LISTA C I O F S

Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal

Volumen: 9 - N. 15 - 2003 - Abril - II

Fuente: Koinonia, 2003, n. 1


BODAS DE PLATA DE LA REGLA DE LA O.F.S.
Presencia activa de los Francescanos segalres en la Iglesia y en el Mundo
La vocación de los Franciscanos Seglares
Participación en la vida de la Iglesia

BODAS DE PLATA DE LA REGLA DE LA O.F.S.

24 de junio de 1978 -- 24 de junio de 2003

PRESENCIA ACTIVA DE LOS FRANCESCANOS SEGALRES EN LA IGLESIA Y EN EL MUNDO

Fr. Ivan Matic', OFM

(Parte II)

La vocación de los Franciscanos Seglares

No se puede reflexionar sobre la presencia activa de los Franciscanos seglares en la Iglesia y en el mundo, sin tener presente la naturaleza y la identidad misma de la vocación de los franciscanos seglares. Respondiendo a la llamada de Dios, los franciscanos seglares eligen, con la profesión de la Regla, formar parte de una Fraternidad, de una Orden, y vivir una forma específica de vida en la Iglesia y en la sociedad.

Y ¿cuál es la forma de vida? Para su comprensión, nos ayudan los documentos de la OFS, de manera particular la Regla y las Constituciones Generales, donde encontramos, de modo sistemático y sintético, las respuestas concernientes a la forma de vida y a la actividad apostólica de los franciscanos seglares [1] .

Tomamos en esta reflexión sólo algunos artículos del segundo capítulo de la Regla y de las Constituciones, que son significativos para entender la forma de vida y la misión de los franciscanos seglares. En el artículo cuarto de la Regla leemos: «La Regla y la vida de los franciscanos seglares es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís, que hizo de Cristo el inspirador y centro de su vida con Dios y con los hombres» [2] .

Aquí encontramos una respuesta fundamental. La forma específica de vida es: vivir el Evangelio según el ejemplo de San Francisco, colocando a Jesucristo en el centro de la vida, como inspirador de una relación auténtica, tanto con Dios como con el prójimo, aprendiendo así el por qué y el cómo vivir, amar y sufrir [3] . Podemos decir que los franciscanos seglares comprenden toda la realidad y profundidad de su llamada, que es una vocación específica en la realidad eclesial y social.

Los lugares privilegiados, donde los franciscanos seglares están llamados a vivir y testimoniar su fe son: la familia, el mundo del trabajo, el diálogo y el encuentro con los hombres, porque todos somos hermanos en el mismo Padre, la presencia y participación en la vida social, la relación fraterna con todas las criaturas, etc... [4] .

Participación en la vida de la Iglesia

Un tema que justamente consideramos fundamental en la vida de los franciscanos seglares es el de su presencia en la Iglesia, es decir, el tema de la eclesialidad. Esto tiene su fundamento histórico en la actitud personal de San Francisco. Cada paso de su vocación está corroborado por un gran amor a la Iglesia, comenzando por el encuentro con el Crucificado en la iglesia de San Damián, donde oyó las palabras del Señor: «Francisco, vete y repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo» [5] . Desde aquel momento, Francisco se puso a realizar, con profundo amor, el deseo del Señor.

Este espíritu eclesial de la espiritualidad franciscana, basada en el ejemplo personal de Francisco, está caracterizado no sólo por un compromiso de estricta obediencia y sumisión a la autoridad de la Iglesia, sino sobre todo por el amor, el afecto, el deseo de servir a la Iglesia, de ampararse en su obra pastoral para el bien de las almas; está fundado sobre todo en la visión de fe que ve en la Iglesia la presencia de Dios , es decir, su dimensión sobrenatural.

Como miembros vivos de la Iglesia, los franciscanos seglares con su forma de vida son convocados por el Espíritu para estar al servicio del Reino de Dios en las realidades donde viven, continuando de este modo la obra de restauración de la Iglesia: «Sepultados y resucitados con Cristo en el Bautismo, que los hace miembros vivos de la Iglesia, y a ella más estrechamente vinculados por la Profesión, háganse testigos e instrumentos de su misión entre los hombres, anunciando a Cristo con la vida y con la palabra» [6] .

Para la restauración de la Iglesia no debemos pensar en cosas grandes, sino sencillamente ver la realidad donde vivimos como franciscanos y allí, en aquella realidad, con fe y con amor, comenzar a reconstruir todo aquello que se halla "en ruina". Así, donde hay odio, llevar amor; donde hay discordia, llevar la paz; etc...

Los franciscanos seglares hallan la fuerza para testimoniar este espíritu de comunión y de amor, sobre todo, en la estrecha comunión sacramental en la Iglesia. Leemos en la Regla: «Inspirados en San Francisco y con él llamados a reconstruir la Iglesia, empéñense en vivir en plena comunión con el Papa, los Obispos y los sacerdotes, en abierto y confiado diálogo de creatividad apostólica...Participen de la vida sacramental de la Iglesia, especialmente de la Eucaristía, y asóciense a la oración litúrgica en alguna de las formas propuestas por la misma Iglesia, reviviendo así los misterios de la vida de Cristo» [7] .

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  1. Cfr. Regla 4-19; CC. GG. 8-27.
  2. Regla 4.
  3. Cfr. CC.GG. 10.
  4. Cfr. CC. GG. 12,1.
  5. 2C. 10.
  6. Regla 6.
  7. Regla 6.8.