Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal
Volumen: 10 - N. 9 - 2004 - Febrero - IV
Fuente: Buletín CIOFS, 2003, n. 3
Hna. Antonella Perugini
Este año, 2003, contiene dos importantes celebraciones para toda la Familia Franciscana y para la OFS especialmente: el 750 aniversario de la muerte de Santa Clara y los 25 años de la aprobación de la nueva Regla de la OFS. Es por lo tanto un privilegio para nosotros, el publicar aquí el texto completo de la charla ofrecida por la Hna. Antonella Perugini, Presidente de la Federación de las Clarisas Capuchinas de Italia, en la Mesa Redonda "Recíproca comunión vital en la Familia Franciscana" que se llevó a cabo durante el Capítulo General de la OFS en Noviembre de 2002.
Yo le agradezco a la Ministra y al Asistente General de la OFS por la invitación fraterna para participar en esta mesa redonda la cual manifiesta la unidad viva de los diversos componentes de la familia franciscana. Me permito también expresar en palabras los sentimientos, actitudes y aspiraciones que experimento viviendo con todas las hermanas de la Orden de las Clarisas Capuchinas.
Estoy profundamente convencida que lo que nos une es cuantitativamente y cualitativamente mucho mas que lo que nos distingue uno del otro, pero de verdad las distinciones también existen y su complemento constituye una riqueza recíproca que contribuye a completar y hacer mas auténtica la cara del franciscanismo, relacionándolo fielmente al carisma, que podemos definir como universal, de Francisco y Clara, y al designio providencial de Dios como ha sido demostrado en el curso de los siglos de la historia.
La identidad de las Clarisas Capuchinas puede ser encontrada en la interpretación clariana de la minoridad, que toma las dimensiones de lo escondido, del desapego radical, en la espiritualidad de kenosis como una vía hacia la gloria, como fruto de una existencia de oración en contemplación y alabanza. Nuestra Orden intentó volver a la inspiración originaria, asumiendo la Regla de Santa Clara viviendo en una gran pobreza, austeridad de vida, simplicidad en la vivencia fraterna, que adquiere en el claustro una expresión eucarística que es el de hacerse pan compartido entre todas, y por encima de todo una vida de constante oración día y noche.
La identidad específica dentro de la Familia Franciscana lleva a mi mente y a mi cuerpo, a mi espíritu, la imagen, tan querida, de Santa Clara, del espejo. Yo creo que todos nosotros estamos llamados a reflejar nuestras almas cada día en aquel espejo que es Jesucristo "esplendor de la gloria eterna, claridad de la luz eterna, y espejo sin mancha" y divisar nuestra imagen en él continuamente, así como nuestra identidad cristiana, trabajando en la historia en las situaciones concretas de la vida, dejándonos iluminar y transformar a través de la "pobreza beatífica, santa humildad e inefable caridad" que "alumbra en aquél espejo" (CAg 4, 14ss). Para nosotros, clarisas, recae el deber, encomendado a nosotras por Clara en el Testamento (Test vv 19-23), de brillar como un espejo hacia cada uno, porque todos juntos podemos transformarnos en espejos, para todos esos que viven en el mundo y especialmente para los hermanos y hermanas quienes en el mundo y en la Iglesia viven en el espíritu de Francisco y Clara.
Un deber "tan elevado" como lo define Clara, por el cual, ella continua, "estamos comprometidos extremadamente a bendecir y alabar al Señor y crecer mas cada día en bondad" (Test 21-22) con "disponibilidad solícita y atención de espíritu y de cuerpo" (cfr. Test 18).
Esta es una vocación que alumbra la vida y la llena de entusiasmo y alegría. Es una vida difícil la cual, en sus experiencias diarias, las personas y las comunidades corren el riesgo de la banalidad y la derrota cuando uno abandona el "primer amor" (ver Ap. 2, 4 - Carta a la Iglesia de Ephesus), cuando el espejo se transforma en opaco por el egoísmo, y todas las otras formas de egocentrismo, o por condicionamientos culturales y sociales, que siempre, históricamente, a través de los siglos, han ofuscado la transparencia del carisma, al cual nosotros estamos particularmente sujetos en nuestros días, cada vez que el sano discernimiento del espíritu falta, haciendo imposible que podamos asumir los retos, para comprender los signos, permitiéndonos escapar en extremos de conservación u otros de moda en el momento, o con impulsiva repulsión. Incluso hoy experimentamos, en la vida contemplativa, el gran peligro que los viejos maestros definían como "akedia", significando la indolencia espiritual de una naturaleza que nos llevaría a preferir el ir sin rumbo hasta la muerte.
La "recíproca comunión vital" de los diversos componentes de la familia franciscana consiste en la misión común de nuestra fraternidad. Ustedes también son espejos para nosotros, para que nosotros nos sintamos apoyados y confortados en nuestra vocación. Yo compartiré con el P. Giacomo Bini lo que el escribió en su carta, un mensaje a todas las Clarisas, Clara de Asís: un himno de alabanza: "Como hermanas y hermanos de Clara y de Francisco, tenemos un mensaje bien definido que anunciar, aunque de diversas maneras; nuestras Reglas indican claramente los elementos fundamentales que caracterizan este camino." Estos elementos son: vivir el Evangelio y las consecuencias de su testimonio; el camino de la cruz que nos lleva a la gloria, y consecuentemente, a la esperanza: ¡iquest;la dimensión mas escasa y mas necesaria en el mundo de hoy! El complemento teocéntrico basado en la Palabra de Dios, la experiencia del exodus: huéspedes y peregrinos en este mundo, repitiendo diariamente con Clara: "Bendito seas tu, Señor, quien me ha creado" (Proc. III, 20, Leg. C 1-46) y como ella tener una visión del "Rey de la Gloria". Ustedes, queridos hermanos y hermanas de la OFS, viven estos valores santificándose en el mundo y transformando las realidades del mundo desde dentro con la fuerza inspiradora del Evangelio el cual, a través del Espíritu, renueva cada cosa, re-crea todas las cosas, y renueva la faz de la tierra. Nosotros tenemos en nuestros corazones cada realidad, cada situación, cada persona, cada criatura, ofreciéndolas con nosotros al Padre con agradecimiento y súplica, transformándonos en un "cántico de las criaturas" como Clara, junto con Francisco. Como ellos, nosotros todos estamos llamados a proclamar en el mundo la "verdad" de las "Bienaventuranzas", su actualidad.
Con alegría comparto con ustedes la continuidad vocacional de mi experiencia existencial: atención a la presencia secular / comprometido con la contemplación en la vida del claustro con la misma ruta a seguir: observar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo. Manteniendo siempre delante de mi el sueño -- si puede ser llamado sueño - de ser "colaborador con Dios mismo, quien apoya a este débil y vacilante miembro de su inefable cuerpo" (ver CAg. III, 8) así que el mundo tendrá vida, tendrá paz, la Iglesia, unidad, toda la humanidad, salvación en Cristo.
Así que, para todos los hombres y mujeres que viven en todo el mundo hoy, me gustaría decirles: estén siempre y en todas partes, en la familia y en su ambiente social y político, constructores de unidad y de paz. A todos los cristianos, además, yo les dijera en particular: sean testigos transparentes de las "Bienaventuranzas", no tengan miedo del "alto grado de la vida cristiana ordinaria", no tengan miedo a "remar mar adentro".
Las hermanas Clarisas con alegría y afecto recibieron la carta enviada por la presidencia del CIOFS para expresar los sentimientos de los franciscanos seglares en ocasión del 750 aniversario de la muerte de Santa Clara. Esto es evidente por los mensajes enviados por algunas de las comunidades contemplativas: la Federación de Clarisas de Castilla, el Monasterio de Tenerife en las Islas Canarias, el Monasterio de las Clarisas Capuchinas de Adda (Italia).
De importancia particular y muy emocionante es la larga carta que llegó del Monasterio de Kigali (Rwanda). La abadesa escribe: "Quisiéramos por encima de todo, alegrarnos con ustedes por su testimonio y comunión fraterna por esta misma iniciativa; toda la familia franciscana está muy feliz porque todos hemos recibido el mensaje que circula de un solo corazón. Es un regalo para las hermanas clarisas en este centenario de nuestra madre Santa Clara". Y además: "Su bendición común cae sobre todas nosotras, sus hermanas de Rwanda, quienes vivimos en un país tan necesitado de esta presencia que testimonia la verdad de los grandes valores".