vida y misión.

1 Juan Pablo II (2004) Carta Apostólica Mane Nobiscum Domine (MND) para el Año de la Eucaristía, Octubre de 2005, a disposión en la página web del Vaticano: http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_20041008_mane-nobiscum-domine_sp.html

2 Matić, Ivan (2005). “La Fraternità attinge la sua vita dall’ Eucaristia.”Koinonia. 12(45), p. 4.

3 Ibid., p. 2.

4 Bitzer, Martín (2005). “La Eucaristía, fuente de la Luz que ofrecemos al mundo.” Koinonia. 12(46), p. 6.

5 Samy, Irudaya (2005). “Eucaristía, fuente y manifestación de la Unidad Fraterna.” Koinonia. 12 (47), p. 4.

6 Ibid., p. 4.

7 MND, 24.

8 Ibid., 25.

9 Ibid., 25.

10 Regola OFS, 4.