LISTA C I O F S

Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal

Volumen: 11 - N. 43 - 2005 - Octubre - IV

Fuente: Boletín del CIOFS, 2005, N. 10


La OFS en la Iglesia
Mujeres de la OFS
“Mama Rosa”, una terciaria en el camino de la santidad

LA OFS EN LA IGLESIA

Mujeres de la OFS

“Mama Rosa”,
una terciaria en el camino de la santidad

fr.Claudio Bratti OFM

Eurosia Fabris nació en un pueblecito de la provincia de Vicenza (Italia) el 27 de septiembre del 1866. Ya desde jovencita se sentía especialmente atraída por la vida de oración y la vida con Dios. La oración la llevaba a una búsqueda constante de la voluntad de Dios y al deseo de adaptarse a éste continuamente. A los veinte años se casó con Carlo Barban, que era viudo y con dos hijas de 20 y de 4 meses. Después de una perseverante oración y habiendo pedido consejo a sus padres y a su confesor, aceptó la proposición de matrimonio de Carlo, percibiéndola como la manifestación de la voluntad de Dios para con ella. Se conmovió ante la situación de las dos pequeñas, como confió más tarde a su hermano Antonio: “el Señor mismo me ha puesto sobre este camino y yo me he dejado conducir por El. ¡Me he casado precisamente para sacrificarme! Me casé con el viudo Carlo por piedad de sus tiernas hijitas; para poder criar a estas pequeñas huerfanas. Les haré de madre y crecerán bien, porque me he propuesto educarlas para el Señor, como yo creía”. Además del marido y las dos hijas, Chiara Angela e Italia, Rosa encontró en aquella casa a su suegro y al cuñado.

Eurosia, llamada sencillamente Rosa, amó a las dos niñas como si hubieran sido verdaderas hijas; tuvo otros nueve hijos propios: tres de ellos, se hicieron sacerdotes (uno franciscano), otros se casaron formando familias unidas y numerosas, el último entró en el seminario pero murió mientras hacía el tercer curso en el Liceo. Chiara Angela se consagró al Señor en el Instituto de las Hermanas de la Misericordia tomando el nombre de sor Teofania; la otra hija, Italia, eligió el matrimonio.

Durante el periodo bélico 1915-1918, se le murió una sobrina mientras el marido estaba bajo las armas, dejando 3 hijitos: dos niñas y un varón de 10 meses. Ningún pariente se hizo cargo de tomarse la responsabilidad de los niños; Rosa, completamente de acuerdo con el marido y sobre todo confiando en la Divina Providencia, los acogió en su casa como hijos. De esta manera, Rosa ¡fue madre de catorce hijos!

En el 1916 fue fundada una comunidad de terciarios franciscanos en la parroquia de Marola, en el territorio de Vicenza. Estaba asistida por frailes Menores del cercano convento de Santa Lucía en Vicenza.

Eurosia Fabris de Barban fue de las primeras que se inscribió, seguida por el hijo Sante Luigi Barban, que también estaba casado y era padre de once hijos.

La espiritualidad franciscana dió a Rosa motivaciones de apoyo. San Francisco, partiendo del Evangelio, había centrado sus reflexiones sobre tres misterios de la vida del Salvador: la Encarnación, el Crucifijo y la Eucaristía y Rosa siguió sus huellas.

A menudo hacía referencia a la pasión del Señor y como consecuencia sentía horror por el pecado y compasión por los pecadores. Decía a sus hijos: “antes que convertiros en malvados y ofender al Señor, le ruego siempre y de todo corazón que os hiciera morir, para que estuviérais en su gracia”. Rezaba y ofrecía la fatiga de su jornada y sus sufrimientos para la conversión de los pecadores.

Su amor por la Eucaristía la llevaba a hacerse cargo de que la iglesia estuviese siempre adornada y limpia y que sus hijos se presentasen bien en la iglesia: “Ante el Señor tenemos que ser bellos en el alma y también lindos en el vestido”. Su comportamiento durante la oración era ejemplar: “en la iglesia, se mostraba con recogimiento, con las manos juntas o con el rostro entre las manos, rezando fervorosamente. Era diferente a las otras personas por su recogimiento”. Aprovechaba qualquier momento de silencio para orar.

Su reflexión sobre la pasión del Salvador hizo nacer en el corazón de Rosa un tierno amor por Dios, que la conducía a la obediencia y a la caridad.

Era obediente a los mandamientos de Dios y a los preceptos de la Iglesia. El periodo histórico en el que vivió Eurosia fue caracterizado en Italia por la llamada cuestión romana, consecuencia de la conquista del Estado Pontificio con el uso de la fuerza. Los ataques contra el Papa por parte de políticos, periodistas e intelectuales eran frecuentes. Mama Rosa sufría por esto y estaba convencida de que el Papa “es el vicario de Cristo, Nuestro Señor en la tierra, es el padre de nuestras almas. Quien ama al Papa, ama a Dios; por lo tanto hay que amarlo, respetarlo, obedecerle y rezar por él”.

La obediencia de mama Rosa se concretizaba en la búsqueda de la voluntad de Dios, lo que constituía su programa de vida. La veía manifestarse en las cosas menudas de la vida: un marido “huraño y duro”, un suegro sordo y enfermo difícil de contentar, un cuñado que fumaba cigarros, aficionado al juego y a las malas compañías. Rosa supo favorecerlos en las peticiones justas y conducirlos poco a poco, con las palabras y el ejemplo, a la corrección y acercamiento de las practicas religiosas. Intentaba satisfacer cada uno de los hijos, propios o adoptados, según el dictamen de una recta pedagogía. Rosa se santificó aceptando como una misión dictada por Dios, la de ser esposa y madre.

También la caridad de mama Rosa fue sencilla. Vivió en un periodo en el que se disponía de pocos ingresos, los efectos de la guerra del 1915-1918 en la economía se hicieron notar durante mucho tiempo y la pobreza estaba muy difundida. También la casa de los Barban era pobre, poseía buenos campos productivos pero habían viejas deudas que pagar y una familia numerosa que atender y alimentar. Rosa nunca quiso ser rica: “creo que si yo fuera rica, no estaría contenta como lo estoy ahora; Jesús y la Virgen fueron pobres”. Anhelaba imitar al Salvador: “También Jesús era muy pobre, y yo no deseo otra cosa sino el amor del Señor”. En aquella situación, mama Rosa podía dar lo que tenía: frutos del huerto y del corral, el tiempo transcurrido en los múltiples servicios y las palabras dichas en el momento justo. Se desprendía de la propia comida para socorrer a alguna familia pobre. Pequeñas cosas, pequeños servicios, muy comunes pero preciosos, de los cuales está llena la vida cotidiana.

Rosa era una costurera muy hábil y apreciada y tenía siempre un grupito de jovencitas a las cuales enseñaba el arte de coser, sin pedir ninguna retribución. Se comportaba con ellas como una madre, aprovechando cualquier ocasión para inculcarles los valores humanos y cristianos, las preparaba para formar familias cristianas.

Murió el 8 de enero de 1932. A través de las testificaciones declaradas en el proceso de canonización revelamos algunos aspectos del sencillo camino de santidad de Eurosia Fabris de Barban, para todos llamada mama Rosa: “Todo lo hacía para dar gloria a Dios y salvar las otras almas” (su hermano Antonio); “Toda la vida cotidiana de Rosa Barban estaba dedicada al perfecto cumplimiento de sus deberes de esposa y de madre” (una vecina de casa); “Vivía con fe activa y operante: era verdaderamente extraordinaria aunque se tratara de su sencilla vida familiar” (una alumna suya); “Ejercitaba su apostolado con el ejemplo y las palabras” (otra alumna). Su párroco resumió: “Toda la vida de Rosa Barban fue dedicada a Dios y a su familia”.

El pasado 22 de junio, a Eurosia Fabris Barban, la Iglesia le ha reconocido oficialmente un milagro. Pronto la Iglesia la proclamará Beata.

*De un artículo suyo publicado en la revista “TAU”