Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal
Volumen: 2 - N. 4 - 1996 - Enero - IV
Fuente: Koinonia, 1996, N. 1
Extracto de la Carta encíclica Ut unum sint, sobre el empeño ecuménico, Libreria Editrice Vaticana, 1995.
Juan Pablo II
28. Si la oración es el "-alma-" de la renovación
ecuménica y de la aspiración a la unidad; sobre ella
se fundamenta y en ella encuentra su fuerza todo que el
Concilio define como "-diálogo-". Esta
definición no está, ciertamente, lejos del
pensamiento personalista actual. La actitud de
"-diálogo-" se sitúa en el nivel de la naturaleza de
la persona y de su dignidad. Desde el punto de vista
filosófico, esta posición se relaciona con la verdad
cristiana sobre el hombre expresada por el Concilio. En efecto, el
hombre "-es la única criatura en la tierra a la que Dios ha
amado por sí misma-"; por tanto "-no puede encontrarse
plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de
sí mismo-" (Gaudium et spes, 24). El diálogo
es paso obligado del camino a recorrer hacia la
autorrealización del hombre, tanto del individuo
co mo también de cada comunidad humana. Si
bien del concepto de "-diálogo-" parece emerger en primer
plano el momento cognoscitivo (dia-logos), cada
diálogo encierra una dimensión global, existencial.
Abarca al sujeto humano totalmente; el diálogo entre las
comunidades compromete de modo particular la subjetividad de cada
una de ellas.
Esta verdad sobre el diálogo, expresada tan profundamente
por el Papa Pablo VI en la enciclicaEcclesiam suam, fue
también asumida por la doctrina y la actividad
ecuménica del Concilio. El diálogo no es sólo
un intercambio de ideas. Siempre es, de todos modos, un
"-intercambio de dones-" ( Lumen gentium, 13).
29. Por este motivo, el decreto conciliar sobre el ecumenismo pone también en primer plano "-todos los esfuerzos para eliminar palabras, juicios y acciones que no respondan, según la justicia y la verdad, a la condición de los hermanos separados, y que por lo mismo hagan más difíciles las relaciones mutuas con ellos-" ( Unitas redintegrato, 4). Este documento afronta la cuestión desde el punto de vista de la Iglesia católica y se refiere al criterio que ella debe aplicar en relación con los demás cristianos. Sin embargo, en todo esto hay una exigencia de reciprocidad. Seguir este criterio es un compromiso indispensable de cada una de las partes que quieren dialogar y es condición previa para comenzarlo. Es necesario pasar de una situación de antagonismo y de conflicto a un nivel en el que uno y otro se reconozcan recíprocamente como asociados. Cuando se empieza a dialogar, cada una de las partes debe presuponer una voluntad de reconciliación en su interlocutor, de unidad en la verdad. Para realizar todo esto, deben evitarse las manifestaciones de recíproca oposición. Sólo así el diálogo ayudará a superar la división y podrá acercar a la unidad.
30. Se puede afirmar, con viva gratitud hacia el Espíritu de verdad, que el concilio Vaticano II fue un tiempo providencial durante el cual se realizaron las condiciones fundamentales para la participación de la Iglesia católica en el diálogo ecuménico. Por otra parte, la presencia de numerosos observadores de varias Iglesias y comunidades eclesiales, su profunda implicación en el acontecimiento conciliar, los numerosos encuentros y las oraciones en común que el Concilio ha hecho posibles, han contribuido a que se dieran las condiciones para el diálogo. Durante el Concilio, los representantes de las Iglesias y comunidades cristianas experimentaron la disposición para el diálogo del episcopado católico del mundo entero y, en particular, de la Sede apostólica.
Estructuras locales de diálogo
31. El diálogo ecuménico, tal y como se ha manifestado desde los días del Concilio, lejos de ser una prerrogativa de la Sede apostólica, atañe también a las Iglesias locales o particulares. Las Conferencias episcopales y los Sínodos de las Iglesias orientales católicas han instituido comisiones especiales para la promoción del espíritu y de la acción ecuménicos. Oportunas estructuras análogas trabajan a nivel diocesano. Estas iniciativas manifiestan el deber concreto y general de la Iglesia católica de aplicar las orientaciones conciliares sobre ecumenismo: éste es un aspecto esencial del movimiento ecuménico ( Código de derecho canónico, c.755; Código de los cánones de las Iglesias orientales, cc.902-904). No sólo se ha emprendido el diálogo, sino que se ha convertido en una necesidad declarada, una de las prioridades de la Iglesia; en consecuencia, se ha perfilado la "-técnica-" para dialogar, favoreciendo al mismo tiempo el crecimiento del espíritu de diálogo. En este contexto se quiere ante todo considerar el diálogo entre cristianos de las diferentes Iglesias o comunidades, "-entablado entre expertos adecuadamente formados, en el que cada uno explica con mayor profundidad la doctrina de su comunión y presenta con claridad sus características-" (Unitatis redintegratio, 4). Sin embargo, conviene que cada cristiano conozca el método adecuado al diálogo.
32. Como afirma la declaración conciliar sobre la
libertad religiosa, "-la verdad debe buscarse de un modo adecuado a
la dignidad de la persona humana y a su naturaleza social, es
decir, mediante la investigación libre, con la ayuda del
magisterio o enseñanza, de la comunicación y del
diálogo, en los que unos exponen a los otros la verdad que
han encontrado o piensan haber encontrado, para ayudarse mutuamente
en la búsqueda de la verdad; una vez conocida la verdad, hay
que adherirse a ella firmemente con el asentimiento personal" (
Dignitatis humanae, 3).
El diálogo ecuménico tiene una importancia esencial.
"-Pues, por medio de este diálogo, todos adquieren un
conocimiento más autentico y una estima más
justa de la doctrina y de la vida de cada comunión;
además, también las comuniones consiguen una
mayor colaboración en aquellas obligaciones en pro del
bien común exigidas por toda conciencia cristiana, y se
reúnen, en cuanto es posible, en la oración
unánime. Finalmente, todos examinan su fidelidad a la
voluntad de Cristo sobre la Iglesia y emprenden valientemente, como
conviene, la obra de renovación y de reforma-" (
Unitatis redintegratio, 4).
Diálogo como examen de conciencia
33. En la intención del Concilio, el diálogo ecuménico tiene el carácter de una búsqueda común de la verdad, particularmente sobre la Iglesia. En efecto, la verdad forma las conciencias y orienta su actuación en favor de la unidad. Al mismo tiempo, exige que la conciencia de los cristianos, hermanos divididos entre si, y sus obras se conformen a la oración de Cristo por la unidad. Existe una correlación entre oración y diálogo. Una oración más profunda y consciente hace el diálogo más rico en frutos. Si, por una parte, la oración es la condición para el diálogo, por otra, llega a ser, de forma cada vez más madura, su fruto.
34. Gracias al diálogo ecuménico podemos hablar de mayor madurez de nuestra oración común. Esto es posible en cuanto el dialogo cumple también y al mismo tiempo la función de un examen de conciencia. ¿Cómo no recordar en este contexto las palabras de la primera carta de Juan: "-Si decimos: "No tenemos pecado", nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él (Dios) para perdonamos los pecados y purificamos de toda injusticia-"? (1, 8-9). Juan nos lleva aún más allá cuando afirma: "-Si decimos: "No hemos pecado", le hacemos mentiroso y su palabra no está en nosotros-" (1, 10). Unaexhortación que reconoce tan radicalmente nuestra condición de pecadores debe ser también una característica del espíritu con que se afronta el diálogo ecuménico. Si éste no llegara a ser un examen de conciencia, como un "-diálogo de las conciencias-", ¿podríamos contar con la certeza que la misma carta nos transmite? "-Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo. Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero-" (2, 1-2). El sacrificio salvífico de Cristo se ofrece por todos los pecados del mundo, y por tanto también los cometidos contra la unidad de la Iglesia: los pecados de los cristianos, tanto de los pastores como de los fieles. Incluso después de tantos pecados que han contribuido a las divisiones históricas, es posible la unidad de los cristianos, si somos conscientes humildemente de haber pecado contra la unidad y estamos convencidos de la necesidad de nuestra conversión. No sólo se deben perdonar y superar los pecados personales, sino también los sociales, es decir, las "-estructuras-" mismas del pecado que han contribuido y pueden contribuir a la división y a su consolidación.
(a continuar)
Fr. Zvonimir Brusac TOR fue elegido como
Consejero General de la Tercera Orden Regular en junio de 1995. En
septiembre 21, él fue nombrado Asistente General de la OFS
por el Ministro General.
Fr Zvonimir es miembro de la Provincia de San Jerónimo en
Croacia. Nació en el 1960 y se ordenó en 1984. Desde
entonces hasta 1995 trabajó como educador en el Seminario
Menor de su Provincia. Ha sido Maestro de Retiros y ha colaborado
en la formación inicial y permanente de Hermanas. Fue
Secretario Provincial por tres años. Desde 1987 hasta 1993
fue el Asistente Provincial de la OFS y en los pasados tres
años ha sido miembro de la Conferencia de Asistentes
Nacionales en Croacia.
Oceanía
Del 11 al 14 de mayo de 1995, Ben Brevoort OFMCap participó en el Capítulo electivo de la Fraternidad nacional de Oceanía, bajo la presidencia de la Ministra general OFS, Emanuela De Nunzio. La Fraternidad de Oceanía abarca cinco países: Australia, Nueva Zelandia, Singapur, Sabah y Pápua Nueva Guinea. Después del capítulo, Ben gozó de unas estupendas vacaciones junto con sus hermanos en Nueva Zelandia; visitó la Fraternidad de Hokitika y estuvo en el Capítulo electivo regional en Auckland, del 9 al 11 de junio. A continuación fue a Australia occidental, para hacerse presente en el Capítulo regional de Perth, el 17 y 18 de junio.
Indonesia
Estando en Indonesia para visitar su patria, el Hno. Ben tuvo la oportunidad de participar en la segunda Asamblea nacional de la OFS. La Asamblea tuvo lugar en Ambarawa, Java, del 5 al 7 de julio. Participaron unos treinta delegados de las cuatro regiones: Java, Sumatra, Flores y Irian Jaya. La OFS de Indonesia tiene 100 miembros profesos y 100 candidatos. También se eligió un Comité de coordinación para preparar la constitución de la Fraternidad nacional.
Kenya
De camino hacia Madagascar, el Hno. Ben pasó los días 2 y 3 de agosto, en Nairobi. Se encontró con representantes de Fraternidades locales y miembros del Consejo regional de Nairobi y del Consejo nacional. La Fraternidad nacional emergente de Kenya celebró su capítulo los días 12 y 13 de agosto.
Madagascar
El Hno. Ben visitó Madagascar, del 3 al 28 de agosto, y asistió a la segunda Asamblea nacional de la OFS y de la JUFRA, del 21 al 27 de agosto. Unos 300 hermanos estuvieron presentes: 150 Franciscanos seglares y 150 Jóvenes franciscanos. Mucho tiempo se dedicó a la formación, basándose sobre el texto de las Constituciones en madagascars, las cuales fueron oficialmente presentadas a la asamblea. La Juventud Franciscana está creciendo rápidamente y tiene mucha esperanza para el futuro. Fueron elegidos nuevos Consejos, al nivel nacional y regional, de la OFS y también de la JUFRA, en preparación del reconocimiento oficial del Consejo internacional OFS.