LISTA C I O F S

Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal

Volumen: 5 - N. 11 - 1999 - Marzo - II

Fuente: Carta a los Asistentes, 1998, N. 4


Dialogar con los Musulmanes
Hermandad (Fraternitas)
Estilo e vida sencilla, servicio humilde (Minoritas)
Consciencia de Dios (Pietas)
Conversión: obra del Espíritu
Amigos de San Francisco

DIALOGAR CON LOS MUSULMANES

de Erwin Schoestein, OFM,
de la Provincia de San Pedro Bautista de Filipinas

Erwin nos ha escrito: "No soy un perito del diálogo Cristiano-Musulmán, y menos aún de cómo ser asistentes espirituales de la OFS. Sin embargo, he tenido una cierta experiencia en ambos campos y he tenido el privilegio de ser maestro de novicios aquí durante diez años y esto puede ayudar a comprender mi modo de hacer frente a vuestra petición".

Nosotros, Franciscanos en el mundo y en la propia Iglesia, debemos aprender a dialogar con los musulmanes. Su presencia en casi todas las naciones del mundo es un fenómeno de importante actualidad y según las últimas estadísticas son más numerosos que los católicos (1998 World Almanac). Nuestro modo de relacionarnos con ellos no puede ser el mismo que en la Edad Media, hecho de guerras y cruzadas. Debemos aprender a saber ver y apreciar lo bueno que hay en el Islam y darnos cuenta, como lo hizo Francisco, de que todo lo que hay de bueno (en sus escritos) no pertenece a ellos sino a Dios, a quien pertenece todo bien (1Cel 82). Por tanto, hay también cosas buenas en otras religiones y Dios es la fuente de ellas.

En el capítulo dieciséis de la Regla no bulada, nos describe Francisco cómo Dios, a quien pertenece todo bien (1Cel 82). Por tanto, hay también cosas buenas en otras religiones y Dios es la fuente de ellas. En el capítulo dieciséis de la Regla no bulada, nos describe Francisco cómo debemos relacionarnos con los musulmanes. Ante todo nos dice que no promuevan discusiones y controversias, que se sometan a toda humana criatura por amor de Dios y confiesen que son cristianos. Después, cuando nos pregunten sobre nuestro estilo de vida y sobre nuestra fe, no debemos incluirlos en nuestras convicciones católicas. Los musulmanes no son todos iguales en todas las partes del mundo; pero, prescindiendo de cómo ellosse relacionen con nosotros, creo que nuestra aproximación a ellos debe recalcar lo de San Francisco. Quisiera compartir ahora con vosotros algo de nuestra experiencia en Balo-i, Lanao del Norte, en Filipinas. Balo-i es musulmana en un 97% y todos nuestros vecinos son musulmanes. Nosotros, los Franciscanos, hemos vivido aquí durante 15 años, tratando de ser hermanos para ellos. He tenido experiencias agradables con ellos y no he recibido ningún daño por su parte. Otros, por el contrario, han sufrido daños. En 1985 nuestra capilla católica fue quemada por completo. Una granada explotó fuera de nuestra casa. Hubo un intento de secuestro. Recientemente ha habido dos intentos, con un intervalo de dos días, de dar fuego a nuestra nueva capilla y a nuestra casa. Pero todo esto ha sido solamente obra de algunos individuos o de pequeños grupos rebeldes que quieren desacreditar al gobierno, de políticos que quieren manifestar su propia frustración por la pérdida de las elecciones, de jóvenes drogadictos, de fundamentalistas que quieren una comunidad de solos musulmanes. Para completar el cuadro debería añadir que la visión de la Iglesia aquí es la del diálogo de vida y fe con los Musulmanes, por lo cual nosotros, los Franciscanos, no somos los únicos que tratamos de tener relaciones de buena vecindad con los musulmanes. Y llegamos ahora a la pregunta: ¿Cómo pueden los Asistentes Espirituales de la OFS ayudar a los Franciscanos seglares a desarrollar una buena actitud para con los musulmanes y aprender a relacionarse con ellos? Estudiar el Islam, conocer su credo, su historia, sus aspiraciones, los ayudarían enormemente; pero los simples Asistentes espirituales no están normalmente preparados para ello. Sin embargo, éstos deberían ser capaces de inculcarles los valores franciscanos de fondo que, a su vez, sugerirán a los Franciscanos seglares la actitud justa hacia los musulmanes y cómo relacionarse con ellos. Permitidme que os demuestre ahora cuán verdadero es esto.

Hermandad (Fraternitas)

Sabemos que la Fraternidad Franciscana comenzó cuando Dios le dio hermanos a Francisco. (Test. 14). Desde el principio Francisco consideró a sus hermanos como un don de Dios. Como a tales los respetó, los amó, los tomó a su cuidado y estaba dispuesto a prestarles los servicios más humildes. En sus escritos no hace referencia a sí mismo como padre para ellos; él es siempre sólo su hermano. Y ellos por su parte se refieren a él como Fray Francisco o como al Hermano. Sólo después de su muerte se refirió a él Fr. Elías como a nuestro padre y hermano Francisco (Carta de Fr. Elías en "Fonti Francescane, 307 y ss.). Además, Francisco no sólo veía como hermanos a sus directos compañeros, sino que su sentido de hermandad era absolutamente extensivo. Todos los cristianos, ya vivieran cerca o lejos, ya pertenecieran a las mismas culturas o no, eran sus hermanos y hermanas en Cristo (CtaF en FF 179 y ss. Los no cristianos, incluso los sarracenos y los mongoles, eran sus hermanos y hermanas en el mismo Dios. En efecto, todas las criaturas de Dios "hermano sol, hermana luna, los pájaros, los animales de toda clase" eran todos hermanos y hermanas. Y esto no es sólo poesía. Esto se basa en la viva conciencia de su relación con Dios y de las relaciones de ellos con el mismo Dios. Esta es una enseñanza fundamental que los Franciscanos seglares deben adquirir.

Estilo e vida sencilla, servicio humilde (Minoritas)

Al comienzo de su conversión, meditando sobre la vida de Cristo, Francisco contemplaba con estupor el misterio de cómo Dios se había vaciado de sí, haciéndose hombre. La kenosis que veía en Cristo exigía un abajamiento voluntario por parte de aquellos que pertenecieran a un estrato social elevado. "Cristo y su Madre bendita escogieron ser pobres" (2CtaF, 5)). Francisco meditaba sobre la vida de Cristo en Nazaret. El Señor todopoderoso y trascendente, había elegido vivir como un hombre común, como un carpintero e hijo de un carpintero en un pueblecito, Nazaret, durante 30 años de su vida terrena. La negativa a llevar armas está ligada, pues, a este sencillo estilo de vida. Francisco había soñado con conquistar la gloria mediante el uso de las armas, pero en Espoleto Dios puso puesto fin a este su proyecto. "Vuelve a tu tierra y allí se te dirá lo que tienes que hacer, porque la visión que has visto es preciso entenderla de otra manera" (TC 6). Francisco aprendió bien la lección y, como consecuencia, prohibió a sus seguidores laicos llevar armas y él mismo dio testimonio contra el uso de las armas especialmente en Damieta en Egipto (Cta. De J. De Vitry en FF 2211). Un estilo de vida sencillo, humilde, es importante entre los musulmanes para promover unas buenas relaciones con ellos. El estar sencillamente presentes entre ellos de modo humilde, respetuoso, no amenazador es el primer paso para que puedan establecerse buenas relaciones. Esta era la aproximación de Francisco.

Consciencia de Dios (Pietas)

La constante consciencia de la presencia de Dios en su vida y en la de sus hermanos, el darse cuenta de que es Dios el que realiza cuanto se hace de bueno y que todos nosotros somos simples instrumentos en sus manos, su consciencia del amor de Dios a todos los hombres y todas sus criaturas, impulsaba a Francisco a dirigirse a Dios con espíritu de constante alabanza, agradecimiento y confianza. Hacia el final de su vida, especialmente después de la impresión de las Llagas, Francisco tuvo la experiencia de dolores y sufrimientos intensos. Sin embargo, el solo pensamiento de cuanto Cristo había sufrido por nosotros lo convencían del valor del sufrir con Cristo y por los otros. La conciencia de haber sido enviados por Dios y que Dios obra en nosotros y a través de nosotros, es esencial para esforzarse por mantener, sin concesiones, una buena relación con los musulmanes. Sin ello, nuestros fallos, la falta de aparentes resultados y nuestros temores nos constreñirían rápidamente a abandonar todos nuestros esfuerzos.

Conversión: obra del Espíritu

Finalmente, Francisco no soñaba ni por asomo con forzar, imponer o exigir que los otros se convirtieran a Cristo. Él era perfectamente consciente de que la conversión es obra del Espíritu Santo. Sin embargo, deseaba con ansias llegar al corazón de los otros para llevarles "las odoríferas palabras" de su Señor (2CtaF, 2). Su aproximación humilde, respetuosa, llena de amor hacia los musulmanes no era sólo una "técnica" para tratar con ellos. Era un estilo de vida y un modo de llegar a todos, católicos y no católicos, amigos y enemigos, una forma de vida sumamente evangélica y conforme con Cristo. En definitiva, pues, el crecimiento en nosotros de estos tres valores franciscanos (Fraternitas, Minoritas y Pietas) nos apremiarán en primer lugar a acercarnos a los musulmanes, a profesar nuestra fe en medio de ellos y, sobre todo, a perseverar en este esfuerzo, aunque otros cristianos, incluso sacerdotes y obispos, no consigan ver el valor de esta aproximación. Enseñando a los Franciscanos seglares estos elementos fundamentales de la vida franciscana, los Asistentes espirituales los prepararán para que tengan la actitud justa en la relación con los musulmanes. Y no sólo con ellos sino también con todos aquellos con los que se encuentren y con aquellos con quienes convivan.


AMIGOS DE SAN FRANCISCO

Nils Thompson, OFM

En nuestra Familia franciscana hay muchos grupos: "Orden religiosa" (hermanos y hermanas que viven la propia vida consagrada en comunidad), y la Orden laical, los Franciscanos seglares. A éstos pertenecen también grupos organizados no católicos, p.e. los "Terciarios Anglicanos de la Sociedad de S. Francisco" y los Frailes y Hermanas Anglicanos, como también la "Orden de los Franciscanos Ecuménicos". Además de estos grupos históricamente bien organizados, hay otros de hombres y mujeres que encuentran en San Francisco determinados valores con los cuales se identifican. Aunque estos grupos se constituyen con frecuencia en comunidades, sus miembros no se sienten necesariamente llamados a formar parte de ninguna de las Órdenes religiosas o laicas existentes. Nosotros, los Asistentes, debemos reconocer que estos Amigos de San Francisco son también nuestros hermanos y hermanas. Los llamo Amigos de San Francisco solamente porque ese es un término cómodo para referirnos a estos grupos. Sabemos p.e. que hay grupos de laicos agregados a Órdenes religiosas franciscanas y que participan en algunos ministerios pastorales de esas Órdenes. Hay, además, otros grupos de "Amigos de San Francisco" que se reúnen sin una verdadera y propia organización. Por ejemplo, en Noruega existe un grupo que estudia los escritos de San Francisco. Yo estoy convencido de que debemos estar abiertos y disponibles hacia todos estos grupos porque ellos siguen al Espíritu Santo que los guía hacia nuestra Familia franciscana en el mundo.