Consejo Internacional de la OFS
Volumen: 1 - N. 11 - 1995 - Septiembre - I
Fuente: Boletin del CIOFS, 1994, N. 3
Margret Mertens
Quisiera, ante todo, narrar algunas experiencias mías en la OFS y con ella, y cómo he llegado a sumirme responsabilidades en la Fraternidad.
Entré en la OFS hace 50 años, y tengo siempre presentes las palabras de un franciscano que me exhortaba: "-Ahora usted está puesta al servicio de la Iglesia.-" No sabía bien qué significaba "-Iglesia-", porque apenas me había acercado nuevamente después de cinco años de lejanía; no me daba cuenta aún de lo que podía significar "-servicio-".
En ese entonces no existía la formación inicial, ya que no había un maestro de novicios. En cambio, sí había una vida llena de tareas en la fraternidad local: administración contable, visitas a los miembros etc.
Después de nueve años tuve los primeros contactos con la Fraternidad a nivel nacional. He vivido la "-reconstrucción-" después de la guerra, la redacción de las líneas-guía alemanas, los preliminares para la nueva Regla, la renovación de nuestras Fraternidades. En 1978, apenas me juvilé, fui llamada a formar parte del consejo internacional. En 1982 el Papa nos dijo: "-Ahora tienen una nueva Regla. ¡Vívanla y ámenla! Es un tesoro que tienen entre manos.-"
La responsabilidad para la OFS comprende también el testimonio del "-sentir con la Iglesia-". Si sufro por la Iglesia no busco chivos expiatorios, sino, como Francisco, trato de superar lo negativo con lo positivo viviendo una vida más intensa en la Iglesia.
Tengo en gran estima el artículo 22 (la fraternidad como célula y comunidad de amor). En nuestra pequeña fraternidad tenemos nuestras raíces. La OFS permanece siendo la célula en la grande comunidad que es la Iglesia. Y nosotros como Iglesia debemos colaborar en la obra salvífica. Este es nuestro servicio.
Tenemos la responsabilidad para la formación de nuestros hermanos y de nuestras hermanas a través de la orientación al Evangelio, de la escucha de la Palabra, de la alimentación en los sacramentos. No se puede vivir aisladamente este nuevo estilo de vida, todos deben colaborar.
Donde se logra la vida en común frecuentemente se insidia la discordia. Tenemos la tarea de salvaguardar la unidad de la OFS a todos los niveles, con la ayuda de nuestros asistentes y de la dirección de la OFS.
Durante mi visita a la fraternidad letona he podido darme cuenta cómo en el servicio a los pobres se desarrolla una forma de vida franciscana ejemplar, pero también me he percatado de la gran responsabilidad de la OFS en los países del Este en materia de formación espiritual y de renovación en el espíritu del Concilio Vaticano II.
Al momento de la profesión, prometimos fidelidad a la fraternidad en las buenas y las malas. Mirando a la situación en las fraternidades y también en la Iglesia, vemos que la comunidad se debilita porque se aleja por miedo a ligámenes. Y de aquí nace nuestro compromiso de vivir positivamente el vínculo como unión fraterna.
Desde hace varios años se habla de la reevangelización de Europa, y nuestras fuerzas son pocas, pero el Señor las hará fructuosas si lograremos vivir más allá de todas las fronteras "-la comunidad de amor-" como hermanas y hermanos. El amor fraterno es nuestro carisma particular, nuestro modo franciscano de llevar el Evangelio al mundo.
Termino con las palabras de Francisco: "-Hermanos y hermanas, hacednos comenzar, porque hasta ahora hemos hecho poco.-"
Preguntas para la discusión de grupo: