Inmaculada Sainz OFS
En poco tiempo nuestra historia, nuestro mundo ha sufrido importantes cambios. "-La nueva situación de la sociedad, dramática y esperanzadora a un tiempo, y la nueva situación eclesial con sus luces y sombras, reclama nuestra especial atención sobre la situación del laicado en España, exige nuestra palabra y nuestro compromiso para orientar y promover la corresponsabilidad de los laicos en la comunión y en la misión de la Iglesia-" (Conferencia Episcopal, Vocación y Misión de los Laicos , pág. 7).
Podemos decir que las Constituciones Generales nos dan orientaciones para vivir nuestra secularidad en el mundo, pero es sólo desde la convicción profunda de una presencia encarnada en la vida, desde donde se puede vivenciar nuestra vocación de laicos franciscanos.
En estos últimos tiempos se nos habla y se nos insta a la nueva Evangelización. Desde nuestra vocación, es una llamada directa que no podemos dejar a un lado. Estar presentes en el mundo, desde sus estructuras de pecado, para intentar cambiarlas; desde sus logros, para potenciarlos.
El motivo de profundizar en las Constituciones Generales, no es algo desde la imposición o la obligación, porque se haya preparado con esfuerzo durante tiempo, sino que supone poner en práctica nuestra Regla desde los caminos y orientaciones que, en nuestra forma de vida, nos harán vivir plenamente nuestro ser cristiano -- franciscano.
2. Dónde se debe manifestar nuestra presencia
a. En la vida de familia
La O.F.S. nació para dar respuesta a los deseos de santidad que los laicos manifestaban a Francisco después de escucharle. Ante el hecho de estas personas que quieren seguirle, su tarea consistió en armonizar el evangelio del amor y la devoción a Dios con el amor familiar y las obligaciones en el mundo. No debían abandonar sus hogares, según frase de San Francisco, sino que "-tenían que permanecer en el mundo y no fuera de él-".
De este modo no sólo no se rompe el amor humano ni familiar sino que era y sigue siendo el "-lugar especial de la O.F.S.-".
La Regla en su artículo 17, nos dice también que el marco familiar es el ámbito normal y diario de la vida del franciscano seglar. No se le pide que se retire del mundo sino que se comprometa a ser cristiano y franciscano en el mundo, principalmente comenzando en la propia familia, que es ese pequeño mundo, en el que se ha de realizar el Reino de Dios con preferencia.
Vemos en nuestra sociedad la crisis familiar, un ambiente que favorece la desunión conyugal, el divorcio, el aborto, niños abandonados o maltratados, las rupturas y tensiones generacionales, el abandono y marginación de enfermos y ancianos... Así podríamos ir citando tantas situaciones donde se ha perdido el vínculo familiar, el amor... Y sin llegar a estas situaciones vemos cómo cada día se trivializa el amor, el sacramento del matrimonio, incluso mediante chistes malos, que sólo ponen en evidencia que no se valora algo tan importante como el matrimonio o la familia.
En esta realidad familiar de hoy con sus valores y dificultades, es donde el franciscano seglar debe poner su espíritu de paz, fidelidad, respeto a la vida, diálogo, comprensión, amor mutuo, servicio y el perdón generoso. Esta es la base sobre la que se ha de construir la paz doméstica.
Es un compromiso que sólo puede llevarse a cabo
adecuadamente teniendo la convicción del valor
único e insustituible de la familia para el desarrollo
de la sociedad y de la misma Iglesia.
"-La familia es la célula fundamental de la
sociedad, cuna de la vida y del amor en la que el hombre nace
y crece.
El compromiso apostólico de los fieles laicos con la familia es ante todo de convencer a la misma familia de su identidad de primer núcleo social de base y de su original papel en la sociedad, para que se convierta cada vez más en protagonista activa y responsable de la propia participación en la vida social. De este modo la familia podría y debería exigir a todos -- comenzando por las autoridades públicas -- el respeto a los derechos, que salvando la familia, salva la propia sociedad-". ( Christi Fideles Laici, pág. 40).
b. En el trabajo
El artículo 21 de las Constituciones nos dice que para San Francisco el trabajo es don y trabajar es gracia. El trabajo de cada día no es sólo medio de sustento, sino también ocasión de servicio a Dios y al prójimo y camino para desarrollar la propia personalidad. El trabajo es un derecho y un deber y toda forma de trabajo merece respeto.
Por ello, si el trabajo es don, debe ser aceptado como venido de Dios, que nos invita a colaborar con El, mediante nuestras fuerzas físicas y cualidades psicológicas, a participar en la obra de la Creación y cooperar en la Redención de Cristo.
Por medio del trabajo estamos recreando el mundo, colaborando en la creación de Dios, ya que ésta no ha terminado. Mediante nuestro trabajo contribuimos al desarrollo de los hombres y los pueblos. Dentro de la vocación del laico franciscano, el mundo laboral es de primordial importancia para cumplir nuestro compromiso temporal. El lugar del franciscano seglar en el trabajo es una llamada a construir un bien común, es ayudar al progreso integral de los hombres y los pueblos.
Es también una llamada a humanizar el mundo laboral, para quien lo realiza en condiciones de explotación o injusticia. Como franciscanos seglares no podemos permitir los abusos y las condiciones inhumanas en las que hoy todavía trabajan muchos hombres. De ahí la importancia de unir nuestras fuerzas con las de otros hombres que aún, no pensando como nosotros, trabajan desde la honradez por crear esas condiciones de dignidad para todos.
Es también parte de nuestra acción, procurar trabajo a quienes carecen de este derecho. En una sociedad donde el paro azota a muchas personas, nuestro apoyo, nuestra aportación y nuestro esfuerzo, deben dedicarse a paliar este mal de nuestro tiempo.
c. En el encuentro con los hombres, hermanos todos en el mismo Padre.
Al principio de este tema veíamos cómo la tercera Orden Franciscana surge como una respuesta para vivir entre los hombres el espíritu franciscano. Y nuestra presencia en este mundo es "-como levadura... mediante el testimonio del amor fraterno-" ( Const, 19,1). No se nos llama a ocupar los primeros puestos en la vida pública (puede darse), sino a ser una presencia continua y efectiva entre los hombres, quizás en el silencio o en el anonimato, pero siempre presente.
Nuestro mundo de hoy, insolidario, despersonalizado, que enfrenta a los hombres desde las diferentes opciones e ideologías, una sociedad que cuanto más se dice demócrata, más pisotea los derechos de los débiles.
Nosotros estamos llamados a "-acoger a todos los hermanos con ánimo humilde y cortés, como don del Señor e imagen de Cristo-" ( Regla, art. 13); todos son "-don-" del Señor, y aun los que nos parecen más despreciables, también ellos son hijos del mismo Padre, "-que hace salir el sol sobre malos y buenos, manda la lluvia sobre justos e injustos-" ( Mt 5,45). Ese trato humilde y cortés se traduce en actitudes de perdón, de caridad, de comprensión hacia el otro.
En este encuentro con los hombres, los franciscanos seglares tenemos una opción preferencial hacia los más necesitados y humildes.
d. En la presencia y en la participación en la vida social
Es urgente nuestra contribución en el ámbito de la vida pública desde "-opciones coherentes con nuestra fe-" ( Regla, art. 15).
"-Para animar cristianamente el orden temporal -- en el sentido de servir a la persona y a la sociedad -- los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política: es decir, de la multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover, orgánica e institucionalmente el bien común-" ( Christi Fideles Laici, no. 42).
He aquí un lugar que la Encíclica nos
muestra como camino para el bien común. En este tiempo
que tanto se oye hablar de corrupción política,
de falta de valores éticos, es bien necesaria nuestra
contribución a través de los distintos cauces
que existen, y donde no existan, nuestro trabajo debe ser
crearlos. Desde estas perspectivas había que
reflexionar si estamos presentes en sindicatos, asociaciones
de vecinos, asociación de padres; en la
organización y mejora de nuestro barrio, centros
culturales; asociaciones que defienden la vida, la libertad,
etc, o si contribuimos con nuestro voto en unas elecciones, si
pagamos los impuestos, si hacemos algo
por cambiar las leyes que nos puedan parecer injustas.
¿Cuál es nuestra formación social y
política, también desde los documentos de la
Iglesia ( Rerum Novarum, Christi fideles laici, Centesimus
Annus, Sollicitudo Rei Socialis, etc)?.
Estar presentes en la vida social, implica optar por el hombre y sus derechos fundamentales, aceptar los compromisos sociales y políticos que puedan ayudarnos a mejorar la sociedad; es prepararse para dar una respuesta como ciudadanos desde la fe en Cristo.
3. Cómo realizar nuestra presencia
a. Mensajeros de alegría y esperanza
Nuestras Constituciones dicen: "-Los franciscanos seglares dan su sí a la esperanza y a la alegría de vivir. Ofrecen su colaboración para aminorar la angustia y el pesimismo de cara a un futuro mejor-" ( Const 26,2).
Este principio que debe ser una realidad entre nosotros, ¿se vive en toda su plenitud? A veces nuestras celebraciones y reuniones son demasiado serias y graves. A veces se discuten asuntos importantes, que pueden ser necesarios, pero dejamos poco tiempo para la espontaneidad o la alegría, el canto. Habría que plantearse el papel de los animadores litúrgicos y de las reuniones, si es que existen. En ocasiones olvidamos que nuestras reuniones deben ser un encuentro de hermanos y no un Consejo de Ministros.
Se dice muchas veces: es que somos muy mayores, es que no sabemos... Pero Cristo es la alegría y la sabiduría y no tiene edad. La paz y la alegría nacen del interior, aunque se reflejen en el exterior. No podemos vivir tristes, si vivimos en el "-espíritu de las Bienaventuranzas-" ( Regla, art. 11), primero entre y en nosotros mismos y luego llevándola a nuestros hermanos los hombres.
Vivir la alegría, "-la perfecta alegría-", es dejar que el Señor purifique nuestro corazón de todo orgullo, violencia y maldad para llenarnos de mansedumbre, misericordia y paz. El franciscano seglar vive alegre porque tenemos un Padre que nos ha dado a su Hijo; alegres por los hermanos y por todas las criaturas.
El cristianismo nos dice que Cristo está vivo y que nos da su Espíritu, el perdón y la paz, y fruto de estos dones la alegría. Francisco ha descubierto esto, y su alegría le hace coger dos palos a modo de violín, para cantar las maravillas del Señor. Y cuando escribe, "-Tú eres gozo, alegría, tú eres esperanza...-" no lo hace desde la teoría, sino desde la vivencia; por eso Francisco es el mensajero de la alegría, y en la Regla a los hermanos dice: "-Guárdense de aparecer tristes, ceñudos o hipócritas, mas muéstrense contentos en el Señor, alegres y religiosamente graciosos-" ( Primera Regla ).
También en el dolor y en el sufrimiento Francisco experimentó confianza y alegría... ( Const , 26,1). Toda experiencia de vida y alegría, de personalización, lleva consigo algo de dolor, de muerte. La experiencia de una madre, por ejemplo, cuando da a luz a su hijo tiene estos dos componentes.
Así pues estamos llamados a ser esperanza y gozo, en la prueba y en la dificultad. El seguimiento de Cristo supone "-cargar la cruz y seguirle-", y esta cruz aceptada no desde el pesimismo, la impotencia, o el odio, sino desde la aceptación humilde, desde el abandono en las manos de Aquél que llevó primero su cruz, desde el convencimiento que para dar fruto es necesario que el grano muera. La Pasión no tendría sentido sin la Resurrección.
Pero siempre que sea posible "-ofrecer nuestra colaboración para aminorar la angustia y el pesimismo, de cara a un futuro mejor-" ( Const, 26,2), dando razón de nuestra esperanza.
b. Hombres orantes y contemplativos
"-Los franciscanos seglares hagan de la oración y contemplación el alma del propio ser y del propio obrar-" ( Regla, art. 8).
"-Dedíquense a la lectura del Evangelio, pasando del evangelio a la vida y de la vida al Evangelio-" ( Regla, art. 4).
En estos dos artículos encontramos la motivación de todo lo que estamos hablando. Sólo es y será posible nuestra presencia en el mundo, nuestra contribución y aportación a esa sociedad más fraterna, desde la vida de oración. Hacer de la oración el alma del propio ser y obrar, quiere decir vivir en el mundo el espíritu de contemplación, que supone la capacidad de asombrarse ante el don del Amor de Dios hecho entrega en Jesús para todos los hombres.
Lejos de perdernos en una visión vertical de nuestra espiritualidad, es decir Dios y yo, o una visión horizontal, sólo el aspecto social, es hoy urgente y necesario vivir con la misma intensidad y equilibrio estas dos dimensiones, o mejor aún vivir como una misma realidad estos dos aspectos, ya que el uno sin el otro no reflejaría nuestra auténtica espiritualidad.
La contemplación y el trabajo apostólico son dos valores evangélicos, que el franciscanismo sabe expresar ejemplarmente por medio de sus santos.
La acción apostólica no sería explicable si no estuviese promovida por una instancia mística, es decir, si no estuviera basada en la unión con Dios mediante la oración. La acción social tiene efecto si detrás de ella hay una fuerza: el contacto con Cristo.
Todos los santos franciscanos, desde el mismo San
Francisco, se forman desde un itinerario cristocéntrico
y desde ahí se sienten movidos al testimonio.
Refiriéndonos a los santos de la Orden Franciscana
Seglar, vemos que también ellos han practicado
intensamente una vida de oración. San Francisco tuvo
una intuición anticipándose a los tiempos cuando
pidió a los artesanos, trabajadores, profesionales que
consagraran el mundo con su presencia y de considerar santo y
santificante el trabajo.
Los santos franciscanos seglares tienen una vocación
prevalentemente mística, quizás atenuada por la
dura realidad cotidiana del trabajo, que para ellos se
transforma en itinerario ascético hacia la
contemplación. Su vida de hombre entre los hombres, la
necesidad de proveer su pan de su trabajo como laico, sus
lazos familiares, las complicaciones terrenas en las cuales se
hallan inmersos continuamente, todos estos elementos no pueden
impedir a estos santos terciarios alcanzar su gran
dimensión contemplativa.
c. En fraternidad
"-La fraternidad de la O.F.S. tiene su origen en la inspiración de Francisco de Asís, a quien el Altísimo reveló la esencia evangélica de la vida en la comunión fraterna-" ( Const , 28,1).
Cuando hablamos de fraternidad podríamos situarnos en el "-dónde estar presentes-", pero no vamos a ver aquí tanto el lugar, sino el estilo de vida de esta presencia. Por ello la fraternidad será un modo para vivir en el mundo nuestra presencia. Señalaré las tres siguientes características:
Hermandad
La vida en fraternidad es algo que nace con el mismo Francisco. Si bien es cierto que la vida en común surge con las primeras comunidades cristianas: "-la muchedumbre de los que habían creído tenían un corazón y una sola alma, y ninguno tenía por propia cosa alguna, antes todo lo tenían en común-" ( Hechos 4,32), también es claro que Francisco da un nuevo matiz a esta comunidad. Sus miembros son "-hermanos-", con toda la profundidad que implica esta palabra, y el trato entre ellos será "-como el de una madre con sus hijos-".
Y en esta fraternidad todos son importantes y necesarios, no hay nadie por encima de los otros. "-Fraternidad es la denominación dada por el fundador al grupo compuesto de "hermanos espirituales", es decir, dóciles al espíritu y liberados de toda apropiación egoísta mediante una vida pobre; en esta fraternidad la nivelación de los hermanos es total, sin diferencias de ninguna clase... Esta fraternidad hecha experiencia cristiana al interior del grupo, se abre a todos los hombres, amigos o enemigos, cristianos o infieles y se extiende a todas las cosas: todas son hermanas porque la creación entera tiene su centro de referencia en el Cristo "hermano"-" (Lázaro Iriarte, Historia Franciscana, pág. 54).
Acogida
Este aspecto de la fraternidad, debería darse por supuesto si realmente se vive el aspecto anterior de la fraternidad. Pero no viene mal resaltar la importancia de este valor, tanto dentro como fuera de la fraternidad.
Anteriormente cuando hablamos del encuentro con los hombres, hermanos nuestros, repetíamos la palabra de nuestra Regla, "-acojan a todos los hombres con ánimo humilde y cortés-". Independientemente de cómo sea el otro, nuestra vocación es de acogida a todos los hombres, porque todos somos hijos del mismo Padre. San Francisco experimentó este sentimiento de la paternidad de Dios, y por ello todo lo creado son sus hermanos.
Acoge en su fraternidad a todo tipo de hermanos, cultos e iletrados, nobles o gente humilde,... y ese gesto de acogida se hace patente no sólo desde la aceptación del otro sino también en apreciar los valores de los hermanos, de no ver sólo el lado negativo de las personas y sí sus valores. "-El verdadero hermano menor, decía Francisco, debería amar la pobreza como el hermano Bernardo, y gustar de la oración como el hermano Rufino que aún en sueños ora, debería estar tan abismado en Dios como el hermano Gil; ser tan cortés como el hermano Angel y tan paciente como el hermano Junípero, perfecto imitador de Jesús resucitado; debería tener la pureza y la candidez del hermano León; la distinción y el buen sentido del hermano Maseo; y finalmente, respecto a la caridad y al desapego del mundo, debería parecerse al hermano Lúcido...-" (Omer Englebert, Vida de san Francisco de Asís, pág. 161).
Este maravilloso texto nos puede hacer pensar si en nuestras fraternidades conocemos a nuestros hermanos, si sabemos de sus valores y cualidades, para poder hacer como Francisco el retrato del hermano ideal.
¿Son nuestras fraternidades abiertas a otros? ¿Cómo nos acercamos al que llega a nuestras fraternidades? Merecería la pena hacer un análisis de si transmitimos nuestra vocación, pero no tanto desde la palabra, sino desde gestos de apertura, de claridad, de simpatía, de aceptación del otro desde lo que él es y no desde lo que "-yo quiero que sea-".
Corresponsabilidad
Aunque al hablar de responsables solemos pensar en los que tienen algún cargo, hay que insistir en que todos los hermanos, que constituyen la vida de la fraternidad, son auténticos responsables de la misma.
Esta responsabilidad hay que entenderla en su recto sentido: en el cuerpo de la fraternidad nadie es miembro pasivo que recibe y no da, sino que todos son miembros vivos y activos y cada uno debe poner algo de lo que es y de lo que vale al servicio de los demás. Será inútil la dedicación inteligente y consciente de los que ejercen cargos si no encuentran eco en los hermanos.
La responsabilidad de los hermanos debe manifestarse sobre
todo en:
* El sugerimiento de los medios idóneos para el
desarrollo de la vida de la fraternidad.
* En el análisis de la problemática de su
entorno y la búsqueda de pistas para probables
soluciones.
* En las elecciones, preparándolas y
ejecutándolas con criterios justos, sin
inhibiciones.
* Cuando los elegidos no cumplan sus compromisos,
pidiéndoles cuenta, con gran caridad, de su
proceder.
( ¿Qué significa esta responsabilidad?,
2ø subtema de la Asamblea General del CIOFS, Roma, Septiembre
1982).
En nuestra presencia en la sociedad no todos están llamados a desempeñar las mismas misiones; siempre tendrá que haber hermanos, que por su edad, profesión o vocación se sientan llamados a ser "-avanzadilla-", y otros estarán en otras posiciones. Corresponsabilidad, es también sentirse responsables del trabajo de los primeros, y apoyar su actividad con la oración, el ánimo, el acompañamiento y el respaldo. Convendría reflexionar si en nuestras fraternidades, cuando hay algún hermano más comprometido socialmente, se le apoya, o por el contrario se llega incluso a criticarlo.
d. Hombres amantes de la naturaleza
Cuando hablábamos de que el seglar franciscano debía vivir la fraternidad, comentábamos que esta fraternidad se extendía a todas las criaturas. La experiencia de Francisco sobre la paternidad de Dios, le hace ver a todos los seres como "-hermanos y hermanas-".
Desde las Constituciones se nos anima a "-colaborar en los esfuerzos para combatir la contaminación y conservar los valores de la Naturaleza-" ( Const , 18,4).
Pero la Regla nos completa este aspecto diciéndonos: "-sientan además respeto por las otras criaturas animadas e inanimadas, que son portadoras de la significación del Altísimo, y procuren con ahínco superar la tentación de la explotación con el concepto franciscano de la fraternidad universal-" ( Regla, art. 18).
La razón profunda del amor de San Francisco por las criaturas es que son signos de la omnipotencia, sabiduría y amor de Dios. Sin embargo el hombre de nuestro tiempo sólo ve en ella el lugar de dónde conseguir su poder y su riqueza aunque sea al precio de destruir su propia fuente de vida.
Hoy tenemos graves problemas ecológicos, originados por la intensa explotación de la naturaleza. Grupos ecologistas denuncian los graves peligros que esta destrucción puede suponer para la humanidad. La desaparición de especies animales, la talla indiscriminada de árboles, la contaminación del aire y del agua, el desequilibrio ecológico. Y para nosotros, franciscanos, no sólo hay que defender y proteger la naturaleza por nuestro propio bien, sino por el valor de cada una de las criaturas por sí mismas. No es sólo en cuanto me "-sirven para algo-", sino porque todas ellas son parte del universo creado por Dios, y desde su lugar "-alaban al Creador-".
Este punto podría quedarse un poco abstracto si no lo definimos en aspectos concretos. Desde nuestro compromiso en el mundo: ¿Qué cosas podrían hacerse?:
* Ante todo tomar conciencia de nuestra responsabilidad, y
no pensar que este campo no nos corresponde, y que para eso
están los grupos ecologistas. Nosotros con acciones
diarias y concretas podemos contribuir a esa defensa del medio
ambiente.
* Recogiendo el papel para reciclarlo. Hay lugares
específicos donde se recoge para ese fin.
* Utilizar papel reciclado. Si se generaliza el consumo de
este papel, se estimula la recuperación del mismo.
* Evitar el uso de materiales no recuperables y que
además contaminan porque no se destruyen, como son el
plástico, y el papel de aluminio.
* Tirar menos basura: hay muchas de las cosas que se tiran que
son fácilmente recuperables y reciclables.
* El vidrio se puede depositar en "-igloos-", que
existen ya en las calles de la mayoría de las ciudades.
Los metales (aluminio, plomo, latón, cobre), son a
veces fáciles de separar. Pueden reservarse en una caja
de cartón y llevarlo al chatarrero.
* Tender a no comprar "-sprays-" y buscar sus
sustitutos en bote, tarro, granel, etc.
* Utilizar el coche lo menos posible; reducir la velocidad; en
paradas de más de dos minutos, parad el motor, etc.
Podríamos citar más aspectos; éstas son sólo algunas ideas a modo de sugerencias.
e. Compromiso con los Necesitados
El artículo 18 de las Constituciones nos llama a contribuir "-a una civilización en la que la dignidad de la persona humana, la corresponsabilidad y el amor sean realidades vivas-".
Ante esta llamada vemos que el compromiso por los hermanos más necesitados es un aspecto claro de cómo hay que realizar esta presencia. "-Creando condiciones de vida digna para todos-" ( Const,18,3), en aquellos aspectos y circunstancias que se requiera. Habrá momentos en que estos hermanos estén entre los enfermos, ancianos, mendigos, niños...
"-El sentido de fraternidad les hará felices y dispuestos a identificarse con todos los hombres, especialmente con los más humildes, para los cuales se esforzarán en crear condiciones de vida dignas de criaturas redimidas por Cristo-" ( Regla, 13). "-Con espíritu de minoridad elijan en primer lugar el trato con los pobres y marginados-" ( Const, 19,2), nuestro esfuerzo debe ir encaminado a mejorar las condiciones de vida de los que aún no viven dignamente. Y en este aspecto no debemos dejar de contribuir con aquellos organismos y personas, que aun no pensando como nosotros, o no profesando nuestra misma fe, trabajan y luchan por los mismos fines.
f. Promotores de nuevas formas de vida
El Seglar Franciscano debe ser un defensor acérrimo de la vida en toda la amplitud y plenitud del concepto, manifestando en sí mismo "-la esperanza y la alegría de vivir-" y desterrando "-la angustia y el pesimismo-" ( Const, 26,2).
Por eso estamos "-llamados a crear condiciones de vida y de ambiente que no sean de amenaza al hombre, sino que permitan descubrir el sentido y la voluntad de Dios-" ( Const, 26,1), "-del Dios de la vida-" y "-que ama la vida-" ( Mensaje V Centenario, 8).
La misión del Franciscano Seglar va más allá de la mera "-denuncia-" y "-solidaridad con los afectados-". Estamos llamados a promover nuevas formas de vida y a hacerlo con "-iniciativas valientes-" ( Const, 22,2), asumiendo con "-serena firmeza el riesgo de opciones valerosas-" ( Const, 12,2), desde una "-presencia encarnada, profunda, gratuita en el corazón del mundo-" ( Mensaje V Centenario , 13). Nuestras fraternidades deben ser "-signo-". En este sentido no es extraño que nuestros Ministros Generales nos hablen de "-utopías-" ( Ib, 19), invitándonos a "-dar pasos más concretos-" que irían desde una nueva visión de las fraternidades, más abiertas, un mayor y mejor conocimiento de las diversas culturas y hermanos, a crear signos del Reino ya hoy ( Ib, 16 y 17). Esto implicará una "-constante renovación de la propia vida franciscana-" y una búsqueda de "-iniciativas-", entre las que podrían ser: intercambios de experiencias... ( Ib , 21).
Fr. José Angulo, Ministro General TOR, en su Carta a los hermanos y hermanas de la Orden sobre la Orden Franciscana Seglar, del 17 de noviembre de 1991, n. 18, escribía: "-Esta identidad de carisma nos debería llevar a que algunos grupos o individuos de la OFS compartieran nuestra propia vida y, manteniendo su autonomía y de acuerdo con sus Constituciones, estrecharan sus vínculos con la fraternidad local TOR participando en algunos momentos de la plegaria, colaborando en las actividades apostólicas, en los servicios, etc. No es fácil concretar ciertos aspectos que pueden variar, según las diversas realidades en que nos encontremos. Pero no dudo que necesitamos una mayor creatividad en este sentido, una reflexión en común con franciscanos seglares interesados, una búsqueda de nuevas fórmulas de vida que estén siempre inspiradas en la tradición y que miren al futuro. No dudo que es difícil y hasta arriesgado, pero creo que debemos aceptar este desafío-".
g. No violentos
San Francisco, que quiso vivir la radicalidad del Evangelio hasta el límite, comprendió también que sólo desde la paz y por la paz, se podía llegar a vivir el mensaje de Jesús, y así, desde su conversión, su vida está marcada por su actitud reconciliadora: pone paz entre el obispo y el podestá de Asís, se deja golpear por los ladrones, lleva la paz entre el lobo y los habitantes de Gubbio, va a Oriente a entrevistarse con el sultán...
En toda su vida encontramos cómo es un anunciador de la paz, paz que deseaba a los que encontraba por los caminos y que anuncia cuando predica o cuando entra en una casa. Pero no son sólo palabras. Cuando sus hermanos salen a predicar les dice: "-la paz que lleváis en la boca llevadla también en el corazón, no provocando discordias ni discusiones, sino esforzándoos por la paz, la concordia, la bondad, la mansedumbre-".
Nosotros, como franciscanos, debemos hacer de nuestro saludo "-Paz y bien-" todo un programa evangélico: Paz con Dios, paz en las conciencias, paz entre los hombres y con toda la creación.
"-La paz es obra de la justicia y fruto de la reconciliación y del amor fraterno. Los franciscanos seglares, están llamados a ser portadores de paz en sus familias y en la sociedad-" ( Const,23,1).
Desde nuestros documentos se nos van planteando diversos
caminos:
* "-interésense por la propuesta y difusión
de ideas y actitudes pacíficas.
* Desarrollen iniciativas propias y colaboren individualmente
y como fraternidad en las iniciativas del Papa, la Iglesia
particular y de la Familia Franciscana.
* Colaboren con los movimientos e instituciones que promueven
la paz en el respeto de sus auténticos
fundamentos-" ( Const,23,1).
Desde nuestros orígenes los franciscanos se han caracterizado por su opción por la paz. Así en la Edad Media estaban exentos del juramento de fidelidad al Señor feudal; "-El juramento de fidelidad llevaba consigo la obligación de tomar las armas en favor del señor o del municipio.-" (Lázaro Iriarte, La Historia franciscana, pág. 22), y así se hace constar en el Memoriale propositi de 1221, en el que se dice "-que no llevarán armas ni las tomarán contra nadie-".
Las Constituciones reconocen el derecho de la autodefensa, pero se pide que se "-valore la opción de los que por objeción de conciencia, rechazan llevar armas-" ( Const, 23,2).
Este es un gran paso adelante, que aún nos cuesta aceptar, pero que forma parte de las "-iniciativas valientes-". Tenemos demasiado miedo a que se nos diga que nos metemos en política, o a mezclarnos con otros grupos que pueden luchar por lo mismo pero desde otras ideologías. Lo que está claro es que la opción por la paz no es una opción política, aunque algunos grupos la reivindiquen como tal; para nosotros es una opción evangélica. Y el Evangelio no podemos tomarlo a medias. Incluso si optar por la paz desde Cristo nos lleva a tener que tomar compromisos políticos, habrá que prepararse para ello.
Tendremos que valorar la "-no violencia-", como alternativa, como camino para la paz. La "-no violencia-" activa no es sólo no hacer el mal, también intentar solucionar el mal, supone una fuerza espiritual de la verdad, del amor de Dios. La no violencia como la actitud pacífica y pacificadora de Francisco, como el anuncio de Cristo: "-Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios-" ( Mt. 5,9-10).