Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal
Volumen: 4 - N. 1 - 1998 - Enero - I
Fuente: Carta de la CFF
"Anhelar sobre todo el Espiritu del señor y su santa operacion"
(Parte -I)
Hermanos y Hermanas:
1. "El 1998, segundo año de la fase preparatoria, se dedicará de modo particular al Espíritu Santo y a su presencia santificadora dentro de la Iglesia". Así se expresa el Papa Juan Pablo II en la Tertio millennio adveniente (n. 44). A continuación de nuestra carta "Reconciliados en Jesucristo", que os enviamos el año pasado, queremos valorar este año esta circunstancia que se nos brinda a nosotros, franciscanos, como ocasión para tomar mayor conciencia del lugar que el Espíritu Santo ha ocupado en la experiencia de Francisco y de Clara y del que debería ocupar hoy en la vida de sus hijos. Al mismo tiempo, nos estimula a descubrir cuál es el aporte original que la gran Familia Franciscana añade al movimiento del redescubrimiento del espíritu presente en toda la Iglesia.
El Espíritu en la experiencia de Francisco y de Clara
2. El Espíritu Santo es el verdadero secreto que explica la vida de Francisco, el venero escondido del que procede toda su intuición e iniciativa. Leyendo las primeras biografías del Santo bajo esta luz, quedamos impresionados por un hecho: se puede decir que casi cada capítulo de éstas comienza con fórmulas del tipo: "movido por el Espíritu Santo" o "lleno de la gracia del Espíritu" o "por divina inspiración", Francisco dijo, anduvo, hizo... A una acción específica del Espíritu se atribuyen todos los grandes cambios de su vida. Por "impulso del Espíritu" Francisco entró en San Damián y recibió el mandato:"Ve, Francisco, repara mi casa!", y fue el mismo Espíritu quien le reveló poco a poco el sentido y servicio1.. Fue también "por la gracia del Espíritu Santo" por la que descubrió más tarde que el Señor no le llamaba a él y a sus compañeros "sólo para su salvación, sino también para la de muchos otros". Con otras palabras, descubrió la dimensión apostólica y misionera de su Orden 2..
También en su obra de "formación" de los frailes se dejaba guiar por el Espíritu: "Día a día se iba llenando de consolación y gracia del espíritu Santo el bienaventurado Francisco, y con la mayor vigilancia y solicitud iba formando a sus nuevos hijos" 3..
3. Lo de Francisco fue, como han dicho eminentes estudiosos, "el mayor movimiento carismático de la historia de la Iglesia". Son rasgos "carismáticos" la novedad, la espontaneidad, lo inmediato en el obrar. Sus discursos estaban "llenos del poder del Espíritu Santo"; invocaba al Espíritu antes de predicar y las palabras afluían de tal modo que daba la sensación a todos de que "no era él el que hablaba, sino el Espíritu del Señor" 4.. Algunos de sus gestos típicos son de naturaleza claramente carismática. Cada vez que "le penetraban los ardores del Espíritu Santo, para expresar el calor exuberante de su corazón" se expresaba en francés 5.. Era claramente su modo de hablar "en lenguas". No evitaba, a veces, pedir a Dios que le revelara su voluntad "en la primera apertura de la Biblia" 6..
Todo esto nos hace entender dónde se halla la explicación última de la "conformidad" de Francisco con Cristo: no en un esfuerzo programado de imitación metódica de Cristo en esta o aquella virtud, sino en el tener en sí el Espíritu del Señor y los mismos sentimientos que tenía El. Su imitación de Cristo era "pneumática", antes que ascética.
4. El Espíritu Santo, que es el secreto de la vida de Cristo, su "compañero inseparable", como lo define San Basilio, aquel que inspira todas sus acciones y guía todos sus pasos, es también el secreto íntimo de la vida de Francisco... Y lo que se dice de él, se debe decir igualmente de su "plantita" Clara, sobre la que un día el Espíritu Santo fue visto posarse bajo la forma de dos alas 7.. Un "solo y mismo Espíritu" ha llamado, de hecho, a los hermanos y a las hermanas 8.. Estas se han "desposado con el Espíritu Santo" a imitación de María, "la Esposa del Espíritu Santo" (un título que Francisco ha contribuido a introducir en el lenguaje teológico 9. ).
Lo que Francisco inculca a los suyos sobre el Espíritu Santo
5. Francisco no se contenta con vivir toda su vida "en el Espíritu", sino que a través de la Regla y las admoniciones, encauzó en la vida de sus seguidores esta gran apertura al Espíritu. Proclamó una vez al Espíritu Santo "Ministro general de la Orden", sintiendo no poder introducir esta idea en la Regla, habiendo sido ya ésta aprobada con la bula 10.. Lo que los frailes deben desear sobre todas las cosas es tener "el Espíritu del señor y su santa operación"11.. Tanto los que trabajan, como los que, como Antonio, se dedican al estudio y a la enseñanza, deben intentar "no apagar el espíritu de la santa oración y devoción" 12..
6. El Seráfico Padre nos ha dejado también óptimos criterios, sacados de la Biblia, para discernir cuándo un religioso vive según el Espíritu o cuándo, por el contrario, sigue la letra y la carne: "Son muertos por la letra los que únicamente desean saber las solas palabras, para ser tenidos por más sabios entre los otros... Y son vivificados por el espíritu de las divinas letras quienes no apropian al cuerpo toda la letra que saben y desean saber, sino que con la palabra y el ejemplo se la atribuyen al altísimo Señor Dios, de quien es todo bien" 13..
San Buenaventura, fiel intérprete en esto del pensamiento del Fundador, ha hecho de la unción espiritual la característica de la Orden Franciscana. Distingue, entre las diversas órdenes de su tiempo, "aquellas que se dedican principalmente a la especulación y secundariamente a la unción, y aquellas que atienden principalmente a la unción y secundariamente a la especulación", colocando entre las segundas a la Orden seráfica 14..
7. ¿Cómo hallar en nuestra vida de seguidores de Francisco y de Clara esta pujante linfa espiritual presente en nuestros orígenes? La Iglesia de hoy tiene muchas y diversas necesidades, pero ninguna es tan urgente e importante como ésta: ofrecer al mundo una genuina respuesta a su sed de espiritualidad. Es conocida la afirmación de Pablo VI: "Nos hemos preguntado muchas veces qué necesidad notamos, primera y última, para esta nuestra Iglesia bendita y amada... Vosotros lo sabéis: el Espíritu Santo! La Iglesia tiene necesidad de su perenne Pentecostés; tiene necesidad de fuego en el corazón, de palabra en los labios, de profecía en la mirada" 15..
Si no halla en las comunidades cristianas una alternativa espiritual al materialismo y al árido tecnologismo que caracteriza a la sociedad moderna, particularmente en los países ricos, el mundo la busca en otra parte, a veces en los lugares y en las formas más discutibles. El atractivo que ejercen, en particular sobre los jóvenes, centros de espiritualidad como Taizé, por ejemplo, manifiestan, en positivo, la misma tendencia. ¿Pero dónde tienen más derecho, los fieles cristianos, a encontrar "los lugares del Espíritu" sino en nuestras comunidades o fraternidades franciscanas? Muchos obispos nos quieren expresamente en sus iglesias locales para responder a esta necesidad.
8. San Francisco nos ha mostrado la senda maestra para realizar esta obligación: conservar el espíritu de la santa oración y devoción. En otras palabras, la oración. Es en la oración, sobre todo, donde el Espíritu Santo crea "la intimidad con Dios". En la Escritura se nota un hecho constante: el Espíritu Santo viene sobre aquellos que halla en oración. Descendió sobre Jesús mientras, recibido el bautismo, "estaba en oración" (cfr. Lc. 3,21); descendió sobre los apóstoles, mientras estaban "reunidos y perseverantes en la oración con María, la Madre de Jesús" (cfr. Hch. 1,14). Y el mismo Jesús ha dicho que el Padre celeste da el Espíritu Santo a "los que se lo piden" (Lc. 11,13). San Buenaventura dice que el Espíritu Santo desciende "donde es amado, donde es invitado, donde es esperado" 16..
1. Cfr. San Buenaventura, Leyenda Mayor , 11,1.
2. Cfr. Leyenda de los Tres Compañeros, 36.
3. Celano, Vida primera, 26.
4. San Buenaventura, Leyenda Mayor , 12,7.
5. Celano, Vida primera, 16; Vida segunda , 13.
6. Cfr. Celano, Vida primera, 92.
7. Cfr. Proceso de Canonización.
8. Cfr. Celano, Vida segunda, 193.
9. Cfr. Oficio de la Pasión , completas.
10. Cfr. Celano, Vida segunda, 193.
11. Regla bulada, 10,9.
12. Regla bulada, 5,2; Carta a Antonio, 2.
13. Admoniciones, 7; cfr. 12.
14. San Buenaventura, Sobre el Hexaemeron, XXII, 21 (Ed. Quaracchi, IX, p. 269).
15. Discurso del 29 de noviembre de 1972 (Insegnamenti di Paolo VI, X, p. 1210 s).
16. San Buenaventura, Sermones, Domingo IV después de Pascua, 2 (Ed. Quaracchi, IX, p. 311).