LISTA C I O F S

Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal

Volumen: 3 - N. 3 - 1997 - Enero - III

Fuente: Koinonia, 1997, N. 1


Los franciscanos seglares en la mision de la Iglesia - C. Dallari, OFM
1. Llamados a seguir a Cristo en la misión de la Iglesia
La dignidad y la misión eclesial de los laicos cristianos

LOS FRANCISCANOS SEGLARES EN LA MISIONDE LA IGLESIA

Capítulo cuarto del libro: C. DALLARI, I laici francescani. Consacrati a Dio per la vita del mondo. Asís 1994, Ed. Porciúncula, Biblioteca. Testos de formazión de la OFS, pp. 81-93.

C. Dallari, OFM

Parte 1

Han pasado casi treinta años del Vaticano II, y su "riquísimo patrimonio doctrinal, espiritual y pastoral" continúa alimentando una profunda reflexión sobre la "naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad" de los seglares cristianos en la Iglesia y en el mundo.

Este pensamiento global, verdedera gracia del Espíritu que conduce a la Iglesia de Cristo a través de los caminos de la historia, es repetido por Juan Pablo II y por él mismo propuesto de manera armónica en la exhortación apostólicaChristifideles laici (CL.). El objetivo del Papa es el de "suscitar y alimentar una más decidida toma de conciencia del don y de la responsabilidad que todos los fieles laicos -y cada uno de ellos en particular- tienen en la comunión y en la misión de la Iglesia" ( CL. 2 ).

Siguiendo las líneas esenciales de este documento del Magisterio, en el presente capítulo subrayaremos el significado específico del don y de la responsabilidad de los franciscanos seglares en la misión de la Iglesia.

1. Llamados a seguir a Cristo en la misión de la Iglesia

Los franciscanos seglares viven la propia vocación eclesial "de laicos bautizados". Como todos los laicos cristianos tienen una identidad y dignidad eclesial definida, y participan según su vocación específica a la misión de la Iglesia.

a) La dignidad y la misión eclesial de los laicos cristianos

El tema de la identidad y de la dignidad eclesial de los laicos cristianos es tratado por el Magisterio de la Iglesia de manera particular a partir del Concilio Vaticano II.

Dentro de una renovada "eclesiología de comunión" se ha comenzado a hablar de los laicos no en forma negativa sino positiva, describiendo lo que son para la Iglesia e identificando su puesto dentro de la misma. Este paso adelante ha sido posible al asumir el Concilio algunas opciones eclesiológicas, sobre todo, la de presentar a la Iglesia como Pueblo de Dios, al que se llega por medio de la fe y el bautismo; esta opción ha permitido una interesante recuperación del sacerdocio bautismal, afirmado como "común a todos los bautizados", antes que cualquier otra diferencia debida a los diversos carismas, ministerios, dados o suscitados por el Espíritu.

Otra opción ha conducido al descubrimiento delservicio de toda la Iglesia a favor del mundo; la Iglesia, en cuanto Pueblo de Dios peregrinante en la historia hacia la plenitud de la patria bienaventurada, es esencialmente misionera: debe al mundo el anuncio del Evangelio y la colaboración con todos los hombres de buena voluntad para la realización del Reino de Dios. Por lo tanto, dotada por el Espíritu Santo de oportunos carismas y ministerios, está llamada a no existir para sí misma, sino para Cristo y para el mundo. En la Iglesia todos son responsables de esta misión, según su estado o la condición debida a la particular vocación de cada bautizado; todos pueden lograr aquella santidad, que el Espíritu Santo ha dado a la Iglesia, respondiendo a la propia vocación y comprometiéndose en la misión común.

En este amplio contexto, se resalta la dignidad y el papel eclesial de los laicos cristianos: ya no son considerados cristianos de segunda clase (los que "no son" sacerdotes, los que "no son" religiosos...), sino que poseen la misma dignidad eclesial que los sacerdotes y los religiosos, ya que lo mismo que éstos, por el bautismo, pertenecen con pleno derecho a la Iglesia de Cristo. (...) En definitiva, como se expresa el Concilio, los laicos cristianos son aquellos que "están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo de Dios y que participan de las funciones de Cristo: sacerdote, profeta y rey. Realizan, según su condición, la misión del pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo" ( LG. 31 ).

Este texto contiene una serie de aclaraciones del camino hecho para profundizar en la identidad del laico cristiano:
* La primera subraya en el sacramento del bautismo el fundamento del título de dignidad eclesial para todos los fieles, porque "el bautismo nos regenera a la vida de los hijos de Dios; nos une a Jesucristo y a su cuerpo, que es la Iglesia; nos unge en el Espíritu Santo, constituyéndonos en templos espirituales" ( CL. 10; cfr. 11-13 ). La novedad cristiana, de la que el bautismo es la expresión primera, consiste en la participación de los creyentes en la vida de Dios, o mejor, en el acontecimiento de Dios "que crea cosas nuevas" en la historia de los hombres. Lo que caracteriza al cristiano en cuanto tal es, pues, la acogida de este Dios en la fe, acontecimiento plenamente manifestado en la celebración sacramental del bautismo.
* La segunda aclaración es el redescubrimiento delsacerdocio común : "los fieles laicos participan, según el modo que les es propio, en el triple oficio -sacerdotal, profético y real- de Jesucristo" ( CL. 14 ). Participan:
-- en el oficio sacerdotal, porque el bautismo, uniéndoles a Cristo y a la Iglesia, les capacita para ofrecerse ellos mismos y todas sus actividades como sacrificio espiritual agradable a Dios;
-- en el oficio profético, porque les capacita para acoger su Palabra, vivirla en sí mismos y testimoniarla en la Iglesia y con la Iglesia en el mundo;
-- en el oficio real, porque les hace aptos para el servicio al Reino de Dios y a su misión en la historia: "viven la realeza cristiana, antes que nada, mediante la lucha espiritual para vencer en sí mismos el reino del pecado; y después en la propia entrega para servir, en la justicia y en la caridad, al mismo Jesús presente en todos sus hermanos, especialmente en los más pequeños" ( CL. 14 ). Conformados a Cristo "Señor y Rey del universo", los laicos tienen ante sí, como meta última, ser como su Señor, que ha venido para servir y dar su vida por los hermanos. Este servicio real se extiende a todas las criaturas, en cuanto corresponde a los laicos en particular "dar de nuevo a la entera creación todo su valor originario. Cuando mediante una actividad sostenida por la vida de la gracia ordenan lo creado al verdadero bien del hombre, participan en el ejercicio de aquel poder, con el que Jesucristo resucitado atrae a sí todas las cosas y las somete, junto consigo mismo, al Padre, de manera que Dios sea todo en todos" (CL. 14 ).
* La tercera aclaración se halla en el cumplimiento de la misión de todo el pueblo cristiano; en la Iglesia, de la que forman parte mediante el bautismo, se ocupan específicamente de las realidades temporales, del testimonio del Reino de Dios presente en el mundo.

La dignidad de los laicos es ulteriormente exaltada por el hecho de que éstos, en primera persona, tienden alfin último de la misma Iglesia, es decir a lasantidad : "La dignidad de los fieles laicos se nos revela en plenitud cuando consideramos esa primera y fundamental vocación, que el Padre dirige a todos ellos en Jesucristo por medio del Espíritu: la vocación a la santidad, o sea, a la perfección de la caridad" ( CL. 16 ). La Santísima Trinidad hace santo a todo bautizado. También los laicos, en la Iglesia, por el bautismo, pueden llamarse "santos", y por lo tanto aptos y comprometidos para manifestar la santidad del ser mediante la santidad de las obras. Este obrar es expresión de la vida en el Espíritu, mediante la fe, la esperanza y la caridad, y tiene su ámbito específico en la participación en las propias actividades humanas de quien vive en el mundo.

De hecho, los laicos "deben santificarse en la vida profesional y social ordinaria. Por tanto, para que puedan responder a su vocación, los fieles laicos deben considerar las actividades de la vida cotidiana como medio de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres, llevándoles a la comunión con Dios en Cristo" ( CL. 17 ). Así pues, se ha terminado el tiempo de considerar, como única vía para alcanzar la santidad, el "huir del mundo", o entrar en una Orden religiosa. Todo cristiano continúe en la situación eclesial en la que es llamado a vivir la propia vocación en cuantto tal, porque sea cual sea su condición, es "sujeto activo" de la misión de la Iglesia y de la vocación a la santidad (cfr. CL. 3 ). Así, "tal vocación, por tanto, constituye una componente esencial e inseparable de la nueva vida bautismal, y, en consecuencia, un elemento constitutivo de su dignidad. Al mismo tiempo, la vocación a la santidad está ligada íntimamente a la misión y a la responsabilidad confiadas a los fieles laicos en la Iglesia y en el mundo" ( CL. 17 ). Por lo tanto, también los laicos cristianos cumplen con la misión de edificar la Iglesia llevando a la santidad aquella porción de Iglesia que son ellos mismos; y, en esta santidad, la Iglesia encuentra la condición esencial para llevar Cristo al mundo y el mundo a Cristo.

En síntesis, los franciscanos seglares participan de la misión global de todo el Pueblo de Dios, en la característica de la propia condición secular. En cuanto bautizados, desarrollan la misión de ser testigos del señorío de Dios en el mundo, de su iniciativa de la salvación y de la misteriosa realidad de que toda la historia de los hombres está orientada a El. (...) En cuanto llamados a la santidad, los laicos testimonian a los hombres que, a partir de la Encarnación, en el mundo todo es sagrado, excepto el pecado, y que la conversión a Dios puede realizarse plenamente sin "huir" de las actividades seculares.

(a continuar)