LISTA C I O F S

Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal

Volumen: 5 - N. 19 - 1999 - Mayo - I

Fuente: Koinonia, 1998, N. 4


Economía y Fraternidad (Parte I) - Fr. Ben Brevoort OFMCap
1. Introducción
2. El que paga posee
3. Solidaridad

Economía y Fraternidad

Fr. Ben Brevoort OFMCap

(Parte I)

1. Introducción

Parece una contradicción, hablar de economía y fraternidad. Con demasiada frecuencia la economía produce rupturas en la fraternidad, crea problemas, fomenta discordias. Si la fraternidad no dispone de medios económicos suficientes, la vida de la fraternidad languidece y muchas iniciativas mueren sin dar fruto por falta de un soporte económico y financiero. Por otra parte, si la fraternidad dispone de medios económicos abundantes o de un patrimonio substancial, el problema de gestión de los fondos o del patrimonio se sobreponen a la animación y a la guía de la fraternidad. A pesar de esto, la Regla ( Art. 25), determina que todos los hermanos y hermanas ofrezcan una contribución... para los gastos... de la Fraternidad.

Hablando en las visitas sobre la responsabilidad de que las Fraternidades contribuyan a los gastos de los Consejos de nivel superior ( Reg. 25), frecuentemente se responde : Nuestras fraternidades son pobres, a duras penas mantienen la propia vida, no pueden contribuir a los otros Consejos. O también: No hablemos más de dinero, damos un servicio generoso y desinteresado a la fraternidad y esperamos lo mismo de los Consejos de nivel superior. Otras veces dicen: Desde cuando contribuimos a los gastos de los Consejos de nivel superior, recibimos un servicio más calificado y solícito. O también: Desde cuando las fraternidades locales contribuyen a nuestros gastos, se hallan mucho más implicadas en la vida de la Orden a nivel nacional e internacional.

2. El que paga posee

Cada fraternidad necesita de medios económicos para su vida, para su servicio y para las obras de culto, de apostolado y de caridad ( Reg. 25). También cada Consejo precisa de medios económicos y financieros para desarrollar su servicio y animar y guiar la fraternidad. No existe hoy una fraternidad, en cualquier nivel y en cualquier país, que viva sin que alguno gaste dinero.

Para la vida de la fraternidad es importante saber quién gasta, pero todavía más importante es saber quién paga, es decir, saber quién o de dónde provienen los dineros. Es bueno recordarse de una de las reglas fundamentales de la economía, es decir: el que paga, posee.

Una fraternidad que vive de la contribución proporcionada a las posibilidades de cada uno... de todos los hermanos y hermanas ( Reg. 25), es propiedad de todos los miembros y todos se sienten implicados y responsables. Una fraternidad que cuenta con otras aportaciones, deberá, antes o después, dar cuenta a aquel o a aquellos que la suministran medios económicos para sobrevivir. Los casos son variados y diversísimos, pero siempre es verdad que quien paga, posee.

Hay fraternidades en todos los niveles, donde el Ministro o los miembros del Consejo, se hacen cargo de todos los gastos del Consejo o de la fraternidad. Con frecuencia, son personas muy generosas, que lo hacen con la mejor intención. No quieren saber nada de reembolso de gastos o de saldar el debe o el haber ( Fil. 4,15 ). Trabajan como el apóstol Pablo, de balde, sin aprovecharse del derecho que comporta el servicio ( 1Cor. 9,18 ). La fraternidad, por su parte, manifiests reiterativamente su alegría por tener un Ministro o miembros del Consejo que obran así.

Otras fraternidades se apoyan en los religiosos que les prestan asistencia espiritual, para que les ayuden en sus gastos. La fraternidad es huesped del convento o de la parroquia, usa la sala para las reuniones, la luz y el agua, se sirve de los medios de comunicación o de transporte de los religiosos, todo sin saldar el debe o el haber. Ambas partes se sienten contentas, los religiosos porque pueden contar con el apoyo de la fraternidad para sus actividades, y la fraternidad porque ha encontrado un lugar seguro y protegido para su vida.

Algunas fraternidades, en fin, cuentan con un patrimonio acumulado en el pasado o con aportaciones económicas extraordinarias, como herencias, legados o donaciones, provenientes de dentro o de fuera de la fraternidad. Se consideran felices de poder proveer a sus necesidades sin que cada uno de los miembros se esfuercen por hacer frente a los gastos necesarios para las obras de la fraternidad.

Continúa siendo válido: quien paga, posee. Será el Ministro o los miembros del Consejo; será el Asistente espiritual o los religiosos; será el gestor o el Consejo de animación el que determine la vida de la fraternidad. Las elecciones y las opciones concretas y valientes, adecuadas a la situación de la Fraternidad ( Const. 50) se llevan a cabo en función de la situación concreta de la fraternidad. Si la vida de la fraternidad depende de la contribución, económica o de otra especie, de una sola persona o de un grupo de personas, es imposible el que no se muestre un gran respeto a sus deseos.

Sólo en el caso en que la fraternidad, para su vida, depende de la contribución proporcionada de todos sus miembros, ésta es libre al hacer las propias opciones en función de su propia vida y de las necesidades de todos los miembros. Sólo en este caso todos pagan y, por lo tanto, todos poseen.

3. Solidaridad

Las Constituciones Generales ( Art. 30,3) dicen, además, que la contribución proporcionada se entrega con espíritu de familia. Son dos términos que se leen en clave de solidaridad. Las aportaciones de los hermanos y de las hermanas no se consideran actos aislados, sino unidos, medidos tanto a las propias posibilidades, como a la situación de la familia, es decir, de la fraternidad con todos sus miembros. La contribución económica es expresión de solidaridad y de fraternidad.

La contribución hecha con espíritu de familia, significa que se da espontáneamente, libre y sin obligación. Significa que es considerado como algo proprio, una contribución dada a la propia familia, no como un don entregado o una deuda pagada a extraños. No todos los miembros de la familia tienen las mismas posibilidades: hay quien trabaja, quien estudia, quien está sin trabajo, quien vive con la pensión, etc... Es natural que estas diferencias sean tomadas en consideración, de parte de la fraternidad y de parte de quien da la contribución.

Por una parte, la fraternidad debe comprender a quien tenga posibilidades económicas limitadas y, por lo tanto, no puede contribuir mucho. Se deberá esperar y eventualmente insistir, para que los hermanos y las hermanas más desahogados ofrezcan una aportación de acuerdo con sus posibilidades más amplias.

Por otra parte, todos los hermanos y hermanas deben tener conciencia de que han de entregar una aportación de acuerdo con las propias posibilidades. Los hermanos y hermanas económicamente mejor situados deberían sentirse obligados a ofrecer unas contribuciones más substanciales. Pero también los hermanos y las hermanas económicamente pobres deberían sentirse obligados a contribuir con el proprio óbolo. Todas las contribuciones son importantes para la fraternidad, como son importantes todas las contribuciones a la vida de la familia, desde el más pequeño hasta el más anciano. En fraternidad, el óbolo de la viuda es tan importante como el cheque del hermano rico.

La solidaridad comienza en la propia fraternidad, entre los miembros de la fraternidad local, donde todos deben aportar según las propias posibilidades. Se requiere una obra de paciente y constante formación de parte del Consejo para llegar a esta concienciación. No basta con establecer una cuota fija que debe ser entregada cada mes. Una tal contribución está vacía de solidaridad. Una contribución igual en términos contables no es igual en relación a las posibilidades económicas de cada uno de los miembros y es una carga mayor para los miembros más débiles de la fraternidad. Aprender a contribuir con espíritu de familia... según las propias posibilidades (Const. 30,3) es aprender a vivir en fraternidad y en solidaridad con todos los hermanos.

Solidaridad significa que cada uno ofrece, con la misma generosidad y con el mismo compromiso, lo que es capaz de ofrecer de acuerdo con las propias posibilidades. Solidaridad significa también que las cuotas se juntan y se usan para las necesidades de la fraternidad, y de todos sus miembros. También sobre las salidas el espíritu de familia es importante. Porque no sólo las cuotas deben medirse de acuerdo a las propias posibilidades. También los gastos deben hacerse en espíritu de familia, donde no todos los miembros tienen las mismas necesidades. Un hermano minusválido tiene distintas necesidades que un hermano que se mueve con facilidad, un hermano médico o notario tiene obligaciones diversas que mantener que un hermano bracero o agricultor. Una fraternidad con unos diez miembros tiene necesidades diversas a la que tiene un centenar; una fraternidad que lleva a cabo grandes obras de caridad tiene necesidades diversas de la que echa una mano a la Caritas diocesana o parroquial.

Cuanto se ha dicho sirve para las fraternidades en todos sus niveles: local, regional, nacional e internacional. Con la única diferencia de que los niveles superiores inviten a las fraternidades ( Reg. 25) a dar su contribución económica para el funcionamiento de las Fraternidades de nivel superior (Const. 30,3). También aquí vale que todas las fraternidades deben contribuir en espíritu de familia, según la medida de sus posibilidades. También aquí la solidaridad significa que todos dan la cuota que pueden dar y reciben el servicio del que tienen necesidad. También aquí se necesita llevar a cabo un trabajo formativo, paciente y constante, para que todas las fraternidades sean conscientes de su deber de contribuir a las necesidades de toda la Orden, en todos los niveles.