Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal
Volumen: 5 - N. 20 - 1999 - Mayo - II
Fuente: Koinonia, 1998, N. 4
Fr. Ben Brevoort OFMCap
(Parte II)
La solidaridad lleva a la transparencia en la administración financiera de la fraternidad. Porque es entregado en espíritu de familia, con gran confianza, merece recibirse con gratitud, administrarlo con cuidado y gastarlo responsablemente. Los recursos económicos de la fraternidad pertenecen a todos los miembros de la fraternidad, que han confiado al Consejo el compromiso de decidir sobre el destino que se han de dar a los fondos y de dirigir los negocios económicos de la fraternidad (Cfr. Const. 50,e). El Tesorero debe rendir cuenta de su administración a la Asamblea y al Consejo de la Fraternidad ( Const. 52,4,c). La Regla dice (Art. 11) que sean conscientes, en conformidad con el Evangelio, de ser administradores de los bienes recibidos y no propietarios.
La participación de todos los hermanos y hermanas en los negocios económicos de la fraternidad no se limita sólo a dar la cuota. Participan también en la revisión de cuentas y deben sentirse implicados e interesados en los negocios económicos de la fraternidad. Para hacerlo, es necesario que el Consejo deje los libros al Capítulo y a la Asamblea de la fraternidad, consintiendo así a los hermanos que se hagan una idea clara acerca de la situación económica y financiera de la fraternidad. La solidaridad no debe limitarse a la sola fase del dar. Se parctica también en la fase de administrar y de gastar.
También aquí la solidaridad se practica en primer lugar en el Consejo de la fraternidad. Los miembros del Consejo tienen derecho a saber exactamente la situación económica de la fraternidad, y deben saberlo para poder tomar decisiones adecuadas al respecto. Por lo tanto, es necesario que el tesorero dé cuenta de su administración en el Consejo.
Solidaridad y transparencia no son posibles sin revisiones. Las oportunas revisiones económicas son expresión de solidaridad para ayudar al Tesorero y al Consejo en la gestión económica de la fraternidad. Por esta razón, deben ser regulares y habituales, no sólo esporádicas y arbitrarias. La transparencia económica que se desprende, implica a todos los miembros de la fraternidad en la gestión económica, y les hace más disponibles en la contribución. Las revisiones económicas consienten, además, que la fraternidad absolva al Consejo de sus responsabilidades económicas, finalizado el mandato.
En su relación al Capítulo general de 1996, la Ministra general, Emanuela De Nunzio OFS, dice: La autonomía externa exige estructuras independientes, con sede propia y autofinanciación, es decir, la posibilidad de poner en acción programas propios sin tener que recurrir a la ayuda de otros, se trate de organizaciones o de personas privadas, religiosas o seglares ( Atti, Roma 1997, pp. 100-101).
Para todos los niveles sirve el que la fraternidad será autónoma sólo si logra poner en práctica programas propios sin tener que recurrir a la ayuda de otros. Esto sirve también para los recursos humanos y financieros. Una fraternidad local será autónoma y tendrá vida propia si logra hallar entre sus miembros las personas necesarias para guiar y animar la fraternidad y los recursos materiales y económicos de los que tenga necesidad. Para ser autónoma, la fraternidad deberá autofinanciarse, al menos para las actividades normales y cotidianas.
Cualquier autofinanciación requiere un presupuesto donde los gastos no superen las entradas. Una financiación deficitaria, donde los gastos superen las entradas, por definición cuenta con ayudas externas, ya sean entregadas en forma de préstamos, ya sean a fondo perdido. Para autofinanciarse, la fraternidad deberá equilibrar su presupuesto: reducir los gastos, aumentar las entradas o hacer las dos cosas al mismo tiempo. Es un trabajo harto difícil, que presupone una formación paciente y constante, sobre todo donde la fraternidad está habituada a apoyarse en otros para su vida. La autonomía es preciosa y es necesaria para la OFS, porque la autonomía, con la unidad y la secularidad, representa una única realidad. No habrá una OFS totalmente autónoma si no está unida, no habrá una OFS verdaderamente secular, si depende de los religiosos ( id. p. 101).
La autofinanciación no es sólo ni siquiera principalmente una realidad económica y financiera. La autofinanciación se basa en la determinación de la Fraternidad y de sus miembros en querer ser autónomos, libres en la decisión de la propia vida. Una vez adquirida esta voluntad, la autofinanciación se revela posible, aun en situaciones económicamente difíciles y pobres. Sin esta forma mentis, sin esta formación hacia la autonomía, la autofinanciación parece muy difícil e imposible. Es una utopía pretender llegar a la autofinanciación y a la autonomía, con medidads exclusiva o principalmente económicas.
La autofinanciación, como la autonomía, se basa en la voluntad de los hermanos y de las hermanas que componen la Fraternidad y no en su situación económica. Una Fraternidad que quiere autofinanciarse debe comenzar con un programa de formación hacia la autonomía, la solidaridad y la transparencia en sus relaciones, no sólo en el campo económico y financiero, sino en la vida de la Fraternidad. Sólo así la Fraternidad llegará a ser ella misma y a vivir plenamente el Evangelio en el proprio estado secular.
6. ¿Cómo aumentar las entradas?
Es necesario ser creativos y asegurarse la colaboración de toda la Fraternidad.
Un modo muy usado es el de la cuota libre y secreta, donde cada uno entrega una aportación en la medida de las propias posibilidades. Este método es válido siempre que los miembros conozcan las necesidades de la Fraternidad, compartan sus programas, estén dispuestos a mantener los gastos financieros y tengan confianza en el Consejo y en el Tesorero.
Por falta de presupuestos, muchas Fraternidades establecen unas cuotas fijas que se entregan periódicamente. Una parte de éstas las consideran obligatorias, otras indicativas o mínimamente obligatorias que se incluyen con las cuotas libres. Es el método más usado en todos los niveles superiores: regional, nacional e internacional.
La existencia de este método, sin embargo, indica a menudo la falta del sentido de solidaridad y de corresponsabilidad en la vida de la Fraternidad. Cada vez que un Consejo insiste e impone sanciones, más o menos severas, para obtener un cierto resultado, debe interrogarse sobre el por qué de este fenómeno. La causa principal casi nunca es una pobreza económica o medios financieros insuficientes de los miembros de la Fraternidad. A nivel local, la causa principal ha de buscarse en la falta de transparencia financiera del Consejo o en la falta de confianza de los miembros en la obra financiera de los miembros seglares del Consejo. En los niveles superiores, a menudo se produce por la falta de información y de solicitud de parte del Consejo superior, y una falta de implicación o de responsabilidad de parte de las Fratrnidades contribuyentes en el funcionamiento de la Fraternidad de nivel superior. Es también cierto que cualquier Fraternidad que no logra autofinanciarse, tendrá grandísimas dificultades para colaborar en la financiación del nivel inmediatamente superior.
Otras opciones, sobre todo a nivel local, se han de emprender junto con las actividades retributivas. Muchas fraternidades africanas tienen un campo común, que lo trabajan los miembros de la fraternidad, cuyos frutos son destinados a la caja de la Fraternidad. Otras Fraternidades tienen un laboratorio u organizan rastros, o hacen adobes y los venden, limpian coches, venden billetes de partidos de futbol, vigilan los coches aparcados, organizan tómbolas o conciertos de cantos, venden dulces o pasteles a la puerta de las iglesias o preparan platos típicos para llevar a casa, etc...
Es necesario ayudar a cada miembro a concretar su compromiso económico para con la Fraternidad. Hay miembros que destinan un árbol para la OFS, y todos sus frutos son para la OFS. Otros tienen una gallina o una cabra propiedad de la OFS. La cuidan y lo que sacan cada mes se lo entregan a la Fraternidad. Otros miembros, cada vez que preparan la comida, ponen a parte una o dos cucharadas de arroz o de mandioca, y, al final del mes, lo recogido se vende para la OFS. Conozco un médico que destina a la OFS el honorario que recibe del primer cliente que llega el primer lunes de cada mes. Otros han establecido un tanto por mil de su salario para la OFS.