Consejo Internacional de la OFS - Edición semanal
Volumen: 2 - N. 3 - 1996 - Enero - III
Fuente: Carta a los Asistentes, 1995, N. 4
Capítulo III del Subsidio para la Formación, publicado para la Presidencia del Consejo Internacional de la OFS, Roma 1992.
"-Los hermanos son responsables de la propia formación
para acrecentar la vocación recibida del Señor de
manera cada vez más perfecta-" (Const. 37,3).
"-Teniendo presente que el Espíritu Santo es el principal
agente de formación y atentos siempre a colaborar con El,
los responsables de la formación son: el mismo candidato, la
Fraternidad entera, el Ministro con el Consejo, el Maestro de
Formación y el Asistente, como guía espiritual-"
(Const. 37,2).
I. AGENTES
A. El Espíritu Santo
"-Además, el mismo Espíritu Santo no sólo
santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los
ministerios y le adorna con virtudes, sino que también
distribuye gracias especiales entre los fieles de caulquier
condición, distribuendo a cada uno según quiere (1Cor
12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer
las diversas obras y deberes, que sean útiles par la
renovación y la mayor edificación de la Iglesia
según aquellas palabras: "-A cada uno... se le otorga la
manifestación del Espíritu para común
utilidad-" (1Cor 12,7) (LG 12).
El Espíritu Santo es la fuente de la vocación, el
principal agente de la formación, el alma de la vida
fraterna (cf. Const. 11; 37,2).
El Espíritu Santo es el quien:
- hace nacer a la nueva vida que nos hace partícipes de la
naturaleza divina y atestigua que somos hijos de Dios (Jn 3,5-8;
2Pt 1,4; Rom 8,14-16);
- revela y comunica la vocación fundamental a la santidad
(Ef 1,4-5) y se hace principio y alimento de su realización
conformándonos con Cristo, haciéndonos
partícipes de su vida filial en la caridad hacia el Padre y
hacia los hermanos (Gal 4,6; 5,25);
- enseña lo que es necesario para seguir a Cristo (Jn 14,26;
16,13-14);
- fortalece el hombre interior haciendo comprender la grandeza del
misterio de Cristo y de su amor que excede a todo conocimiento (Ef
3,16-19);
- reparte dones y gracias particulares que disponen para realizar
obras y oficios para común utilidad (1Cor 12,4-11);
- da la fuerza para dar testimonio de Cristo, enseña
cómo comportarse y qué decir en el momento necesario
(He 1,8; 8,14-17; Lc 12,11-12);
- consuela, aconseja, asiste, fortalece en las distintas
circunstancias de la vida; ayuda nuestra debilidad e intercede por
nosotros (Jn 14,16-17; Rom 8,26-27);
- asocia a la resurrección de Cristo (Rom 8,11).
San Francisco
San Francisco estuvo siempre lleno del Espíritu Santo, actuaba y hablaba movido por El (2Cel 46,52).
Consideraba que:
- sus frailes había nacido, a semejanza de Jesús, de
una madre pobre por obra del Espíritu Santo a quien
consideraba Ministro general de la Orden (2Cel 193; LM III,
10);
- para seguir las huellas de Jesucristo hay que estar interiormente
purificados, iluminados y abrasados por el fuego del
Espíritu Santo (Carta a la Orden VII);
- el hombre nuevo, es decir, el hombre que mira con los ojos de
Jesús y actúa evangélicamente, es aquel que
tiene el "-Espíritu del Señor y su santa
operación-" (Reg. Bulada X);
- el Espíritu hace alcanzar el conocimiento de las cosas
espirituales aún a falta de instrucción (2Cel 191) y
une el alma del fiel a Jesucristo y la convierte en su esposa (cf.
Prologo a la Regla).
La Regla
La Regla describe la acción del Espíritu Santo
hacia el candidato, como:
- preparatoria: le prepara una "-familia que lo acoge-",
la Familia franciscana que El ha suscitado en la Iglesia (cf. Reg.
1);
- estimulante: lo "-mueve-" a entrar en ella para seguir a
Jesucristo al estilo de San Francisco (cf. Reg. 2);
- iluminante y fortificante: lo introduce en la verdad, es
decir en el ministerio de Cristo, en la Iglesia, en las acciones
litúrgicas, especialmente en la Eucaristía (cf. Reg.
4,5) porque como escribe San Francisco: "-Es el Espíritu del
Señor, que habita en sus fieles, el que recibe el
santísimo Cuerpo y Sangre del Señor. Todos los otros,
que no participan de ese mismo Espíritu y presumen
recibirlo, se comen y beben su sentencia-" (Aviso espiritual I,
12).
B. El candidato
El candidato es el protagonista, el centro, el sujeto y el
objeto de la formación: le pertenece directamente, lo
involucra personalmente.
El resultado de la acción formadora depende de su docilidad,
de la acción del Espíritu Santo sobre él y de
la colaboración activa a la obra que los responsables de la
Fraternidad realizan en su favor.
Después de haber percibido el "-impulso-" del
Espíritu Santo que lo invita a alcanzar la perfección
de la caridad en su propio estado, viviendo el Evangelio a la
manera de San Francisco en la línea trazada por la Regla de
la OFS (cf. Reg. 2), él emprende el camino de
formación que lo lleva a una iluminación interior y
lo prepara para decidir su adhesión a la vocación,
ratificada por la promesa de vida evangélica, o
profesión, que marca su "-pertenencia-" a la OFS.
Su compromiso del candidato debe tender a:
- responsabilizarse hacia Dios, hacia sí mismo y hacia la
OFS para analizar con serenidad y seriedad los motivos que lo
impulsan a iniciar la experiencia franciscana, a examinar sus
propias capacidades y actitudes, a evaluar las eventuales
dificultades subjetivas y objetivas en cuanto a los compromisos que
derivan de su opción;
- abrirse con plena disponibilidad a la luz de Espíritu y a
la ayuda de los responsables para captar el valor del "-impulso-"
hacia la experiencia franciscana y el sentido que adquiere para
él, el criterio para juzgar ese impulso y la responsabilidad
de serle dócil;
- aprender y recurrir al discernimiento evangélico - que
nace en la luz y la fuerza del Evangelio y con el don del
Espíritu Santo - como principio cognoscitivo que le permite
acoger la llamada de Dios en las distintas circunstancias de la
vida, y como criterio para interpretarlas y hacer unas opciones
concretas puesto que puede haber ambivalencia en ellas y se pueden
entrelazar dificultades y potencialidades, elementos negativos y
motivos de esperanza.
Esto le ayuda a no considerar los factores positivos aisladamente,
como elementos absolutos que puedan contrastar entre sí y
oponerse mutuamente; y de descubrir, hasta en los factores
negativos, algún valor que espera ser liberado y encauzado
en su plena verdad;
- cultivar esas cualidades humanas necesarias para edificar una
personalidad equilibrada dirigida hacia la madurez humana y
cristiana que se caracteriza por una profunda armonía de la
persona, por una amplia y conciente posesión de la verdad,
por la capacidad de entrega, por la plena conciencia de tener
responsabilidades precisas en la comunidad civil y eclesial, por el
testimonio de fe auténtico en cada momento de la vida:
familiar, profesional, social, político.
Esto requiere del candidato apertura al amor por la verdad, a la lealtad, al respeto por los demás, a la fidelidad a su palabra, a la coherencia, al equilibrio en el juzgar y en su conducta, a la capacidad para relacionarse con los demás: ésta es muy importante, especialmente para los que quieren pertenecer a la Fraternidad franciscana.
II. RESPONSABLES
Los responsables deben ser personas capaces de:
- animar sin dominar;
- crear las condiciones para que el llamado encuentre "-su-"
forma;
- ejercer la doble función de actuar y observar.
A. La Fraternidad
La Fraternidad por su estilo de vida, intensamente comunitaria,
profundamente eclesial, dinamicamente misionera, "-está
llamada a ayudar a los hermanos en este camino con la acogida, la
oración y el ejemplo-" (Const. 37,3).
Con esta finalidad debe habilitarse como escuela para poder
desarrollar la vocación franciscana y el sentido eclesial y
animar la vida apostólica de sus miembros para convertir a
los que ha engendrado al franciscanismo en franciscanos seglares
auténticos.
Para favorecer este estilo de vida se recomienda también
cuidar el ambiente de los locales donde tienen lugar los
encuentros.
B. El Ministro con el Consejo
Alma y guía de la Fraternidad es el Consejo del cual el
Ministro es el primer responsable (cf. Reg. 21).
Corresponde al Consejo (cf. Const. 50,1):
- establecer el programa en conformidad con las directrices
superiores;
- apoyar al Maestro de formación y seguir su trabajo para
poder juzgar los resultados y para poder aceptar o no el candidato
a la admisión y a la profesión;
- programar los encuentros;
- procurar la actualización y favorecer el crecimiento de
todos los miembros.
C. El Maestro de formación
El Maestro de formación debe ser (cf. Const. 52,3):
- preparado y disponible, con capacidad para comunicar y dotado de
los conocimientos culturales que está llamado a
transmitir;
- tener conciencia de su función, tener espíritu de
Dios, competencia, entrega personal total, tensión
interior;
- tener presente el carisma del Fundador y las raíces
profundas sobre las cuales está fundado e interpretarlo a la
luz de los signos de hoy y de las nuevas exigencias eclesiales y
sociales;
- sentirse siempre un "-enviado-" de la Fraternidad;
- favorecer la inserción llena y gozosa de los candidatos en
la Fraternidad;
- cuidar las relaciones personales con cada uno;
- comprender sus experiencias y motivaciones;
- saber escoger las formas y los momentos para la corrección
de las conductas equivocadas;
- tener relaciones constantes con el Asistente y con los otros
responsables.
Todo esto en una entrega total como respuesta a la confianza recibida y a la fuerte petición de ayuda.
D. El Asistente espiritual
El Asistente espiritual es un signo concreto de comunión
y corresponsabilidad de la Primera Orden y de la Tercera Orden
Regular hacia la OFS (cf. Reg. 26).
Presta su servicio en la Fraternidad como hermano en San Francisco
y como maestro y guía "-in persona Christi-" e "-in nomine
Ecclesiae-" (en la persona de Cristo y en nombre de la Iglesia, cf.
Pdv 20).
(1) Como hermano,
comparte el mismo ideal, participa, en forma distinta, del mismo
carisma y de la idéntica misión de Francisco.
En esta manera vive y facilita la comunión vital y
recíproca entre todos los seguidores de San Francisco (cf.
Const. 89,3).
(2) Como maestro y guía,
revela a Cristo que salva y, a través de su ministerio
sacerdotal transmite la gracia de Cristo en los candidatos, para
puedan ejercer su sacerdocio común, propio de todos los
bautizados (cf. PO 6; Pdv 16,17).
De este modo favorece la comunión con la Iglesia
garantizando la integridad de la fe y la disciplina
eclesiástica (cf. CJC 305; Const. 85,2; Estatuto para la
Asistencia espiritual y pastoral de la Orden Franciscana
Seglar, Roma 1992).
Proyecto del Plan de Formación 1995-1998. Bogotá, Colombia, 1995.
FRANCISCO MARÍN GIRÓN OFM, Plan evangelizadora para la orientación espiritual de la Orden Seglar Franciscana. Medellín, Colombia, 1994.
Francisco de Asís: Sonríe de nuevo hoy , Jóvenes Franciscanos de Colombia. Bogotá, Colombia, 1992.
Redacción: REYNALDO ROSALES OFM, JOSÉ ANTONIO CORDERO OFM, SIMEÓN STACHERA OFM,"-Yo, Francisco-" : Jóvenes Franciscanos en Bolivia, 1994.
FRANCISCO LOTERO MATIZ OFM, Santa Clara de Asís. Bogotá, 1994.